Resumen

HOLA

El presente trabajo procura contribuir al conocimiento del vínculo entre las decisiones y dinámica migratorias y los procesos familiares, examinando la migración de mujeres y varones del Paraguay a la Argentina. El estudio se basa en datos primarios de encuestas a hogares relevados en 1999 y en 2003 en cuatro distritos del Paraguay y en el Área Metropolitana de Buenos Aires, Argentina. El análisis se realizó entre mujeres jefas o cónyuges y varones jefes de hogar, con y sin experiencia migratoria. Los principales resultados muestran que las paraguayas presentan patrones migratorios relativamente similares a los masculinos pues tienden a emigrar a Argentina en edades tempranas y solteras. De la comparación entre mujeres con y sin experiencia migratoria a la Argentina. surge que el haber emigrado retrasa la entrada a la vida conyugal así como el nacimiento del primer hijo. Se destaca, además, la importancia de las oportunidades laborales en el proyecto migratorio femenino.

Introducción

La inmigración del Paraguay a la Argentina tiene una larga tradición y constituye en la actualidad uno de los flujos migratorios intralatinoamericanos más numerosos. Este movimiento ha sido retroalimentado a lo largo de varias décadas por fuertes lazos con el país de origen y nutridas redes sociales migratorias y ha tenido una fuerte motivación laboral.

El elevado dinamismo de este flujo se observa claramente a lo largo de las dos últimas décadas. Tal es así que los datos del último censo de población (INDEC, 2010) indican que cerca del 8% de la población nacida en el Paraguay reside en la Argentina y que se concentra principalmente en el AMBA, más específicamente en los Partidos del Gran Buenos Aires. Entre 2001 y 2010 la población oriunda del Paraguay residente en nuestro país aumentó en un 69% (INDEC, 2010), alcanzando al medio millón de personas.

Una característica específica de esta migración es la importante presencia femenina: en el año 2010, prácticamente seis de cada diez migrantes paraguayos en la Argentina son mujeres (INDEC, 2010). Pero este predominio femenino no es nuevo. Ya hacia fines de la década de 1960, la llegada de mujeres paraguayas estuvo estrechamente vinculada a las oportunidades ocupacionales generadas en el sector del servicio doméstico dentro del mercado de trabajo del Área Metropolitana de Buenos Aires (Marshall y Orlansky, 1983). Más recientemente, durante la década de 1990, las desfavorables condiciones económicas del país de origen así como la atracción ejercida por un tipo de cambio favorable en la Argentina dieron un nuevo impulso a esta migración, la cual se incrementó en un 30% (Parrado y Cerrutti, 2003). Hoy en día, el servicio doméstico continúa constituyendo el principal nicho ocupacional de las mujeres paraguayas en la Argentina.

Si bien existe una larga tradición de estudios sociodemográficos sobre la inmigración de población de países limítrofes hacia a nuestro país, los antecedentes de investigaciones referidas a la dimensión de género en este proceso son relativamente escasos y recientes. Este trabajo, de carácter descriptivo, procura contribuir al conocimiento de esta temática examinando los vínculos entre las decisiones migratorias de las mujeres paraguayas a la Argentina y los procesos familiares, particularmente en lo que respecta a la formación familiar y a la fecundidad. Específícamente, se enfoca en un aspecto particular de la relación entre migración internacional y género: las interrelaciones entre familia y decisiones migratorias de varones y mujeres en el caso de la migración paraguaya a la Argentina. En tal sentido, las preguntas que aquí nos planteamos son las siguientes: en comparación con los varones, ¿cómo y cuándo migran las mujeres paraguayas?; ¿en qué situación conyugal y familiar se encontraban antes de migrar por primera vez a la Argentina?; y, finalmente, su decisión migratoria, ¿introduce cambios en los patrones de formación familiar? –más concretamente, ¿en qué medida la decisión migratoria de las paraguayas pospone o adelanta, en relación con sus pares no migrantes, la formación de la familia de procreación (entendida como unión en matrimonio o unión libre) y la tenencia de los hijos?

