Resumen

HOLA

A partir de los derechos listados en la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores y
con datos de la Encuesta de Condiciones de Vida de Adultos Mayores realizada en Argentina en el año 2012, se estima un indicador sintético de privaciones de derechos, que luego se combina con el que surge de analizar la pobreza monetaria. El artículo examina algunos factores asociados a ambos fenómenos y encuentra que cada uno de ellos tienen sus propios determinantes y requieren respuestas diferentes y específicas de la política pública. Las privaciones no monetarias afectan al 53 % de las personas mayores en Argentina, casi cinco veces más que el 11 % de incidencia de la pobreza monetaria. Se analizan también diferenciales por género, a partir de lo cual se observa que algunos determinantes son más importantes que otros dependiendo de si la persona mayor es un hombre o una mujer.

Introducción

La calidad de vida de las personas mayores debería ser un tema de interés creciente entanto que es el grupo demográfico con mayor crecimiento relativo durante las últimasdécadas. Esto se debe al proceso de envejecimiento demográfico que experimentan todas las naciones del mundo. Mientras que hoy en Argentina hay 6 personas de 60 años y más por cada 10 niños menores de 15, se proyecta que en 2040 habrá tantosniños en ese rango etario como personas mayores. Estas grandes transformacionesen la estructura de edades de la población exigen analizar la situación actual de laspersonas mayores con el propósito de dimensionar y caracterizar las privaciones quepadecen, y diseñar acciones para la población mayor actual y la venidera.

Este trabajo persigue dos objetivos. El primero es estimar la magnitud y la intensidad de la pobreza en personas mayores en Argentina. A partir de reconocer la naturaleza multidimensional de este fenómeno, se analiza no solo la pobreza por ingresos, sino también las privaciones múltiples y simultáneas de carácter no monetario. El segundo objetivo es evaluar los determinantes que inciden en los diferentes aspectos de la pobreza y en la combinación que surge entre ellos. Dichas combinaciones, que reciben aquí la denominación de pobreza multidimensional, aluden tanto a la concurrencia de ambos fenómenos, monetario y no monetario (intersección) como a la de uno u otro (unión).

Dejando de lado lo que una privación implica en sí misma, la importancia de conocer la magnitud de estos fenómenos se justifica, por un lado, por el compromiso asumido por Argentina (y por 192 países más) de cumplir de los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) listados en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible. La erradicación de la pobreza extrema y la reducción a la mitad de la pobreza en todas sus formas es el objetivo número uno de los 17 formulados por Naciones Unidas y que entraron en vigor el 1.º de enero de 2016. Asimismo, los 38 países que firmaron el Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo, entre los que figura Argentina, se comprometieron a “promover el desarrollo de prestaciones y servicios en seguridad social, salud y educación en los sistemas de protección social destinados a las personas mayores que avancen en calidad de vida, seguridad económica y justicia social” (Cepal [Comisión Económica para América Latina y el Caribe], 2013).

De la misma manera, el Estado se compromete a través de la Constitución Nacional a “legislar y promover medidas de acción positiva que garanticen […] el pleno goce y ejercicio de los derechos reconocidos por la Constitución y por los tratados internacionales vigentes sobre derechos humanos, en particular respecto de los niños, las mujeres, los ancianos y las personas con discapacidad”. El tratado internacional rector de los derechos de las personas mayores es la Convención Interamericana sobre Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (en adelante, la Convención), y el Gobierno argentino oficializó su adhesión a esta a través del Decreto 375/2015. Las obligaciones vinculantes que figuran en la Convención se pueden resumir en su primer artículo, que compromete al Estado a “promover, proteger y asegurar el reconocimiento y el pleno goce y ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de la persona mayor, a fin de contribuir a su plena inclusión, integración y participación en la sociedad”.

Otro elemento no menos relevante para entender la pertinencia del fenómeno es la especificidad de este grupo demográfico y su tamaño relativo. Si bien se cuenta en el país con estimaciones acerca de la magnitud de la pobreza para la población en general y con estudios específicos para niñas y niños, no sucede lo mismo para las personas mayores. Se sabe, según estimaciones realizadas para este documento, que un 9 % de la población de 60 años y más vive en situación de pobreza monetaria, frente a un 31 % de la población entre 0-59 años. Estas cifras están referidas solo a la pobreza por ingresos y no cubren aspectos no monetarios que pueden llegar a ser muy importantes para la identificación de personas con privaciones y la elaboración de políticas públicas.

Se sabe todavía menos aún acerca de los factores que están relacionados con la pobreza de personas mayores. En estos casos, las variables que tradicionalmente explican la situación económica de las personas adultas no adquieren el mismo significado para las personas mayores. Por ejemplo, la edad no jugaría el destacado rol que desempeña para las adultas/os en edades centrales. Puede ocurrir, sin embargo, que el estado civil o la estructura familiar cierto protagonismo. Eso es lo que precisamente se quiere analizar, profundizando en el examen acerca de los factores que están asociados con las diferentes formas de privaciones identificadas en este estudio.

El documento está estructurado según el siguiente plan. En la próxima sección se repasan los escasos antecedentes de medición de pobreza y de privaciones materiales no monetarias en personas mayores. La tercera sección contextualiza está destinada a poner en contexto el creciente problema de la pobreza en personas mayores en vista delproceso de envejecimiento demográfico. La cuarta sección presenta la estrategia metodológica utilizada y describe los datos. La quinta sección se destina a presentar y discutir los resultados descriptivos obtenidos y las medidas sintéticas de pobreza y privaciones no monetarias. En la sexta, se realiza un análisis condicionado de las tasas de incidencia de pobreza y privaciones. Finalmente, la últmina sección presenta las conclusiones y los pasos a seguir en esta investigación sobre las condiciones de vida y las privaciones de las personas mayores en Argentina.

Breve revisión de estudios previos

Para elaborar esta sección se han revisado estudios que abordan el problema de la pobreza y de las privaciones de las personas mayores en todo el mundo y en países muy diferentes. Debido a la imposibilidad de abarcar y plasmar en este artículo —puesto que no es el objetivo planteado— toda la literatura existente sobre pobreza que hace mención de manera central o tangencial a la población en cuestión, se han revisado particularmente los estudios enfocados en las personas mayores. En ese proceso se ha observado que la producción específica de pobreza en personas mayores es más bien escasa.

