Resumen

HOLA

Este estudio compara la dinámica demográfica de las comunas y municipios metropolitanos en el período 2001-2010, identificando diferenciales en términos de niveles de dinamismo, componentes del crecimiento más relevantes y composición de los migrantes recientes. Los datos de dinámica demográfica provienen de las proyecciones anuales de población por departamento y las estadísticas vitales, y la caracterización de los migrantes recientes se hace con base en el censo de población de 2010. Como resultado, en primera instancia se identifican a los municipios y comunas que sobresalen en el contexto metropolitano por su dinamismo poblacional, dando cuenta de los componentes del crecimiento que lo explican, y luego se analiza el perfil de la población que llegó recientemente a los municipios y comunas con mayor crecimiento migratorio en diálogo con los procesos urbanos recientes y en curso.

Introducción

Los estudios de distribución espacial y dinámica demográfica han verificado que el origen de la primacía de Buenos Aires en el sistema de asentamiento argentino se remonta al período colonial, aunque su consolidación se da con posterioridad a la crisis de 1930, cuando comienzan a aplicarse las políticas de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), que atrajo grandes contingentes de población desde el interior del país hacia las ciudades de mayor desarrollo industrial, en especial Buenos Aires. A partir de la década del setenta, el sistema de asentamiento argentino comienza a evidenciar transformaciones vinculadas con los cambios en la matriz productiva que experimenta el país, y durante tres décadas el porcentaje de población censada en Buenos Aires deja de crecer y hasta disminuye levemente (Gráfico 1).

Luego de este «largo, denso y vertiginoso siglo XX» (Torrado, 2008) en el que Buenos Aires pasa del intenso resplandor al aparente ocaso, el censo de 2010 vino a poner en evidencia que durante el primer decenio del siglo XXI se produjo una llamativa ruptura en la tendencia descendente y que el porcentaje de población censada en Buenos Aires volvió a aumentar.

Ello coincide con un momento en el que los estudios especializados locales dan cuenta del reposicionamiento de la Región Metropolitana como principal centro nacional de atracción de la inversión industrial y de la emergencia (o consolidación) de nuevas dinámicas de expansión de la ciudad, entre las que sobresalen las vinculadas con los dos extremos de la escala social: el crecimiento (en cantidad y población) de las urbanizaciones populares de origen informal (villas y asentamientos) en zonas intersticiales y la proliferación de los espacios residenciales cerrados de sectores medio-altos y altos en la periferia.

En este marco, se plantean numerosos interrogantes para los estudios sociodemográficos y territoriales: ¿Qué municipios protagonizaron los cambios en términos de crecimiento diferencial? ¿Qué componente del crecimiento (vegetativo/migratorio) explica el mayor dinamismo de esos municipios? ¿Qué características tiene la población que llegó recientemente a los municipios con mayor crecimiento migratorio? ¿Se pueden identificar perfiles de municipios según la dinámica demográfica que han tenido en el último período intercensal? ¿Con qué procesos urbanos documentados por otros autores se pueden relacionar los hallazgos?

El objetivo del artículo busca comparar la dinámica demográfica de los municipios metropolitanos en el último período intercensal (2001-2010), identificando diferenciales en términos de niveles de dinamismo, componentes del crecimiento más relevantes y composición de los migrantes recientes, para dar respuesta a esos interrogantes.

El área de estudio

La Región Metropolitana de Buenos Aires y sus transformaciones recientes

A lo largo de su historia, Buenos Aires ha sido un asentamiento muy dinámico que se ha ido densificando y expandiendo en el campo abierto circundante y ha alcanzado pueblos otrora independientes y trascendido fronteras político administrativas de distinto nivel.

Según el censo de 2010, la Aglomeración Gran Buenos Aires (AGBA) —el asentamiento humano que se extiende hasta donde tienen contigüidad las viviendas, manzanas y calles— tiene 13.588.171 habitantes y abarca de forma total o parcial a 33 municipios.En este trabajo se define como área de estudio a la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA), un conjunto de 41 municipios contiguos de 14.839.026 habitantes, cuya superficie abarca tanto a la AGBA, como campo circundante y otros asentamientos próximos entre los que se destacan el Gran La Plata (787.294 habitantes) y algunas cabeceras de municipios como Zárate (98.522 habitantes), Campana (86,860), Luján (97.363), Cañuelas (29.974) y Las Heras (11.331) (Figura 1 y la Tabla A1 en ).

Con ello se busca incluir en el análisis tanto a la aglomeración principal, como el territorio circundante que podría estar estrechamente vinculado a ella —al punto de que algunos autores proponen el concepto de «metrópolis-región» para denominar a «verdaderos archipiélagos urbanos de fronteras difusas» que incluyen espacios vacíos o semivacíos (De Mattos, 1998, p. 723)— y que la literatura actual señala como particularmente dinámico en las últimas décadas.