El presente trabajo se basa en información primaria de carácter binacional, es decir recolectada tanto en comunidades de origen como de destino. Esta encuesta presenta una serie de ventajas con respecto a otras fuentes secundarias para el estudio de la migración. En primer lugar, brinda la posibilidad de reconstruir la dinámica migratoria al tomar en consideración a la población en el Paraguay con y sin experiencia migratoria. En segundo lugar, debido a su énfasis en la migración como proceso –es decir, a su enfoque longitudinal que permite datar los eventos familiares y migratorios–, la información hace posible contrastar las trayectorias migratorias y familiares de mujeres y varones.

Migración, género y familia: mujeres paraguayas en la Argentina

Desde la década de 1980, se ha venido produciendo en Argentina un incremento de la representación de las mujeres en los flujos migratorios, particularmente en los provenientes de países limítrofes (Rivarola et al., 1979; Lattes, 1986; Maguid y Bankirer, 1995).

En el marco de los debates internacionales sobre los vínculos entre migración internacional y género, el análisis de la migración de mujeres del Paraguay a la Argentina presenta algunas peculiaridades. La incorporación de la dimensión de género en el estudio del proceso migratorio implica romper con una mirada que consideró por mucho tiempo a las mujeres como sujetos pasivos que migran por motivos familiares, haciendo hincapié exclusivamente en el carácter asociativo de la migración femenina (Curran et al., 2006; Pessar y Mahler, 2001). En este sentido, adhiere a la necesidad de establecer las relaciones entre sistemas de género y las especificidades de la migración de mujeres y varones (Hondagneu- Sotelo y Cranford, 1999; Pedraza, 1991; Pessar, 1986; Cerrutti y Massey, 2001).

Un primer aspecto relevante a tomar en cuenta para comprender el proceso de toma de decisión migratoria entre las mujeres paraguayas es el papel que históricamente ellas han desempeñado. Tradicionalmente, jugaron un rol central en las economías campesinas no solo en actividades de subsistencia sino también en aquellas vinculadas a la agricultura orientada a la exportación y en tareas relacionadas con el comercio y con los servicios personales. Como señala Potthast (1998), ellas han debido ocuparse, por ejemplo, de la comercialización de las producciones agrícolas familiares mientras los hombres vendían su fuerza de trabajo en explotaciones agrarias.

Ya desde la época de la colonia, era bastante frecuente que los varones de origen campesino se desplazaran por largos períodos de tiempo para realizar tareas de recolección y procesamiento de distintos productos agrícolas. Muchos de ellos no retornaban más a su pueblo o no lo hacían hasta después de varios años de ausencia; en tal contexto, las mujeres, además de continuar con las tareas de subsistencia y las actividades relativas a la esfera doméstica, asumieron un papel fundamental en el pequeño y mediano comercio de cosechas agrícolas y en la producción de tabaco y textiles. A lo largo del tiempo, las paraguayas continuaron desempeñando un papel relevante en la economía agraria, aunque su rol ha sido relativamente menos preponderante en la actualidad. Y esta característica se pone en evidencia en la estructura familiar: históricamente –y hasta el presente– la incidencia de hogares encabezados por mujeres ha sido elevada, particularmente entre los hogares rurales pobres (Potthast, 1996; Heikel, 2004).

Cuando se consideran esos procesos histórico-sociales, el poco dinámico desarrollo industrial y la concomitante lenta urbanización, no es de extrañar que la migración, tanto interna como internacional, haya constituido una estrategia de sobrevivencia de la población rural paraguaya.

En ese contexto y dada la importancia significativa que ha tenido la mujer como generadora de ingresos, la migración femenina no solo no fue socialmente condenada sino que se la promovió desde las comunidades de origen. En síntesis, la contribución económica de las mujeres a la reproducción de la familia –por su rol central en la agricultura minifundista y en la comercialización de las producciones agrícolas familiares y, más tardíamente, por su ocupación en el sector del servicio doméstico en las ciudades– y, por lo tanto, su mayor autonomía económica parecen indicar que el movimiento migratorio de las paraguayas hacia la Argentina ha sido, históricamente, más de carácter independiente que de orden grupal o asociativo (Cerrutti y Gaudio, 2010).