Callander y colaboradores (2012) aportan uno de los pocos estudios sobre pobreza en personas mayores desde una perspectiva multidimensional. Las autoras estiman un índice de pobreza de libertad para Australia, bajo el enfoque de las capacidades, que resume tres dimensiones: ingreso, salud y educación. Con esto definen como pobre a aquella persona mayor que resulta pobre por ingresos y, que, a la vez, está privada en alguna de las otras dimensiones. Asimismo, definen como pobre extremo a la persona mayor privada en las tres dimensiones de manera simultánea. Entre los hallazgos obtenidos se destaca que los hombres tienen menor probabilidad de ser pobres que las mujeres y que esa probabilidad aumenta con la edad. Una posible razón para explicar el primer resultado es que las mujeres viven más tiempo que los hombres y las capacidades disminuyen conforme van envejeciendo, y lo hacen a tasa creciente. Por otra parte, no se menciona en el estudio, pero resulta interesante que las capacidades a juzgar pueden variar con la edad. Así, una persona mayor no puede hacer muchas cosas que sí podía hacer cuando era joven, pero puede hacer otras que no podía hacer de joven y que le generan bienestar. Por ejemplo, ver crecer a sus nietos. En contraposición, a nadie se le ocurriría decir que una persona de 30 años tiene una “vida empobrecida” porque está privada de ver crecer a sus nietas o nietos.

Las condiciones de vida de las personas mayores en América Latina han sido estudiadas de manera parcializada, observando separadamente las dimensiones, pero también resumida en un índice de bienestar para el adulto mayor (IBAM) (Del Popolo, 2001). Se trata de un índice que conserva las dimensiones y metodología utilizadas para la construcción del índice de desarrollo humano (IDH), con arreglos para capturar los logros de la población mayor. Argentina se ubica en un nivel intermedio de IBAM como consecuencia de los bajos montos jubilatorios y de un nivel medio en duración de la vida a partir de los 60 años.

El IBAM permite apreciar también ciertos patrones generales. Se observa, por ejemplo, que el bienestar de la población de personas mayores es más adverso en el campo que en la ciudad y que no hay diferencias sustanciales por género. Por otra parte, la falta de previsión determina la permanencia de las personas mayores en el mercado laboral y es muy probable que sea más frecuente en los trabajadores independientes, sobre todo en los menos calificados. Los hogares multigeneracionales y principalmente los que dependen del ingreso de las personas de edad registran una incidencia de la pobreza significativamente mayor; aunque, en Argentina, las parejas de adultos mayores sufren carencias económicas muy superiores al promedio del total de hogares con personas de edad. Por último, hay que destacar que no se indaga sobre la intensidad de la pobreza en personas mayores (Del Popolo, 2001).

Los estudios que abordan el tema con una perspectiva cualitativa (por ejemplo Gorman y Heslop, 2002), explican que, para las personas mayores, la pobreza se asocia con la incapacidad para cumplir con sus roles y responsabilidades sociales y económicas. Los más pobres son los que no tienen medios suficientes para cubrir sus necesidades básicas y mejorar su posición, y la pobreza extrema se asocia con la ausencia de seguridad en los ingresos, apoyo familiar o social inadecuado y mala salud combinada con atención médica inadecuada. Las personas mayores son más vulnerables si no tienen hijos adultos o son viudas; y es sabido que las mujeres tienen dos veces la probabilidad de los hombres de enviudar (por su mayor longevidad). Sin embargo, la mujer tiene un rol más reconocido en la familia comparado con el del hombre. Estos cargan, en ocasiones, estigmas sobre falta de confianza, o si tuvieron múltiples parejas pueden ser percibidos no dignos del apoyo familiar. Así, los hombres tienen mayor probabilidad de sufrir privaciones y hasta de mendigar, que de ser reconocidos y ayudados por sus descendientes.

Como se dijo ya, y comparada con la de otros grupos de edad, la pobreza de personas mayores y sus factores asociados están subinvestigados. Barrientos, Gorman y Heslop (2003) explican que esto obedece a la infravaloración de la contribución de los ancianos en sus familias y en las comunidades en las que viven, cuando en la realidad su contribución en la producción y reproducción de los hogares es notable, al igual que sus aportes monetarios. Analizando países en desarrollo encuentran una relación en forma de “U” entre la pobreza monetaria y la edad, con alta incidencia en las edades extremas del ciclo de vida: niños y personas mayores. Además, observan que los niveles de participación en la fuerza laboral de las personas mayores en países en desarrollo son relativamente más altas, y que estas se encuentran principalmente en empleos informales o precarios. Los autores reconocen que la pobreza en la población mayor es multidimensional; sin embargo, no abordan la posible simultaneidad de carencias sobre cada individuo.

El trabajo de Gasparini y colaboradores (2010), como la mayoría de los estudios que analizan estándares de vida de las personas mayores, realiza una aproximación fragmentada. Para comparar la pobreza relativa de las personas mayores en Latinoamérica, los autores analizan varios aspectos tales como los ingresos, la educación, salud y acceso a servicios, pero no aportan una medida que resuma esas dimensiones y que muestre la simultaneidad de privaciones. Con todo, afirman que las personas mayores tienen menos probabilidad que el resto de la población de ser inquilinos o de vivir en barrios pobres, pero mayor probabilidad de vivir en una vivienda con material de baja calidad. Por otro lado, las personas mayores tienen una probabilidad mayor de visitar al médico cuando están enfermos; y las mujeres muestran tasas mayores de enfermedad autorreportada y de visita al médico que los hombres, lo mismo que los mayores de 75 años en relación con la población de 60 a 74 años. Sin embargo, las personas mayores reportan más restricciones económicas para concurrir al médico que el resto de la población. En términos de pobreza monetaria, encuentran la misma relación que Barrientos et al. (2003) en algunos países, mientras que en otros la incidencia de la pobreza decrece con la edad.

