Abstract

HOLA

In this text the author remarks the necessity of recovering a critical point of view that would allow the Latin American demographic thought a new understanding of the relationship between population and development based on two analytic axes. On one hand, the new demographic problems that describe the modern societies (aging, migration, ethnicity, gender…), and on the other hand, regarding the theories and policies about the population in the postmodern society. The author focuses on the new forms of social stratification, social inequality and demographic differentiation, then proposing a revision of the uses and meanings of the category “population”. In this way the demographic issue is transferred from the traditional relationship between population and development to a new Demography of the Inequality. This thesis is sustained in the fact that in the postmodern society the categories of demographic differentiation become categories of cultural identity, social differentiation and economic and political inequality.

Introducción

Desde la segunda mitad de los ochenta, las ciencias sociales en América Latina -la demografía entre ellas- atraviesan por una profunda crisis de identidad. Esta crisis está directamente vinculada con dos fenómenos distintos pero complementarios. Por un lado, el creciente desencanto respecto a los grandes paradigmas teóricos que predominaron en el debate académico y político hasta fines de los setenta. Por otro, las grandes transformaciones sociales, culturales, demográficas, políticas y económicas del fin de siglo, que plantean la transición de una sociedad industrial a una sociedad informacional (Kumar, 1995; Castells, 1998).

La demografía y los estudios de población parecen estar ausentes de este debate. Salvo honrosas excepciones, no parece haber una reflexión que retome esta crisis de las ciencias sociales a la luz de la investigación demográfica. En este sentido, la Demografía se enfrenta a una serie de tensiones que cuestionan su posicionamiento respecto al cambio y dinámica de la sociedad contemporánea. Por un lado, el cambio en la dinámica demográfica plantea la obsolescencia de muchas de las preocupaciones que orientaron el quehacer del demógrafo. Por otro lado, el advenimiento de la sociedad informacional (global y postmoderna), plantea nuevos horizontes de significación de lo demográfico, de su trascendencia y de sus alcances.

En este marco, sostenemos que el desafío para la Demografía no es sólo teórico, sino también epistemológico. En efecto, el desafío no se refiere tanto a la reinvención de teorías que den nuevas respuestas a viejas preguntas, como al cuestionamiento de la pregunta que dio origen a una cuestión demográfica en el seno de la sociedad moderna. Desde esta perspectiva crítica de la Demografía, podemos reformular no sólo los marcos conceptuales que se han construido en la sociedad moderna, sino además replantear las bases de sustentación del discurso moderno de la población.

Esta visión crítica nos permitirá abrir el pensamiento demográfico hacia nuevos horizontes de entendimiento de la relación población-desarrollo, con base en, al menos, dos ejes analíticos. Por un lado, las nuevas problemáticas demográficas y poblacionales que pueden asociarse y configurarse (construirse) en la sociedad contemporánea, y por otro lado, y desde un nivel más abstracto, respecto a los usos teóricos y alcances políticos de la categoría población en la sociedad postmoderna.

Para ello, proponemos una serie de argumentos que nos permitan elaborar un esquema de análisis de la población en el marco de la postmodernidad. Ponemos énfasis en las nuevas formas de estratificación social y representación de la desigualdad social y diferenciación demográfica, desde lo cual proponemos una revisión de los usos y significados de la categoría “población”. Esta reflexión nos permite sustentar nuestra tesis principal, que consiste en trasladar el discurso demográfico desde la tradicional relación Población-Desarrollo hacia el discurso de la Demografía de la Desigualdad. Esta tesis se sustenta en el hecho que, cada vez más, en la sociedad postmoderna las categorías de diferenciación demográfica (género, etnia, migración, generación, entre otras) devienen categorías de identidad cultural, diferenciación social y desigualdad económica y política.

La cuestión demográfica en la sociedad industrial

El interés por la reproducción humana es tan antiguo como la humanidad misma. Sin embargo, la forma en que esta preocupación ha sido delimitada y reconstruida en cada sociedad es sustancialmente diferente. En la sociedad industrial, por ejemplo, la preocupación por la población y su reproducción puso el énfasis casi exclusivo en el virtual desajuste que se daría entre la dinámica demográfica y la dinámica de la modernización. Esta visión del problema tiene su primera expresión formal en el planteamiento de Malthus, hacia fines del siglo . Siguiendo a Davis (1986) podemos sintetizar la formulación de Malthus en las siguientes dos preguntas:

De acuerdo a él, la capacidad de crecimiento de la población humana rebasa con mucho la capacidad de crecimiento de los recursos materiales para dar alimento y sustentar la reproducción económica y social de dicha población. De acuerdo a este esquema, entonces, la cuestión demográfica se plantea a partir del virtual desequilibrio que se generaría entre la dinámica de reproducción (crecimiento) demográfica y la de desarrollo o modernización de la sociedad.