En función de esa elevada presencia femenina en los flujos migratorios desde el Paraguay hacia la Argentina, el presente estudio procura develar algunas características de las interrelaciones entre familia, género y proceso migratorio.

Datos y métodos

La indagación sobre las interrelaciones entre migración internacional y procesos familiares se basa en el procesamiento de información primaria proveniente de encuestas a hogares relevadas en el Paraguay y en la Argentina en 1999 y 2003. Si bien se trata de datos de hace varios años, presentan una serie de ventajas para la realización del presente estudio. La base de datos contiene información representativa sobre cuatro distritos del Paraguay (Carapeguá, San Roque González, Paraguarí y Piribebuy) y fue relevada en dos etapas, lo cual permitió analizar más apropiadamente la dinámica migratoria femenina. En 1999, se realizaron 300 encuestas a hogares en forma aleatoria en dos distritos del departamento de Paraguarí, en Paraguay, y 30 encuestas de similares características con migrantes paraguayos del AMBA provenientes de los mismos distritos. En el 2003, en una segunda etapa, se replicó la misma metodología, incluyendo otros dos nuevos distritos, lo que incrementó la muestra ampliándola a un total de 590 hogares en el Paraguay y a 70 encuestas complementarias en diferentes zonas del AMBA.

En las comunidades de origen, que reúnen poblaciones urbanas y rurales, los datos fueron relevados en hogares con miembros con y sin experiencia migratoria a la Argentina. El equipo de encuestadores estaba integrado por personas bilingües residentes en el área. Por último, la técnica de recolección utilizada fue la etnoencuesta o “encuesta etnográca”, que combina métodos cuantitativos y cualitativos y que, además, recoge información retrospectiva sobre distintos aspectos del curso de vida de los jefes y sus cónyuges o de las mujeres jefas de hogar, tales como matrimonio, fecundidad, trabajo y migración.

En cuanto a los métodos, el presente estudio se basa en análisis estadísticos descriptivos y en la estimación de probabilidades transicionales mediante el uso de tablas de vida. Con el propósito de mostrar los vínculos entre los procesos de formación familiar, la fecundidad y la migración, se presentan las probabilidades acumuladas especícas por edad de casarse/unirse por primera vez y de tener el primer hijo entre mujeres con y sin experiencia migratoria. Para el análisis de la entrada a la vida en pareja entre mujeres con y sin experiencia migratoria, se emplean archivos individuales años-persona desde la edad de 10 años hasta la edad en la que se casó/unió por primera vez. Las personas que nunca se casaron/unieron son casos truncados a su edad en el momento de la encuesta.

Las probabilidades transicionales se calculan dividiendo el número de individuos que experimenta la transición al primer matrimonio/unión durante una determinada edad por el número de personas que se mantienen solteros a inicios de dicha edad menos la mitad de los casos truncados durante la edad de interés. Las probabilidades acumuladas de casarse por edad se estiman como:

donde Qy Qson la probabilidad acumulada de haberse casado/unido a principios de la edad y edad respectivamente; y q es la probabilidad transicional de casarse/unirse durante la edad (dado que la persona continuó soltero/a hasta esa edad). La misma metodología se utiliza para estimar la edad al primer hijo; y, en este caso, las mujeres que nunca tuvieron hijos son los casos truncados al momento de la encuesta.

Inmigrantes paraguayos a la Argentina: sus rasgos sociodemográficos

Los datos de la Encuesta sobre Migración Paraguaya a la Argentina (CENEP, 1999 y 2003) muestran que en los hogares entrevistados en el Paraguay la proporción de varones jefes de hogar con experiencia migratoria a la Argentina es mayor que la de las mujeres jefas y cónyuges (20% vs 12%, respectivamente). Posiblemente estas diferencias se deban no necesariamente a una menor propensión emigratoria de las mujeres sino a que los varones paraguayos tienden más a retornar al país de origen mientras que las mujeres muestran una mayor tendencia a establecerse en la Argentina.

