Resumen

HOLA

Los envíos de remesas que los migrantes mexicanos realizan desde los Estados Unidos a sus familiares que se quedan en sus comunidades y pueblos de origen constituyen una fuente importante de recursos económicos tanto para la economía nacional como para miles de familias que las reciben. Sin embargo, es de destacar que no todos los hogares con miembros migrantes en ese país reciben remesas, ni todos los migrantes remiten dinero en la misma cantidad, ritmos y frecuencias, ya que tanto el acto de enviar como el de recibir remesas están determinados por una gran variedad de factores sociodemográficos, económicos y culturales. Este trabajo examina los factores personales, familiares y contextuales que influyen en la propensión a remitir dinero a México entre la población de origen mexicano residente en la zona metropolitana de Chicago; al mismo tiempo, se discuten los resultados encontrados en otros trabajos previos y se describe el perfil sociodemográfico de la población mexicana que realiza envíos de remesas a su país. Para ello se empleó información recopilada por la encuesta del año 2005 “Caracterización de la población de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago”

Introducción

La migración mexicana a los Estados Unidos ha significado a lo largo de su ya centenaria historia una importante inyección de recursos económicos para México. Tan solo entre 2000 y 2005, más que se triplicó el monto de remesas que ingresaron al país, al pasar de 6,6 mil millones de dólares en 2000 a algo más de 21,6 mil millones de dólares en el año 2005. En ese período, México ocupó el primer lugar entre los países receptores de América Latina y el segundo a nivel mundial, solo por debajo de la India. Las remesas constituyen en la actualidad la segunda fuente de divisas del país, después de las exportaciones petroleras, y superan los montos de la inversión extranjera directa (Banco de México, 2008). Asimismo, conforman la base para el sostenimiento de miles de familias mexicanas, toda vez que representan poco más de la mitad del ingreso corriente de los hogares receptores del medio rural y alrededor del 30 por ciento de los urbanos, además de contribuir al desarrollo de las regiones de donde son originarios los migrantes (Ramírez, 2002).

Más allá de su contribución económica, las remesas representan vínculos sociales a larga distancia de solidaridad, reciprocidad u obligación, que unen a los migrantes con sus familiares y amigos que residen en ambos lados de la frontera, creando familias y comunidades transnacionales (Ramírez, García Domínguez y Míguez Morais, 2005; Guarnizo, 2004). Lucas y Stark (1985) postulan que los migrantes transfieren remesas movidos por una motivación altruista, la cual responde a la existencia de un vínculo afectivo y a la expectativa de mejorar el bienestar de la familia que se quedó en casa. Pero también afirman que, a su vez, las motivaciones de las personas emisoras de remesas pueden estar mediadas por otros intereses, como el deseo de ahorrar o de generar sus propios activos, e incluso la aspiración a lograr reconocimiento y prestigio social en la comunidad de origen. En el caso de México, un país con una larga tradición migratoria y con un amplio número de comunidades establecidas en los Estados Unidos, resulta interesante preguntarse si la fortaleza de los vínculos transnacionales estimula el envío de remesas, o bien si esos vínculos se desdibujan con el paso del tiempo en función de variables como la formación de nuevas familias, el cambio de residencia de temporal a permanente o la integración de los inmigrantes a la sociedad de acogida, circunstancias que inciden negativamente en el envío de dinero.

Los estudios que buscan establecer el perfil del migrante remitente señalan que, dado que las remesas se basan en lazos sociales de obligación y afecto, deben ser vistas como una dimensión monetaria que forma parte de una compleja red de relaciones que se establece entre las personas migrantes y sus comunidades de origen y destino (Marcelli y Lowell, 2005; Solimano, 2005; García y Paeiwonsky, 2005; Sana y Massey, 2005; Mooney, 2004; DeSipio, 2002). Así, DeSipio postula que el comportamiento remesador –“remittance behavior”– cambia entre los migrantes y que solo puede ser entendido si tomamos en cuenta el contexto social en el que se encuentran inmersos y las transformaciones y las dinámicas de cambio generadas en el tejido familiar, asociativo e institucional (DeSipio, 2002:159).

