Martínez Ardila, Vargas Valle, and Ramírez-García: Inserción laboral de los colombianos profesionales en Estados Unidos



Introducción

El estudio de la inserción laboral de los colombianos profesionales en Estados Unidos es de gran relevancia, debido a que en la actualidad existe un éxodo de este tipo de migrantes en busca de oportunidades educativas y laborales en ese país, en especial, de los formados en áreas de carácter científico, tecnológico y de innovación (Bermúdez, 2015; Guarnizo, 2006; Özden, 2007; Pellegrino y Calvo, 2001; Pellegrino, 2013; Zamora, 2009). Çaglar Özden (2007) estima que en los años ochenta y noventa del siglo xx, entre 130.000 y 170.000 colombianos emigraron a Estados Unidos, respectivamente. De ellos, alrededor de 20% y 30% tenían estudios profesionales. Por su parte, el Perfil migratorio de Colombia 2012, elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (oim, 2013, pp. 44-45), destaca que de los 538.000 inmigrantes colombianos que residían en Estados Unidos en 2010, 237.000 habían ingresado a ese país desde el año 2000 y de ellos un alto porcentaje, alrededor de 32%, tenía estudios profesionales.

El incremento de la migración de jóvenes colombianos a Estados Unidos encuentra su correlato en Colombia en la limitada estructura de oportunidades para la formación profesional y el trabajo calificado, así como en factores asociados a las oportunidades educativo-laborales en Estados Unidos. Dicho flujo está conformado, por un lado, por jóvenes colombianos que emigran para fortalecer sus conocimientos y habilidades en el extranjero, debido a que no encuentran en el sistema de educación ofertado en Colombia las posibilidades para realizar sus estudios profesionales bajo estándares de calidad y de pertinencia entre la formación y la inserción laboral (Misas Arango, 2004). De hecho, cabe señalar que, aunque Colombia tiene una estructura por edad muy joven, no existen políticas de educación superior y atención a la juventud adecuadas para la formación de nuevos talentos (Navarrete, Padrón Innamorato y Silva Arias, 2013). Además, existe una profunda desigualdad en las oportunidades de formación y se privilegian las ofertas educativas en áreas técnicas y tecnológicas más que en las profesionales (El Tiempo, 2015).

Por otro lado, el flujo de migrantes colombianos a Estados Unidos está compuesto por jóvenes que no encuentran en el mercado laboral colombiano empleos que les permitan poner en práctica sus conocimientos y habilidades profesionales, así como contar con una adecuada calidad de vida. Al respecto, el Boletín del Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social, revela que «… en los últimos tres años (2002-2005), mientras los ingresos laborales de los trabajadores colombianos con niveles de estudios de bachillerato y primaria han aumentado, aquellos de los profesionales han manifestado una evidente tendencia a la baja» (Universidad Externado de Colombia, 2006, p. 16). La reducción en la calidad de los empleos profesionales se vincula tanto a la calidad de la educación superior como a factores del mercado de trabajo. Por un lado, la educación superior colombiana tiene fuertes falencias que impiden a los nuevos profesionales vincularse exitosamente con el sector productivo (Misas Arango, 2004) y, por otro, en las sociedades latinoamericanas se acentúan las características de la precarización del trabajo formal como rasgo sobresaliente de la globalización, donde prima la desigualdad, la fragmentación, la individualización y el riesgo de exclusión laboral (Pérez y Mora, 2004).

Esta problemática laboral que afecta a los jóvenes profesionales colombianos en su lugar de origen no siempre se resuelve con la migración, pues se ha encontrado que muchos de los profesionistas que migran para trabajar, incluso aquellos que se han graduado en Estados Unidos, enfrentan diversos obstáculos para insertarse en el mercado de trabajo. Se ha documentado, por ejemplo, que algunos migrantes calificados se emplean en ocupaciones para las cuales están sobrecalificados (Özden, 2007; Lozano y Ramírez, 2015) y otros enfrentan problemas de desempleo y subempleo o se ocupan en trabajos que ofrecen bajos salarios (Ramírez y Tigau, 2018). Tales situaciones afectan de distinta forma a los profesionales migrantes según sexo, edad, nivel de escolaridad, área de formación profesional, lugar de obtención del grado o título académico, estatus migratorio, dominio del idioma del país receptor, entre otros factores.

En este contexto, cabe preguntarse quiénes son los jóvenes profesionales colombianos que emigran a Estados Unidos, cómo es su inserción en el mercado laboral estadounidense en cuanto al nivel de calificación del trabajo que desempeñan, si cuentan con acceso a seguridad social como parte de sus prestaciones laborales y qué factores personales, familiares y contextuales influyen en dichos procesos. Con el fin de dar una respuesta a las preguntas anteriormente planteadas, el presente artículo tiene como objetivo analizar las tendencias y los factores asociados a la participación laboral calificada 4 y a la seguridad social en el empleo de los colombianos profesionales inmigrantes en Estados Unidos en los años noventa y en la primera década del siglo xxi, período de crisis económicas, políticas y militares (Guarnizo, 2006). Para cumplir con tal encomienda se emplean datos de la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (acs, por sus siglas en inglés) y se utilizan técnicas de la estadística descriptiva e inferencial.

El contenido del documento es el siguiente: tras esta breve introducción, se presenta una síntesis del estado del arte sobre migración y trabajo calificado. Luego se explicita la metodología empleada en el estudio. Posteriormente, se da cuenta de las tendencias de la migración de profesionales colombianos hacia Estados Unidos entre 1994 y 2013 para presentar después un análisis sobre el tipo de calificación del empleo en el que se desempeñan los inmigrantes colombianos profesionales en ese país. Este análisis se complementa con un examen de los factores asociados al acceso a la seguridad social desde el empleo, buscando identificar la estabilidad y las garantías de las ocupaciones de los profesionales colombianos en Estados Unidos. Por último, se presentan las conclusiones y una discusión de los resultados.

Migración y trabajo calificado

La búsqueda de mejores oportunidades laborales, de formación y desarrollo profesional son algunos de los motivos que explican la constante y creciente emigración de jóvenes profesionales de países del sur hacia el norte global como Estados Unidos, el Reino Unido o Canadá, donde existe una alta demanda de mano de obra calificada, sobre todo en sectores económicos que son clave para el desarrollo científico y tecnológico, así como en los procesos de innovación. Desafortunadamente, no todos los migrantes profesionales son recibidos de la misma forma y, por lo tanto, no todos logran insertarse exitosamente en los mercados laborales de los países de llegada, aun cuando cuenten con altas credenciales educativas, de capacitación y experiencia laboral. Incluso, una parte importante de los que llegan como estudiantes internacionales para cursar alguna carrera o posgrado también se ven envueltos en esta problemática.