Hacia comienzos del período analizado (año 2001), desde el punto de vista geodemográfico en la AGBA se podían identificar tres grandes estructuras con comportamientos espaciales específicos (Figura 2):

Ya por entonces la principal ciudad del país experimentaba profundas transformaciones que tuvieron continuidad en la década posterior. La dinamización de los cambios ha sido buscada por numerosos autores en las racionalidades económicas posindustriales de nivel global, las fuerzas que moldean a la ciudad —como una nueva fase de modernización capitalista (De Mattos, 2010) conocida como «neoliberalismo» (Bourdieu, 1998; Harvey, 2007) y «globalización» (Sassen, 2002)—, pero también en el «largo, denso y vertiginoso siglo XX» que experimentó Argentina (Torrado, 2008), que reúne un importante número de acontecimientos de distinta tendencia, con sus correspondientes condiciones de posibilidad y correlatos territoriales.

En la actualidad, nuevas capas de espacio se solapan y articulan con capas preexistentes, cada una de ellas emergente de condiciones históricas específicas (Lefebvre, 1972) y la estructura de la ciudad constituye la síntesis de esos procesos (Figura 3).

De acuerdo con los trabajos empíricos, la estructura de la ciudad desarrollista continúa vigente, pero articulada y solapada con fenómenos novedosos, como los bordes difusos de la ciudad, cuyos límites —que antes trazaban la frontera entre una ciudad compacta y el campo circundante— son desafiados por estructuras insulares comunicadas por autopistas (Borsdorf, 2003; Ciccolella, 1999; Ciccolella y Vecslir, 2012; Prévôt-Schapira, 2000); la especialización territorial microespacial en forma de parques industriales, centros de ocio y esparcimiento, grandes superficies comerciales (hipermercados, shopping centers, etc.), en contraposición a las grandes áreas funcionales de la etapa industrial (Ciccolella, 1999; Ciccolella y Vecslir, 2012); la renovación y ampliación del centro tradicional y la conformación de nuevas centralidades, que coexisten con las subcentralidades tradicionales en torno a las cabeceras de los antiguos pueblos que coalescieron en la AGBA (Abba, 2005; Ciccolella y Lucioni, 2005; Ciccolella y Mignaqui, 2009; Vecslir y Ciccolella, 2011); la renovación y refuncionalización de áreas tradicionalmente residenciales, donde si bien es controversial aún hablar de gentrificación, es innegable que han llegado población y comercios de perfil distinto (Herzer, 2008);la suburbanización de familias de clases medio-altas y altas en barrios cerrados que fragmentan los territorios degradados de la periferia (Ciccolella, 1999; Thuillier, 2005; Torres, 1998 y 2001; Svampa, 2001; Vidal Koppmann, 2008), y el crecimiento en número y densidad de las villas de emergencia y los asentamientos precarios (Cravino, Del Río y Duarte, 2010; Del Río, 2012).

Fuera de la AGBA, la ciudad de La Plata se destaca por su perfil administrativo y universitario, y Zárate-Campana por su actividad portuaria e industrial. En el resto de los municipios, gran parte del territorio es rural está abocado a la actividad hortícola propia de las áreas periurbanas o a la actividad agrícola o ganadera extensiva.

Buenos Aires como parte e incógnita de la región

Los cambios que ha experimentado Buenos Aires no son exclusivos de ella, sino que también se observan en otras metrópolis y grandes ciudades latinoamericanas, debido a que las fuerzas estructurantes del sistema de asentamiento de los países —en sus diferentes escalas— son en buena medida de carácter global. Ello ha conducido incluso al desarrollo de modelos de estos procesos en el campo académico. En el plano más macro, están las generalizaciones con base empírica que recurren a datos censales para modelizar la evolución del sistema de asentamiento de los países latinoamericanos y sus componentes, que reconocen etapas —vinculadas con modelos de acumulación específicos— como la concentración de población en las grandes ciudades, la reversión de la polaridad campo-ciudad principal por dinamización de las ciudades intermedias con consecuente pérdida de primacía metropolitana y la redinamización actual de la ciudad principal (Rodríguez Vignoli, 2013). En el nivel meso de los modelos urbanos, se les ha dedicado un capítulo específico a las grandes ciudades latinoamericanas con el objetivo de dar cuenta de sus fases evolutivas y su estructura interna actual (Buzai, 2003 y 2014). Las diferentes contribuciones coinciden en reconocer una fase colonial inicial, una primera suburbanización que se acelera sensiblemente con la industrialización y una etapa posterior de estancamiento del crecimiento urbano, con gran complejización de la estructura interna de la ciudad, en particular en la periferia.

Al margen de las recurrentes críticas y réplicas que ha habido en ambos campos, lo cierto es que Buenos Aires y su devenir en el sistema de asentamiento argentino se insertan en un contexto regional en el que se pueden encontrar elementos comunes.