En el siglo , estos planteamientos son retomados por distintos autores, quienes dan ciertos giros metodológicos y teóricos al planteamiento inicial de Malthus, avanzando en una formulación más detallada de la dinámica de la población y sus relaciones con el proceso de modernización. Al respecto, podemos sintetizar el debate demográfico en torno a tres grandes vertientes teóricas. Por un lado, el enfoque de la Transición Demográfica, por otro la perspectiva de Población y Desarrollo, y por último, el Enfoque Histórico Estructural.

En el primer caso, el cambio demográfico es visto como un proceso de Transición Demográfica, el cual corresponde al tránsito desde una sociedad agraria y tradicional caracterizada por altos niveles de fecundidad y mortalidad, hacia una sociedad industrial y moderna caracterizada en cambio por bajos y controlados niveles de tales variables demográficas.

La reducción en los niveles de las variables demográficas se asocia al proceso de modernización de la sociedad, en términos de que la secularización de las relaciones sociales implicaría un cambio radical en el comportamiento demográfico, en especial, con relación a las prácticas de reproducción de la población, la formación de hogares, la inserción laboral de las mujeres, el cambio en la estructura de valores, entre otros factores. En este contexto, la Transición Demográfica sería un componente de este proceso de cambio social, en tanto con él se desea indicar el proceso de modernización de la dinámica demográfica, esto es, del comportamiento demográfico de la población (Thumerelle, 1996).

En la segunda mitad del siglo el debate demográfico se traslada hacia la interrelación entre la dinámica de la población y los procesos de desarrollo económico. Al respecto, la relación Población-Desarrollo tendió a formularse en términos de una visión renovada y revisada del pensamiento malthusiano. En torno a él, se han planteado dos posiciones extremas. Por un lado, se ubican quienes plantean que la mejor política de modernización es, precisamente, una adecuada política de población, esto es, de planificación y control del crecimiento demográfico de la población. Por otro lado, están quienes sostienen que la mejor política de población, entendida en términos de control y reducción del crecimiento demográfico, es la modernización misma de la sociedad.

En el caso de la primera vertiente del neomalthusianismo, Notestein es claro al afirmar que “la nación que decida ser grande y próspera, puede lograr su objetivo más pronto si reduce cuanto antes y de manera drástica sus tasas de natalidad” (Notestein, 1945:146). En este marco, la población y su dinámica son vistas como un factor que, junto a otros, resulta determinante para el tránsito hacia una sociedad moderna, próspera y encauzada en la ruta del Progreso social. En tanto obstáculo, la población deviene en medio y método privilegiado para lograr el desarrollo, la modernidad.

Los planteamientos del Club de Roma, sintetizados en el famoso informe sobre los límites del crecimiento (Meadows, 1973 y 1992), se inscriben también en esta perspectiva. Para ellos, el problema es visto en términos de los límites que se plantean para el crecimiento de la población, en el marco de lo que posteriormente se conceptualizaría como desarrollo sustentable. Ellos señalan los peligros que implica para la sociedad moderna el que se sobrepasen los límites de crecimiento demográfico, lo que pudiera hacer insustentable el ecosistema. Desde una visión diferente, pero también dentro de un marco neomalthusiano, se plantea la relación Población-Desarrollo en una dirección opuesta. No es la población la base de la modernización, sino a la inversa, es el desarrollo y consolidación de la sociedad industrial la base de la transformación del régimen demográfico. Desde esta perspectiva se argumenta que el desajuste en la relación Población-Desarrollo, es ante todo, una manifestación de las carencias de la modernización, entendida como el tránsito desde una sociedad agrícola y tradicional hacia una moderna e industrial.

En este sentido, ni el tamaño absoluto de la población ni su ritmo de crecimiento son en realidad obstáculos al proceso de desarrollo y modernización de las sociedades. Por el contrario, se argumenta que es la estructura de desigualdad social e inequidad en la distribución del ingreso lo que habría dejado sistemáticamente al margen del mercado y de la modernización a una fracción significativa de la población (Singer, 1971). En este sentido, sólo la transformación estructural de la sociedad posibilitaría la incorporación de grandes contingentes demográficos al mercado capitalista, lo cual a su vez, contribuiría a sostener una ruta de desarrollo y modernización a largo plazo, especialmente si se trata de una población en crecimiento.