Özden (2007) señala que aproximadamente un 40% de los ciudadanos de países latinoamericanos que llegaron a Estados Unidos en los años noventa obtuvo su educación universitaria en este país. Sin embargo, al analizar sus patrones de inserción laboral encontró que, a pesar de ostentar altos grados de formación profesional, los inmigrantes latinoamericanos no lograron obtener un trabajo de calidad, pues alrededor de dos de cada cinco latinoamericanos que contaban con estudios de grado se empleaban en ocupaciones no calificadas dentro del mercado de trabajo estadounidense. En este mismo tenor, Fernando Lozano y Telésforo Ramírez (2015) encuentran que los inmigrantes mexicanos calificados en Estados Unidos que se graduaron en México tenían menores probabilidades de insertarse en una ocupación calificada —es decir, en un empleo que demande para su realización cierto nivel educativo, conocimiento, destrezas o habilidades— que sus connacionales formados profesionalmente en ese país.

Tal situación es considerada por Özden (2007) como un «desperdicio de cerebros» toda vez que no se aprovechan los conocimientos o las capacidades de esta población migrante. 5 Como ya hemos mencionado, esta problemática afecta tanto a los migrantes que se forman en su país de origen como a los que lo hacen en Estados Unidos, debido a que en dicho proceso influyen un conjunto de factores personales y familiares y otros demográficos, económicos, políticos y sociales del propio contexto de recepción. Por ejemplo, no todos los migrantes calificados optan por validar sus grados académicos, tienen un buen dominio del idioma inglés o cuentan con la autorización migratoria que les permita residir o trabajar legalmente en Estados Unidos. Asimismo, se ha señalado que, en muchos casos, los estudios cursados —el tipo de carrera y área de formación profesional— y las redes sociales con las que cuentan no les facilitan acceder a empleos calificados (Özden, 2007).

A lo anterior debe sumarse que en Estados Unidos las políticas de inmigración son cada vez más selectivas, pues mientras que en los últimos años se ha llevado a cabo un estricto control de la inmigración irregular, al mismo tiempo se implementaron acciones o programas que facilitan la entrada o llegada de jóvenes profesionales con cierto nivel de calificación o estatus socioeconómico (Pellegrino, 2013). Sin embargo, dicha incorporación laboral casi siempre se da en un mercado laboral segmentado (Piore, 1979), donde su estructura limita la inserción laboral del migrante en empresas del sector primario 6 —que contratan trabajadores altamente calificados o capacitados, ofrecen buenos salarios y prestaciones laborales— por el origen étnico o racial o la falta de redes sociales y experiencia profesional en el país de destino. Incluso, los que logran insertarse en este sector reciben salarios inferiores a los de los ciudadanos nativos. De esta forma, los migrantes terminan empleándose en empresas menos posicionadas, del sector secundario, cuyo círculo social se basa en la contraparte, con empleados poco capacitados, bajos salarios y productividad (Doeringer y Piore, 1971).

De acuerdo con Harald Bauder (2003), dicha segmentación laboral constituye una «discriminación institucional» implementada por las empresas e instituciones de gobierno en el país de destino para garantizar que los trabajadores nativos siempre tengan mejores empleos que los inmigrantes aunque cuenten con el mismo nivel formativo. Pierre Bourdieu (1986) señala por su parte que esta situación provoca una devaluación del «capital cultural institucionalizado» del migrante profesional, 7 toda vez que a los migrantes se les exigen conocimientos y formaciones complementarias para poder desempeñarse en un trabajo que corresponda con su nivel académico o área de formación profesional.

Ante esto los inmigrantes deben decidir entre insertarse en un empleo del sector secundario o someterse a un proceso de acreditación profesional en el que además deben robustecer su capital social mediante el fortalecimiento de sus redes sociales y el perfeccionamiento del idioma (Zamora, 2009) para lograr pertenecer al primer segmento de la industria (Bauder, 2003). De ahí que algunos inmigrantes se matriculen en formaciones complementarias que les implican tiempo, dinero y esfuerzo. Otros, principalmente entre los que se formaron en el país de origen, aceptan trabajos para los cuales están sobrecalificados o que no requieren un nivel formativo y encuentran mayores obstáculos para desempeñarse profesionalmente en comparación con los que lo hacen en el país de destino.

De esta forma, la inserción ocupacional de los inmigrantes calificados se ve afectada por procesos de desregulación y flexibilidad laboral, los cuales a su vez promueven la subutilización de capacidades y la inestabilidad laboral (Canales, 2006). Así, por ejemplo, Telésforo Ramírez y Camelia Tigau (2018) documentan que los migrantes calificados originarios de México y de otros países latinoamericanos y radicados en Estados Unidos presentaban en la primera década del siglo xxi, una tasa de desocupación más alta que los nativos blancos no hispanos. Asimismo, estos autores encuentran que 16% de los inmigrantes mexicanos y 13% de otros latinoamericanos se empleaban en ocupaciones relacionadas con la limpieza de oficinas y edificios, así como en la preparación y venta de alimentos. Es decir, se empleaban en ocupaciones para las cuales estaban sobrecalificados.

En este mismo tenor, Eliana Zamora (2009) encontró, a través de un análisis de las trayectorias laborales de inmigrantes colombianos que habían adquirido su formación profesional en su país y que tenían un empleo calificado en Estados Unidos, que todos los migrantes que entrevistó se habían empleado por primera vez en un trabajo para el cual estaban sobrecalificados, al cual concebían como empleo transitorio mientras implementaban estrategias para obtener o legalizar sus títulos profesionales, mejorar su manejo del inglés y adquirir la ciudadanía estadounidense, y lograban a partir de estos empleos una movilidad ascendente que implicaba la posterior adquisición de empleos ajustados a su nivel de estudios. Al respecto, Jeanne Batalova, Michael Fix y Peter Creticos (2008) mencionan que los inmigrantes de distintas regiones del mundo que llegan a Estados Unidos tienden a experimentar una movilidad laboral limitada, dado que en su proceso de asimilación a la sociedad estadounidense pueden tardar algunos años en lograr acceder a un empleo calificado.

Evidentemente, la inserción laboral de los profesionales migrantes en ocupaciones poco calificadas impacta negativamente en sus condiciones laborales; es decir, en sus ingresos y en el acceso a prestaciones laborales, así como en el trazo de sus trayectorias laborales y profesionales. Ramírez y Tigau (2018) documentan que los inmigrantes calificados que residían en Estados Unidos en 2014 recibían, en promedio, menores retribuciones salariales por su trabajo que los nativos blancos no hispanos, especialmente en los casos de los profesionales mexicanos y de otros países latinoamericanos. No obstante, dado que la migración calificada es sumamente heterogénea es preciso señalar que no todos los migrantes se ven afectados por dichas problemáticas laborales y, por lo tanto, para algunas personas la experiencia migratoria tiene un impacto positivo en distintos ámbitos de sus vidas. Es precisamente esta noción de heterogeneidad la que obliga a incorporar al análisis los diversos factores que inciden en el proceso, así como visibilizar sus efectos negativos y positivos, no solo a nivel personal sino también desde la óptica del lugar de origen y destino (Lozano y Gandini, 2011).

