Resumen

HOLA

Reseña bibliográfica: Encuentros disciplinarios y debates metodológicos. La práctica de la investigación sobre migraciones y movilidades. Liliana Rivera Sánchez y Fernando Lozano Ascencio (coordinadores) México D.F., unam, crim y Miguel Ángel Porrúa, 2009, 221 pp.

Todo ello confiere a esta publicación un especial atractivo para los estudiantes de Ciencias Sociales, quienes, en los niveles de licenciatura y posgrado, siempre nos enfrentamos a la necesidad de hacer investigación, sobre todo, para la elaboración de la tesis de grado. En los cursos de metodología, se nos enseña tano las partes que integran un proyecto de investigación como aquellas que debe contener el respectivo informe. Parece sencillo: se elige un tema, se plantea un problema de investigación, se constituye un marco teórico, se postulan determinadas hipótesis (que se desprenden del marco teórico), se elabora una estrategia de análisis y una estrategia metodológica, se diseñan los instrumentos con los que recabaremos información para poner a prueba las hipótesis, se recopila la información, se redacta el informe, y el resultado es una tesis concluida y un titulado o titulada feliz. Sin embargo, muchas veces la historia no tiene un final feliz, porque hay quienes no logran superar alguna de las etapas.

Por un lado, puede suceder que nuestro marco teórico, nuestras hipótesis y nuestra estrategia analítica no se encuentren vinculados con la estrategia metodológica que nos planteamos y con nuestros instrumentos de recopilación de información. Por otro lado, puede ocurrir que la información que recopilamos no sea explicada por nuestro marco teórico, ni por nuestra estrategia de análisis, aun cuando haya correspondencia entre el marco teórico y analítico y la estrategia metodológica e instrumentos seleccionados. También es probable que nuestras preguntas de investigación no encuentren la repuestas previstas en nuestras hipótesis; es decir, en muchas ocasiones nos enfrentamos al hecho de que la realidad no se ajusta a la teoría, o de que la propuesta analítica diseñada no sea la más apropiada para el modo en que se comporta el objeto que nos interesa estudiar.

Ante tales situaciones, los manuales de metodología de la investigación no nos señalan qué rutas podemos tomar. Y esto es así porque no existen recetas infalibles para hacer investigación con las altas dosis de rigor, disciplina y creatividad requeridas. Sin embargo, como estudiantes, necesitamos hojas de ruta para guiarnos, es decir, las experiencias de otros investigadores que nos permitan ver cómo han sorteado las dificultades que implica el ejercicio de conocer lo desconocido. Al fina y al cabo, la práctica científica es un oficio que se aprende investigando y con la guía de las obras y experiencias del maestro.

En este sentido, el libro que coordinan Rivera y Lozano cumple un papel importante porque, en cada capítulo, muestra con detalle cómo se llevó a cabo la investigación, desde el diseño hasta su reelaboración, y, en algunos casos, cómo se llegaron e expresar los hallazgos en la redacción del informe o de los resultados de la investigación. Todos los capítulos muestran con claridad el modo en que se planteó el respectivo proyecto de investigación, el proceso de selección de las unidades de análisis y, en varios casos, la manera en que, una vez que se ingresó al trabajo de campo, se reformularon los ejes y las unidades de análisis.

De allí la utilidad de esta obra para estudiantes que se encuentran embarcados tanto en el diseño de proyectos de investigación como en el trabajo de campo e, incluso, en el análisis de la información. En suma, lo que los trabajos contenidos en el libro aportan a los estudiantes es una enseñanza de cómo se hace investigación en las ciencias sociales, en general, y en los estudios de migración, en particular. De manera específica, cada capítulo permite ver en detalle partes del proceso de investigación y sobre todo, lo que los coordinadores llaman la dialéctica de la investigación, es decir, la interacción constante entre teoría y realidad empírica, mediada siempre por los instrumentos analíticos y metodológicos. Así, el estudiante se hace una idea más vivida de los riesgos y desafíos, de las avenidas y vericuetos por los que los estudiosos transitaron en una investigación específica para poder arribar a la comprensión de un fenómeno que, a primera vista, aparecía como desconocido, como desconcertante.

No detallaremos cada uno de los trabajo presentados en el libro. Solo resaltaremos algunos.