Finalmente, una versión completamente diferente de la cuestión demográfica corresponde al Enfoque Histórico Estructural, especialmente en su vertiente marxista. En este caso, la tensión entre la población y el desarrollo no es vista pura y simplemente como un desequilibrio, sino como una contradicción que surge del propio proceso de acumulación capitalista. En otras palabras, la cuestión de la población, expresada no ya como una “explosión demográfica” sino como una “sobrepoblación relativa”, no es vista ni como obstáculo ni como posible motor del desarrollo, sino por el contrario, como resultado del proceso de modernización (Fucaraccio y González, 1975). No se trata de un desequilibrio entre dos esferas sociales, sino de la contradicción que surge al imponerse la dinámica de una (acumulación) sobre la otra (demografía).

En este marco, la sobrepoblación relativa no configura un desajuste demográfico ni un obstáculo a la modernización capitalista. Por el contrario, los excedentes poblacionales son un resultado de la modernidad derivado del desarrollo mismo de la sociedad industrial. Como señala el propio Marx, la sobrepoblación relativa constituye una contratendencia a la ley general de la acumulación capitalista, esto es, a la tendencia general a la caída de la tasa de ganancia. En este sentido, a diferencia de los enfoques de la Transición Demográfica y de Población y Desarrollo, la cuestión demográfica no puede reducirse a un problema de “sobrante” de población que obstaculiza la modernización, como tampoco a uno de “faltante” de desarrollo derivado de una modernidad inconclusa. Ahora bien, no obstante estas profundas diferencias, que en cierto plano hacen del Enfoque Histórico Estructural una perspectiva prácticamente antagónica de los dos enfoques anteriores, todos ellos comparten ciertos sustratos comunes. En todos estos enfoques la problematización de la población se configura a partir del análisis del proceso de modernización de nuestras sociedades. En efecto, aún cuando predominan apreciaciones encontradas –y hasta antagónicas- respecto a la valoración y entendimiento de dicha modernización, en estos tres enfoques (Transición Demográfica, Población y Desarrollo y Enfoque Histórico Estructural) la modernización se refiere al tránsito de una sociedad agrícola-tradicional a una sociedad moderna, urbana e industrial. Las categorías usadas para dar cuenta de este proceso son muy diferentes, y sin duda, abren opciones y posibilidades de análisis muy distintas y hasta opuestas entre sí. Sin embargo, en estos tres enfoques es desde el metadiscurso de la Modernidad desde donde se configura la cuestión demográfica en nuestras sociedades.

Esquema 1. Podemos ilustrar la cuestión demográfica en la sociedad moderna en todos estos enfoques con base en el siguiente esquema analítico

De acuerdo a este esquema, podemos resumir la cuestión demográfica en cada uno de estos tres enfoques de la siguiente manera:

Transición Demográfica

El crecimiento demográfico explosivo no es sino el resultado de la modernización de la sociedad, configura una etapa de ajuste demográfico a la modernización de las estructuras sociales. En esencia, el crecimiento poblacional es una etapa de ajuste derivada de la transición de un régimen tradicional a uno moderno de reproducción demográfica. En este sentido, las políticas de control del crecimiento contribuyen a esta modernización del comportamiento reproductivo y de la fecundidad, a la vez que promueven la modernización y eficiencia demográfica

Población y Desarrollo

O bien el control del crecimiento explosivo de la población es un factor que contribuye a superar los problemas del subdesarrollo en nuestras sociedades, o bien el Desarrollo y Modernización de la sociedad son la base para la solución de los problemas derivados del crecimiento demográfico explosivo.

Enfoque Histórico Estructural

El crecimiento explosivo es la base demográfica para la generación de un excedente de población. Por lo mismo, no es una etapa de la modernización capitalista, como tampoco un obstáculo o un impulso a ella, es simplemente su consecuencia demográfica más directa, la manifestación de una de las principales contradicciones del capitalismo que se expresa como la exclusión continua de contingentes demográficos.

Como se puede observar, aunque la formulación concreta de la cuestión demográfica, de sus alcances y significados, varía significativamente de un enfoque a otro, en los tres casos el discurso sobre la Modernización de la sociedad es el eje articulador que da sentido, trascendencia y legitimidad a la preocupación por la población y su crecimiento.