Metodología

En esta investigación se utiliza como fuente de información la American Community Survey (acs), una encuesta representativa para la población residente en los Estados Unidos que permite producir estimaciones anuales de indicadores sociodemográficos y económicos (Integrated Public Use Microdata Series, 2015). Se emplea la base de datos del quinquenio 2009-2013, es decir que se retoman cinco años de la encuesta, tal como recomienda el Census Bureau de los Estados Unidos para el estudio de poblaciones particulares.

El análisis incluyó estadística descriptiva y multivariada. Se elaboró estadística descriptiva con el fin de conocer: a) las tendencias de los colombianos profesionales en Estados Unidos y b) las características de su inserción laboral de acuerdo al tipo de calificación y a la seguridad social en el empleo. Luego, se estimaron dos modelos, uno de regresión logística multinomial y otro de regresión logística simple (Long y Freese, 2006) para analizar el grado de calificación y la seguridad social en el empleo, respectivamente. La unidad de análisis son los trabajadores colombianos profesionales residentes de Estados Unidos que cuentan con estudios de licenciatura terminada o posgrado (16 años de estudio o más) y que entraron a ese país entre 1994 y 2013.

En cuanto a las variables dependientes, la primera fue el tipo de calificación del empleo, la cual incluyó tres categorías: empleos no calificados, empleos semicalificados y empleos calificados. La construcción de esta variable, en primer lugar, consistió en calcular para cada ocupación «el promedio del nivel educativo alcanzado por cada persona, el cual se obtiene sumando los años de escolaridad para cada profesión, incluidas todas las personas nacidas en Estados Unidos y en el extranjero (hombres y mujeres)» (Özden, 2007, p. 472). Después, se clasificaron las ocupaciones de acuerdo a estas medidas. Dentro de los empleos calificados se incluyeron ocupaciones cuyo grado de escolaridad fue en promedio de 16 años o más, relativo a los años de escolaridad que tendría una persona con educación universitaria de cuatro años. En el caso de los empleos semicalificados, el promedio de escolaridad de las ocupaciones fue entre doce y quince años, relativo a formación técnica. Y los empleos no calificados fueron aquellos en que el promedio de escolaridad fue menor de doce años, equivalente a formación básica. 8

La segunda variable dependiente fue el acceso a seguridad social del trabajador. Su construcción se hizo con base en la pregunta del censo sobre si el individuo cuenta o no con algún seguro de salud a través de un empleador actual, pasado o sindicato. Las dos variables explicativas fueron el lugar de formación y el área de formación profesional. Entre los migrantes con educación superior se usó la edad de llegada a Estados Unidos como indicador del país de formación, ya que esta pregunta no se incluye en la acs. Por lo tanto, se asume que los migrantes colombianos que llegaron a este país entre los 16 y los 22 años y declararon contar con estudios profesionales al momento del censo, adquirieron dichos estudios en el país de destino. En contraparte, se plantea que los migrantes colombianos que llegaron a Estados Unidos de 23 años en adelante y declararon contar con estudios profesionales al momento del censo es muy probable que hayan realizado sus estudios universitarios en Colombia.

Respecto al área de formación, se elaboró un primer análisis descriptivo de todas las áreas de formación profesional de los colombianos en Estados Unidos, el cual reveló que las carreras de mayor acogida eran la ingeniería y los negocios, por lo que se decidió categorizarlas de manera separada según áreas relacionadas. En la categoría ctim (ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas) se incluyeron junto con la ingeniería las ciencias biológicas, físicas, químicas, ambientales, matemáticas, medicina y áreas tecnológicas. La categoría de Negocios y otros abarcó, además de los negocios, estudios en ciencias sociales, ciencias humanas y ciencias educativas. Finalmente, la última categoría, Artes y otros, contempló carreras como bellas artes, justicia criminal y protección contra incendios, aptitud física, parques y recreación, servicios de construcción y cosmetología, entre otras.

En cuanto a las variables de control, en el modelo del grado de calificación en el empleo, estas fueron el sexo, la edad, el nivel profesional, las cohortes de arribo, el manejo del inglés y la ciudadanía estadounidense. En el modelo de la seguridad social en el empleo se incluyeron las anteriores, a excepción del sexo y la edad, que no resultaron significativas, y se incorporaron otras dos variables como variables control: el estado conyugal y la presencia de niños menores de cinco años en el hogar, las cuales pueden estar ligadas a la autoselección de los trabajadores que buscan empleos con seguridad social. Todas estas variables han mostrado estar asociadas en estudios previos a la calificación del empleo de los migrantes y a sus condiciones laborales (Gaviria, 2004; Batalova, Fix y Creticos, 2008; Zamora, 2009; Batalova y Fix, 2009; Bermúdez, 2015).

Tendencias de la inmigración de profesionales colombianos hacia Estados Unidos

En cuanto a las grandes tendencias de la migración colombiana a Estados Unidos, los datos de la acs indican que, entre 1994 y 2013, llegaron 1,4 millones de personas de Colombia a Estados Unidos (Tabla 1). El mayor volumen de migrantes colombianos arribó entre 1999 y 2003: cerca de 611.000 colombianos. La cantidad de inmigrantes creció en este período 97,3 puntos porcentuales con relación al período 1994-1998, y este incremento coincide con la crisis económica colombiana y el recrudecimiento de la violencia. Además de que en el país receptor el período precrisis estuvo marcado por un crecimiento constante de la migración desde América Latina y el Caribe (ALyC) de población de 25 años y más, incremento que se desaceleró alrededor del 2006, pero volvió a tener un ritmo casi constante entre 2009 y 2012 (Lozano, Gandini y Jardón, 2015).

Luis Eduardo Guarnizo (2006) apunta que la emigración colombiana de estos años fue multicausal. En esta época la economía colombiana sufrió importantes deterioros debido a la iniciación de la apertura económica, la cual impidió que empresas nacionales pudieran competir con las transnacionales, lo que aumentó considerablemente el desempleo, hizo caer el producto interno bruto (pib) y desaceleró el crecimiento de los salarios. Además, la proporción de jóvenes respecto a la población total de Colombia llegó a sus máximos históricos, lo cual incrementó la presión por la generación de nuevos empleos. Sumado a esto, la situación social, militar y política del país era crítica y generaba un ambiente de inseguridad producto de la violencia y el narcotráfico. Así, por ejemplo, la emigración colombiana también mostró una fuerte relación con el aumento en las tasas de secuestro (Cárdenas y Mejía, 2006).

Es importante señalar que el mayor crecimiento de la población colombiana en Estados Unidos de la cohorte de arribo 1999-2003 se registró entre los profesionales, es decir, entre aquellos con nivel de licenciatura o más (Tabla 1). De 1994 a 2013, medio millón de colombianos con este nivel de estudios llegó a Estados Unidos, de los cuales 229.000 arribaron en el período 1999-2003. De acuerdo con Guarnizo (2006), esto sucedió debido a que se dieron recortes de nómina de profesionales por la privatización de empresas públicas en Colombia, lo que generó la proliferación de profesionales desempleados o subocupados, además de la reducida creación de empleos calificados por parte de la iniciativa privada.