La concentración de la población de los países latinoamericanos en las grandes ciudades (muchas veces, en la ciudad capital) es quizás el proceso sobre el que hay más consensos: hay acuerdo en que ocurrió durante la industrialización por situación de importaciones (ISI), que se inició en la década del treinta, cuya estructura geográfica concentrada es clave para entender el fenómeno de la primacía en los países de la región, y en el protagonismo de los migrantes internacionales y de la población rural local (Da Cunha, 2002; De Mattos, 1981; Lattes, 1995). También se identifica la crisis de este modelo de desarrollo y su organización espacial hacia la década del setenta, cuando los censos de población comienzan a dar cuenta del estancamiento del crecimiento de las principales ciudades latinoamericanas, al menos tal como estaban definidas. Sin embargo, hay varias discusiones abiertas en torno al significado y alcance de este hecho. Si bien hay quienes se han aventurado a hablar de procesos de desconcentración demográfica, reversión de la concentración o desmetropolización, otros estudios introducen matices y hasta contradicen esos postulados a partir del análisis de la totalidad de los componentes del sistema de asentamiento y de la revisión del alcance geográfico de las metrópolis y de las características de su estructura y dinámica interna.

Alfredo Lattes (1995), con datos que no iban más allá de la ronda de censos de 1990, advertía que en la periferia de las grandes ciudades de la región se registraba crecimiento poblacional y planteaba el interrogante de hasta dónde se trataba de la continuación de la expansión de las grandes urbes o de fenómenos independientes de ellas. Apenas dos años después un trabajo de Carlos A. de Mattos (1998) proponía hablar de «metrópolis-región» para abarcar a los verdaderos archipiélagos urbanos de fronteras difusas que se habían conformado con los avances tecnológicos en materia de comunicación y transporte y las estrategias espaciales de empresas y familias de la etapa posindustrial. Luis Inostroza, Rolf Baur y Elmar Csaplovics (2013) realizan una importante contribución en esta línea al analizar la expansión —o urban sprawl— de diez de las más importantes ciudades latinoamericanas a través de imágenes satelitales y al cuantificar la continuidad del crecimiento compacto de larga data (en su versión axial a lo largo de las principales vías de comunicación y en espacios intersticiales) y las nuevas formas de crecimiento discontinuo. De considerarse el crecimiento discontinuo como parte de la expansión de la ciudad como proponen estos autores, y sumando a él el crecimiento axial, se arriba a la conclusión de que las grandes ciudades latinoamericanas continúan avanzando sobre áreas circundantes, aunque configurando una estructura periférica distinta y sumamente dinámica.

No es casual que la periferia sea señalada por muchos trabajos recientes sobre los patrones de expansión y distribución espacial de la población de las grandes ciudades latinoamericanas como el lugar donde se concentran muchos de los procesos y fenómenos más novedosos. Para su abordaje se ha desarrollado un vasto corpus de herramientas teóricas, que incluye conceptos como archipiélagos, islas, crecimiento discontinuo, ciudad red, ciudad-región, ciudad difusa, desconcentración concentrada, concentración expandida, poli o pluricentralidad, suburbanización de las elites, fragmentación, etcétera.

Una de las líneas de investigación clave en este sentido es la que indaga en la dinámica del crecimiento demográfico de las grandes ciudades y su área de influencia, distinguiendo su componente vegetativo y migratorio y desagregando los datos a nivel de divisiones administrativas menores sobre las que se despliegan las ciudades. En general, estos trabajos muestran que, si bien las ciudades no crecen tanto en población, continúan teniendo gran dinamismo, a lo que se debe agregar, siguiendo a Lattes (1995), que en ámbitos urbanos de gran magnitud pequeños cambios relativos involucran cantidades apreciables de población en términos absolutos.

En el nivel más general ya no se discute que las grandes ciudades latinoamericanas continúan creciendo —aunque a menor ritmo que en la etapa en que experimentaron su mayor expansión— en un contexto global en que renuevan su atractivo de forma «asociada a la intensificación de la movilidad de un capital, crecientemente autonomizado, que muestra una clara preferencia por aquellos lugares cuya historia productiva los ha dotado de un mayor potencial endógeno y, por ende, de una mayor fertilidad productiva» (De Mattos, 1998, p. 723). El mayor crecimiento de la periferia en relación con el núcleo urbano consolidado en un contexto de crecimiento vegetativo cada vez menor e inmigración internacional retraída obligó a dirigir la mirada a las migraciones internas en búsqueda de explicaciones, pero ya no por considerarlas un fenómeno de población que actúa en las grandes urbes casi exclusivamente incorporando efectivos como en el pasado, sino por comenzar a tener en cuenta las múltiples direccionalidades de los desplazamientos, más allá de aquellos con origen en entornos rurales y destino a las grandes ciudades. Así se pudo conocer que los diferenciales de crecimiento intrametropolitano se encuentran efectivamente muy ligados a la dinámica migratoria interna; que la periferia de algunas grandes ciudades parece ya no ser atractiva para la población rural o de otras áreas urbanas, pero sí para los habitantes del centro y pericentro de la ciudad misma; que abundan los casos en que las pérdidas de población por emigración se dieron fundamentalmente en favor de localidades cercanas a las grandes aglomeraciones, lo que desenmascaraba así un proceso de desconcentración concentrada que se encontraba oculto en un aparente proceso de expulsión de población; que las periferias atraen en un extremo a las elites que eligen el camino de la suburbanización buscando mejores condiciones de vida y, en el otro, a las capas de los sectores populares que encuentran en esta estrategia residencial una de sus pocas opciones; que lejos de haber un patrón único, el atractivo de los municipios periféricos no es siempre el mismo aun en una misma ciudad, es decir, que no hay un gradiente sistemático según el cual cuanto más alejados del centro, más atractivos los municipios de la región metropolitana (Da Cunha, 2002; Da Cunha y Rodríguez Vignoli, 2015; Rodríguez Vignoli, 2013).