La cuestión demográfica en la sociedad postmoderna

En las últimas décadas del siglo se configuraron nuevas tendencias en la dinámica demográfica, que no sólo han incidido en las posibilidades de crecimiento de la población mundial, sino que inauguran un nuevo régimen de reproducción de la población. Me refiero no sólo al cambio en la estructura demográfica que surge del proceso de envejecimiento, sino también a la emergencia de diversas problemáticas referidas a las relaciones de género, intergeneracionales, migratorias y étnicas, entre otras, que en el marco de la globalización económica y cultural parecen involucrar a la población mundial en su conjunto. En términos de sus alcances, magnitud y extensión, este nuevo régimen demográfico estaría marcando la etapa final de una transición demográfica que, a través de 200 años, sostuvo un prolongado y continuo proceso de crecimiento de la población (Thumerelle, 1996; Teitelbaum y Winter, 1985).

Esta fase final de la Transición Demográfica coincide con una serie de cambios estructurales y sociales, mismos que para diversos autores conforman los rasgos más característicos del paso de la sociedad industrial hacia una postindustrial e informacional. De acuerdo a Castells (1998), por ejemplo, la economía informacional reconfigura las bases de la economía industrial mediante la incorporación del saber y la información a los procesos materiales de producción. De esta forma, el proceso económico ya no se sustenta únicamente en el intercambio y las relaciones materiales, sino en el intercambio y procesamiento de información, esto es, de símbolos, los que resignifican todo el proceso de producción y distribución de bienes y servicios materiales.

Asimismo, S. Lash y J. Urry (1998) plantean que la economía política en la sociedad informacional se basa en un régimen de acumulación reflexiva, en la medida que crecientemente, el saber y la información se constituirán en los ejes y fundamentos de las economías y sociedades contemporáneas. De acuerdo a estos autores, en la sociedad industrial el intercambio productivo hombre-naturaleza se daba a través de una mediación maquinista que hace de la materia un medio, objeto y resultado del proceso de trabajo. En la acumulación reflexiva, en cambio, el intercambio se está dando por la mediación de símbolos que operan a través de estructuras de información y conocimiento. En la sociedad informacional, la acumulación no es sólo “flexible”, sino “reflexiva”, en la medida que se basa en procesos de autoregulación que transforman el proceso de trabajo en objeto de sí mismo.

Ahora bien, este periodo de transición histórica plantea un desafío conceptual y una exigencia metodológica, en la medida que los marcos conceptuales para analizar, comprender y actuar en nuestras sociedades están siendo rebasados por la propia dinámica de la sociedad contemporánea (Ianni, 1996; Mires, 1996). En este sentido, la exigencia metodológica es avanzar en la construcción de categorías de análisis que, desde una perspectiva crítica de la modernidad, permitan aprehender los nuevos rumbos y ritmos que están tomando los procesos sociales.

La Demografía como disciplina, y la Población como objeto de estudio, no son ajenas a esta condición actual de las ciencias sociales.

En este contexto, sostenemos que el fin de la llamada Transición Demográfica, junto con el advenimiento de la sociedad informacional, exigen pensar en nuevas delimitaciones y visiones de la demografía que vayan más allá de la reproducción cuantitativa de la población. En tal sentido, sostenemos que los nuevos ejes de la demografía que podemos avizorar para un futuro próximo ya no se derivarían tanto del crecimiento de la población, como de la forma que la sociedad postindustrial se organizará para enfrentar las mutaciones demográficas y sociales que actualmente empiezan a experimentarse. El desafío para la demografía será dejar de pensar la población en términos de su crecimiento, para pensarla en términos de las relaciones y contradicciones entre individuos, entre generaciones, entre géneros, entre etnias, y entre la especie humana y la naturaleza (Lassonde, 1997). En otras palabras, se trata de pasar de la preocupación por la dinámica demográfica y sus componentes, a una preocupación por las estructuras demográficas, esto es, por la estructuración social de las diferencias y desigualdades demográficas.

En este contexto es donde adquiere relevancia discutir y revisar nuestra propuesta por una Demografía de la Desigualdad.

