Resumen

HOLA

Parejas conyugales en transformación. Julieta Quilodrán (coordinadora) México, El Colegio de México, 2011.


Estamos ante una obra que expresa la amplísima y meritoria trayectoria de investigación de su coordinadora, autora y coautora de la mayoría de las contribuciones que aquí se reúnen. Se trata de un libro que merece ser leído, pensado y reflexionado por múltiples razones: porque es comprometido; porque resulta de un abordaje inteligente: porque es completo, dado que analiza un sinnúmero de temas, cuestiones, desafíos e interrogantes que nos planteamos quienes estamos interesados en la temática familiar; porque es profundo pero, a la vez, de lectura fácil y amena; porque nos atañe como latinoamericanos (...)

Estamos ante una obra que expresa la amplísima y meritoria trayectoria de investigación de su coordinadora, autora y coautora de la mayoría de las contribuciones que aquí se reúnen. Se trata de un libro que merece ser leído, pensado y reflexionado por múltiples razones: porque es comprometido; porque resulta de un abordaje inteligente: porque es completo, dado que analiza un sinnúmero de temas, cuestiones, desafíos e interrogantes que nos planteamos quienes estamos interesados en la temática familiar; porque es profundo pero, a la vez, de lectura fácil y amena; porque nos atañe como latinoamericanos.

Dividido en cinco partes, la primera, cuyo desarrollo está a cargo de Quilodrán, aborda los rasgos principales de la formación familiar en América Latina, en general, y en México, en particular. La segunda parte está consagrada a aspectos de la vida en pareja o en solitario, en distintos capítulos cuya autoría corresponde a Alexandra Boyer y Julieta Quilodrán, a Maribel Gómez y a Michelle Morales. El libro dedica una tercera parte a la transición a la vida conyugal, con una nueva contribución de Quilodrán en dos capítulos, uno de ellos en coautoría con Viridiana Sosa, y con la investigación de Adriana Pérez. La cuarta parte se concentra en las parejas y su descendencia, en trabajos que corresponden a Quilodrán –acompañada de Fátima Juárez y Viridiana Sosa–, a Julieta Pérez y Elsa Pérez y a Elías Esquivel. Por último, en la quinta parte se aborda la cuestión legislativa sobre la familia en dos estudios: un análisis del conjunto latinoamericano, a cargo de Jacqueline Vassallo, y un trabajo de Carmen Díaz sobre el caso particular del concubinato en México. En las conclusiones finales, la coordinadora, en un notable esfuerzo académico de síntesis, evidencia su capacidad pedagógica desarrollada en una larga trayectoria docente.

Hecha esta presentación general, vale la pena detenerse en los que, a nuestro criterio, constituyen algunos de los hallazgos más significativos que arrojan las investigaciones contenidas en la obra, Tras una lúcida y completa introducción, en la cual explica motivaciones, contenidos y estructura del libro, Quilodrán dedica la primera parte a interpretar las características más importantes del proceso de formación familiar en América Latina, en general, y en México, en particular. Realiza la reflexión desde una perspectiva demográfica, con una preocupación centrada en lo que denomina cambios postransicionales. La obra permite confirmar que, aunque con particularidades, también resultan visibles en América Latina transformaciones propias de los países desarrollados. Ratificando esta propuesta central del libro, el estudio constata que en México, por ejemplo, la edad promedio a la primera unión, si bien se ha elevado, se mantiene aún por debajo de la de los países más desarrollados socioeconómicamente y en los cuales existen diferencias menos contrastantes en la situación de los distintos sectores de la población. Algo semejante ocurre con la frecuencia de los divorcios y separaciones: muestran una tendencia creciente, aunque sin llegar a equiparar los niveles de países de la Europa Occidental. La investigación insiste, pues, en la importancia de considerar especificidades de nuestra región, aun cuando ella participa y comparte también, en cierta medida, comportamientos propios de países en donde las transformaciones postransicionales presentan desarrollos muy avanzados.

En efecto, los hallazgos expuestos demuestran que, tanto en México como en toda Latinoamérica, el descenso de la fecundidad continúa manteniendo niveles de reemplazo y que las uniones libres y los hijos nacidos fuera del matrimonio se han incrementado pero con la particularidad de que estas últimas vienen constituyendo en estos países la tónica de un modo de vivir en pareja a través de los siglos. De allí la idea, que recorre toda la obra, vinculada a la necesidad de insistir en establecer matices y prestar atención a las singularidades históricas de la región, observando cautela respecto de la afirmación de que nuestros países están asistiendo a una Segunda Transición Demográfica en forma plena. Porque, si en las regiones más desarrolladas el matrimonio ha dejado últimamente de ser la norma, la unión consensual tradicional (asociada, en general, a una población pobre, rural y poco escolarizada) –denominación utilizada para diferenciarla de las formas de convivencia de hecho, que constituyen actualmente un fenómeno corriente entre los jóvenes– ha constituido durante siglos una práctica corriente en toda América Latina, si bien con variantes e intensidades diversas según las sociedades y las épocas. Como lo revelan los resultados que se exponen en esta sección, ello hace que dichas formas seculares de vivir en pareja sin casamiento coexistan en la actualidad con una unión libre de características modernas (en la que la unión se está convirtiendo en sustituto del matrimonio civil y religioso, apropiándose de una de sus funciones sustanciales, como los es la reproducción), con sus consecuencias esperables: generalización de relaciones sexuales fuera del matrimonio; interrupciones de uniones por divorcio o separación cada vez más frecuentes; consiguiente incremento de probabilidades de contraer nuevas nupcias, especialmente en el caso de los varones, separados, divorciados o viudos. Todo ello involucra, por supuesto –y de acuerdo con las investigaciones compiladas en este libro–, nuevas formas de organizar la vida familiar y un impacto en las estructuras familiares, complejizándolas en el caso de las reconstituidas o simplificándolas al extremo en el caso de las monoparentales.