La mayor parte de la evidencia empírica con base en datos de migración intermunicipal corresponde a grandes ciudades brasileñas, mexicanas, chilenas y panameñas, que se encuentran entre los 18 países incluidos en la base de datos de Migración Interna en América Latina y el Caribe (MIALC) desarrollada por la División del Población del Centro Latinoamericano de Desarrollo (Celade), que cuenta con datos a nivel de divisiones administrativas menores. El espectro de países analizados se amplía en los estudios de distribución espacial de la población según tamaños de ciudades o divisiones administrativas mayores, puesto que son niveles de agregación espacial de los datos censales de mayor disponibilidad. Argentina es un buen ejemplo de país de la región con abundante disponibilidad de datos de población a nivel de aglomerados y divisiones administrativas mayores (ciudades y provincias), e información a nivel de divisiones administrativas menores (municipios) escasa y con problemas de calidad. Ello ha significado que se haya podido estudiar en profundidad el rol de la principal ciudad del país en el sistema de asentamiento nacional y su proceso de poblamiento, mientras los tradicionales datos de distribución espacial de la población por ciudades y condición urbano-rural, de migraciones internas interprovinciales y de migraciones internacionales fueron suficientes, pero en la actualidad los estudios urbanos locales y los análisis de otras grandes ciudades latinoamericanas evidencian que la clave para comprender qué está sucediendo en Buenos Aires está en las migraciones intermunicipales, y es poco lo que se sabe en este sentido.

Metodología

La resolución de los objetivos de investigación requiere de una estrategia metodológica cuantitativa basada en fuentes de datos y técnicas de análisis tradicionalmente utilizadas en los estudios de población de perspectiva demográfica.

El universo espacio-temporal de análisis está constituido por la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA). Los datos corresponden específicamente al período intercensal 2001-2010. No obstante, la información de las subdivisiones internas de la CABA (las llamadas comunas) proveniente de las estadísticas vitales corresponde al período 2006-2010, puesto que la serie de estos datos se inicia precisamente en el año 2006.

Las unidades de análisis son los partidos de la provincia de Buenos Aires y las comunas de la CABA, entidades para las que existe tanto información censal como de estadísticas vitales. De forma eventual, se presentarán algunos datos para el total de la CABA, sin subdividirla en comunas, en los casos en que la incompletitud de la serie de nacimientos y defunciones para el período 2001-2010 condicione la construcción de información.

Para el estudio de la dinámica demográfica intrametropolitana se utilizan como insumos las proyecciones anuales de población que elaboran la Dirección de Estadística de la Provincia de Buenos Aires y la Dirección General de Estadística y Censos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y los nacimientos y defunciones anuales provenientes de las estadísticas vitales. Por su parte, la fuente de datos para la caracterización de los migrantes recientes es el último censo de población del año 2010, que permite identificar y conocer los atributos de parte de las personas que llegaron a las áreas de estudio en los años previos al relevamiento.

Respecto a los indicadores, la tasa de crecimiento totalse calcula a partir de los datos corregidos de las proyecciones de población. Dado que las proyecciones estiman la población a mitad de cada año (1º de julio) y que las estadísticas vitales proporcionan datos para años calendario (nacimientos y defunciones ocurridos entre el 1º de enero y el 31 de diciembre de cada año), se calcularon tasas de crecimiento interanuales para estimar la población a comienzos y a finales del período estudiado (al 1º/1/2001 y al 31/12/2010, respectivamente).

El crecimiento vegetativo, por su parte, se obtuvo utilizando los datos de nacimientos y defunciones de los registros vitales para calcular las respectivas tasas de natalidad y mortalidad, con la población a mitad de período como denominador (en este caso, la población al 31/12/2005, estimada mediante la aplicación de la correspondiente tasa de crecimiento interanual sobre la población al 1º/1/2005 que proporcionan las proyecciones).