En este sentido, el objetivo de este trabajo de investigación es analizar el comportamiento del envío de remesas a México por parte de los migrantes mexicanos jefes de hogar residentes en la zona metropolitana de Chicago. Esta ciudad norteamericana constituye un contexto de gran interés para el estudio de la migración internacional, tanto por la alta concentración de población hispana, principalmente de origen mexicano, como por la dinámica de sus mercados laborales. La pregunta que se intenta responder es: ¿qué factores influyen en la probabilidad de remitir remesas a México?, o, lo que es lo mismo, ¿qué factores personales, familiares, de adaptación y/o asimilación a la sociedad estadounidense influyen positiva o negativamente en el envío de remesas y de qué forma influyen también los vínculos que mantienen los migrantes con sus comunidades de origen? Para dar respuesta a estos interrogantes, se utilizan datos de la encuesta “Caracterización de la población de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago”, levantada por El Colegio de la Frontera Norte, con apoyo del Center for Latino Research de la Paul University, en el año 2005.

El presente trabajo está organizado de la siguiente manera: el primer apartado presenta una somera revisión bibliográf ica sobre los determinantes de las remesas; en el segundo se hace referencia a la fuente de datos empleada y se muestran algunos resultados sobre el monto, frecuencia y destino de las remesas que envían los migrantes mexicanos a sus comunidades de origen en México, así como una descripción general del perfil sociodemográfico de los migrantes remitentes; el tercero describe el modelo estadístico y las variables usadas para determinar la propensión de que un migrante envíe remesas a México; en el cuarto apartado, se discuten los resultados de los modelos logísticos estimados. Finalmente, el documento cierra con un apartado dedicado a las conclusiones.

Revisión de la literatura

El estudio de los envíos de remesas que los migrantes realizan desde los países de destino a sus familiares que permanecen en sus pueblos y comunidades de origen constituye, desde hace varias décadas, una de las más frecuentes e importantes temáticas de análisis e investigación dentro de los estudios migratorios, principalmente en el campo de la demografía, la economía y la antropología.

Por los objetivos que persiguen y las diversas preguntas que intentan responder, estos trabajos pueden agruparse en cuatro grandes líneas: 1) los estudios dedicados a estimar y cuantificar los flujos de las remesas (Tuirán, Santibáñez y Corona, 2006; Corona y Santibáñez, 2006; Lozano, 1998); 2) las investigaciones que indagan sobre la forma en que se usan o invierten dichos recursos económicos, tratando de discernir entre usos productivos y no productivos (Canales, 2002 y 2006; Tuirán, 2000; Massey y Parrado, 1994); 3) los trabajos que analizan el impacto de las remesas en el desarrollo económico y social de las comunidades de origen de los migrantes (García-Zamora, 2004; Lowell y de la Garza, 2002; Arroyo y Berumen, 2002; Goldring, 2002; Burki, 2000; Conway y Cohen, 1998); y 4) los estudios basados en los factores determinantes de las remesas, apoyados en las características de los remitentes y receptores (Marcelli y Lowell, 2005; Canales, 2004; Ramírez, 2002; Lozano, 2001; DeSipio, 2000; Menjívar, DaVanzo, Greenwell y Valdez, 1998; Funkhouser, 1995; Massey y Basem, 1992).