Esta valiosa producción académica contribuye a concientizar al lector respecto de la importancia de apuntalar la organización familiar en cualquiera de sus modalidades. Y lo afirma en forma expresa cuando subraya que la reproducción social recae en gran parte en la familia, por lo que resulta urgente asegurar los medios para garantizar la compatibilidad de las labores cotidianas del hogar con el desempeño de la mujer en la fuerza de trabajo, ya que las autoras entienden que en este aspecto muy poco se ha avanzado hasta el momento. Para ello proponen dos caminos: el de la sensibilización social y el vinculado a las políticas públicas a partir de información técnica, rigurosa y adecuada. En ese sentido, de esta obra surge la importancia de profundizar en las razones de los comportamientos familiares actuales y de dejar bien en claro que el modelo de familia patriarcal tradicional ya no responde necesariamente a la realidad.

El libro también se ocupa, a partir de datos y de técnicas cualitativas, de explorar el proceso de conformación de las parejas jóvenes, resaltando la mayor libertad que experimentan las nuevas generaciones para seleccionar compañero/a según sus gustos y conveniencia. En ese marco, el noviazgo aparece como la búsqueda de entablamiento de un lazo afectivo con la finalidad de procurar comprensión, apoyo, acompañamiento, sin condicionamientos económicos ni de estatus social, como sí los tenían, en cambio, nuestros antepasados históricos, presionados por las exigencias de sostener el andamiaje de sociedades prejuiciosas y desiguales como eran las coloniales. Los estudios de esta sección muestran que el matrimonio sería el resultado de un proceso de conocimiento estrecho del otro y, posiblemente, de un tiempo de convivencia. De esta manera, continuar unidos o dar el paso al casamiento dependería de diversos factores. La investigación sostiene que la convivencia premarital puede ser entendida como un eslabón del proceso de noviazgo que permitiría consolidar una relación estable y –especialmente desde la preocupación masculina– culminar los estudios y obtener un buen trabajo. Los resultados indican que la comunicación constituiría un factor clave en la buena convivencia y estabilidad de la unión. La diferencia entre el matrimonio y la convivencia estribaría en el grado de compromiso, el cual es mucho mayor en el matrimonio. Los principales requisitos para pasar de una forma de cohabitación a la otra serían la disponibilidad de una vivienda y un buen empleo. Para las investigadoras, el casamiento religioso estaría perdiendo fuerza frente a la unión civil o la convivencia sin matrimonio, si bien en México continuaría teniendo singular aceptación en las expectativas juveniles, muy especialmente femeninas (para los varones la unión civil tendría más entidad) por una cuestión cultural inculcada desde la más tierna infancia: las mujeres suelen vivirlo como un sueño, con todo el ritual que involucra. Una mayor equidad de roles entre los cónyuges constituiría la tónica de las nuevas relaciones; los jóvenes tienden a compartir obligaciones y responsabilidades. Esa igualdad se refiere tanto a la atención de las tareas de la casa como al trabajo fuera del hogar y al aspecto sexual –ya no se exige la virginidad femenina hasta la unión.

La novedosa perspectiva de análisis que propone la obra sobre el horizonte de emparejamiento en el caso de México –enfocado a partir de datos de estadísticas vitales para caracterizar las preferencias en la selección del cónyuge– muestra que la selección se daría, predominantemente, entre personas residentes en un entorno próximo, con edad similar y con escolaridad semejante. Efectivamente, se advierte una endogamia geográfica superior al 90% y al 80% en los niveles regional y local, respectivamente, con una diferencia de edades de entre 0 y 3 años en más del 40% de los cónyuges y cerca del 30% de parejas en las cuales los hombres no superaban en edad a las mujeres. Si bien la homogamia educativa es elevada, es también frecuente que la esposa tenga niveles educativos más elevados que el esposo. Una de las agudas preguntas que quedan planteadas a partir de esta investigación es si esta tendencia al igualamiento de edades y niveles educativos es expresión de una mayor cohesión social y de una disminución del poder patriarcal o si, en verdad, se trata de un simple fenómeno coyuntural. Las autoras plantean este interrogante como un desafío pendiente a dilucidar.