Tabla 1

Inmigrantes colombianos en Estados Unidos mayores de 16 años por nivel de estudios y cohortes de arribo

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Nivel de escolaridad Cohortes de arribo
1994-1998 1999-2003 2004-2008 2009-2013 Total
Total ponderado 309.523 610.589 339.167 161.594 142.0873
(porcentaje de cambio) 97,3 -44,5 -52,4
Menor o igual que secundaria 140.405 221.511 136.754 67.745 566.415
(porcentaje de cambio) 57,8 -38,3 -50,5
Licenciatura incompleta o técnico 79.122 160.208 80.859 36.689 356.878
(porcentaje de cambio) 102,5 -49,5 -54,6
Licenciatura completa o más 89.996 228.870 121.554 57.160 497.580
(porcentaje de cambio) 154,3 -46,9 -53,0
n 2.482 5.000 2.628 1.235 11.345

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015)

Después de 2004 la migración colombiana se desaceleró. El mayor descenso se dio entre 2009 y 2013, respecto al período anterior (Tabla 1). Varios factores explican este decrecimiento en la inmigración colombiana a Estados Unidos: en general, después de los atentados terroristas de 2001, la política de inmigración de Estados Unidos fue más restrictiva (Guarnizo, 2006). Además, la contracción del flujo se aceleró con la crisis financiera de 2008, así como con la ampliación de rutas de migración internacional de los latinoamericanos (Pellegrini, 2013; Guarnizo, 2006). Así, para 2005, por ejemplo, año del último censo del cual se tiene información sobre Colombia, había cerca de cuatro millones de colombianos en el exterior, y si bien el principal destino era Estados Unidos con 34,6%, la emigración hacia otros países también era importante. En España se encontraba el 23,1% de estos colombianos, en Venezuela, el 20%, en Ecuador, el 3,1% y en Canadá, el 2%, lo que ubicaba a Colombia como uno de los países de Sudamérica con mayor dinámica migratoria ( oim , 2013), por lo que se podría decir que el descenso de la migración colombiana a Estados Unidos se correlaciona con el incremento hacia nuevos destinos.

El arribo de profesionales colombianos decreció a un ritmo ligeramente más acelerado que el promedio de los colombianos a partir de 2004. La cantidad de inmigrantes colombianos con licenciatura o más disminuyó entre 2004 y 2008, respecto al período 1999-2003, 47 puntos porcentuales y desde 2009 hasta 2013 respecto a 2004-2008, 53 puntos porcentuales (Tabla 1). Esto indica que en el contexto de las políticas más restrictivas vinculadas a la crisis económica de 2008, en las que se buscó elevar las tasas de ocupación de los residentes en Estados Unidos, la entrada de profesionales colombianos decreció alrededor de 10% con relación al periodo de precrisis. Asimismo, se sabe que durante el periodo poscrisis el incremento de migrantes latinoamericanos y del Caribe que desarrollaron sus estudios en Estados Unidos se incrementó, pasó de 43,8% en 2006 a 49,3% en 2009 (Lozano, Gandini y Jardón, 2015).

Gráfico 1

Porcentaje de migrantes colombianos mayores de 16 años en Estados Unidos por nivel educativo de acuerdo a cohorte de arribo

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Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015)

En términos relativos, los colombianos en Estados Unidos con estudios universitarios o de posgrado aumentaron entre 1999 y 2003 respecto al período 1994-1998 de 29% a 37% del total de colombianos migrantes hacia ese país y a partir de este período disminuyeron ligeramente en las cohortes 2004-2008 y 2009-2013, a 36% y 35% respectivamente (Gráfico 1). Esta tendencia apunta a la escolaridad más alta de los inmigrantes colombianos a partir de 1999 y la estabilización de su composición educativa en años posteriores. Esta composición da cuenta de una fuerte selectividad positiva de los emigrantes colombianos, dado que sus niveles educativos son mucho más altos que los de los colombianos en el origen, pero se asemeja a la que tienen los nativos blancos no hispanos en Estados Unidos (Bermúdez, 2015).

Grado de calificación en el empleo de los trabajadores colombianos con estudios universitarios en Estados Unidos

A continuación, se presenta un análisis sobre la inserción laboral de los colombianos en el mercado laboral estadounidense. En cuanto al nivel de calificación del empleo en Estados Unidos de los profesionales colombianos con licenciatura terminada, los resultados del análisis permiten observar la dificultad que enfrenta esta población para incorporarse a empleos calificados. En general se encuentra que en los últimos veinte años la mayoría de los migrantes profesionales colombianos se ha insertado en trabajos semicalificados, más de la mitad ocupados por mujeres, así como por personas que dominan el inglés pero que no tienen estatus de ciudadanía estadounidense (Tabla 2).

Al analizar el perfil educativo de los trabajadores colombianos según el tipo de inserción lograda en Estados Unidos, se observa que la mayoría de quienes tenían un empleo calificado obtuvo sus estudios profesionales en Colombia (86,6%). Sin embargo, entre ellos, el porcentaje de aquellos que estudiaron en Estados Unidos (13,4%) fue mucho mayor que entre los no calificados (3,1%). En el caso de los semicalificados, la proporción es de 84,7% para los profesionalizados en Colombia y 15,3% en Estados Unidos. Es decir, es posible que para aquellos que se profesionalizaron en el país receptor se hayan ampliado las oportunidades laborales.

En el caso de las áreas de formación, las identificadas como ctim son las de mayor inserción en empleos calificados (59%), seguidas de los negocios, las ciencias sociales, humanas y educativas (con 36%), y, por último, con un porcentaje inferior al 5%, de las áreas como artes u otras. En cambio, entre los semicalificados y los no calificados, el área con mayor concentración de trabajadores es la de los negocios y otros, con 65% y 53% respectivamente.

Tabla 2

Distribución de profesionales colombianos en Estados Unidos de acuerdo a características selectas según tipo de calificación en el empleo (porcentaje)

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Características Categorías No calificados (%) Semicalificados (%) Calificados (%)
Total renglón 10,8 67,5 21,7
Lugar de formación Colombia 96,9 84,7 86,6
eua 3,1 15,3 13,4
Área de estudios ctim 30,5 40,5 59,0
Negocios y afines 65,1 53,2 36,3
Artes y otras 4,4 6,4 4,7
Nivel profesional Licenciatura 77,7 68,6 37,8
Maestría y otros 20,6 30,4 50,0
Doctorado 1,7 1,0 12,2
Sexo Hombres 55,3 40,1 45,5
Mujeres 44,8 59,9 54,5
Manejo del inglés Bien o muy bien 49,8 86,0 94,9
No o no bien 50,2 14,0 5,1
Ciudadanía americana No 78,9 60,8 66,8
21,1 39,2 33,2
Cohorte de arribo 1994-1998 18,8 17,8 20,0
1999-2003 45,4 50,2 38,2
2004-2008 27,7 22,1 28,3
2009-2013 8,1 9,8 13,6
Total ponderado 48.373 302.654 97.325
n 406 2.592 889

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015)

El nivel de formación en el que se concentran los colombianos calificados es el de maestría (50%), seguido por los que reportan haber completado una licenciatura (37,8%) y, en menor proporción, los que cuentan con doctorados. No obstante, en términos comparativos, el porcentaje de trabajadores calificados con estudios de doctorado es mucho más alto (12,1%) que el de aquellos con este nivel educativo en empleos no calificados y semicalificados (1,7% y 1% respectivamente). Además, la proporción de personas empleadas que tienen nivel de maestría aumenta con el grado de calificación de los empleos, de 20% en empleos no calificados a 50% en empleos calificados, lo que también indica una mejor inserción laboral de aquellas personas con estudios de posgrado.