Finalmente, por diferencia entre la tasa de crecimiento total y el crecimiento vegetativo se obtuvo un saldo que según la ecuación compensadora correspondería al crecimiento o saldo migratorio. Sin embargo, la estimación indirecta del crecimiento migratorio suele tener problemas de precisión (Welti, 1997), más aún en este caso, en el que intervienen los supuestos respecto a la evolución de las migraciones asumidos al momento de realizar las proyecciones. Es por este motivo que, si bien se puede presumir que el saldo en cuestión está compuesto preponderantemente por migrantes del período 2001-2010, se lo debe analizar con precaución y en el trabajo se lo denomina saldo migratorio estimado.

Cabe aclarar que en el caso de las Comunas de la CABA se pudieron conocer los componentes del crecimiento de la población para el período 2006-2010, puesto que para ese intervalo temporal se cuenta con los datos requeridos para el cálculo de las tasas de natalidad y mortalidad. En esos cálculos, se excluyeron 564 nacimientos y 150 defunciones ocurridos entre 2006 y 2010 de comuna ignorada.

Respecto a la caracterización de los migrantes, si bien no se dispone de información acerca de las personas que se asentaron en los municipios y comunas de la RMBA a lo largo del período 2001-2010, el censo de 2010 permite identificar a aquellas personas que cinco años antes del relevamiento tenían un lugar de residencia habitual distinto. Es decir que al menos se pueden conocer las características de los llamados migrantes recientes o migrantes del período, que no son la totalidad de las personas llegadas en los nueve años cuya dinámica se está estudiando, pero sí buena parte de ellas. En términos operativos, este universo de personas se define como las personas de cinco años y más que residen en este municipio (o localidad) de acuerdo con la pregunta 11 de la cédula censal ampliada, y que hace cinco años vivían en un lugar distinto de acuerdo con su respuesta en la pregunta 9 del cuestionario ampliado de viviendas particulares. Se acota el universo a las personas de cinco años y más debido a que los menores de esa edad cinco años antes del relevamiento, no habían nacido.

El cálculo de los indicadores de sexo y edad no reviste mayores desafíos. Con respecto al máximo nivel educativo alcanzado, se calculó para la población que había asistido a un establecimiento educativo, pero ya no asistía, excluyéndose así a quienes continuaban en proceso de sumar credenciales educativas al momento del censo.

Finalmente, para estudiar la procedencia de los migrantes, a partir de las variables censales lugar de residencia hace cinco años y municipio de residencia anterior, se construyó una nueva variable especialmente diseñada para este estudio. Se llamó a la nueva variable lugar de residencia cinco años antes y su sistema de categorías comprende: CABA, municipio de la RMBA, municipio del resto de la provincia de Buenos Aires o de otra provincia y otro país.

La información que aportan todas estas variables para caracterizar a los migrantes recientes se reduce mediante la técnica de análisis factorial de componentes principales en su variante exploratoria.

Una imprescindible última advertencia es que los resultados correspondientes a la caracterización de los migrantes recientes en general deben interpretarse como tendencias generales. Ello se debe a que en el censo de 2010, mediante el que se caracteriza a los migrantes recientes, se volvió a economizar recursos —tal como se había hecho en los censos de 1980 y 1991— relevando parte de la información mediante un cuestionario básico aplicado a la totalidad de la población, y obteniendo información adicional mediante un cuestionario ampliado a una muestra de ella. Las preguntas que permiten identificar a los migrantes recientes y conocer su lugar de residencia anterior se incluyeron en este último cuestionario y, por lo tanto, la información que se construye a partir de ellas tiene error muestral que cobra a su vez mayor envergadura al trabajarse con un subuniverso de población muy pequeño. A ello se suman los fuertes cuestionamientos acerca de la calidad del censo de 2010 (Molinatti, 2017). No obstante, es la única fuente de datos que permite echar algo de luz acerca de las interrogantes que guían esta investigación.

Resultados

El crecimiento de la Región Metropolitana de Buenos Aires: componentes y heterogeneidades territoriales

En los nueve años transcurridos entre los censos de 2001 y 2010, la RMBA ha crecido en 975.000 personas a un ritmo anual de 7,7‰ (Tabla A2 en ). Sin embargo, la tasa de crecimiento de la Región no es más que la media de las tasas de los municipios y las comunas que la conforman, ponderada por el tamaño de la población de cada uno de ellos. Y dada la especificidad territorial de los procesos urbanos experimentados por la RMBA y los antecedentes acerca de otras grandes ciudades latinoamericanas, cabe explorar los diferenciales comunales y municipales en el crecimiento (Figura 4) y preguntarse qué componentes del crecimiento los han dinamizado en cada caso (Figura 5).