Esta última línea de investigación puede dividirse, a su vez, en dos partes: a) los estudios a nivel macro, que analizan el efecto de algunas variables macroeconómicas –como los medios de transferencias, el tipo de cambio y la tasa de interés–, sobre los envíos de remesas. Se trata por lo general de análisis de series de tiempo y modelos econométricos que permiten estimar la elasticidad de las remesas ante la influencia de cada variable macroeconómica (Canales, 2004). Estos estudios no parecen ser concluyentes, en la medida en que la forma en que algunas variables macroeconómicas inciden en la motivación de remitir remesas depende de la situación de la economía de los países de origen y de la de destino. Elbadawi y Rocha (1992) sugieren que los resultados contradictorios que suelen divulgarse pueden derivar de que los estudios a menudo se limitan a considerar algunas variables macroeconómicas y no toman en cuenta a los determinantes dominantes, tales como la tarifa intercambiada del mercado negro y los diversos canales de transferencias utilizados por los migrantes; b) los estudios a nivel micro, que toman como variables determinantes de las remesas las características demográficas, económicas y sociales de los remitentes y sus receptores (personas y familias). Coinciden en que variables como la edad, el estado civil, la escolaridad, la historia migratoria, el tiempo de permanencia en el país de destino y los lazos que unen a los migrantes en las sociedades de destino y origen son factores que intervienen en la cantidad de remesas a enviar y en la frecuencia, la periodicidad y los canales empleados para remitirlas. Las investigaciones realizadas desde este último enfoque han hecho grandes aportes sobre los determinantes de las remesas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el efecto que dichas variables ejercen en el envío de dinero no es unívoco ni unidireccional, dado que influyen una gran variedad de factores personales, familiares y contextuales. Un ejemplo interesante de este tipo de estudios, que muestra las diversas formas en que operan dichos condicionantes, es el trabajo realizado por Menjívar, DaVanzo, Greenwell y Valdez (1998) con migrantes filipinos y salvadoreños en la zona metropolitana de Los Ángeles, California, Estados Unidos. Estos autores encuentran que la decisión de remitir y la cantidad remesada no solo se ven influenciadas por las características personales de los migrantes sino también por sus obligaciones familiares en el país de origen y por las inversiones realizadas en los Estados Unidos. Por ejemplo, tener hijos en el país de origen presentó un efecto positivo en la decisión de enviar dinero.

Análogamente, en un estudio llevado a cabo con migrantes salvadoreños y nicaragüenses en el Estado de California, Funkhouser (1995) encontró diferencias en los patrones de envío de remesas según diversas características personales y familiares de los migrantes. Este autor señala que entre los inmigrantes salvadoreños el hecho de tener una familia en El Salvador aumentaba la propensión de remisión. Por el contrario, entre los nicaragüenses, los más jóvenes, con bajos niveles educativos y con menos años residiendo en los Estados Unidos eran quienes presentaban mayores probabilidades de remitir dinero a su país de origen en comparación con sus congéneres adultos, más educados y con mayor tiempo de residencia en los Estados Unidos. Sin embargo, al controlar por diversos factores sociodemográficos, encontró que los migrantes salvadoreños fueron más propensos a enviar remesas que los nicaragüenses.

En el caso de los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos, las investigaciones que abordan los factores que influyen en el envío de remesas también han llegado a conclusiones mixtas. Massey y Basem (1992), en su estudio sobre determinantes de las remesas y capacidad de ahorro entre migrantes oriundos de cuatro comunidades del occidente de México con datos del Mexican Migration Project (MMP), encuentran que ni los rasgos personales ni los motivos del viaje presentaban un impacto en la propensión a remitir dinero a México, pero que sí tenían peso las características de sus familias y los vínculos que mantienen los migrantes con la comunidad de origen. Lozano (1993), por el contrario, usando datos de la Encuesta sobre la Población Legalizada (LPS, por sus siglas en inglés) constata diferencias en el comportamiento de la remisión de dinero a México según diversas características demográficas de los migrantes. Señala que la propensión a enviar remesas tiende a ser mayor entre los migrantes temporales y circulares, y menor entre los que se han establecido –legal o ilegalmente– en los Estados Unidos.