Desde una perspectiva más amplia, Inga y Vara (2006) buscan los determinantes de la satisfacción de vida de ancianos en Lima, Perú, asumiendo que la calidad de vida presenta dos grandes dimensiones, una objetiva y otra subjetiva. La primera dimensión se captura a partir de indicadores sociodemográficos objetivos (esperanza de vida, nivel de instrucción, nivel de ingresos), mientras que la segunda se determina por la valoración que el sujeto hace de su propia vida. Aplicando un modelo de mínimos cuadrados generalizados, los autores encuentran que la variable que más predice la satisfacción de vida en los ancianos es el resentimiento, y en orden le siguen el nivel de instrucción, el apoyo y refuerzo social recibido en la actualidad, el consumo de sustancias psicoactivas y la “densidad amical” (el número de ‘amigos que se conocen entre sí”). Sin embargo, se ha percibido (a la vez que los autores declaran) la omisión de variables relevantes en el modelo, omisión inexplicable dada la disponibilidad de la información. Entre otras, se ha omitido: el apoyo familiar, la convivencia con los hijos y la tenencia de hijos, dando lugar a resultados contradictorios, como la relación positiva entre el maltrato recibido y la satisfacción con la vida.

La pobreza monetaria en personas mayores jubiladas argentinas fue analizada por D’Elia (2007) con el propósito de estimar el impacto del Plan de Inclusión Previsional (Ley 26.970) que entró en vigor en el año 2005. El objetivo principal del plan era incorporar al sistema previsional a las personas mayores que no alcanzaban los años de aporte requeridos por la legislación. La autora observa reducciones en los niveles de pobreza que pueden ser atribuibles al plan y a mejoras en el haber mínimo. No obstante, se destaca que las medidas adoptadas no impactaron sobre las personas mayores relativamente más pobres; la participación de los indigentes en la población pobre se vio casi duplicada. Utilizando un modelo probit sobre datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la autora encuentra que los jubilados tienen menor probabilidad de ser pobres cuanto mayor es el nivel de educación del jefe de hogar jubilado o pensionado, menor el número de miembros en el hogar, mayor la edad de los jefes de hogar jubilados, y cuando se es mujer.

El documento de Tinoboras (2018) presenta los resultados de 58 indicadores que provienen de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) y que dan cuenta de las condiciones de vida de las personas mayores en cinco temas: 1) acceso a derechos económicos y sociales; 2) fuentes de ingreso y capacidad de subsistencia; 3) estado y atención de la salud; 4) cultura democrática, confianza en las instituciones y vida ciudadana, y 5) bienestar subjetivo. Es un estudio extenso que contiene la evolución de la situación de este segmento de población desde el año 2010 al 2017.

También centrado en Argentina, el estudio de Oddone (2018) aborda el tema de las condiciones de vida desde una perspectiva multidimensional, pero adoptando el enfoque de tablero de indicadores, esto es, evaluando las privaciones en múltiples dimensiones centrada en las distribuciones marginales. En su estudio explota los datos de la Encuesta Nacional sobre la Estructura Social (ENES), lo que le permite extraer conclusiones acerca de privaciones en ingreso, vivienda, seguridad y protección social. El documento destaca las recomendaciones de política pública que permiten obtener un acercamiento multidimensional al tema de privaciones.

Como se puede observar, la pobreza en personas mayores, hasta el momento y con excepción de Callander et al. (2012), no ha sido abordada desde una perspectiva de privaciones múltiples y superpuestas, usando indicadores compuestos y examinando en detalle no solo las distribuciones marginales, sino incluyendo la evaluación de la distribución conjunta. Los estudios sobre el grupo demográfico en cuestión se concentran, en su mayoría, en dimensiones aisladas, como salud, pobreza monetaria, relaciones sociales, inserción laboral, o en índices compuestos. En este estudio se presenta un análisis de la pobreza en sus múltiples dimensiones, monetaria y no monetaria.

Nivel y estructura de la población de personas mayores

Entre los países de América Latina, Argentina se encuentra en un nivel intermedio de envejecimiento poblacional. El país se agrupa, junto con Ecuador, México, Nicaragua y Panamá, entre aquellos países con tasas de fecundidad sobre el nivel de reemplazo, o muy cercanas a este, pero con esperanzas de vida superiores a la media regional. En uno de los extremos, los países con poblaciones más jóvenes son Bolivia, Guatemala y Haití. Mientras que, en el otro extremo, los países más avanzados en la transición demográfica son Chile, Costa Rica y Cuba (Huenchuan, 2018).

La posición relativa de Argentina puede entenderse por la evolución histórica de su fecundidad, que descendió (temprana y marcadamente) entre el último cuarto del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX para situarse, ya pasada la primera mitad del siglo XX, en niveles similares al de algunos países industrializados como Estados Unidos y un poco por encima del observado en países de muy baja fecundidad, como Suecia (Pantelides, 1979). Este fenómeno provocó que el proceso de envejecimiento en Argentina comenzara antes que en los demás países de la región y que se produjera de manera menos veloz que en el resto.

La Gráfica 1 captura la evolución demográfica en un plazo considerable (casi un siglo y medio) con el fin de poner en contexto el problema abordado en este artículo. Así, la población estimada de Argentina para el año 2040 es de un poco más de 52 millones de personas, de las cuales 20 % tendrá 60 años o más. Casi 150 años antes, en 1895, ese porcentaje apenas superaba el 2 por ciento.

Actualmente, esto es, a fines de la segunda década del presente siglo, se estima una población de personas mayores (60 años y más) que superaría los 7 millones, lo que implica que este grupo demográfico se multiplicó por 75 desde el primer dato disponible (año 1895), una cifra que contrasta claramente con el 11, factor por el cual se multiplicó la población total.

Los datos presentados permiten poner en contexto el problema central de este estudio. Si bien las condiciones de vida tienen un valor por sí mismas, la información presentada y discutida en este apartado permite inferir que el grupo focal de estudio será cada vez más importante en términos numéricos. Pero no solo aumentó y aumentará más el número de efectivos, sino que hubo cambios en la estructura por edad y sexo de la población de personas mayores. En las Gráficas 2a y 2b se intenta capturar ambos procesos: los cambios en la cantidad de personas mayores y en la composición por edad y sexo. Téngase en cuenta que las gráficas son pirámides que parten del grupo quinquenal de 60-64 años; es decir, están mostrando el último tramo de una pirámide convencional.

Puede verse en esas pirámides el crecimiento del grupo. El tamaño de las barras, apreciablemente mayores en el año 2040 (Gráfica 2b), comparado con el 2020 (Gráfica 2a), dan cuenta del crecimiento en números absolutos que se espera para las dos décadas cubiertas por el periodo. La composición por edad y sexo, por su parte, indica un predominio de población femenina en las edades más avanzadas, debido a la mayor longevidad de las mujeres comparada con la de los hombres.