A simple vista, dentro de la RMBA se pueden encontrar signos y ritmos de crecimiento distintos (Figura 4). En línea con lo observado en Santiago, San Pablo y Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Tijuana, Quito, Guayaquil y Panamá (Da Cunha y Rodríguez Vignoli, 2015; Rodríguez Vignoli, 2013), en el núcleo central, conformado por las comunas del centro y norte de la CABA y los municipios de la primera corona el ritmo de crecimiento anual en el último período intercensal tuvo signo negativo. En el otro extremo, en municipios de la segunda corona, el crecimiento fue de signo positivo y con ritmo por encima del promedio regional fundamentalmente. En la periferia, por su parte —conformada por una tercera corona de municipios—, no se observa un patrón definido en los ritmos de crecimiento —que asumen valores entre intermedios y elevados—. Esto también constituye un rasgo común a otras áreas metropolitanas y grandes ciudades latinoamericanas, definido por las heterogeneidades y disparidades se pueden encontrar en los municipios más alejados y físicamente escindidos del asentamiento de población principal (Rodríguez Vignoli, 2013). Como elemento disruptivo en este panorama general en el que Buenos Aires tiene varios puntos de contacto con otras ciudades del continente, aparecen en el mapa las comunas 8 y 1 de la CABA, verdaderos enclaves de crecimiento positivo relativamente acelerado en el núcleo de crecimiento negativo o estancado de la RMBA.

Descrita de forma ordenada, la dinámica de crecimiento total de la población en la RMBA tiene un patrón espacial de anillos concéntricos en el que se puede identificar:

Si se descompone el crecimiento total (Figura 5), lo primero que se advierte es que el componente vegetativo tiene una evidente configuración territorial centro-periferia hasta la segunda corona de municipios, y se vuelve heterogéneo en la tercera, lo cual es acorde con los antecedentes de la ecología urbana y trabajos regionales y locales que han documentado el nivel socioeconómico decreciente y la aceleración de la dinámica demográfica desde el centro hacia la periferia de la RMBA (Bourgoignie et al., 1976; Da Cunha y Rodríguez Vignoli, 2015; Marcos, 2015; Rodríguez Vignoli, 2013) y la heterogeneidad de las periferias metropolitanas (Da Cunha y Rodríguez Vignoli, 2015; Rodríguez Vignoli, 2013). En efecto, en términos generales, el crecimiento vegetativo es relativamente bajo en la CABA y los municipios que lindan con ella tienen niveles moderados en la segunda corona de municipios, y dispares en la tercera.

A simple vista el comportamiento espacial del crecimiento total y de su componente vegetativo no coinciden, y las razones de la discrepancia deben buscarse también en Buenos Aires en (la estimación de) el saldo migratorio, que arroja sustanciales diferencias en el mapa de la RMBA e imprime en los municipios y comunas el rasgo distintivo que condiciona su crecimiento total.

Según las estimaciones, las comunas del centro y norte de la CABA y los municipios que colindan con la Ciudad Autónoma se caracterizarían por haber expulsado más población que la que atrajeron, fenómeno también registrado en otras áreas metropolitanas latinoamericanas, que en el caso de Buenos Aires se puede vincular con las restricciones que operan para acceder al suelo y a la vivienda en general en el período estudiado (Baer y Kauw, 2016; Clichevsky, 2012), en particular en las zonas más consolidadas de la RMBA, donde escasea la tierra vacante que pudiera absorber el crecimiento natural y los nuevos hogares que se conforman (Del Río, 2016; Frediani, 2009). Por otro lado, municipios como Pilar, Marcos Paz y Ezeiza, en la segunda corona de partidos, y Exaltación de la Cruz, en la tercera, entre 2001 y 2010 habrían incorporado población a través de la migración a un ritmo anual acelerado de más de cincuenta por mil, al igual que las comunas 12, 8, 7 y 1 en la CABA. En este segundo grupo de territorios de saldo migratorio positivo, los antecedentes acerca de las transformaciones recientes que experimentó la principal región del país permiten presumir que los municipios de las coronas exteriores de la RMBA y las comunas del sur de la CABA tienen en común poco más que el saldo migratorio total estimado. Los procesos que subyacen a estos valores comunes serían completamente distintos, ya que se encuentra la suburbanización de clases medio-altas y altas y la búsqueda de tierra vacante por parte de los sectores populares, en un caso (Fritzsche, Barsky y Briano, 2012), y la densificación y el crecimiento de algunos barrios y la llegada de migrantes de países limítrofes a las villas de la ciudad, en el otro (Cosacov et al., 2011; Mera, 2018).

En la sección siguiente se introducen algunos datos exploratorios para comprender esas cuestiones.

Los «recién llegados» que hacen la diferencia: cómo son y de dónde vienen

Los datos del cuestionario ampliado del último censo de 2010 permiten caracterizar —aunque someramente— la población llegada a las distintas comunas de la CABA y municipios de la provincia de Buenos Aires entre los años 2005 y 2010. La información no corresponde a la totalidad del período estudiado (2001-2010) y ha sido objeto de fuertes advertencias oficiales y críticas desde el campo académico (Molinatti, 2017). No obstante, constituye el único recurso para aproximarse a los matices intrarregionales de la dinámica demográfica reciente y complementar así los hallazgos de escala micro que se han producido desde perspectivas de análisis cualitativos.