Ambos estudios, aunque divergen en cuanto a la dirección en que opera el efecto de algunos rasgos personales, coinciden en que los lazos que unen a los migrantes con las comunidades de procedencia y de destino constituyen factores que inciden en la propensión a remitir o no dinero a México. Sin embargo, la inclusión de dichos condicionantes en el análisis de los patrones de remisión ha estado limitada en dos aspectos específicos. En primer lugar, la mayoría de las investigaciones en México se han interesado más en indagar en cómo impactan las remesas en el desarrollo económico de las comunidades de origen que en analizar los condicionantes de los flujos monetarios. En segundo lugar, no existen muchos trabajos que tomen en cuenta aspectos del medio social y económico en que viven y trabajan los migrantes en las comunidades de destino. Es decir, se ha restado importancia a factores –como el tiempo de permanencia, la adquisición de la residencia o ciudadanía estadounidense– que surgen y se ponderan en las sociedades de llegada, los cuales pueden incidir positiva o negativamente en el envío de remesas (Marcelli y Lowell, 2005).

Siguiendo las contribuciones de Lozano (1993), Funkhouser (1995) y Menjívar, DaVanzo, Greenwell y Valdez (1998), se concluye que la remisión de dinero por parte de los mexicanos, nicaragüenses, salvadoreños que han migrado a los Estados Unidos está relacionado de forma negativa con el tiempo de estancia de los migrantes en dicho país; es decir, el pasar de ser un migrante temporal a uno permanente afecta el envío de remesas. Amuedo-Dorantes y Pozo (2006) postulan que dicho envío presenta un patrón temporal en forma de “U” invertida, en el cual la frecuencia y los montos son altos en los primeros años de llegada y tienden a disminuir paulatinamente a medida que la estancia migratoria rebasa un umbral determinado y los lazos de las redes familiares y comunales, por alguna razón, empiezan a deshilarse y a romperse. Un proceso de reunificación familiar, por ejemplo, puede disminuir la necesidad del migrante de remitir dinero. También puede ocurrir que los inmigrantes que llegaron siendo solteros formen su propia familia y adquieran nuevas responsabilidades que les impidan seguir enviando remesas a los familiares que se han quedado en la comunidad de origen.

Es común que, a medida que transcurre el tiempo de permanencia en el país anfitrión, los migrantes busquen obtener la ciudadanía o su residencia legal, lo que conduciría probablemente a un asentamiento más permanente o definitivo. Este hecho podría afectar la posibilidad de remisión, tal como muestran los resultados obtenidos por DeSipio (2000) en su investigación con inmigrantes latinoamericanos en los Estados Unidos con datos del Mexican Migration Project (MMP), del Emerging Latino Study (NALEO) y del Latino Portrayals on Television Study (TRPI). Este autor encuentra que los inmigrantes que ya habían obtenido la ciudadanía estadounidense eran menos propensos a remitir dinero en comparación con los inmigrantes indocumentados. Este impacto fue más claro entre inmigrantes colombianos, dominicanos, guatemaltecos y salvadoreños que entre los mexicanos. Según DeSipio, esto podría explicarse por el reducido número de ciudadanos estadounidenses incluidos en la muestra de las encuestas.

En un trabajo más reciente, Lozano (2004) confirma que la naturalización tiene un efecto negativo en la intensión de enviar remesas. En general, los hallazgos reportados en la literatura con respecto al tiempo de permanencia y obtención de la ciudanía, indican que a mayor integración e intensidad de relaciones del migrante con la comunidad de destino, es de esperar tanto una menor intensidad de remisión como un menor monto de dinero de envío promedio. En algunos estudios se ha tratado de mostrar cómo influyen en los envíos monetarios los factores relacionados con la aculturación de los migrantes en la sociedad de destino. Aprender el idioma dominante en el país de acogida, hipotéticamente, podría suponer un efecto positivo sobre el envío de remesas, ya que los migrantes tendrían la posibilidad de ampliar el uso de medios de transferencias y optar por la apertura de cuentas bancarías para ahorrar y remitir dinero. No obstante, los resultados divulgados en la literatura señalan que el efecto de dicha variable opera en sentido contrario. Lozano (2004) y DeSipio (2000) reportan en sus trabajos que los inmigrantes con poca o nula habilidad para hablar inglés son quienes en mayor medida envían remesas a sus países de origen.

