Caballero: Inauguración del Congreso de ALAP, Puebla, México, 2018


Inauguración del Congreso de alap , Puebla, México, 2018

Es para mí un honor poder compartir con ustedes esta sesión inaugural. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (unfpa) se siente orgulloso de poder patrocinar y apoyar de manera decidida la realización de este nuevo Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población (alap), aquí en la ciudad de Puebla, que en lo personal me trae algunos recuerdos importantes. Fue en la Universidad Autónoma de Puebla donde conseguí mi primer puesto de docente-investigador, en el Departamento de Antropología Social, habiendo terminado recién la Maestría en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso)-México. Aquí también nació mi hija mayor, a principios de los años ochenta. Un primer trabajo en serio que, de alguna manera, marcó el fin de mi transición a la adultez. Unos años después dejé a México envuelto en una crisis financiera de envergadura: la gran crisis de la deuda externa se estrenaba con la nacionalización de la banca y con los titulares sobre López Portillo y la famosa «colina de los perros».

Me dirigí a Paraguay, mi país, para presenciar el final de un largo régimen autoritario. Aún recuerdo esa lenta muerte de una dictadura que de pronto colapsó de la mano de sus propios personeros. La época de las transiciones a la democracia estaba en marcha y me encontró frente al Panteón de la Héroes del centro de Asunción el 3 de febrero 1989, celebrando el golpe contra Stroessner, quién con resignación tomó el avión que lo llevaría a su exilio en Brasilia. El vocablo libertad estaba en boca de todos. Una época de enormes cambios, no solo en Paraguay, sino en la región y en el mundo. Me acuerdo del optimismo que nos embargaba y cómo los muros caían uno a uno, y en su lugar se construían nuevas esperanzas.

Hoy vuelvo a Puebla. Los tiempos han cambiado, obviamente. El mundo está dando un giro muy distinto al de las décadas de los ochenta y noventa. Difícil describirlos, pero pienso no estar errado al asemejarlos a una desestructuración progresiva y compleja, en varios sentidos. Se habla de la crisis de la globalización, del fin del multilateralismo, del agotamiento de la democracia representativa, de un cambio radical en la comunicación social, etc. Occidente observa cómo Estados Unidos, líder del orden internacional liberal, se declara nacionalista y soberano, rehuyendo el rol de garante de ese orden; a la Iglesia Católica en una crisis profunda de credibilidad; a la Unión Europea en creciente tensión interna, a la Organización de las Naciones Unidas (onu) constreñida como pocas veces se la ha visto.

Es un proceso sobre el que es difícil hacer vaticinios, aunque estamos de acuerdo sobre un punto: cualquier cosa puede pasar. Los optimistas piensan que esto no es más que una coyuntura, que si uno mira el largo plazo, seguimos cosechando los frutos de la Ilustración, del reinado de la razón y del humanismo; los de espíritu más sombrío sospechan un cambio dramático, con evidentes ecos de la Europa de entreguerras. El diagnóstico es difícil porque estamos viendo un conjunto de contradicciones y opuestos: por un lado, el surgimiento de un nuevo mundo marcado por las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial y, a la par, la exaltación de un nativismo comunitario nostálgico; una reacción violenta a la ganada autonomía de la mujer y, al mismo tiempo, el #MeToo; un ascenso de los evangélicos en los Parlamentos y una onda verde de feminismo rejuvenecido. Parecen cables eléctricos que al rozarse se encienden y dan coletazos. Está pendiente un dictamen que solo los historiadores serán capaces de adelantar; el espíritu de la época aguarda su concepto.

Lo que me llama la atención desde mi posición en unfpa es que los temas que tratamos, y que se encuentran en el programa de este congreso de alap, son parte central de este álgido debate público. La hiperpolitización del ambiente ha polarizado las opiniones sobre la igualdad de género, la violencia sexual, la salud y los derechos sexuales y reproductivos, la migración, el envejecimiento, el uso de los datos y la evidencia, la familia, el matrimonio. Mientras que en las décadas de los ochenta y noventa los temas eran fundamentalmente de institucionalidad política, políticas sociales y económicas, hoy la educación sexual, la corresponsabilidad de los géneros en los cuidados, la migración, el aborto, la familia son los temas que encienden los ánimos.

Debido al hecho de que estamos todavía ante el surgimiento de un nuevo mundo político, que no ha logrado aún establecer una estructura institucional propia, es importante analizar los liderazgos que cobran fuerza. Por el mismo hecho de que los temas de género son parte constitutiva de las nuevas oposiciones, no sorprende que esos liderazgos se definan con expresiones como las del retorno del macho alfa, blanco, tribal y patriarcal. Esta característica se conjuga con el surgimiento de una voz agresiva, asertiva, que se presenta sin dudas, asentando dureza ante un momento complejo y complicado de explicar. Su discurso se basa en contrastes simples, de bien y mal; no es el tipo de verdad que buscamos en este congreso. Su verdad es aquello que tiene la suficiente fuerza como para interpelar a los individuos y transformarlos en sujetos de un supuesto «movimiento»; esta una fuerza que moldea el dato y que no siempre se puede contrarrestar con la evidencia.