En una lectura de conjunto de la información sobre estructura por sexo y edad, máximo nivel educativo alcanzado y lugar de residencia cinco años antes que se pudo construir y sintetizar mediante análisis factorial (Figura 6), se identificaron patrones generales de diferenciación intrarregional y situciones específicas.

El eje costero de comunas de la CABA (2, 13 y 14, con el agregado de la 6, Caballito) y partidos del Gran Buenos Aires (Vicente López y San Isidro) de mayor nivel socioeconómico, según el factor 1 ha recibido recientemente población caracterizada por su estructura feminizada, su madurez etaria y su nivel educativo alto, lo cual indica que se continúan reforzando los patrones de asentamiento históricos de los sectores medio-altos de la estructura social que aparecen documentados en los mapas sociales (Marcos, 2015; Torres 1993). El territorio con este marcado perfil tiene su continuación, aunque más moderada, en el resto de las comunas centrales de la ciudad y los municipios de Tres de Febrero, Morón e Ituzaingó al oeste, y San Fernando y Tigre al norte.

En oposición al área anterior, pero también en línea con las desigualdades socioeconómicas históricas que atraviesan a la RMBA, el mismo factor 1 ha identificado a la comuna 8 en el extremo surde la CABA y a los municipios de Florencio Varela y Presidente Perón —zonas más recientemente incorporadas al tejido urbano y más degradadas de la CABA y de su Conurbano, respectivamente (Cosacov et al., 2011; Torres, 1993)— como lugares privilegiados de llegada reciente de migrantes jóvenes, de estructura por sexo masculinizada y con alta representación de población que apenas alcanzó el nivel primario.

En relación con los migrantes internos extrarregionales (del interior de la provincia de Buenos Aires y de otras provincias del país), los patrones de asentamiento (polo positivo del factor 2, en rojo en el mapa) proveen evidencia de dos dinámicas distintas. Por un lado, el área adyacente al centro de la CABA conformada por las comunas 2, 3, 5 y 14 —que coinciden con los barrios de Recoleta, Balvanera, Almagro y Palermo, respectivamente— (factor 2), parece ser la zona privilegiada por quienes residían fuera de la RMBA y pretenden acceder al centro de la principal ciudad del país. Por otro lado, los migrantes del interior también se asentaron en municipios pertenecientes a la corona exterior de la Región no alcanzados por la AGBA. Entre estos municipios se destacan, por un lado, Luján y La Plata, ambos con el atractivo de su oferta universitaria pública para los estudiantes regionales y extrarregionales, a lo que se suma la afluencia de funcionarios públicos en La Plata, donde está localizada la capital de la provincia de Buenos Aires (Lódola y Brigo, 2011; Marquiegui y Fernández, 1998), y, por otro lado, los vecinos Zárate y Campana, que conforman un importante nodo industrial y portuario (con oferta universitaria orientada a este) comunicado local e internacionalmente por hidrovía, autopista y ferrocarril (Laborde, Ursino y Adriani, 2013). Es decir que, en línea con lo que viene ocurriendo en otras áreas metropolitanas latinoamericanas, la corona exterior de municipios emerge como el área de la RMBA que continúa atrayendo población del resto del país.

Ahora bien, de forma apresurada, esto puede interpretarse como la prolongación en el tiempo de los patrones de expansión tradicionales de Buenos Aires, con el progresivo poblamiento de coronas exteriores de suelo, aunque con el elemento novedoso de la discontinuidad territorial de las anexiones, posibilitada por los avances en materia de comunicación y transporte. A pesar de la proximidad de estos municipios a la aglomeración principal y la fuerza centrípeta que esta pueda ejercer, no se debe pasar por alto que sus cabeceras urbanas corresponden a ciudades intermedias que siempre han tenido perfil productivo específico y cuentan con gravitación propia. La pregunta que queda sin responder entonces es hasta dónde su dinamismo y atractivo tiene que ver con su proximidad con respecto a la AGBA y, por lo tanto, puede ser considerado un atributo de la RMBA en su conjunto.

Finalmente, las comunas del sur y del sudeste de la CABA, que abarcan los barrios de Villa Lugano, Villa Riachuelo, Villa Soldati, Flores, Nueva Pompeya, Parque Patricios, Barracas, La Boca, la antigua ciudad colonial y la expansión del centro en Puerto Madero, se destacan por el asentamiento reciente de migrantes internacionales (polo negativo del factor 3, en azul en el mapa). De acuerdo con estudios previos (Mera, 2013, 2018; Marcos y Mera, 2015), se trata fundamentalmente de personas provenientes de países limítrofes y de Perú, que encuentran en las villas de la CABA —muchas de ellas localizadas en esos barrios— y otros nichos de informalidad residencial su única posibilidad de acceder a las puertas del centro y del sector más dinámico del mercado de trabajo de la RMBA.

Con relación a los recién llegados que cinco años antes residían dentro de la RMBA, pero en otro municipio, están representados por el polo negativo del factor 2, pero la correlación con ellos es relativamente débil (Tabla A6 del Anexo) y el comportamiento espacial de los resultados es poco claro, por lo que no se analiza el dato.