A pesar de la amplia aceptación de estos razonamientos, existe poca evidencia empírica para el caso de los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos, aun cuando se ha documentado que el tiempo de permanencia de los migrantes temporales en ese país se ha ampliado, fenómeno que es producto, por un lado, de las políticas antimigratorias implementadas por el gobierno estadounidense en los últimos años, y, por otro lado, de la falta de oportunidades laborales en México. Asimismo, poco o casi nada se sabe sobre los envíos de remesas que realiza la población de origen mexicano, es decir, de los hijos de padres o madres mexicanos (segunda generación) y de la población que se declara como mexicana (tercera generación).

De acuerdo con datos de la Current Population Survey (CPS) de 2005, en ese año, existían aproximadamente 28 millones 059 mil mexicanos residiendo en los Estados Unidos, de los cuales 11 millones 027 mil eran nacidos en México y 17 millones 475 mil de origen mexicano. De estos últimos, 8 millones 650 mil eran de segunda generación, es decir, población nacida en los Estados Unidos con uno o ambos padres nacidos en México, y 8 millones 815 mil de tercera generación, es decir personas nacidas en ese país y cuyos padres tampoco nacieron en México pero declaran ser de origen mexicano (méxicoamericanos, chicanos o mexicanos). Sin duda, considerar el estudio de la población inmigrante mexicana y de origen mexicano en los estudios sobre remesas contribuiría a ampliar la visión sobre la contribución económica de los migrantes, así como a ubicar comportamientos remesadores diferentes, a partir de historias migratorias y perfiles sociodemográficos heterogéneos.

En este trabajo, se analizan los factores individuales, familiares y del contexto social de la comunidad de acogida que influyen en la decisión de enviar remesas a México. La hipótesis que está detrás de esta investigación es que los migrantes indocumentados, de reciente arribo y con fuertes lazos con México son más propensos a enviar remesas en comparación con aquellos documentados que ya se han establecido –legal o ilegalmente– en la ciudad de Chicago y que tienen mayores vínculos sociales y económicos en esa ciudad. Concretamente, se estiman tres modelos de regresión logística para averiguar el efecto que algunos factores sociodemográficos ejercen en la propensión a remitir dinero.

Cabe señalar que. debido al reducido número de preguntas sobre remesas en el cuestionario de individuos, se tomó la decisión de trabajar únicamente con los jefes de hogar, ya que la encuesta incluye un módulo especial para los mismos a los que se les pregunta, además de las características sociodemográficas y económicas, acerca de los vínculos que mantienen con la comunidad de origen y en torno a algunos indicadores sobre la asimilación o adaptación a la sociedad huésped. Esto nos permitió controlar el análisis estadístico según diversas características individuales, familiares y del contexto de la comunidad de origen y de arribo, lo que habría sido difícil de alcanzar si se hubiera trabajado con toda la población.

Datos y evidencia empírica

Como señalamos en la Introducción, para llevar a cabo el objetivo planteado y probar la hipótesis señalada, utilizamos datos extraídos de la encuesta “Caracterización de la población de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago”, levantada entre los meses de noviembre y diciembre de 2005 por El Colegio de la Frontera Norte (El COLEF) a petición de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL). Se trata de una muestra aleatoria compuesta por 580 hogares en los que al menos uno de sus integrantes es de origen mexicano (inmigrantes mexicanos o población nacida en los Estados Unidos con uno o ambos padres nacidos en México). Para determinar el tamaño de la muestra, se seleccionaron al azar 169 manzanas o census block, contenidas en 129 census tracts, localizadas principalmente en el Condado de Cook del área metropolitana de Chicago, donde poco más del 30% de sus residentes son de origen mexicano.