Sin duda, desde hace décadas la Desigualdad Social ha sido tratada y desarrollada ampliamente en diversos textos, foros políticos y seminarios académicos. Asimismo, el interés por su dinámica ha sido creciente, y ha permitido la elaboración y sistematización de amplios bancos de datos estadísticos y demográficos que sustentan muchos de los análisis y propuestas que actualmente se hacen al respecto. En este sentido, nuestro principal aporte a la discusión de esta temática no radica en avances metodológicos ni empíricos, sino más bien se da en un nivel conceptual que remite a la incorporación del amplio debate de la desigualdad en el discurso demográfico contemporáneo, y que podemos situar en dos planos o dimensiones del mismo proceso, a saber:

Demografía de la desigualdad

El discurso de la población en la postmodernidad

La cuestión de la desigualdad social es, sin duda, uno de los ejes que permite articular el pensamiento crítico en la demografía de América Latina. Sin embargo, debemos ser claros en señalar que no se trata de un tema nuevo. Por el contrario, la desigualdad y la exclusión parecen ser las constantes de la historia social de América Latina. Lo que queremos resaltar en esta ocasión son los desafíos y retos que plantea analizar la cuestión de la desigualdad desde una perspectiva sociodemográfica. En particular, creemos que en los tiempos actuales la pregunta por la desigualdad exige un replanteamiento del discurso demográfico, y en particular, exige la formulación de un nuevo programa y agenda de investigación en la región.

En América Latina, desde siempre, el sentido de las ciencias sociales ha sido el entendimiento del cambio social. Fieles a esta tradición, el desafío que proponemos es la reinserción de la investigación demográfica en el seno de las transformaciones de la sociedad latinoamericana contemporánea. Si algún sentido tuviese la demografía que viene, este no es otro que hacerse cargo de la y las poblaciones en la sociedad que actualmente se construye. Las nuevas claves de la demografía han de surgir de la reflexión crítica de los procesos de cambio social y demográfico que actualmente se manifiestan en nuestras sociedades, y en donde la desigualdad y exclusión social se tornan en una cuestión fundamental. En particular, nuestra tesis propone trasladar el discurso demográfico desde la tradicional relación Población-Desarrollo hacia un discurso de la Demografía de la Desigualdad. Esta tesis se sustenta en el hecho que cada vez más, en la era de la globalización las categorías de diferenciación demográfica (género, etnia, migración, generación, entre otras) devienen categorías de identidad cultural, diferenciación social y desigualdad económica y política, cuando no en categorías de discriminación poblacional.

Si globalización es el término para dar cuenta de la actual configuración espacial del capitalismo como sistema-mundo, habría que agregar entonces, que es también la forma que asumen las desigualdades sociales y económicas en este sistema social. En efecto, con los procesos de globalización se crean y recrean diversos mecanismos de inclusión/exclusión social, que a través de la precarización del empleo y otras formas modernas de segregación social, afectan preferentemente a sectores sociales debilitados ante la desregulación económica y la flexibilidad laboral que sustentan los nuevos paradigmas productivos y organizacionales de la globalización.

Ahora bien, resulta interesante constatar que esta segmentación de la población en estratos sociales diferenciados (pobres locales y ricos globales, en términos de Bauman, 1999), no sólo se basa en factores estrictamente económicos o de mercado. Si bien los distintos segmentos o estancos ocupacionales se configuran siguiendo una lógica económica dictada por el proceso de desregulación contractual y flexibilización laboral, quienes conforman cada uno de estos segmentos lo hacen en función de procesos de diferenciación social “extra-económicos”, en especial con base en factores de diferenciación cultural, étnica, demográfica, y de género, entre otras.

Estos factores de diferenciación social constituyen la base de las nuevas fronteras interiores que surgen con el proceso de globalización y que contribuyen a la segmentación de la estructura social en la sociedad postmoderna (Canales y Montiel, 2007). En efecto, en la sociedad contemporánea cada vez más los espacios locales desconectados de las redes globales de información y comunicación se caracterizan por la precariedad de las ocupaciones y condiciones de vida, y configuran espacios sociales que tienden a ser ocupados por sujetos sociales vulnerables, tales como mujeres, migrantes, minorías étnicas, y jóvenes, entre otros.