Específicamente sobre el manejo del inglés, a mayor grado de calificación en el empleo mayor es el manejo del idioma. Se observó que de los trabajadores en empleos calificados un 95% lo domina, como lo hace el 86% de los semicalificados y el 49,8% de los no calificados. En contraste, el estatus de ciudadanía es mayor entre quienes tienen empleos semicalificados —39%—, mientras que entre aquellos que tienen empleos calificados 33% son ciudadanos y solo 21% lo son entre aquellos en empleos no calificados.

En cuanto a los períodos de arribo, se observa que a pesar de que la mayoría de colombianos arribó entre 1999 y 2003, y que fue en esta cohorte en la que se incrementaron los inmigrantes con estudios universitarios, estos colombianos profesionales lograron incorporarse en menor medida en empleos calificados que otros trabajadores. En contraste, los inmigrantes colombianos de 2004 en adelante lograron estar más concentrados en empleos calificados que en otros de menor calificación. Es así que el carácter cada vez más selectivo de la migración colombiana podría estar favoreciendo una mejor correspondencia entre nivel de estudios y ocupación.

Factores asociados a la inserción laboral calificada de los colombianos en Estados Unidos

En este apartado se exponen los resultados del modelo logístico multinomial estimado con el fin de analizar la relación del lugar de estudios y el área de formación con la inserción laboral semicalificada y calificada. La categoría de referencia de la variable dependiente es tener un empleo no calificado. Se presentan las razones de riesgo relativo para determinar los factores sociodemográficos condicionantes, con énfasis en el lugar de formación profesional y en el área profesional (Tabla 3).

En cuanto al lugar de formación profesional, para aquellos que obtuvieron su educación en Estados Unidos la posibilidad de tener un empleo calificado es 1,77 veces mayor a la de quienes cursaron sus estudios en Colombia. Además, para quienes estudiaron en aquel país la propensión de conseguir empleos semicalificados es también muy alta, 2,18 veces mayor a la de quienes estudiaron en Colombia. Esto indica la enorme dificultad de los colombianos para competir en el mercado laboral estadounidense con la educación obtenida en su país de origen.

Sobre las áreas de formación, se encuentra que la propensión a obtener un empleo calificado para quienes cursaron carreras profesionales o posgrados en áreas de negocios, ciencias sociales, humanas o educativas es 65% menor, y que en áreas como artes u otras, es 42% menor, en ambos casos con relación a los que se formaron en áreas ctim. En los empleos semicalificados, las posibilidades de inserción también privilegian a los formados en áreas de ctim. Los profesionales en negocios o áreas relacionadas son 40% menos propensos y aquellos en otras áreas 52% menos proclives a obtener empleos semicalificados que quienes son profesionales en áreas de ctim.

Los resultados del nivel de estudios arrojan también la importancia de los posgrados para posicionarse en un empleo calificado en Estados Unidos. Así, haber cursado licenciatura disminuye en un 78% las posibilidades de obtener un empleo calificado respecto a haber completado una maestría, mientras que tener un doctorado las aumenta cuatro veces. En el caso de los empleos semicalificados, tener una licenciatura completa en lugar de una maestría también reduce la posibilidad de inserción en un 41%. No obstante, tener un doctorado también disminuye en un 51% el riesgo de colocarse en un empleo semicalificado respecto a haber completado una maestría. En otras palabras, quienes tienen maestría tienen el doble de posibilidades de obtener estos empleos que quienes obtuvieron su doctorado.

El modelo indica, en cuanto a las variables sociodemográficas, que las mujeres tienen mayor propensión que los hombres a contar con un empleo calificado: el riesgo relativo es 60% mayor para las mujeres que para los hombres. Este resultado se asemeja a lo verificado por Lozano y Ramírez (2015) para el caso de los mexicanos, que concluyen que las mujeres son más propensas a estar en ocupaciones calificadas. De igual manera, este resultado es consistente con los plasmados en los estudios sobre los migrantes de ALyC de Fernando Lozano, Luciana Gandini y Ana Jardón (2015), quienes hallaron en 2012 una importante tendencia a la feminización de la migración calificada hacia Estados Unidos. En cuanto a los empleos semicalificados, la propensión también aumenta: las mujeres tienen un 70% más de probabilidades de estar en este tipo de empleos que los hombres.

Por otro lado, los resultados muestran que por cada año que se incrementa en la edad de las personas, las posibilidades de contar con empleos calificados disminuyen un 7% y para empleos semicalificados la disminución es de 4%. Es decir, las personas de edades más avanzadas presentan mayor posibilidad de estar insertas en empleos no calificados, situación que también se encontró en entre los migrantes calificados mexicanos residentes en Estados Unidos (Lozano y Ramírez, 2015).

Tabla 3

Modelo de regresión logística multinomial: calificación del empleo de colombianos profesionales en Estados Unidos

323857717006_gt4.png
Variables independientes Semicalificado Calificado
RRR P>z RRR P>z
Lugar de formación (Colombia)
eua 3,18 *** 2,77 ***
Área Profesional (ctim)
Negocios y afines 0,60 *** 0,35 ***
Artes y otras 0,88 *** 0,58 *
Sexo (Hombres)
Mujeres 1,70 *** 1,60 ***
Edad 0,96 *** 0,93 ***
Nivel profesional (Maestría)
Licenciatura 0,59 *** 0,22 ***
Doctorado 0,49 *** 5,00 ***
Manejo del inglés (Sí)
No, no bien 0,20 *** 0,09 ***
Ciudadanía americana (No)
2,71 *** 2,80 ***
Cohorte de arribo (1994-1998)
1999-2003 1,28 *** 0,87 ***
2004-2008 1,02 1,13
2009-2013 1,48 *** 1,35 **
Constante 34,10 *** 79,65 ***

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015).

*** P<0.001

** P<0.01

* P<0.05

+ P<0.1. RRR = razones de riesgo relativo. Referencia de variable dependiente: no calificados. Referencia de variables independientes en paréntesis.

Al respecto de las variables de integración social, se encuentra que no hablar inglés o no hacerlo bien tiene una asociación negativa con el hecho de contar con un empleo semicalificado y se hace mucho más notorio frente a trabajos calificados, donde quienes no dominan el inglés son 91% menos propensos a contar con un empleo calificado que quienes sí lo hablan bien. En los empleos semicalificados también se refleja la importancia del dominio del inglés: la probabilidad de contar con este tipo de empleo es 80% menor para quienes no lo hablan o no lo hacen bien que para quienes sí dominan el idioma.