La encuesta, entonces, es representativa solo para esa población y proporciona información demográfica y económica de los hogares y sus integrantes, así como aspectos relacionados con su trayectoria migratoria a la ciudad de Chicago, tales como año de llegada, modalidad migratoria, tiempo de permanencia, redes de apoyo, envío de remesas, participación de dicha población en actividades transnacionales y su integración a la sociedad receptora. También provee información sobre los conocimientos y percepciones de los mexicanos acerca de los programas y acciones desarrollados por el gobierno de México en los últimos años y acerca del conocimiento que estos tienen sobre el voto en el extranjero. Asimismo, se indaga sobre el acceso y uso de los servicios de salud y de los servicios financieros y sobre las percepciones de la población respecto de los programas de trabajadores temporales y de educación bilingüe en los Estados Unidos.

De acuerdo con los datos de la encuesta, en 2005, 904 mil 474 personas de origen mexicano residían en la zona metropolitana de Chicago. De esta población, 62% eran inmigrantes mexicanos, 37.6% había nacido en los Estados Unidos y solo 0.4% correspondía a población que había nacido en un lugar distinto a México y los Estados Unidos pero que se autodefinió como de origen mexicano. En conjunto, estas personas representan el 93.6% de la población encuestada; el porcentaje restante se distribuye entre la población que nació en los Estados Unidos y no era de origen mexicano o no especificó el lugar de nacimiento, la población nacida en otro país que no es de origen mexicano y los que no especificaron su origen. Entre los inmigrantes mexicanos, 44% no contaba con algún documento que le permitiera vivir o trabajar en los Estados Unidos –es decir, eran migrantes indocumentados–, 29% eran ciudadanos norteamericanos por naturalización o por ser hijos de padres americanos, 25% tenía la Green Card –lo que les permitía entrar y/o vivir de manera permanente en ese país– y 2% contaba con una visa de estudiante o turista.

Sin embargo, como era de esperar, no todos los inmigrantes mexicanos y población de origen mexicano captados en la encuesta envían remesas a México, ni todos los remitentes lo hacen en cantidades y frecuencias similares. Los datos reportan que entre la población inmigrante mexicana de 12 años y más, el 37.3% manifestó haber enviado dinero a México en el último año. Entre la población nacida en los Estados Unidos de origen mexicano solamente el 3,7% dijo haber enviado dinero a su familia que vive en México. Estos remitentes enviaron un promedio de 312 dólares la última vez que remitieron dinero en 2004. Asimismo, un 9% de ellos señaló haber aportado dinero a través de una asociación de paisanos –o de manera conjunta con amigos– para mejorar la comunidad de origen donde residen sus familiares. Estos datos son consistentes con los que se reportaron en otros estudios sobre el tema, los cuales muestran que el monto promedio mensual de remesas enviado por los inmigrantes mexicanos fluctúa entre 250 y 350 dólares por mes. Por otro lado, el envío de remesas colectivas revela una participación activa de la población de origen mexicano en clubes o congregaciones para realizar actividades y obras de beneficencia en apoyo a sus paisanos que residen tanto en México como en los Estados Unidos. Es muy difícil determinar el monto al que ascienden las remesas colectivas, aunque algunos autores estiman que es del uno por ciento de las remesas totales (Serrano Calvo, 2000). Las remesas colectivas son importantes porque materializan un lazo espontáneo y solidario entre agrupaciones de la sociedad civil. De acuerdo con Imaz (2006), la participación de los migrantes en este tipo de organizaciones surge cuando existe: 1) una identidad compartida entre los migrantes; 2) un número suficiente de personas que integren una comunidad en el país receptor; y 3) el deseo y compromiso de mantener lazos con las comunidades de origen y de participar en iniciativas de las organizaciones. Dichos elementos, señala la autora, son determinantes en la proliferación y éxito de las organizaciones.