De esta forma, en la sociedad global estas categorías de diferenciación demográfica devienen en estructuras de identidad y diferenciación social, a través de las cuales se configuran no sólo grupos poblacionales, sino sujetos sociales concretos, con diversos grados de vulnerabilidad y desventajas sociales. Esta situación de vulnerabilidad social se refleja, además, en la dificultad de estos grupos sociales para establecer otros marcos de regulación de sus condiciones de vida, de trabajo y reproducción social, en un contexto estructural en donde además, ya no parecen operar los mecanismos de negociación política y social que surgieron en la sociedad industrial y tomaron forma en el Estado de Bienestar. Me refiero en concreto, a la configuración de minorías sociales y culturales (mujeres, niños, migrantes, grupos étnicos, entre otros), cuya vulnerabilidad construida en diversos espacios sociales se traslada al mercado laboral bajo la forma de una desvalorización de su fuerza de trabajo, y por ese medio, de una desvalorización de sus condiciones de vida y reproducción.

En este sentido, la sociedad contemporánea plantea nuevas exigencias para pensar y delimitar la cuestión demográfica. A nuestro entender, la reconfiguración de una cuestión poblacional debe orientarse preferentemente a problematizar la desigualdad y diferenciación social que surge de la propia globalización, aspectos que sin embargo, no siempre fueron recuperados en el debate población-desarrollo de décadas anteriores.

En la sociedad industrial, el debate sobre la población y el desarrollo tendió a considerar la desigualdad social como un remanente o rezago social, consecuencia de la ausencia de modernización. En este marco, la problematización de la población se orientaba, más bien, hacia los posibles desajustes entre los ritmos y tiempos de la modernización de las estructuras sociales y los de la transformación de las estructuras demográficas de la población. Por su parte, el enfoque histórico-estructural, si bien ponía el acento en la desigualdad social, lo conceptuaba en términos de la exclusión social de que eran objeto determinados sectores de la población. En concreto, el marco de vulnerabilidad y precariedad de estos trabajadores supernumerarios residía precisamente en su exclusión o marginación del mercado laboral.

En la sociedad global, en cambio, se configuran nuevas formas de desigualdad social, que no se corresponden ni con formas de exclusión social, ni menos aún, con la persistencia de estructuras sociales tradicionales o pre-modernas. Con su globalización, el capitalismo ha roto con las bases de la sociedad del trabajo y el estado de bienestar, en un horizonte en el cual el crecimiento de la economía ya no asegura ni la supresión del desempleo, ni el mejoramiento de las condiciones de vida y trabajo de la población (Beck, 2000). En este marco, la estructuración de la población en grupos sociales heterogéneos y desiguales, constituye un elemento intrínseco a la propia globalización.

La pobreza y precariedad de los trabajadores no es resultado de su exclusión del mercado de trabajo (desempleo, ejército industrial de reserva, etc.), sino que al contrario, es consecuencia de la forma en que ellos son incluidos e integrados en el mundo laboral. No se trata ya de un empobrecimiento por exclusión social, sino por el contrario, se trata de trabajadores socialmente vulnerables, pero insertos en sectores económicos altamente modernizados y globalizados. En otras palabras, en la sociedad global la condición de vulnerabilidad social (de minoría social, demográfica y cultural) deja de ser el riesgo de una posible exclusión económica, para convertirse en la condición necesaria para su inclusión.

Ahora bien, lo relevante para nuestra reflexión es el papel que las categorías de diferenciación demográfica asumen en la construcción social de estas condiciones de vulnerabilidad, precariedad y fragmentación social. En este sentido, si optamos por hablar en términos de una Demografía de la Desigualdad, es con la intención de centrar la atención en cómo las estructuras de diferenciación demográfica devienen estructuras de desigualdad social.

Como señala Beck (2000), la flexibilidad laboral, la precarización del empleo, la desarticulación de las instituciones del Estado de Bienestar, entre otros aspectos, contribuyen a la configuración de un régimen de riesgo laboral. En este contexto, a través del mercado de trabajo se configura un proceso de polarización y segmentación laboral y social, que se corresponde con nuevas formas de estratificación social y de estructuración de la desigualdad social. En este contexto, la construcción social de la desigualdad económica adopta la forma de una diferenciación demográfica, que en algunos casos se sustenta en la distinción respecto a la condición migratoria de los individuos, pero que en otros puede vestirse de mujer, de indígena, de joven, etc.

En todos estos casos, se trata de categorías de diferenciación demográfica, pero que socialmente son reconstruidas y resignificadas en función de la configuración de sujetos demográficos propios y diferenciados, expuestos a desiguales condiciones de vulnerabilidad, esto es, a una combinación particular y diferente de una estructura de riesgos, capacidades de respuestas y habilidades adaptativas (Rodríguez, 2001 En este sentido, el objeto de una Demografía de la Desigualdad es la comprensión y análisis de los contextos estructurales e históricos en los cuales las distintas categorías de diferenciación demográfica son categorías de desigualdad social, y por ese medio, mecanismos de constitución de sujetos sociales diferentes y desiguales.