Este proceso de cambio demográfico específico va acompañado de una modificación en las necesidades puntuales de este conjunto humano. Es un hecho conocido que la demanda por cuidado y por servicios de salud aumentan ambas con la edad y se reducen las posibilidades de transferencias en un sentido generacionalmente descendente: desde las personas mayores hacia las adultas y adultos en edades centrales.

Datos y estrategia metodológica

Datos

En este trabajo se usaron datos de la Encuesta Nacional sobre Calidad de Vida de Adultos Mayores (Encaviam) realizada en el año 2012 por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), con el asesoramiento de la Dirección Nacional de Políticas para Adultos Mayores del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

El objetivo principal de la Encaviam fue generar información sobre la calidad de vida de la población de 60 años y más, para lo cual se persiguieron, entre otros, los siguientes objetivos específicos: caracterizar la autopercepción del estado de salud y la memoria de los adultos mayores y el acceso a medicamentos, identificar a las personas con determinados problemas de salud (deficiencias de tipo visual, auditiva, odontológicas, etc.), así como establecer el nivel de satisfacción con la vida y la percepción sobre la sexualidad de las personas mayores. Es decir que ya la propia encuesta ofrece una definición de persona mayor, la que será adoptada aquí en lo que sigue: persona de 60 años y más.

El cuestionario de la encuesta se aplicó a una submuestra de viviendas que participaron en la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) durante el tercer trimestre de 2012. Así, el dominio de estimación de la Encaviam es el total nacional urbano, lo que representa 91,4 % de la población total. La información se relevó mediante entrevistas directas. El cuestionario fue respondido por la propia persona encuestada. La muestra definitiva con la que se trabajó en esta investigación cuenta con 4 654 casos, que representan a una población de 5 640 232 personas mayores. El cálculo de algunos de los indicadores que se usan en este estudio requirió eliminar algunas observaciones por falta de respuesta a la pregunta o por respuestas incompletas.

Estrategia metodológica

Variables dependientes

Las variables dependientes son 4 tasas de incidencia: pobreza monetaria, privaciones no monetarias, pobreza multidimensional intersección y pobreza multidimensional unión.

Variables independientes

A continuación, se listan las variables que se presupone están relacionadas, en calidad de determinantes, con los niveles de pobreza monetaria y privación no monetaria de las personas mayores.

Edad. Con la edad varían no solo el nivel, sino también la estructura de las remuneraciones que perciben las personas mayores, y cambia también la estructura de las necesidades. El estado de salud se deteriora y aumenta la prevalencia de las patologías crónicas tales como la hipertensión arterial, la diabetes y la obesidad. Buena parte de estas afecciones generan un aumento en la necesidad de cuidados específicos y con ello, la probabilidad de corresidencia y el cambio en el tamaño y la estructura del hogar en el que residen las personas mayores. La evidencia descriptiva muestra que los ingresos no se alteran en el curso de vida de las personas mayores, pero sí ocurre que aumenta la probabilidad de corresidencia, puede alterarse el tamaño del hogar en el que ellas residen y con ello las probabilidades de caer en la pobreza.

Sexo. No hay una única razón por la cual incluir al género como una variable explicativa de pobreza; se trata claramente de una variable de tipo transversal. Así, el género funciona aquí como una variable que atraviesa la vida de las personas y que ejerce influencia en diversas dimensiones: en lo laboral, en el acceso al crédito, en las migraciones, etc., lo que presupone siempre una situación de desventaja de las mujeres respecto a los hombres.

Condición de migración. También se presupone que la condición de migración afecta el bienestar de la población. Con esto no se está negando que los flujos migratorios están influenciados por las condiciones de vida del lugar de origen y de destino de la migración. Se considera aquí que el ser migrante condiciona las posibilidades de acceder a los derechos que rigen para los nativos. Este efecto debería ser más palpable entre los migrantes extranjeros que entre los migrantes internos. En este caso se ha optado por definir como migrante interno y externo a las personas nacidas en una provincia y en un país diferente al de residencia, respectivamente. Una de las razones es que los desplazamientos recientes en esta etapa del ciclo vital, al menos en Argentina, son escasos (solo 0,62 % de la población mayor de 60 años y más residíaen otra provincia o país hace 5 años atrás).

Participación en el mercado laboral. Una variable importante es la etapa del ciclo económico en la que transcurrió la vida activa de las personas mayores. La persona más vieja de la muestra tiene 98 años, lo que implica que nació en el año 1914, y que, de acuerdo con la edad modal de entrada al mercado de trabajo, los 18 años, debe haber comenzado a trabajar en el año 1932. La persona más joven de la Encaviam tiene 60 años, con lo cual se supone que el ingreso al mercado laboral se debe haber producido en el año 1970. A través de la evolución del producto interno bruto (PIB) per cápita, en la Gráfica 3 se muestra la situación de la economía argentina entre 1930 y 1975, años en los que trabajaron las personas mayores que están incluidas en la Encaviam.

Pueden distinguirse ahí tres etapas bien diferenciadas: una expansión entre 1932 y 1948, un estancamiento entre 1949 y 1959 y otra expansión entre 1960 y 1974. Estas etapas serán las usadas como guías para la construcción de variables dummies de generación de nacimiento, y en consecuencia, del pasaje por el mercado de trabajo. Usando como control a la cohorte de nacidos entre 1914 y 1930, se distinguirán dos generaciones: la de los nacidos entre 1931 y 1941 y la de los nacidos desde 1942 en adelante. Se pretende con esto captar el efecto de la etapa de la economía en la que estos individuos estuvieron económicamente activos.

Tipo de hogar. Otra característica que se piensa podría estar relacionada con las privaciones tiene que ver con el tipo de hogar en el que residen las personas mayores. En este sentido se distinguieron tres arreglos familiares: a) unipersonales, en los que vive solamente una persona que tiene 60 años y más; b) unigeneracionales, todos los miembros tienen 60 años o más, y c) multigeneracionales, en los cuales hay al menos una persona de 60 años o más y al menos una persona menor de 60 años. Se utilizará como grupo de control al primer tipo y se construirán dos dummies para distinguir entre el segundo y el tercero. Los niveles de pobreza son sistemáticamente superiores en los hogares de tipo multigeneracional (Del Popolo, 2001).