Vale mencionar que la Ciudad de Buenos Aires, el Gran Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires constituyen en conjunto el principal destino que las mujeres jefas de hogar o esposas eligen al emigrar hacia la Argentina (94%). Si bien este destino también es predominante entre los varones, casi una cuarta parte de ellos se inclinaron por otras regiones(provincias del nordeste argentino). Este patrón concuerda con las oportunidades ocupacionales disponibles para unos y otras, particularmente en el pasado (Marshall y Orlansky, 1981; Cerrutti y Parrado, 2006).

A pesar de la facilidad de entrada de los migrantes limítrofes a la Argentina, la circularidad migratoria no es muy elevada: ocho de cada diez mujeres y siete de cada diez varones han migrado solo una vez a la Argentina, lo que indica una mayor tendencia a establecerse en nuestro país, en muchos casos por años sin haber regularizado su situación legal. Cabe agregar que, en general, los encuestados realizan un elevado número de viajes por cortos períodos de tiempo que no son considerados por ellos como movimientos migratorios, sino como vacaciones.

La facilidad de cruzar la frontera y permanecer de modo irregular en territorio argentino ha favorecido históricamente el desplazamiento de mujeres, tanto de manera independiente como con sus familias. Por tratarse de viajes relativamente fáciles y de bajo riesgo, la migración femenina ha sido socialmente aceptada y fomentada por los propios parientes en el Paraguay (Cerrutti y Gaudio, 2010).

Vale destacar que cuatro de cada diez migrantes señalaron tener parientes cercanos en la Argentina al emprender la primera migración. Si bien los parientes más frecuentemente señalados son hermanos, existe una diferencia entre varones y mujeres: estas últimas indican con mayor frecuencia la influencia de hermanas más que de hermanos, mientras que entre los varones se da la situación inversa. Esta circunstancia podría ser indicativa de que las redes sociales migratorias asumen formas y funciones diferentes para los varones y para las mujeres (Hagan, 1998).

En cuanto a la edad en que emigran por primera vez, los patrones migratorios femeninos se revelan bastante parecidos a los masculinos: ambos tienden a hacerlo cuando son bastante jóvenes. Según se observa en el Cuadro 1, las personas de ambos sexos emigran en edades tempranas: alrededor de seis de cada diez migraron por primera vez entre los 15 y los 24 años de edad. Sin embargo, se encuentran algunas diferencias por sexo: mientras que entre los varones jefes de hogar la mayoría migró entre los 20 y 24 años (33%) –es decir, en edades más propensas a la formación de una familia propia–, entre las jefas o esposas la mayor parte emigró durante la adolescencia (32%).

Cuadro 1. Migrantes paraguayos (jefes, jefas o esposas) clasificados por la edad a la primera migración a la Argentina, según sexo. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

Por otro lado, para ambos sexos, es relativamente baja la proporción de personas que emigraron por primera vez siendo niños/as (6%). Sin embargo, cabe señalar que esto se debe a que el análisis se centró exclusivamente en los jefes, sus cónyuges o jefas de hogar; si se realiza el cálculo incluyendo a quienes en los hogares paraguayos son hijos e hijas con experiencia migratoria, dichos porcentajes ascienden a 12% y 14% respectivamente.

El contexto familiar antes de partir

El lugar que ocupan los individuos en el seno de su familia determina en gran medida sus obligaciones y responsabilidades para con ella. Este lugar, a su vez, se encuentra estrechamente vinculado al sexo y la edad de las personas, lo que condiciona la posibilidad de emprender un movimiento migratorio (tanto independiente como asociativo) hacia el extranjero. Teniendo en cuenta estos señalamientos, resulta relevante estudiar cómo influye el contexto familiar en las decisiones y dinámicas migratorias de las mujeres paraguayas que se desplazan hacia la Argentina, así como también avanzar en el conocimiento sobre los cambios que introduce esa migración en los patrones de formación familiar.

El estado conyugal a la fecha de la migración posibilitó reconstruir la secuencia entre matrimonio (o unión libre) y el evento de la primera migración a la Argentina (Cuadro 2). Los datos permiten establecer que las mujeres de origen paraguayo suelen migrar en una etapa del curso de vida relativamente similar a la de los varones, esto es, cuando son jóvenes y solteras. En efecto, prácticamente, dos tercios de los varones y más de la mitad de las mujeres (66% y 51% respectivamente) eran solteros o separados cuando migraron por primera vez, y algo más de una de cada tres mujeres migró estando casadas o en unión (34%). Llama la atención que un número significativo de mujeres señaló haber migrado el mismo año en que se unió o se casó, situación poco común entre los varones. Esto podría deberse a que el motivo de la migración fue casarse/unirse con una pareja que ya residía en la Argentina, o a que mediante la unión o casamiento se legitimaba la decisión de migrar de la mujer.