Este hallazgo es recurrente en diferentes investigaciones como la de Batalova, Fix y Creticos (2008), quienes encontraron que, sin importar el lugar de procedencia, aquellos que poseen habilidades limitadas en el uso del inglés tienen el doble de posibilidades de encontrarse en empleos no calificados en comparación con quienes tienen muy buen dominio del inglés.

En cuanto al estatus de ciudadanía, se muestra una clara importancia de este aspecto en la obtención de empleos calificados y semicalificados. En el caso de los empleos calificados, quienes cuentan con ciudadanía estadounidense son 180% más propensos a obtenerlos que quienes no son ciudadanos. En los empleos semicalificados la probabilidad de inserción es 1,7 veces mayor si se cuenta con documentos de ciudadanía.

Finalmente, el modelo corrobora que los que ingresaron en el período más reciente, 2009-2013, son los que presentan mayores posibilidades de estar insertos tanto en empleos calificados como semicalificados, con riesgos relativos entre 35% y 48% superiores, respectivamente, con relación a los que ingresaron entre 1994 y 1998. Además, quienes llegaron entre 1999 y 2003, en el período de la poscrisis colombiana, son 14% menos propensos a tener empleos calificados, pero 27% más propensos a estar en empleos semicalificados que quienes llegaron entre 1994 y 1998.

La mayor propensión a la inserción calificada en el período más reciente discrepa con argumentos de autores como Batalova, Fix y Creticos (2008) quienes señalan que el mayor tiempo en Estados Unidos es fundamental para la movilidad hacia un empleo calificado, aunque podría darse porque los requerimientos de ingreso a Estados Unidos han estado cada vez más ligados al mercado laboral calificado (Calva y Alarcón, 2015). Además, habría que considerar la heterogeneidad en los perfiles sociodemográficos y profesionales de los migrantes calificados, ya que en la movilidad ocupacional influyen otros factores personales y contextuales. De hecho, Batalova et al. (2008) notan también que las mejoras en la calidad laboral de los inmigrantes parecen ser más menores para los provenientes de Latinoamérica y África en comparación los que migraron desde como Europa y Asia.

Este hallazgo también disiente algunos resultados sobre la participación laboral de los colombianos en Estados Unidos. Por ejemplo, Alejandro Gaviria (2004) encuentra que los inmigrantes que llevaban cinco años o más habían incrementado sus ingresos, su participación laboral y el número de horas trabajadas, por lo que asociaba la asimilación económica y el acceso a mejores oportunidades con el paso del tiempo, ya que con ello las personas perfeccionaban el inglés, obtenían su estatus legal y creaban y fortalecían redes sociales. Estos resultados fueron corroborados por Zamora (2009), quien agrega que con el tiempo se logra la convalidación de títulos o el cambio de profesión.

Si bien estos procesos pueden caracterizar trayectorias de movilidad laboral a nivel individual, en conjunto, los profesionales colombianos de inmigración reciente tienen mayores posibilidades de insertarse en empleos calificados. Así, en contraste con lo anterior, Luis Calva Sánchez y Rafael Alarcón (2015) identifican una tendencia similar a la de los colombianos para el caso de los mexicanos. Estos autores entienden que el hecho de pasar más tiempo en Estados Unidos no disminuye significativamente el volumen de empleados en ocupaciones no calificadas. De hecho, los autores argumentan que para la obtención de un empleo calificado resulta más efectivo emigrar con un tipo de visa asociada al desempeño profesional, como las visas H, L, O y P —específicas para profesionales, trabajadores extranjeros de empresas con matrices en Estados Unidos y sucursales en Latinoamérica, o personas con talentos excepcionales que desean o son requeridas para vivir y trabajar temporalmente en este país—.

Así, los migrantes recientes son aquellas personas que cuentan con mayor capital cultural y social, que es validado y reconocido por el país receptor incluso antes de viajar. Por ello, cuentan con mayores beneficios que quienes migraron hace más tiempo y no han logrado adquirir la ciudadanía estadounidense y tienen redes de inserción y movilidad laboral mucho más limitadas (Calva Sánchez y Alarcón, 2015).

Por último, se estimó la interacción entre el lugar de formación y el área de profesionalización (Tabla 4), la cual mejoró la bondad de ajuste del modelo anterior. Tomando como referencia a estos profesionales que se formaron en áreas ctim en Colombia, aquellos que cursaron otras áreas profesionales tuvieron una menor propensión a ubicarse tanto en empleos semicalificados como calificados. Sin embargo, entre los que estudiaron áreas ctim en Colombia y en Estados Unidos no existió una diferencia significativa en la posibilidad de obtener un empleo semicalificado o calificado. Es decir, los profesionales de áreas ctim en el origen estuvieron en igualdad de condiciones que quienes se educaron en el país de destino.

Tabla 4.

Interacción ajustada entre lugar de formación y área profesional en el riesgo relativo de ubicarse en empleos semificalificados y calificados. Profesionales colombianos en Estados Unidos (2009-2013)

323857717006_gt5.png
Lugar de formación y área profesional Semicalificados Calificados
RRR P>z RRR P>z
(Colombia-ctim) 1,00 1,00
Colombia-Negocios y afines 0,55 *** 0,33 ***
Colombia- Artes y otras 0,83 *** 0,67 ***
eua-ctim 1,02 1,07
eua-Negocios y afines 7,33 *** 3,65 ***
eua- Artes y otras 2,15 *** 0,65 ***

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015).

*** P<0.001

** P<0.01

* P<0.05

+ P<0.1. RRR=Razones de riesgo relativo. Referencia de la variable dependiente: no calificados. Referencia de variables independientes en paréntesis. Mismas covariables de la Tabla 3.

No obstante, otras carreras no mostraron esta tendencia. Aquellos que estudiaron negocios y afines en Estados Unidos tuvieron 7,33 veces más posibilidades de tener empleos semicalificados y 3,65 veces más de obtener trabajos calificados que los que estudiaron en áreas ctim en Colombia. Por último, también valió más la educación cursada en artes y afines en el país de destino que estudiar áreas ctim en el origen para obtener un trabajo semicalificado, aunque esto no aplicó a los trabajos calificados para los cuales fue ventajoso tener esta última formación.

De esta manera podemos concluir que, para el caso colombiano así como para el caso mexicano (Lozano y Ramírez, 2015), los profesionales que migran con título profesional obtenido fuera de Estados Unidos tienen mayores posibilidades de insertarse en empleos calificados en este país si su formación fue en áreas ctim que si su formación fue en otras áreas como los negocios o las artes.

Acceso a la seguridad social de trabajadores colombianos profesionales en Estados Unidos

En la sección anterior se indagó acerca del acceso a empleos calificados. Ahora nos interesa indagar sobre el acceso a la seguridad social que brinda el empleo como parte de la inserción laboral exitosa de los profesionales colombianos en Estados Unidos y su vinculación con el área de estudios y el lugar de formación. Uno de los hallazgos principales es que poco más del 60% de estos se coloca en empleos que otorgan algún tipo de seguridad social (Tabla 5).