Aporte al ingreso familiar. Se incluye también un indicador de la importancia que tiene el ingreso de las personas mayores en el ingreso total familiar. La incidencia de la pobreza es mayor en los hogares con mayor participación del ingreso de las personas mayores en el ingreso total familiar. Con datos de 1997 para Argentina, Del Popolo (2001) estimaun 30 % de pobreza en hogares donde más de la mitad del ingreso total familiar es aportado por personas mayores, mientras que aquellos en los que las personas mayores aportan la mitad o menos registran un 8 % de pobreza. Este indicador puede estar mostrando también el poder de negociación que tienen las personas mayores en el hogar.

En la Tabla 2 se muestran los valores promedios de cada variable (también de las dependientes) y una explicación resumida de lo antedicho.

De acuerdo con estos datos, la población objeto de las mediciones presentadas aquí tiene en promedio unos 70 años y un nivel educativo bajo, comparado con el que revelan las generaciones más recientes. En este caso, las personas mayores tienen apenas un poco más de educación primaria completa. Además, alrededor de una de cada tres personas mayores de la muestra ha nacido fuera del lugar en el que reside habitualmente, y un 77 % tiene pareja. También es interesante destacar la elevada participación de los ingresos de las personas mayores en los hogares con personas mayores.

La estrategia analítica seguida depende en cada caso del tipo de variable dependiente. En este sentido, se diferencian aquí las que pueden ser definidas en términos binarios, de aquellas otras que implican gradientes. Para las primeras se aplica un modelo logittradicional y para las segundas un logit secuencial.

El modelo logit secuencial supone que una persona tiene que estar “en riesgo de” realizar una transición para generar la transición siguiente. Esto requiere que se estimen regresiones logísticas separadas para cada transición en la submuestra apropiada. Tomando las transiciones de la no pobreza a la pobreza, y de la pobreza a la pobreza extrema. Esta especificación puede también aplicarse a las privaciones no monetarias de la misma manera. Se aclara que lo de “secuencial” no se aplica a la “decisión secuencial”, sino a secuencias de un proceso que conduce a un estado. En este caso al proceso que lleva a una persona de ser pobre a la extrema pobreza.

Se considera que este tipo de especificación es preferible a un modelo logit multinomial, en el que los estados (o las decisiones en la formulación original de este tipo de modelos) están disponibles de manera simultánea. Si bien una persona puede pasar del estado “no-pobreza” al estado “pobreza extrema” de manera directa, la literatura de dinámica de pobreza muestra que lo corriente es un tránsito que lleva progresivamente de un estado al siguiente, y que aquellas personas que transitan de un estado a otro extremo son una proporción menor del total.

Pobreza de personas mayores en Argentina

Como se analizó en la revisión de los antecedentes, las personas mayores registran niveles de pobreza monetaria menor a los de la población en general. Poco se sabe de lo que sucede con un concepto de condiciones de vida que cubra otros aspectos, además del ingreso propiamente dicho. En este sentido, la Tabla 3 resume los indicadores de pobreza encontrados en este estudio, tanto de pobreza monetaria (dos primeras filas) como de privaciones no monetarias (dos últimas filas). Esta tabla reporta no solo las tasas de incidencia, sino también el número absoluto de personas mayores en cada condición y la intensidad de la pobreza no monetaria (última columna).

Los resultados indican que 11,4 % de las personas mayores vive en condiciones de pobreza monetaria, y que 1,5 %, en condiciones de pobreza extrema. La incidencia es mayor entre los varones en ambos casos. Por otro lado, las privaciones no monetarias afectan a más de la mitad de la población de 60 años y más (54,7 %), con un registro en promedio de casi 2 privaciones (1,7). La incidencia de las privaciones nomonetarias severas asciende a 27,4 %, y en promedio las personas afectadas tienen 1,3 privaciones severas. Resultados adicionales indican que un 8 % (234 276 personas) de las personas que registran privaciones no monetarias tienen entre 4 y 6 privaciones simultáneas.

La pobreza monetaria de las personas mayores es baja comparada con la de otros grupos de edad, pero los niveles de privaciones no monetarias son verdaderamente elevados: más de una de cada dos personas mayores está privada en el ejercicio de al menos uno de sus derechos básicos, y más de una de cada cuatro lo está de manera severa. Lo primero implica que, en una población estimada en casi 6 millones, 3,3 millones tienen al menos uno de sus derechos básicos vulnerados y 1,6 millones experimenta vulneración severa.

Llama la atención que la incidencia de la pobreza monetaria sea mayor entre los hombres, mientras que la incidencia de las privaciones no monetarias sea más elevada entre las mujeres. Las diferencias encontradas, si bien de unos pocos puntos porcentuales, son claras y se observan tanto en la pobreza y las privaciones en general como en las más severas.

La pobreza monetaria de las personas mayores puede ser comparada con la resultante para otros grupos demográficos, como niñas y niños, o adultas y adultos en edades centrales (Gráfica 4), con lo que se obtiene un resultado que es un hecho conocido en la literatura: las personas mayores son el grupo con menor nivel de pobreza monetaria de los tres considerados.

Las privaciones no monetarias no pueden someterse a un análisis similar al anterior, debido a que la construcción del indicador requirió de variables específicas del grupo de edad, tomadas de una fuente puntual orientada a conocer las condiciones de vida de este conjunto particular. Esta es una de las limitaciones que enfrentan los indicadores no monetarios ya que, si bien resultan ser altamente eficaces para marcar vulneraciones de derechos, presentan fuertes obstáculos para ser comparados con otros grupos demográficos o con el mismo grupo, pero que, por ejemplo, reside en comunidades diferentes.

Lo que sí puede hacerse es analizar el nivel de las privaciones para las diferentes edades del grupo de personas mayores. En la Gráfica 5 se presentan las tasas específicas para tramos etarios específicos y se muestran también las tasas de pobreza y de pobreza extrema.

Puede constatarse que el perfil por edad de las privaciones no monetarias coincide en lo esencial con la pobreza monetaria: desciende para edades más avanzadas. No obstante, hay un hecho curioso y que merecería un análisis más detallado que escapa a los objetivos de este artículo: el aumento de 7 puntos porcentuales que se registra en las privaciones no monetarias entre los 70 y los 79 años de edad. Es probable que ese tramo coincida con importantes demandas de cuidado así como con la reorganización familiar.