Cuadro 2. Migrantes paraguayos (jefes, jefas o esposas) clasificados por estado conyugal al migrar por primera vez a la Argentina, según sexo. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

Acorde con el perfil marcadamente joven y con elevada presencia de solteras de la migración femenina, se observa que solo una minoría de las migrantes paraguayas ya tenía hijos al momento de emprender su primera migración. En efecto, entre las que han sido madres y que fueron encuestadas en el país de origen y de destino, tan solo el 36% migró después de haber tenido su primer hijo.

Al analizar conjuntamente el estado conyugal y la presencia de hijos al momento de emprender la primera migración, surge que entre las mujeres jefas o esposas con experiencia migratoria más de la mitad migró por primera vez siendo soltera, separada o viuda sin hijos (55%) y una de cada diez no tenía pareja pero sí hijos. Solamente una de cada cuatro mujeres emprendió su primera migración unida o casada y con hijos (Cuadro 3). Esta característica permite afirmar que en la migración de mujeres paraguayas a la Argentina no predomina, ni siquiera se destaca, la migración de carácter asociativo familiar.

Cuadro 3. Porcentaje de migrantes paraguayas clasificadas por estado conyugal y por presencia de hijos al migrar por primera vez a la Argentina. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

El efecto de la migración en los procesos de formación familiar

La entrada a la vida en pareja –vía matrimonio o unión consensual– así como la tenencia de un hijo constituyen transiciones particularmente significativas en el curso de la vida de una persona. Con el propósito de analizar la relación entre migración y formación familiar, se estimaron las probabilidades acumuladas específicas por edad de formación de pareja –primera unión matrimonial o consensual– para varones y mujeres de origen paraguayo con y sin experiencia migratoria (Gráfico 1). Asimismo, se calcularon las probabilidades específicas por edad de tenencia del primer hijo para mujeres con y sin experiencia migratoria (Gráfico 2).

Gráfico 1. Probabilidad acumulada específica por edad de casarse/unirse por primera vez. Jefes, jefas o esposas con y sin experiencia migratoria a la Argentina. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

El Gráfico 1 sugiere que, como ocurre en variados contextos, con independencia de la experiencia migratoria a la Argentina, las mujeres tienden a casarse o a unirse a edades más tempranas que los varones. Al analizar separadamente a quienes cuentan con una experiencia migratoria y a quienes no la han tenido, se observa que, para ambos sexos, el haber migrado a la Argentina pospone la edad a la primera unión en pareja. La mitad de la probabilidad de casarse o unirse es alcanzada aproximadamente a los 21 años por las mujeres sin experiencia migratoria y a los 23 años por las que alguna vez migraron. Entre los varones se detecta un patrón similar: alcanzan esa probabilidad a los 25 y 27 años, respectivamente. Para cuando llegan a los 35 años de edad, prácticamente todos tienen la misma probabilidad de haberse casado o unido.

En relación con la tendencia a tener el primer hijo, la probabilidad acumulada por edad entre las paraguayas con y sin experiencia migratoria es similar hasta los 15 años y aproximadamente después de los 35 años, pero en las edades intermedias se observan diferencias significativas (Gráfico 2). Las mujeres que nunca emigraron tienen su primer hijo a edades más tempranas que las que migraron alguna vez. A modo de ejemplo, mientras que el 50% de las que no migraron tienen su primer hijo a los 22 años de edad, el 50% de aquellas que sí lo hicieron lo tienen a los 27 años.