En cuanto a las variables de escolaridad, se encontró que, entre los trabajadores con seguridad social, 15% completó sus estudios en Estados Unidos, en comparación con el 11% de quienes no tienen este beneficio. Asimismo, quienes tienen seguridad social tienden más a haber estudiado un posgrado (maestría o doctorado) —alrededor del 40%— que quienes no lo tienen (solo 32% estudió un posgrado). Por último, entre los que cuentan con seguridad social, 47% estudió una carrera o posgrado en áreas ctim en comparación con 37,6% de quienes no cuentan con esta prestación laboral. Es decir, existe una mayor concentración de profesionales en áreas ctim entre quienes tienen acceso a seguridad social por parte del empleo.

Respecto a las variables sociodemográficas y de integración social, se obtuvo que aquellos inmigrantes colombianos que gozan de este derecho laboral tienden más a estar en unión conyugal y a tener niños menores de cinco años que quienes no tienen seguridad social. Además, entre quienes tienen acceso a la seguridad social la proporción de los que manejan bien o muy bien el inglés es de 91,6%, porcentaje mayor que el de aquellos que no tienen acceso: 72%. Por último, entre los que sí tienen acceso a la seguridad social, la proporción de los que reportan estatus de ciudadanía americana es mayor que entre quienes no tienen acceso a salud (39,5% versus 30,4%).

Por último, los colombianos profesionales con seguridad social se concentran más en el primer período de arribo a Estados Unidos que en el último, en comparación con los colombianos sin seguridad social. Concretamente, del total de colombianos que no cuentan con seguridad social, el 20,3% arribó en 1994-1998, en comparación con solo 15,4% de aquellos sin seguridad social. En contraste, entre aquellos con seguridad social la proporción de quienes llegaron en el período más reciente, 2009-2013, es menor a la de aquellos sin seguridad social (9,2% contra 12,4%).

Tabla 5

Seguridad social en el empleo de los profesionales colombianos en Estados Unidos (porcentaje)

323857717006_gt6.png
Características Seguridad social
No (%) Sí (%)
Total renglón 38,9 61,1
Lugar de formación Colombia 88,7 85,0
eua 11,3 15,0
Área de estudios ctim 37,6 47,1
Negocios y afines 56,2 47,4
Artes y otras 6,2 5,6
Nivel profesional Licenciatura 67,8 59,7
Maestría y otros 29,9 36,0
Doctorado 2,3 4,3
Unión conyugal No 42,5 26,7
57,5 73,3
Hijos menores de 5 años No 86,9 78,5
13,1 21,6
Manejo del inglés 72,1 91,6
No o no bien 27,9 8,5
Ciudadanía americana No 69,7 60,5
30,4 39,5
Cohorte de arribo 1994-1998 15,4 20,3
1999-2003 48,3 46,3
2004-2008 23,9 24,2
2009-2013 12,4 9,2
Total muestra ponderada 174.544 273.808
n 1.456 2.431

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015)

Factores asociados al acceso a seguridad social de trabajadores colombianos profesionales en Estados Unidos

A continuación se procede a describir algunos factores asociados al acceso a seguridad social (Tabla 6). Los resultados del modelo logístico indican que los colombianos que recibieron su educación profesional en Estados Unidos, que tienen niveles de maestría y doctorado y que estudiaron una carrera ctim tienen mayor posibilidad de contar con seguridad social. Por ejemplo, los que se formaron en Estados Unidos tienen 28% más probabilidades de contar con seguridad social que quienes se educaron en Colombia. Asimismo, aquellos que tienen nivel de formación de maestría son 21% más propensos a contar con seguridad social, probabilidad que se incrementa a 125% entre los que cuentan con doctorado, en comparación con quienes tienen licenciatura. Sobre las áreas de formación, los profesionales en áreas como negocios, ciencias sociales, humanas o educativas tienen 23% menos probabilidades de contar con protección en el empleo en comparación con quienes son profesionales en áreas ctim.

Tabla 6

Modelo de regresión logística: seguridad social de colombianos profesionales en Estados Unidos

323857717006_gt7.png
Seguridad social RRR P>z
Lugar de formación (Colombia)
eua 1,28 *
Área profesional (ctim)
Negocios y afines 0,77 **
Artes y otras 0,78
Nivel profesional (Licenciatura)
Maestría y otros 1,21 *
Doctorado 2,25 ***
Unión conyugal (No)
1,90 ***
Hijos menores de 5 (No)
1,32 **
Ciudadanía americana (No)
1,27 **
Manejo del inglés (Sí)
No, no bien 0,27 ***
Cohorte de arribo (1994-1998)
1999-2003 0,79 *
2004-2008 0,97
2009-2013 0,78 +
Constante 4,91 ***

Fuente: elaboración propia a partir de datos de la acs 2009-2013 (ipums, 2015).

*** P<0.001

** P<0.01

* P<0.05

+ P<0.1. RRR=Razones de riesgo relativo. Referencia de variable dependiente: no calificados. Referencia de variables independientes en paréntesis.

Sobre las variables sociodemográficas, se muestra que factores como estar en unión conyugal y tener hijos menores de cinco años tienen una asociación positiva con contar con seguridad social. Las personas casadas tienen 90% más probabilidades de tener acceso a la seguridad social respecto a las que no están unidas, y la probabilidad de obtener seguridad social para los que tienen hijos menores de cinco años es 32% mayor que la de aquellos que no los tienen. Posiblemente, las personas con hijos menores busquen la manera de colocarse en empleos protegidos, aunque ello reduzca su posibilidad de ganar más dinero.

Respecto a las variables de integración social se encontró que el hecho de ser ciudadano estadounidense aumenta las probabilidades de contar con seguridad social en comparación con no tener ese estatus. La posibilidad de contar con empleo protegido aumenta en un 27% para quienes sí tienen ciudadanía estadounidense en comparación con los que no la tienen. Además, el manejo del idioma inglés es un factor importante para acceder a empleos adecuados que cuenten con seguridad social, ya que quienes no lo dominan son 73% menos propensos a contar con un empleo protegido con relación a los que sí dominan el inglés. Por último, el modelo indica que solo la segunda cohorte de arribo (1999-2003) está asociada con el hecho de contar con seguridad social, ya que presenta 21% de momios menores de contar con seguridad social con relación a la primera cohorte de arribo (1994-1998).

Conclusiones y reflexiones finales

El objetivo principal de este estudio es analizar las tendencias y los factores asociados a la inserción laboral calificada y al acceso a la seguridad social en el empleo de los colombianos profesionales inmigrantes que llegaron a Estados Unidos durante los años noventa y la primera década del siglo xxi.