Otros rasgos de comportamientos que aproximarían, al menos, al México urbano a características de la std surgen del análisis de las diferencias de género y entre generaciones. La investigación encontró que no habría evidencia suficiente para señalar una disociación entre la vida sexual y conyugal ya que, tanto para hombres como para mujeres, a medida que la edad a la primera relación sexual va aumentando, el riesgo relativo de unión conyugal es mayor –siempre teniendo en cuenta que el riesgo que implica la relación sexual sobre la unión de una mujer es más fuerte que el que implica para el varón–. Asimismo, la investigación muestra que contar con un mayor nivel de escolaridad representaría menor riesgo de unión que haber alcanzado solamente una educación elemental básica. Según los resultados obtenidos, parecería que, conforme aumenta el grado de instrucción, los sectores urbanos retrasarían eventos demográficos tales como unirse en pareja a fin de obtener mayores niveles de educación. Por otra parte, en la población estudiada, el espaciamiento entre la primera relación sexual y la entrada en unión conyugal es corto entre las mujeres, mientras que, en el caso de los hombres, la unión tras la primera relación sexual se produce más tarde.

En la búsqueda de explicaciones del proceso transicional de la fecundidad en México, un análisis pionero que se realizó a partir de un grupo de mujeres y sus maridos aporta interesantes resultados sobre posibles motivaciones en la modificación de la descendencia, y demuestra que una de las causas significativas que inducen a tener menos hijos es la dedicación que los niños requieren tanto en tiempo como en dinero. Asimismo, las mujeres entrevistadas muestran una reconceptualización de la vida en pareja y una reivindicación del proceso de desvinculación de la vida sexual respecto de la reproductiva.

La obra resulta muy completa en los tópicos abordados y tampoco obvia la cuestión del aborto en tanto estrategia de regulación de la fecundidad –aunque cabe señalar que se aclara que México se ubica entre los países de América Latina con más baja ocurrencia del fenómeno–. Se estudia cómo, a partir de la utilización de métodos anticonceptivos modernos, se redujo sustancialmente, a través del tiempo y entre una generación y otra, la necesidad de recurrir al aborto. Asimismo, la investigación da cuenta de que, a medida que descendía el aborto, también se reducía la fecundidad.

Otro aspecto vinculado al género que se estudia en esta recopilación de trabajos tiene que ver con los niveles de fecundidad masculina –por cierto, más altos y tardíos que los femeninos, a pesar de que el tiempo de exposición al riesgo de tener hijos es más prolongado en el caso de los varones–. Además, el libro contiene un análisis comparativo interregional sobre patrones de fecundidad vinculados con el fenómeno inmigratorio. Los resultados arrojan la existencia de diferentes patrones de fecundidad y nupcialidad, cuyos extremos son: la región México-Centroamericana, impactada por una fuerte inmigración a Quintana Roo que aceleró la transición demográfica; la zona de Chiapas, donde esta transición se retrasó, en parte, por el retraso económico.

Uno de los capítulos aborda las determinantes de la fecundidad en otras regiones de Latinoamérica, como el caso de Haití. Se comprueba que, en ese país, las mujeres casadas y no casadas sexualmente activas no usan anticonceptivos aunque quieran evitar embarazos. Por ello, y con el fin de cubrir esta necesidad, el autor de la investigación reclama programas de planificación familiar, que, además, se complementen con información sobre métodos de anticoncepción y el suministro de anticonceptivos, de modo que las mujeres puedan tomar decisiones sobre las formas de evitar los embarazos acordes con sus costumbres y valores culturales. La idea subyacente en todo el artículo es que se promueva la reducción de los embarazos no intencionales (que son muchos, ya que en Haití la actividad sexual se inicia a edades muy tempranas).

En otra sección de la obra, una revisión de la regulación legal de la conyugalidad en Latinoamérica pone de manifiesto que, en los hechos, las mujeres estarían buscando superar la hipervaloración del espíritu de sacrificio y de responsabilidad en el cuidado que, desde el deber ser, se les endilga históricamente. Este capítulo también insiste en que el matrimonio está perdiendo peso frente a otras opciones de unión conyugal que no están reguladas por la ley, y recalca como variante del matrimonio heterosexual a la unión civil homosexual. El análisis sobre el concubinato en México revela que la legislación, al menos desde la letra de la norma, intenta equiparar los derechos y obligaciones del matrimonio con los de la convivencia concubinaria. Sin embargo, según la autora, aunque los efectos jurídicos de la ley van siendo más justos a través del tiempo, la unión sin matrimonio no logrará alcanzar el mismo impacto social que el casamiento en México.

En síntesis, la lectura de esta obra resulta altamente recomendable tanto para los expertos como para quienes desean iniciarse en el mágico universo de las transformaciones conyugales y familiares actuales.