Determinantes de la pobreza en personas mayores

Pobreza monetaria y privaciones no monetarias en general

Los primeros resultados se muestran en la Tabla 4. Se observa que los factores que afectan a la pobreza monetaria difieren de aquellos relacionados con las privaciones no monetarias. Además, se aprecia claramente que algunas variables operan con fuerza entre los hombres y otras, no siempre las mismas, entre las mujeres.

A continuación, se mencionarán algunos de los resultados, quizá los más llamativos, quedando para el lector o lectora interpretar otros muchos que pueden obtenerse examinando la tabla anterior.

Hombres y mujeres enfrentan idénticas probabilidades de estar en la pobreza o de experimentar privaciones no monetarias. Esto indica que los diferenciales que se observaban en el análisis descriptivo anterior están provocados por otras variables que afectan diferencialmente dicha probabilidad por sexo.

De los factores individuales de las personas mayores, la educación es la que arroja el resultado más robusto: reduce la probabilidad de estar en la pobreza o de sufrir privaciones no monetarias. En efecto, para una u otra es similar y los valores que arroja el parámetro para hombres y mujeres son prácticamente idénticos. Dada la robustez de este resultado, se configura claramente un grupo de alta vulnerabilidad: aquellas personas mayores con bajo nivel educativo. Este resultado permite predecir lo que se puede esperar en los próximos años. Dado que en todo el mundo el nivel educativo de la población está aumentando de manera marcada e incesante, es esperable que esto contribuya en el futuro a generar niveles menores de pobreza en las personas mayores de las generaciones venideras.

La edad impacta solamente entre las mujeres, reduciendo, a medida que aumenta la probabilidad de ser pobre o de estar privada. Este efecto está dado principalmente por la reducción en el tamaño del hogar, ya que los ingresos se estabilizan y no comportan grandes variaciones a lo largo de la vida de las personas mayores. Se pudo observar que el tamaño del hogar se reduce a medida que aumenta la edad de las personas mayores y ese es el efecto que está predominando en el signo de esta variable. Claramente son las mujeres las que tienen longevidad mayor que la de los hombres, y esto hace que sea en ellas en las que surge la significancia estadística del parámetro.

A diferencia de la edad, que afecta solo a las mujeres, la condición de migración impacta en hombres y solamente afecta a las privaciones no monetarias. El signo positivo del parámetro indica que los hombres que nacieron en otro país tienen mayor probabilidad de enfrentar una situación de privación material que los nativos. De manera persistente, se observa que los migrantes extranjeros registran mayores niveles de incidencia en todas las dimensiones consideradas, no así los migrantes internos, quienes mantienen niveles similares a los nativos. La mayor diferencia se presenta en la falta de acceso a una vivienda adecuada: el 17 % de los hombres mayores no migrantes tienen alguna deficiencia habitacional, ese porcentaje más que se duplica entre los migrantes extranjeros (36 %).

Las privaciones no monetarias son sensibles al estado civil, pero solo de los hombres. El estar unido, separado o soltero aumenta la probabilidad de experimentar al menos una privación no monetaria, en comparación con estar casado. La pobreza monetaria es más probable entre personas viudas y solteras, no observándose diferencias por sexo en este caso. En efecto, los hombres unidos registran niveles mayores de privación en salud (tres veces más que los casados), vivienda y saneamiento; los hombres separados se ven relativamente más afectados en salud, vivienda, saneamiento y educación; y los hombres solteros registran mayor nivel de privación en todas las dimensiones, excepto en educación. Llama la atención la incidencia de la falta de acceso a la seguridad social, que en promedio afecta al 9 % de los hombres mayores, pero entre los solteros el porcentaje asciende a 24 por ciento.

El tipo de hogar ejerce un impacto fuerte y significativo en la pobreza monetaria. Particularmente, las personas mayores que residen en hogares multigeneracionales tienen una probabilidad de pobreza mucho más elevada que los hogares unipersonales (grupo de referencia), lo que se potencia aún más en el caso de las mujeres. Se trata de un fenómeno que provoca vulnerabilidad y que no depende de la situación propia de las personas mayores, sino del ambiente en el que residen y sobre el que seguramente tienen pocas posibilidades de determinar. En general, las mujeres mayores tienen mejor acogida en el seno familiar, por cuanto se les reconoce un rol de cuidado. No así con los hombres (Barrientos et al., 2003). Probablemente, vivir en un contexto familiar y no aislado sea un aspecto positivo; sin embargo, los arreglos familiares multigeneracionales se asocian con riesgos mayores de vivir en condiciones de pobreza monetaria y no monetaria.

El momento económico en el que transcurrió su vida activa es también significativo para explicar las probabilidades diferenciales de pobreza y privaciones. El patrón encontrado en este caso es interesante: los hombres que estuvieron en el mercado laboral en el periodo 1954-1963 y en el periodo 1964-1970, experimentan tasas de pobreza monetaria más alta que las que tuvieron los que participaron en el periodo de referencia: 1932-1953. Por su parte, las mujeres de la cohorte que participaron en el mercado laboral en esos periodos experimentan menores privaciones no monetarias que el grupo de referencia. Podrían elaborarse varias hipótesis acerca de las razones que contribuyen a explicar estos hechos no obstante lo cual, se dejan para futuras indagaciones más precisas para concentrar la atención ahora en los gradientes de pobreza que se han definido para este trabajo.

Las transiciones entre gradientes

En este apartado se explora el rol que tienen los factores explicativos analizados en las transiciones entre los diferentes gradientes de pobreza examinados: de no pobre a pobre, y de pobre no extremo a pobre extremo para la pobreza monetaria; de no privado a privado, y de privado moderado a privado severo, para las privaciones no monetarias. Se evalúa la hipótesis que sostiene que los factores examinados tienen un comportamiento diferente, según se trate del primero o del segundo de ambos tipos de tránsito. Para ello se estiman modelos logit secuenciales según la especificación descrita en la sección metodológica, y cuyos resultados se presentan a continuación (Tablas 5a y 5b).

Los resultados muestran que las mujeres tienen una probabilidad menor de transitar de la pobreza no extrema a la pobreza extrema comparadas con los hombres. Además, en esta última transición la educación pierde significancia, y la estructura familiar cambia el signo, mostrando que los hogares unigeneracionales y multigeneracionales si bien aumentan la probabilidad de transitar de la no pobreza a la pobreza, reducen las chances de transitar a la pobreza extrema. En otras palabras, las personas mayores que viven solas tienen mayor probabilidad de caer en la pobreza extrema, siendo pobres.