Los resultados obtenidos muestran que la gran mayoría de los colombianos profesionales se ubican en empleos semicalificados o no calificados, es decir que son propensos a estar sobrecalificados para el tipo de empleo en el que se desempeñan. Además, se observó que quienes se formaron en áreas de ctim o estudiaron en Estados Unidos son los que tienen más posibilidad de lograr una inserción laboral calificada o con acceso a la seguridad social. Sin embargo, el mayor volumen de profesionales colombianos se concentra en áreas como negocios, ciencias sociales, humanas y educativas. Los resultados sugieren que estos profesionales tienen más riesgo de estar insertos en empleos en los cuales sus talentos se desperdician (Batalova y Fix, 2009).

Lo anterior permitió visibilizar dos procesos en los que participan los inmigrantes colombianos en el mercado laboral en Estados Unidos. Por un lado, la inserción en mercados laborales segmentados y, por otro, la devaluación de su capital cultural institucionalizado. La situación de los migrantes colombianos profesionales, en especial la de aquellos que se formaron en áreas no ctim, es preocupante dado que están siendo afectados por procesos de subutilización de capacidades y habilidades que limitan aún más sus oportunidades laborales. A estos profesionales se añaden aquellos que no dominan el idioma inglés, quienes prácticamente no tienen acceso a empleos calificados.

Sobre el primer proceso se puede decir que los premios o gratificaciones a la formación profesional, que supone la teoría de capital humano (Becker, 1962), son difíciles de conseguir para los inmigrantes profesionales colombianos en Estados Unidos. Si bien los resultados indican que a mayor nivel educativo (maestría o doctorado) mejoran las condiciones laborales en el país de destino, solo 21% de los profesionales se ubica en un empleo calificado. Los modelos arrojan que los mercados laborales se encuentran segmentados por aspectos que van más allá de las credenciales educativas, ya que solo aquellos que superan bastantes brechas y filtros, que estudian áreas ctim, ya sea en Colombia o en Estados Unidos, o estudian en este último país en alguna otra área de conocimiento, logran tener una inserción laboral calificada y acceso a seguridad social, de tal forma que, como afirma Paulina Aronson (2007), la formación educativa no garantiza por sí sola la disminución de las desigualdades sociales.

Sobre el segundo proceso, cabe destacar que la devaluación del capital cultural institucionalizado (Bourdieu, 1986) afecta mayormente a los colombianos educados en las áreas de negocios, ciencias sociales, humanas y educativas y artes, ya que, a pesar de que sus títulos también son profesionales, su inserción laboral en empleos calificados es menos probable. En cambio, los inmigrantes colombianos tienen mayores posibilidades de inserción laboral semicalificada y calificada cuando estudian este tipo de carreras en Estados Unidos, a excepción de las de artes, con las que es más probable que solo logren una inserción semicalificada. La inversión en tiempo, dinero y esfuerzo para la adquisición de educación profesional no tiene los retornos adecuados, así como tampoco se aprovecha este capital cultural dentro del mercado laboral. En cambio, aquellos colombianos que estudiaron áreas ctim, incluso en Colombia, pueden transferir mejor sus credenciales en el país de destino.

La pregunta que emerge de los resultados encontrados es por qué continúan migrando los recursos humanos colombianos calificados en las áreas de negocios y ciencias sociales. Parte de la respuesta a esta interrogante es que la estructura de oportunidades para los profesionales en Colombia, como la de otros países de Latinoamérica, es crítica: los empleos son cada vez más precarios y la informalidad aumenta, además de las dificultades de inserción en el mercado de trabajo. Si bien se ha ampliado la oferta de educación superior (Melo, Ramos y Hernández, 2014), la creación de empleos no se incrementa al mismo ritmo, así como los mercados siguen funcionando de manera irregular, fomentando el empleo precario e informal (oit, 2013; Ramírez, 2015). Los colombianos, al igual que los inmigrantes latinoamericanos de otros países (Lozano y Ramírez, 2015; Calva Sánchez y Alarcón, 2015), no cuentan con oportunidades para acceder a empleos altamente calificados en su lugar de origen, por lo que Estados Unidos se presenta como una alternativa para lograr mejores salarios, aunque se subutilice el capital cultural institucionalizado que se posee.

Al reflexionar desde el punto de vista del país de origen, se considera que las políticas públicas colombianas sobre educación podrían procurar que la niñez y la juventud logren formar su capital humano, social y cultural acorde a la estructura de oportunidades que van a tener a su disposición a la hora de enfrentar el mundo laboral. Por ello, se debe trabajar desde dos dimensiones, por un lado, el fomento del aprendizaje y la inmersión en una segunda lengua, así como la equidad de género en la educación son fundamentales para desarrollar estructuras de igualdad de oportunidades. Por otro lado, hace falta una fuerte campaña de orientación profesional, así como una concientización social sobre los recursos humanos calificados que se desperdician por aspectos de segregación institucionalizada y por las estructuras de movilidad limitada en los mercados laborales. La atención focalizada en estos aspectos ayudaría a disminuir la fuga de cerebros, así como a establecer contacto, fomentar la circularidad y el retorno de aquellos colombianos que ya residen en el extranjero. Además, sería relevante direccionar las áreas de estudios de aquellos estudiantes que buscan credenciales en Estados Unidos. No obstante, no solo se trata de fomentar unas áreas, sino de rescatar la importancia de las áreas que están siendo devaluadas en el mercado y donde posiblemente se esté radicando la falta de proyección social.

Finalmente, es necesario reflexionar sobre la educación superior colombiana, cuyos esfuerzos de reestructuración no son suficientes, dado que las iniciativas para la correcta orientación profesional deben darse desde años anteriores de la formación. Es necesario mejorar la enseñanza en todos los niveles y la calidad educativa para que los potenciales talentos no continúen incrementando el porcentaje de latinoamericanos que forman parte de la población subutilizada laboralmente por factores como no hablar inglés apropiadamente (Ramírez, 2015).

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Notas

[13] En este trabajo el adjetivo calificado se utiliza junto a trabajo en referencia a las ocupaciones que requieren estudios superiores, como licenciaturas y posgrados (Özden, 2007). La operacionalización del tipo de calificación en el empleo se explica en la sección metodológica.

[14] El concepto de desperdicio de cerebros refiere al capital humano que termina sin ser aprovechado en el lugar de destino y que se ha construido a través de la formación académica o del entrenamiento profesional.

[15] Peter Doeringer y Michael Piore (1971) apuntan que existen dos clases de empresas: a) las grandes, ubicadas en el sector primario, que pertenecían al círculo virtuoso de condiciones de mercado estable, tenían un gran posicionamiento en la industria y contrataban a los empleados más capacitados pagando altos salarios; b) y otras empresas menos posicionadas, que se encuentran en el sector secundario y su círculo virtuoso se basa en la contraparte, empleados poco capacitados, bajos salarios y baja productividad.

[16] De acuerdo con Bourdieu (1986), el capital cultural institucionalizado es aquel que se ha materializado por ser reconocido a través de un título o certificación escolar o de competencia y que, por consiguiente, puede ser intercambiado por capital económico.

[17] La ventaja de utilizar esta clasificación —del grado de calificación en las ocupaciones— sobre alguna con estándares internacionales fue el poder captar los niveles de calificación que realmente se estaban demandando en el mercado laboral de Estados Unidos.



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