En este sentido, se trata de dar un giro radical al discurso demográfico tradicional. Se trata de pasar de una preocupación por la dinámica del crecimiento, a una preocupación por la estructura demográfica, en particular, por la estructuración social de las diferencias demográficas. Esto exige pensar la población, no tanto en función de su dinámica de crecimiento, sino más bien en función de la estructura de relaciones entre individuos, entre géneros, entre etnias, entre generaciones, y en general, entre distintas categorías demográficas. Asimismo, planteamos la necesidad de pensar esta estructura demográfica en el marco de las transformaciones sociales que caracterizan a las sociedades contemporáneas.

Esquema 2. En concreto, podemos expresar esta idea con base en el siguiente esquema:

De acuerdo a este esquema analítico, la cuestión demográfica en la sociedad postmoderna se sustentaría con base en la relación entre las estructuras de diferenciación demográfica y las estructuras de diferenciación social, esto es, en cómo las estructuras de diferenciación demográfica traspasan sus fronteras y delimitaciones disciplinarias, y contribuyen a la construcción de nuevas formas y patrones de estratificación social. Esto es, cómo las estructuras demográficas se articulan y entrecruzan con las estructuras sociales, culturales y económicas, para dar origen a nuevas pautas y patrones de estratificación y desigualdad social de la población. A esta articulación e imbricación de lo demográfico y lo social en la era postmoderna, es a lo que en este texto denominamos como Demografía de la Desigualdad, en contraposición a la Demografía del Crecimiento, que fue la base de la generación de un discurso demográfico en la sociedad moderna que se sustentaba en la articulación e imbricación del crecimiento demográfico con el desarrollo económico.

Conclusiones

En la sociedad moderna el sentido de la pregunta por la población estuvo dado por el sentido mismo de la modernización. En particular, las ideas de progreso social, la centralidad de la razón en la ideología desarrollista, la secularización de las prácticas sociales, entre otros aspectos, subyacen a todo el pensamiento demográfico de la primera modernidad. De esta forma, en la sociedad industrial la preocupación por la población y su reproducción puso el énfasis casi exclusivo en el virtual desajuste que se daría entre la dinámica demográfica y la dinámica de la modernización. En esta perspectiva, la cuestión demográfica fue inicialmente formulada con base en la dinámica del crecimiento de la población y de sus impactos en el proceso de desarrollo económico. En particular, el debate se centró en el papel del crecimiento demográfico en el proceso de desarrollo e industrialización de la sociedad moderna, especialmente en los países del Tercer Mundo donde el crecimiento de la población adquirió formas explosivas.

En América Latina este debate tuvo un importante desarrollo que derivó en una fuerte crítica al enfoque de la Transición Demográfica, en tanto no era capaz de comprender las especificidades del proceso de desarrollo y subdesarrollo en sociedades periféricas, mismas que implicaban una reformulación radical de las propuestas de la transición demográfica respecto a la dinámica de la población en nuestros países (Benítez, 1994; Patarra, 1973). Sin embargo, aún cuando el Enfoque Histórico Estructural significó un pensamiento independiente y crítico a las posturas neomalthusianas, no implicó necesariamente una crítica igualmente radical al significado modernista del discurso demográfico. Por el contrario, en este enfoque subyacen importantes principios del discurso de la Modernidad, en particular, la visión de la Historia en el marco de un proceso de Evolución Social regida por la razón del Progreso y el Desarrollo.

En este contexto, la tesis que sostenemos en este documento va más allá de la crítica que el Enfoque Histórico Estructural hiciera en su momento al discurso de la Transición Demográfica. Nuestra hipótesis es que los cambios sociales y demográficos de fines del siglo XX inauguran una nueva época histórica que exige revisar las bases mismas sobre las que se ha construido el discurso demográfico, y en general, el discurso de las ciencias sociales modernas. El advenimiento de la sociedad global e informacional corresponde no sólo a una etapa de “transición histórica”, sino que plantea además una exigencia metodológica, en la medida que los marcos conceptuales para analizar, comprender y actuar en nuestras sociedades están siendo rebasados por la propia dinámica de la sociedad contemporánea (Ianni, 1996; Mires, 1996).