En este caso, la significancia estadística se mantiene en la segunda transición solo para los hombres, resultado por lo demás coherente con lo encontrado en la literatura sobre la mayor probabilidad de los hombres de mendigar que de ser ayudados por sus descendientes (Gorman y Heslop, 2002).

Los diferenciales por género para ambos tipos de transiciones son asimismo notorios. Por ejemplo, la edad resulta importante para reducir el tránsito de la no pobreza a la pobreza, pero para los que viven en condición de pobreza, ya no tiene importancia para determinar el siguiente: el de la pobreza no extrema a la extrema.

Los modelos estimados para las privaciones no monetarias no devuelven hallazgos diferentes, de manera que se destacarán solo algunas cuestiones interesantes que surgen de la lectura de la Tabla 5b resalta que ninguna de las variables que se están examinando aquí como determinantes de las privaciones tiene incidencia en la probabilidadde transitar de la privación no monetaria moderada a la privación severa entre los hombres. Esto alerta acerca de la necesidad de indagar estos determinantes con estudios en profundidad primero y luego con la incorporación de aspectos adicionales a una encuesta a gran escala como la Encaviam.

Así como las mujeres tenían menor probabilidad de transitar de la pobreza a la pobreza extrema, en términos de privaciones no monetarias, aparecen teniendo más probabilidad de transitar de la privación moderada a la privación severa. Queda claro de esta manera la necesidad de considerar ambas manifestaciones de pobreza, monetaria y no monetaria, dado que, claramente, son fenómenos diferentes.

Por su parte, la condición de migrante, que no alteraba los niveles de pobreza monetaria, aparece aumentando la probabilidad de experimentar privaciones no monetarias para los hombres. El efecto es lo suficientemente fuerte como para impactar en la regresión que combina ambos sexos.

El estado civil aparece aquí con una importancia mayor que la registrada para la pobreza monetaria. Los hombres solteros, separados y unidos, experimentan probabilidades elevadas de transitar de la no privación a la privación, y el tipo de hogar, con alta relevancia por la correlación que mostraba con la pobreza monetaria, aparece aquí con escasa o nula asociación. Solamente las mujeres que residen en hogares multigeneracionales (comparadas con aquéllas que lo hacen en hogares unipersonales) tienen una probabilidad mayor de experimentar privaciones no monetarias. Es probable que esto tenga que ver con los patrones de corresidencia y con la más prolongada esperanza de vida de las mujeres mayores.

El periodo histórico de participación en el mercado de trabajo es negativo y significativo para las mujeres solamente. Quiere decir que las mujeres de las generaciones más recientes tienen una probabilidad menor de ver sus derechos vulnerados, comparadas con las mujeres de las generaciones previas. Nótese que, en el caso de la pobreza monetaria, eran los hombres lo que arrojaban significancia estadística, pero con el signo opuesto: tenían mayor probabilidad del tránsito de la no pobreza a la pobreza.

Por último, es interesante el signo que arroja la participación del ingreso de las personas mayores en el ingreso familiar total. Nótese que, en todos los casos, aparece con signo negativo, lo que implica que la mayor participación del ingreso de la persona mayor en el ingreso familiar total reduce la probabilidad de que la persona mayor experimente una privación no monetaria. Este resultado es exactamente el opuesto al que se obtuvo para la pobreza monetaria.

Pobreza multidimensional

En este apartado se discuten los resultados obtenidos tras estimar modelos que se concentran en lo que se denomina aquí “pobreza multidimensional” y que obedece a los criterios de la intersección (pobreza monetaria y privaciones no monetarias) y de la unión (pobreza monetaria y privaciones no monetarias). En la Tabla 6 se muestran los parámetros obtenidos para las regresiones correspondientes.

Pero antes de analizar estos parámetros conviene recordar, como se vio en la Tabla 2, que la pobreza multidimensional por el criterio de la unión arroja una incidencia del 56,2 % de la población de personas mayores, mientras que por el criterio de la intersección se sitúa por debajo de la pobreza monetaria: 9,4 por ciento.

Nuevamente, se observa que hombres y mujeres mayores tienen idéntica probabilidad de ser pobres multidimensionales (no hay significancia estadística en ninguno de los parámetros y por lo tanto no habilita a plantear que puede rechazarse la hipótesis nula de ausencia de relación), por el solo hecho de ser hombres o mujeres. Ahora bien, los hombres migrantes extranjeros registran mayor riesgo de tener ingresos escasos y/o privaciones no monetarias. En cambio, la condición de migración no parece ser un factor de riesgo para la población femenina.

El estar unido, separado o soltero aumenta la probabilidad de tener ingresos insuficientes y/o de estar privado en comparación con los hombres casados. Entre las mujeres la viudez aparece como estado civil de mayor riesgo de pobreza multidimensional, bajo el criterio de la intersección. Esto es, las mujeres viudas tienen mayor probabilidad de registrar una privación no monetaria y ser pobre por ingresos de manera simultánea.

Mujeres y hombres mayores en hogares unipersonales y unigeneracionales tienen idéntica probabilidad de ser pobres multidimensionales por el criterio de la unión. Aquellos en hogares multigeneracionales muestran claras desventajas bajo ambos criterios.

La participación del ingreso se torna débilmente significativa y de signo positivo para ambos sexos. Así, en la población masculina, mayor participación del ingreso de la persona mayor en el hogar se asocia a una probabilidad mayor de ser pobre por ingresos y/o por privaciones no monetarias. En la población femenina, aumenta la probabilidad de tener privaciones no monetarias y ser pobre por ingresos a la vez.

Consideraciones finales

En esta investigación se estimó el nivel de la pobreza monetaria y de las privaciones no monetarias de las personas mayores en Argentina, así como también dos versiones de la pobreza multidimensional: la que surge de la unión de la pobreza monetaria y las privaciones no monetarias, y aquella otra que se obtiene por la intersección entre ambas. Los valores obtenidos van desde un nivel de pobreza de las personas mayores que oscila entre el 56 y 9%, según cuál sea el criterio usado para definirla (unión e intersección, respectivamente).