En el Capítulo II, “Asentamiento residencial y movilidad en el Valle de San Quintín. Reflexión metodológica sobre una investigación interdisciplinaria”, Marie Laure Coubés, Laura Velasco y Christian Zlolniski nos presentan “la experiencia metodológica de un estudio multi e interdisciplinario sobre el proceso de asentamiento de trabajadores y familias en el Valle de San Quintín desde la década de 1980” (p. 27). Lo primero que llama la atención del trabajo realizado es que se busca entender lo que posibilita el asentamiento residencial de los migrantes procedentes del sur de México y sus implicaciones en términos de organización social, acción política y demanda de servicios, pero también cómo dicho asentamiento se articula con otras formas de movilidad individual y familiar. Los autores consideran que un abordaje que considere un primer movimiento migratorio, luego un asentamiento residencial y posteriores movilidades, con todas las implicaciones sociales, políticas y culturales que conllevan, no es posible si el problema se encara desde una sola disciplina. Por ello integraron este equipo multidisciplinario, que se compone de una demógrafa, una socióloga y un antropólogo. La construcción del problema parte de la observación de un crecimiento poblacional en el Valle de San Quintín desde la década de 1980, pero también de la constatación de un paulatino proceso de asentamiento residencial de grupos indígenas que regularmente son contratados para trabajar en los campos de cultivo. Así, sobre la base de este hecho empírico, los autores profundizan en su comprensión mediante el planteamiento de dos acercamientos teóricos: por un lado, recurren a la literatura que explica el proceso de asentamiento desde una óptica de colonización o poblamiento posibilitado por la presencia de vías de comunicación y por proyectos de desarrollo, en este caso, de la agricultura comercial; por otro lado, el proceso de asentamiento se explica por “los mecanismos, estrategias y acciones colectivas por medio de los cuales nuevos pobladores, generalmente inmigrantes, tratan de incorporarse e integrase a un nuevo entrono ecológico y/o social” (p.35). Sin embargo, estas pautas de integración social no necesariamente implican el cese de la movilidad para todos los miembros de la familia, pues finalmente se mantienen los vínculos con los lugares de origen, y las nuevas residencias pueden servir como puntos de inicio de nuevas trayectorias migratorias. Este último argumento es construido a partir de la literatura sobre movilidades que han impulsado la perspectiva transnacional.

Ahora, lo relevante de los distintos abordajes teóricos propuestos como explicativos es que, sobre la base de la información empírica inicial, los autores no los consideran como opuestos o rivales sino como complementarios, pues, desde diferentes dimensiones de análisis, arrojan una mayor compresión del asentamiento residencial en San Quintín y de sus implicaciones sociales, políticas y culturales: un primer abordaje —desarrollado por la historia y la geografía— desarrollados por la sociología, la antropología y la demografía— permiten una comprensión meso y micro del problema a estudiar. En suma, la enseñanza es que la elección de los enfoques teóricos no obedece a cuestiones ideológicas, sino a las necesidades que reclama la realidad empírica.

Una vez que los autores identifican los conceptos relevantes, siempre tejidos con la información empírica disponible, plantean las hipótesis que los orientarán en la investigación para, enseguida, diseñar los instrumentos y elegir los métodos que les permitan resolver las preguntan, teniendo claras las dimensiones y los ejes de análisis. En el diseño de los instrumentos y de los métodos se deja sentir la fuerza de cada una de las disciplinas, aun cuando, como vimos, la investigación es de carácter multidisciplinario. Es que se buscó aprovechar la experiencia y las fortalezas que la disciplina imprimía para profundizar de mejor manera el objeto de estudio.

El capítulo hasta aquí reseñado no es el único que muestra claramente cómo una investigación siempre se diseña tejiendo la teoría con la información empírica disponibles, para que no exista un divorcio entre la teoría y la realidad. El Capítulo III, “Una mirada comparativa a la relación entre migración y mercados de trabajo femeninos en el contexto de la globalización: el caso del servicio doméstico. Notas metodológicas”, de Marina Ariza, también es un ejemplo de ese entretejido de teoría e información empírica; más aún, pone de relieve cómo se elige una estrategia metodológica, en este caso desde una aproximación comparativa, considerando y haciendo explícitos los supuestos epistemológicos en los que se funda.

Otras investigaciones se enfrentan al hecho de que los planteamientos analíticos iniciales son rechazados por la realidad empírica, de modo que obligan al investigador o investigadores a reconstruir ya sea los jefes de análisis, o las categorías analíticas y/o la estrategia metodológica. Así sucedió en las investigaciones que se presentan en los Capítulos IV (“Desplazamiento interno y refugio: Reflexiones metodológicas sobre un proceso de investigación comparativas”, de Pilar Riñao y Marta I. Villa), V (“Reformulación de las unidades, identidades, temporalidad, cultura y contextos: reflexiones sobre la investigación de los movimientos migratorios”, de Luin Goldring y Patricia Landolt), VI (“Entre los contextos de salida y las modalidades de la organización social de la migración. Una radiografía del proceso de investigación”, de Liliana Rivera y Fernando Lozano) y VII (“Investigando en ‘origen’: repensando el espacio social transnacional desde los contextos de salida”, de Alicia Torres y Gioconda Herrera).

Por razones de espacio, solo comentaremos aquí el trabajo de Luin Goldring y Patricia Landolt. Estas autoras habían venido investigando el fenómeno migratorio de latinoamericanos a los Estados Unidos y, recientemente, estudiaron la migración de latinoamericanos a Canadá; y en el trabajo que reseñan en este libro muestran cómo se enfrentaron al hecho de que la realidad empírica encontrada en el trabajo de campo las obligaba a redefinir algunos de sus supuestos, objetivos, conceptos y categorías analíticas. Además, tales redefiniciones las condujeron a reflexionar sobre la pertinencia del método comparativo en los estudios de migración y las orientaron a una discusión sobre las aportaciones de una perspectiva transnacional a principios epistemológicos, subyacentes en el método comparativo, referidos a las unidades de análisis tradicionales en los estudios de migración en particular y en las ciencias sociales en general.