Conclusiones

Indagar sobre las heterogeneidades territoriales que atraviesa la dinámica demográfica metropolitana de Buenos Aires constituye una tarea tan compleja como imprescindible. Aun con los cuidados que imponen las fuentes de datos y las limitaciones que plantean las estimaciones indirectas realizadas aquí, conocer las grandes tendencias que caracterizan al crecimiento de la principal región de Argentina —y la tercera en importancia poblacional a nivel latinoamericano— brinda elementos fundamentales tanto para llenar vacancias en el campo académico como para la gestión de este vasto territorio. En el ámbito académico, Buenos Aires había quedado excluida de los estudios de la dinámica demográfica reciente de las grandes ciudades del subcontinente y las investigaciones sociourbanas locales acotadas a casos específicos no contaban con un mínimo marco de referencia general. En relación con la gestión metropolitana, es fundamental generar un corpus de datos sobre el que anclar las actividades de evaluación y planificación de la porción del territorio más importante y a la vez más compleja del país.

En el plano más general de pensar a la RMBA como una gran área metropolitana latinoamericana hermanada con México, San Pablo, Río de Janeiro, Santiago, Lima y otras grandes urbes de la región, Buenos Aires se puede situar entre aquellas que estabilizan su proceso de concentración de población e incluso ven reducido levemente el peso que tienen en la población total del país entre 1980 y 2000, pero en 2010 Argentina parece pasarse al «bando» de los países que experimentan un aumento de la participación relativa de las divisiones administrativas mayores en que se encuentran las principales ciudades, reforzando la afirmación de José Marcos da Cunha (2002) de que estos procesos son «tímidos» y es prematuro hablar de desconcentración demográfica o desmetropolización.

Los datos presentados a lo largo del trabajo brindan elementos acerca de las especificidades intrametropolitanas que están ocultas detrás del saldo de 975.000 personas que ha ganado la RMBA entre los últimos dos censos de población. En continuidad con patrones históricos, los mayores niveles de crecimiento se registran por fuera del núcleo de municipios más tempranamente poblados y hay fuertes indicios de que la nueva población que se ha asentado en los municipios alcanzados por la aglomeración principal tiende a reforzar su estructura socioespacial.

Tal como ocurre en otras grandes ciudades y su área de influencia, la clave para empezar a entender las diferencias en el crecimiento de la población de las áreas administrativas menores que integran la RMBA no está en el componente vegetativo del crecimiento, sino en el migratorio. Según este último, dentro de la CABA se pueden encontrar situaciones polares. En un extremo, saldos migratorios de signo negativo más bien generalizados, como en las áreas centrales de muchas otras ciudades latinoamericanas. Pero, en el otro, hay cuatro comunas con saldos migratorios positivos excepcionalmente elevados que se explican por los procesos urbanos específicos que han experimentado. Por fuera de la ciudad capital, la corona de municipios que colindan con ella completa el núcleo de saldo migratorio negativo de la RMBA; en la segunda corona preponderan los saldos más bien nulos, y la tercera, lejos de completar el gradiente, muestra situaciones muy dispares en términos cuantitativos y cualitativos.

En ese último grupo de municipios más exteriores de la RMBA hay algunos (especialmente hacia el noreste y el sur) que parecen no guardar particular atractivo. En otros, alcanzados por los extremos tentaculares noroeste y oeste de la AGBA, tiene continuidad el crecimiento de tipo axial por urbanización y anexión de tierra rural contigua y, en algunos de ellos, ha emergido y se ha consolidado el crecimiento de tipo insular (espacialmente discontinuo), pero fuertemente vinculado con la aglomeración principal, en la medida que es originado por la suburbanización de sectores medio altos y altos y da lugar a intensos movimientos pendulares. Pero en el caso de los municipios no alcanzados por la AGBA, en especial aquellos que tienen por cabecera urbana a una ciudad intermedia con perfil productivo propio muy marcado, persiste la duda acerca de su pertenencia a una metrópolis-región con Buenos Aires como núcleo, o si, por el contrario, su dinamismo está condicionado, pero solo marginalmente, por la proximidad a la principal ciudad del país. El interrogante es alimentado por el hecho de que estos municipios más exteriores parecen haber recibido población del interior del país más que del núcleo histórico de la Región, como para hipotetizar un proceso de desconcentración concentrada. Una respuesta más exacta a esta pregunta exige contar con matrices de migración interna a nivel de áreas administrativas menores de calidad de las que no se dispone en la actualidad.

Estos grandes trazos resumen puntos de contacto de la RMBA con otras áreas metropolitanas y grandes ciudades de América Latina y algunos de los rasgos específicos de su dinamismo interno, donde el diálogo entre dinámicas demográficas y procesos urbanos se vuelve ineludible, y abren numerosos usos aplicados de la información e interrogantes de cara a estudios futuros.

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