Migración y arreglos familiares

Las formas de convivencia y los arreglos familiares de las mujeres con experiencia migratoria constituyen otros acercamientos a la relación entre migración y formación familiar. El Cuadro 4 muestra con quiénes vivían estas mujeres antes de partir del Paraguay y con quiénes vivieron una vez que llegaron por primera vez a la Argentina. En primer lugar, dado que la mayoría de las migrantes encuestadas arribó al país de destino antes de cumplir los 25 años, no es de extrañar que, al interrogar con quiénes vivían antes de partir, el 69% de las mujeres haya respondido que lo hacía con sus padres o hermanos. Dentro de este grupo, cinco mujeres que ocupaban el rol de hijas en el hogar vivían también con los hijos antes de partir a la Argentina. Sin embargo, la proporción de aquellas que residían solo con su cónyuge o con el cónyuge y los hijos es relativamente baja (10%).

Cuadro 4. Porcentaje de migrantes paraguayas (jefas o esposas) clasificadas por con quiénes convivía antes de partir y con quiénes vivió cuando llegó por primera vez a la Argentina. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

Ahora bien, a primera vista llama la atención que, a pesar de que el 36% de las paraguayas era madre antes de migrar por primera vez a la Argentina (Cuadro 3), solo algunas de ellas (18%) vivían con los hijos antes de salir de su país (Cuadro 4). Ello se debe en (gran) parte a un fenómeno bastante común en la sociedad paraguaya: la migración interna de mujeres que son madres y que dejan a sus hijos al cuidado de familiares, principalmente de la abuela materna. Cualquiera sea el caso, se observa que la migración a edades tempranas y antes de la formación de la familia de procreación parece ser la más frecuente.

Ahora bien, una vez que llegan a la Argentina por primera vez, las paraguayas establecen distintas formas de convivencia. Prácticamente ninguna convive con su familia de origen (padre o madre); la mayoría reside con otras personas –otros parientes y amigas o conocidas– o algunas incluso viven solas (43%). Solo el 21% vive con el cónyuge y/o hijos, lo que reflejaría que son relativamente pocas las que viajaron por motivos de reunificación familiar. Por último, no es baja la proporción de aquellas que migraron con un trabajo asegurado pues una de cada diez vive en la casa de sus empleadores ni bien arriba a la Argentina.

Al preguntarles con quiénes viven actualmente –al momento de la encuesta–, si bien la mayoría de las paraguayas (jefas o esposas) respondió que residía con el cónyuge y/o hijos, aquellas mujeres que tenían experiencia migratoria –tanto las encuestadas en nuestro país como en el Paraguay– presentaron una mayor diversidad de formas de convivencia que sus compañeras no migrantes, residiendo con otros parientes o personas cercanas –tíos, primos, hermanas, amigas, etc.–. Y también entre las primeras fue más elevada la proporción de las que vivían con el cónyuge, los hijos y la familia de la pareja.

Los motivos de la migración

Hasta hace unas décadas, en los estudios sobre migración internacional predominaba la idea de que quienes emigraban en forma independiente, en búsqueda de mejores condiciones de vida y desarrollo personal, eran los varones, mientras que las mujeres mayormente los secundaban (Pedraza, 1991; Brettel y Simon, 1986; Pessar, 1984). Si bien esto podría ser cierto en el caso de algunos flujos migratorios, no es correcto considerarlo como un rasgo general de las migraciones femeninas. Como se ha venido argumentando, en el caso del presente estudio ciertamente no lo es.

Además del examen de los patrones migratorios, otra forma de poner en evidencia las particularidades de la migración paraguaya a la Argentina es a partir del análisis de los motivos declarados por los propios migrantes. La encuesta permite un acercamiento a esta temática ya que incluye una pregunta abierta sobre la principal razón por la que los paraguayos decidieron dejar su país de origen.

Dado el menor dinamismo de la economía paraguaya en relación con la argentina, así como las diferencias salariales y la estructura de oportunidades ocupacionales en destino (mayor demanda de mano de obra en trabajos específicos, como el sector de la construcción, el servicio doméstico y el cuidado de personas) y en origen, no sorprende que las razones laborales y económicas constituyan el principal motivo esgrimido por el 90% de los varones (Cuadro 5). Sin embargo, también parece ser la principal motivación de las mujeres: tres de cada cuatro señalaron los mismos motivos que los varones.