Una conclusión importante tiene que ver con el elevado nivel de privaciones no monetarias que experimentan las personas mayores en el país: más de un 54 % tiene al menos uno de sus derechos básicos vulnerados, y más de un 11 % registra escasez de ingresos para hacer frente a las necesidades cotidianas de supervivencia. Además, más del 27 % registra al menos una privación severa. Esto es, vive con piso de tierra, en condiciones de hacinamiento crítico, sin baño, es analfabeta, no tiene jubilación y/o no compró medicamentos recetados por falta de dinero. La pobreza extrema tiene una incidencia menor (1,5 %); no obstante, afecta a más de 90 000 personas de 60 años y más. En promedio, las personas mayores privadas en alguno de sus derechos registran casi dos privaciones (1,7), y alrededor de 234 000 personas experimentan de manera simultánea cuatro o más privaciones.

No se observan diferencias por género en la probabilidad de ser pobre o de estar privado. Es decir, hombres y mujeres enfrentan idéntica probabilidad de ser pobres o de experimentar privaciones en alguno de los derechos considerados. Sin embargo, los resultados descriptivos sugieren que los hombres acumulan factores que aumentan relativamente su probabilidad de ser pobres por ingresos, y las mujeres, aquellos que incrementan su probabilidad relativa de estar privadas.

La educación de las personas mayores es uno de los factores más robustos para explicar la pobreza monetaria, las privaciones no monetarias y las dos versiones de pobreza multidimensional examinadas. La edad, el estado civil, la condición de migración, la estructura familiar y el momento histórico del país en el que estuvieron en el mercado de trabajo, son otros elementos fundamentales que se incluyeron con el propósito de entender el bienestar tanto monetario como no monetario de las personas mayores. Pero el efecto encontrado en estas variables alterna de signo y de nivel de significancia estadística según se analice hombres, mujeres, pobreza por ingresos o privaciones no monetarias. Por ejemplo, a mayor edad, las mujeres tienen menor probabilidad de ser pobres o tener privaciones no monetarias. En cambio, para los hombres la edad no resulta determinante.

Los modelos multivariados muestran que los factores determinantes cambian cuando se analizan distintas formas de pobreza. Algunos de ellos son significativos para explicar una, pero no otra forma de pobreza, y algunos otros cambian de signo cuando varía el concepto de pobreza usado. Una innovación de este estudio es la aplicación de modelos logit secuenciales con vistas a detectar los factores asociados a la transición de los estados de no pobre a pobre no extremo y de pobre no extremo a pobre extremo, lo mismo con las privaciones no monetarias. Aquí sí se encuentran diferencias claras por sexo, ya que las mujeres tienen menor probabilidad de transitar de la pobreza no extrema a la pobreza extrema que los hombres. Por otra parte, la composición del hogar, si bien se asocia a una mayor probabilidad de transitar de la no pobreza a la pobreza no extrema, actúa como una red de contención en la transición desde la pobreza a la pobreza extrema.

Llama la atención es el debilitamiento del factor educación como contenedor de personas en condición de pobreza no extrema para evitar que transiten hacia la pobreza extrema. Probablemente, en el grupo de origen (los pobres no extremos) la variabilidad educativa sea escasa (la gran mayoría cuenta con nivel educativo bajo), por lo cual la educación no determina el tránsito. En cambio, se asocia con menor probabilidad de transitar de la no pobreza a la pobreza no extrema. Las transiciones muestran factores asociados similares en pobreza monetaria y en privaciones no monetarias.

En resumen, frente a la evidencia de que los factores que operan sobre la probabilidad que tienen las personas mayores de ser pobres (o estar privados) o de transitar hacia la pobreza (o privación), las acciones antipobreza que se diseñen e implementen deben necesariamente atender las necesidades heterogéneas, en vistas a garantizar los derechos y las condiciones de vida adecuada de la población creciente de personas mayores. Se espera abordar líneas futuras de trabajo incorporando dimensiones subjetivas del bienestar.

Referencias

  1. Alkire S., Foster J.. 2011;95(7-8):476-487. CrossRef
  2. Old age poverty in developing countries: Contributions and dependence in later life Barrientos A., Gorman M., Heslop A.. 2003;31(3):555-570. CrossRef
  3. Multiple disadvantages among older citizens: What a multidimensional measure of poverty can show Callander E., Schofield D., Shrestha R.. 2012;24(4):368-383. CrossRef
  4. Consenso de Montevideo sobre Población y Desarrollo Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe). Paper presented at: Primera reunión de la Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo de América Latina y el Caribe; agosto de 2013, 2013.Montevideo.
  5. Pobreza en adultos mayores: evolución y determinantes a partir del Plan de Inclusión Previsional D’Elia V.. Paper presented at: XLII Reunión Anual de la AAEP; Bahía Blanca, 2007.noviembre de 2007.
  6. Características sociodemográficas y socioeconómicas de las personas de edad en América Latina Del Popolo F.. Santiago de Chile: Cepal; 2001.
  7. Poverty among older people in Latin America and the Caribbean Gasparini L., Alejo J., Haimovich F., Olivieri S., Tornarolli L.. 2010;22:176-207. CrossRef
  8. Poverty, policy, reciprocity and older people in the South Gorman M., Heslop A.. 2002;14(8):1143-1151. CrossRef
  9. Envejecimiento, personas mayores y Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: perspectiva regional y de derechos humanos Huenchuan S.. 2018;154.
  10. Incidencia de la pobreza y la indigencia en 31 aglomerados urbanos. Primer semestre de 2018 Indec (Instituto de Estadística y Censos). Buenos Aires: Indec; 2018.
  11. Factores asociados a la satisfacción de vida de adultos mayores de 60 años en Lima-Perú Inga J., Vara A.. 2006;5(3):475-486.
  12. Argentina en el siglo XXI. Cómo somos, vivimos y convivimos en una sociedad desigual. Encuesta Nacional sobre la Estructura Social Oddone M., Piovani J. I., Salvia A.. Buenos Aires: Siglo XXI; 2018.
  13. Counting the poor: Another look at the poverty profile Orshansky M.. 1965;29(1):3-29.
  14. Evolución de la fecundidad en Argentina Pantelides A.. Santiago de Chile: Cenep/Celade; 1979.
  15. Global child poverty and well-being Pemberton S., Gordon D., Nandy S., Minujin A., Nandy S.. Londres: The Policy Press; 2012. CrossRef
  16. Condiciones de vida de las personas mayores. Acceso y desigualdad en el ejercicio de derechos (2010-2017). Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA) Tinoboras C.. Buenos Aires 2018.
  17. Poverty in the United Kingdom: A survey of household resources and standards of living Townsend P.. Nueva York: Penguin Books; 1979.