Integradas a un proyecto de investigación más amplio que buscaba entender las solidaridades internacionales y la incorporación de distintos grupos nacionales de inmigrantes a Canadá, las autoras se propusieron “estudiar y comparar cuatro grupos de refugiados: chilenos, salvadoreños, guatemaltecos y colombianos” (p.149), que llegaron a Toronto en distintos períodos: en la década de 1970 los chilenos, en la de 1980 los salvadoreños y guatemaltecos, y en la de 1990 los colombianos. Dado que se trataba de un abordaje comparativo, se suponía que, al trabajar con grupos nacionales de refugiados y con diferentes temporalidades, se cumplía el supuesto de comparar unidades de análisis discretas e independientes.

En primer lugar, se partió de suponer que todos los refugiados habían salido de un mismo contexto —en este caso de violencia— y que dicho contexto de salida incidía de la misma manera en la categoría de refugiado; sin embargo, el trabajo de campo les llevó a reconsiderar este supuesto, ya que, si bien el ambiente de violencia era generalizado en los cuatro países, sus causas no eran las mismas, de modo que, al momento de la inmigración, la categoría de refugiado no era significada de la misma manera por cada uno de los grupos nacionales: mientras que para los chilenos implicaba posibilidades de organización política en Canadá y su vinculación con organizaciones políticas canadienses, para los colombianos implicaba cierto estigma, por lo que evitaban asumir tal categoría.

Un segundo elemento problemático que surgió durante el trabajo de campo fue el supuesto de que cada uno de los momentos de arribo de los grupos a estudiar era independiente, de modo que suponía que los contextos de recepción eran distintos. Pronto se percataron de que eso no era así, sino que “el contexto de llegada se modifica continuamente con las llegadas sucesivas debido a diferentes mecanismos, entre ellos su interacción con los grupos de la sociedad civil canadiense y su propia estructuración del paisaje político e institucional” (p.150).

Finalmente, reconsideraron el origen nacional como una categoría centra y una unidad de análisis discreta. En el desarrollo de grupos focales, descubrieron que la nacionalidad no era la única forma de organización para la incorporación política de los inmigrantes, sino que había formas de organización no nacional; además, advirtieron que no todas las organizaciones de inmigrantes de un mismo país generaban las mismas formas de asociación. Así pues, el origen nacional no podía ser considerado una unidad de análisis sin más, sino que, en el caso de los inmigrantes, contenía una heterogeneidad de pautas de acción y organización. Este reconocimiento las llevó cuestionar la existencia de culturas organizativas nacionales y más bien a “enfocarse en el análisis de las interacciones registradas en un patrón entre actores políticos inmigrantes y no inmigrantes” (p.148).

En resumen, una lectura atenta de la información empírica que se recoge durante el trabajo de campo puede conducir a reformular planteamientos iniciales, ejes analíticos, categorías analíticas, estrategia metodológica e instrumentos de recopilación. Un trabajo serio de investigación no puede dejar de lado los casos que no se ajustan al modelo analítico; por el contrario, debe obligar al investigador a volver inteligible aquello que se presenta como “raro”, incomprensible. Es más, quizás sea en este momento cuando comienza seriamente la investigación, que no consiste en otra cosa que en conocer lo desconocido o darle sentido a lo que se presenta como caótico. En ese instante, es decir, cuando se busca encontrar el sentido de aquello que aparece como caótico, es cuando comienza también el proceso de construcción teórica, pues el término griego teoría significa, precisamente, ver.

Como señalábamos al inicio, el libro es de lectura relevante no solo para los estudiantes sino también para los estudiosos de la migración y de las movilidades. Uno de los elementos que aparece en todos los trabajos es la preeminencia de considerar las dimensiones ontológicas de espacio y tiempo no como menos contenedores de fenómenos sociales, sino como productos de las interacciones sociales tanto de los individuos como de las familias, de las redes sociales, de las instituciones y de las políticas de los Estados nacionales involucrados en los movimientos de personas. Así, un eje que guía todos los trabajos es la comparación como una estrategia metodológica. En todas las investigaciones contenidas en el libro surge que las comparaciones pertinentes para los estudios de migración no son las entidades discretas —como grupos étnicos, tipos de migrantes según su origen nacional o social, etc.— sino los procesos sociales que posibilitan las migraciones o que estas desencadenan. La posibilidad de ver las temporalidades y espacialidades como socialmente construidas y generadoras de nuevas causalidades y procesos sociales, a partir de la interacción de los diferentes niveles de realidad los que los individuos, las familias y las instituciones construyen sus vidas, está dada por la apuesta de los autores de romper con el nacionalismo metodológico. La potencialidad de los abordajes desde una perspectiva transnacional para dar cuenta de las implicaciones de la globalización en la constitución de lo social queda demostrad en todos los trabajos contenidos en esta recopilación. Y no nos explayamos más al respecto para animar al lector o lectora a profundizar el tema en el libro.