Cuadro 5. Porcentaje de paraguayos (jefes, jefas o esposas) que migraron con 18 y más años clasificados por principal motivo de la migración a la Argentina, según sexo. Paraguay y Argentina. Años 1999 y 2003

Fuente: Encuesta sobre Migración Paraguaya a la Argentina 1999 y 2003 (CENEP).

El 25% de las mujeres argumentaron otras razones, entre las que predominan aquellas de índole familiar (reencontrarse con la pareja y/o hijos, o reunirse con la familia de origen, etc.) y las afectivas. Y dentro de estas últimas, se destaca la intención de rehacer su vida luego de una separación conyugal o la de marcharse frente a la reprobación familiar por un embarazo de soltera o una relación de pareja. Asimismo, se mencionan otras numerosas razones por las que las personas deciden trasladarse hacia otro país (para conocer, para estudiar, para acompañar a un familiar enfermo, por un problema de salud propio, por haber ido de vacaciones y tomar la decisión de quedarse, etcétera).

Al examinar las respuestas dadas por quienes arribaron a la Argentina cuando eran niños o adolescentes, es decir, por las personas que emigraron teniendo menos de 18 años de edad, si bien, desde luego, aumenta la relevancia de haber migrado acompañando al adulto a cargo (principalmente a los padres u otro familiar), las necesidades económicas y la búsqueda de mejores oportunidades laborales continúan representando la principal causa que motivó la salida del país de origen, incluso entre las mujeres (71%).

En síntesis, entre las mujeres paraguayas, la motivación laboral ha sido y sigue siendo muy significativa, constituyendo la principal razón esgrimida para la migración. Ello no resulta extraño si, por un lado, se considera la dificultad que dichas mujeres han tenido para conseguir empleo así como para lograr mejores condiciones laborales en origen y, por otra parte, si se tiene en cuenta la tradicional demanda de mano de obra internacional en el sector de servicios de cuidado y empleo doméstico en áreas urbanas de la Argentina. Estos hallazgos corroboran el carácter independiente del desplazamiento que emprenden las migrantes paraguayas hacia la Argentina.

Reflexiones finales

Este trabajo examina un aspecto específico de la migración de mujeres paraguayas a la Argentina: los vínculos entre migración, formación de pareja y maternidad. Sobre datos de una encuesta de carácter binacional que permite recomponer las trayectorias migratorias, se muestra, por un lado, que las mujeres paraguayas presentan patrones migratorios relativamente similares a los de los varones: tienden a emigrar a la Argentina en edades tempranas y solteras.

Asimismo, se pone en evidencia que, en su enorme mayoría, eligen establecerse en el Área Metropolitana de Buenos Aires y optan por migrar solo una vez. Este hecho sería indicativo de una creciente propensión a radicarse de modo permanente en nuestro país y de una tendencia a realizar con mayor frecuencia viajes por cortos períodos de tiempo para efectuar visitas a parientes.

Las mujeres paraguayas tienden también a migrar antes de formar pareja y de haber iniciado su maternidad. Entre aquellas que sí tenían hijos y migraron, es común el haber emprendido la migración luego de una ruptura conyugal (es decir, migran particularmente las madres separadas o divorciadas).

Por otro lado, se advierte que la migración (o inicialmente el propósito de migrar) retrasa la formación de la familia de procreación de las paraguayas en comparación con sus connacionales que carecen de experiencia migratoria a la Argentina. Lo mismo ocurre al considerar la tenencia del primer hijo: respecto de las mujeres no migrantes, las migrantes tienen mayor tendencia a posponer la maternidad

Por último, si bien los hallazgos ponen de manifiesto que estas mujeres emprenden su proyecto migratorio por una diversidad de motivos –y aunque los aspectos familiares y de carácter afectivo se mencionan con cierta frecuencia–, las razones laborales y económicas constituyen la principal causa de su migración.

En conjunto, los resultados son indicativos de una particularidad de la migración femenina paraguaya a la Argentina: en contraste con una migración asociativa o vinculada a procesos de reunicación familiar, estas mujeres son claramente protagonistas de su proyecto migratorio en búsqueda de mejores oportunidades laborales.

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