En tal sentido, creemos que los nuevos ejes de la demografía que podemos avizorar para un futuro próximo, ya no se derivarán tanto del crecimiento de la población, como de la forma en que la sociedad postindustrial se organizará para enfrentar las mutaciones demográficas y sociales que actualmente empiezan a experimentarse. De esta forma, el desafío para la demografía, y para la sociedad en general, se refleja en el necesario tránsito desde la preocupación por la dinámica demográfica y sus componentes, a una preocupación por las estructuras demográficas, esto es, por la estructuración social de las diferencias y desigualdades demográficas (Canales, 2003).

El interés por la estructura demográfica no se refiere sólo a la identificación de las diferentes categorías demográficas, ya sea por estratos etáreos, género o condición étnica, entre otras. Como señala Tilly (2000), la diferenciación formal entre categorías sociales suele basarse en una estructura de desigualdad social, sobre la cual se construyen los usos y significados sociales, culturales, políticos y económicos de dichas categorías. En este sentido, las distintas categorías demográficas (hombre-mujer, niño-joven-adulto-viejo, migrante-nativo, entre otras) no son meros atributos individuales, sino que están socialmente organizadas en sistemas de relaciones asimétricas y desiguales. Mucho de lo que los observadores interpretamos usualmente como diferencias individuales, son en realidad consecuencias de la desigualdad categorial. En este sentido, apostamos por una demografía orientada al análisis y comprensión de este sistema de desigualdad categorial en el marco de la sociedad global e informacional. Ahora bien, antes de continuar, conviene hacer una importante aclaración. La desigualdad categorial no es algo nuevo . Sin embargo, resulta paradójico, por decir lo menos, que la Demografía, que aporta gran parte de estas categorías de diferenciación social, no se haya orientado a su análisis y comprensión. Esto se debe a que la Demografía tradicional se sustentó en un concepto abstracto de población, que no sólo ignoraba, sino silenciaba y abstraía tales diferencias, y cuando se refería a ellas lo hacía en términos estrictamente de desagregaciones poblacionales. En efecto, en la Demografía tradicional la población es un total aritmético, el resultado que se obtiene después de una serie de agregaciones, no es nunca una totalidad concreta, el producto de un sistema de articulaciones y mediaciones (Astorga, 1988). Así, por ejemplo, la suma (agregación) de las poblaciones masculinas y femeninas da como resultado la población total, agregado demográfico que, sin embargo, nunca nos permitirá entender las complejidades de la condición de género que diferencia a hombres de mujeres.

Este proceso de abstracción permite imaginar una categoría conceptual que, al mismo tiempo que nombra a todos los individuos, los enumera en un agregado que exige la abstracción de las diferencias y distinciones de clase, castas, género, etnias, y otras. Este es el papel y significado atribuido al concepto de población en los tiempos modernos. Población designa pueblo y plebe, amos y esclavos, hombres y mujeres, monarca y súbditos, en fin, a unos y otros, y a todos por igual (Canales, 2001). La categoría población deviene así en concepto político e ideológico (Le Bras, 2000). Los gobiernos ya no piensan en sujetos o clases, sino en algo más abstracto, la población que incluye a todos, sin exclusiones, pero también sin distinciones.

El discurso de una Demografía de la Desigualdad, por el contrario, se sustenta en la recuperación de lo diverso y de la diferencia que ha sido anulada y silenciada en el concepto de población subyacente en el discurso de la modernidad. Esta perspectiva permitiría reposicionar a la Demografía de cara a la sociedad contemporánea, siempre y cuando sea capaz de reconstruir un concepto de población con base en la inclusión de las diferencias, de lo diverso, de lo distinto, aspectos todos ellos, que además, son cotidianamente reivindicados en la sociedad postmoderna.

En este sentido, reposicionar la Demografía en el marco de la sociedad contemporánea exige, a nuestro entender, trascender el análisis demográfico tradicional de agregados poblacionales, para confluir en una reflexión sobre la configuración de sujetos demográficos.

En este sentido, el discurso de una Demografía de la Desigualdad debe ser capaz de dialogar fructíficamente con lo multicultural, con el relativismo étnico, con las radicales reivindicaciones del género, con la explosión de un diferencialismo generacional. La demografía que viene debe ser capaz de lidiar con conceptos reflexivos e híbridos. La anterior unidad que imponía el concepto de población debe abrir paso a una serie de categorías híbridas, pero que tendrán el potencial de desencadenar nuevos conceptos para pensar y entender la población en una sociedad postmoderna.

Bibliografía

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