En cierto sentido, este tipo de liderazgo se nutre de lo difícil que es dar cuenta de las realidades complejas y multidimensionales que ustedes como investigadores están tratando de deshilvanar. Realidades que desafían la capacidad de comprensión del público en general. De ahí que haga un llamado a no olvidar el trabajo pedagógico que nos toca hacer como foro académico. El cuidado que requiere una explicación científica (incluso aquella explicación divulgativa, no la de los expertos) difícilmente encuentre recepción en la gente. Solo queda aquel «individuo criterioso» —una rara avis en el actual escenario— que puede procesarla debidamente.

En ocasiones, es la población de adultos mayores que tiene mayor necesidad de esa pedagogía, una población que ha visto su mundo caer, sus presupuestos cuestionados y que, en consecuencia, brinda apoyos fundamentales a estos nuevos liderazgos. Este es también un público que en los países del norte se ve claramente rebasado por las nuevas realidades de las metrópolis multiétnicas y multiculturales que se han vuelto símbolos de un mundo que esos ciudadanos mayores del pueblo chico más temen. Ya no se reconocen en su propio país.

Sin embargo, la pedagogía sobre los temas de población y desarrollo no es nuestra única misión. La tenemos que desarrollar, además, entendiendo el paradigma del desarrollo sostenible que está en la base de la denominada Agenda 2030. Creo que ante este desafío también pesan las coyunturas actuales y pasadas. No olvidemos que en este mundo complejo están los que se han cansado de esperar. A ellos se les han entregado unos naipes con poco futuro. Los establishments, las burocracias, los mercados, las corporaciones, los medios, los gobiernos de todos los colores repartieron esos naipes y ahora enfrentan las consecuencias. Las ineficiencias, la corrupción, el trámite interminable, el salario estancado, el desempleo han alimentado las ganas de patear el tablero. Más aún después de una crisis fenomenal. Una crisis en la que el gran público vio uno de los salvatajes más gigantescos a quienes eran demasiado grandes para caer. Eso sucedió frente a esos jugadores a quienes se le dijo que los naipes eran lo que eran. No era el caso, algunos sí pudieron cambiar la mano. Ese hecho no quedó sin registro y hubo una masiva pérdida de credibilidad de las instituciones. Esta ola de desencanto está siendo ampliamente aprovechada, justo en el momento en que nosotros nos dirigimos al mundo con una agenda civilizatoria que habla del futuro, una Agenda 2030, con sus objetivos y metas. El tema es que por esta misma crisis de credibilidad debemos encontrar nuevos rostros, nuevas voces que difundan el mensaje.

Las intersecciones entre población y desarrollo sostenible son muchas e irrefutables. Desde la interacción de la población con el medio ambiente, el desarrollo de nuevos patrones de consumo y producción, hasta la superación de las inequidades en el acceso a los servicios de salud. La perspectiva poblacional es fundamental para poder encontrar el modo concreto de no dejar a nadie atrás, comenzando por los más rezagados entre los rezagados. Lo es también para salvaguardar la integralidad de la Agenda 2030.

La cuestión es que tenemos que multiplicar las voces de aquellos que hablan y abogan por la implementación de la Agenda 2030. Una comunidad académica y de investigación científica, como la reunida en este congreso, tiene un rol que desempeñar y puede darle a este mensaje civilizatorio, que es el de la sostenibilidad, el peso que requiere. De las tendencias que vemos, ¿cuáles nos conducen a un abismo?, ¿cuáles nos marcan un derrotero virtuoso? Si nos quedamos con una Agenda 2030 que sea solo un diálogo entre Estados miembro en la onu o, peor aun, una agenda de la onu a la cual los países deban «alinearse» no vamos a poder darle a la agenda ni el ímpetu ni la vitalidad que requiere.

Creo que el Consenso de Montevideo y los mecanismos elaborados para su seguimiento nos dan un espacio de intersección entre la Agenda 2030 y la agenda de población y desarrollo en la región. Finalizamos la última Conferencia Regional de Población y Desarrollo, realizada en Lima, Perú, este año, con un acuerdo sobre cómo seguir en el proceso de su implementación. Este es un consenso que hoy se destaca como un ejemplo para el mundo. Es importante que aprovechemos este espacio.

Finalizo enfatizando una cierta sensación de urgencia e importancia. Cuando nos encontramos ante escenarios contrarios, las personas tenemos la tendencia a replegarnos hacia nuestro mundo privado y cotidiano. La irracionalidad y la violencia nos atemorizan y nos dejan un tanto desesperanzados. Este no es el momento de hacerlo, al contrario: es muy importante la participación en la vida civil, en el ámbito profesional, en cada oportunidad que se nos presenta. El derecho humano, la noción de que existe una sola raza, la raza humana, la importancia de cuidar nuestro planeta y cómo hacerlo, entender que el agregado de comportamientos y actitudes individuales ocasionan cambios sociales, todos estos elementos deben formar parte de nuestra investigación e indagación científica, para un mundo mejor.

Gracias.



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