Gráfico 1. Monto de remesas enviadas por la población de origen mexicano residente en la zona metropolitana de Chicago. Año 2004

Gráfico 2. Destino de las remesas enviadas a México por la población de origen mexicano residente en la zona metropolitana de Chicago. Año 2004

Gráfico 3. Principales perceptores de las remesas que envían los jefes de hogar de origen mexicano residentes en la zona metropolitana de Chicago. Año 2004

En cuanto a la frecuencia, se obtuvo que el 40.9% de los remitentes envió dinero a México más de 9 veces al año –es decir, mensualmente–, alrededor de una cuarta parte lo hizo entre 5 y 8 veces, y el resto envió dinero entre 1 y 4 veces al año. Esta tendencia hace suponer que la frecuencia está estrechamente vinculada con el fin de la remesa, que en el caso de los envíos mensuales toma la forma de un salario destinado a sostener los gastos corrientes del hogar receptor, como alimentación, calzado y vestido (Gráfico 2). En cambio, el hecho de que poco más de un tercio de las remesas no siga un patrón mensual estaría indicando que una parte considerable de la población envía dinero para cubrir una gran variedad de situaciones: cantidades específicas para fechas señaladas (cumpleaños, bodas, bautizos), para regalos, para el inicio del período escolar, para situaciones imprevistas (accidentes o enfermedades de los familiares), para construcción y mejora de la vivienda, para el establecimiento o compra de algún negocio. En cuanto a los jefes de hogar, quienes constituyen nuestra población objetivo, los datos revelan que el 45.4% respondió haber enviado remesas a sus familiares que viven en México al menos una vez durante 2004. Estos jefes remitieron un promedio de 307 dólares en la última ocasión y alrededor del 7% envió remesas colectivas o en grupo a sus comunidades de origen en México. La mayoría de los jefes realizan dichos envíos a través de compañías remesoras como Western Union, Money Gran, Olderli Valerti, y en menor medida utilizan los servicios de bancos o los giros postales. La razón principal del predominio de las transferencias electrónicas como canal de transmisión reside, sobre todo, en la rapidez, la confianza y la seguridad en el envío, además del incentivo de la entrega a domicilio, en muchos casos (Orozco, 2004). En cambio, los Money Orders enviados a través del correo tardan más y obligan al destinatario a cobrarlos en un banco o en una casa de cambio de moneda extranjera, aunque tienen la ventaja de que el costo de transferencia es más económico: el precio de este tipo de envío es alrededor de 3 dólares y no se cobra comisión, como ocurre con las empresas privadas (CONDUSEF, 2009).

Los jefes de hogar envían dinero, principalmente, para apoyar económicamente a los padres, los esposos(as) o compañeros(as) y hermanos, y, con menor frecuencia, para los hijos, abuelos u otros familiares (Gráfico 3). El hecho de que los principales perceptores de remesas en México sean los padres de los migrantes y no la pareja y los hijos podría deberse a que buena cantidad de los jefes vive con su familia nuclear en la ciudad de Chicago, o bien a que puede tratarse de migrantes jóvenes (hijos) que aún no han formado su propia familia pero fueron identificados como jefes de hogar por el resto de las personas que habitan en la vivienda. Asimismo, de los datos de la encuesta se desprende que, la mayoría de las veces, las personas encargadas de decidir qué se hace con el dinero son los propios receptores; solamente un 16.4% de los jefes remitentes indicaron que ellos eran quienes determinaban el destino de las remesas que enviaban. Estos datos, en su conjunto, nos indican que, más allá de las responsabilidades económicas que pudieran tener los migrantes en sus comunidades de origen en México, las remesas tienen como fin preservar los lazos familiares y comunales, así como velar por el bienestar familiar.

¿Qué características presentan los jefes de hogar que envían remesas a México? Los datos del Cuadro 1 responden esta pregunta mediante la descripción de algunas variables demográficas, económicas y de asimilación y/o adaptación a la sociedad estadounidense. En primer lugar, los datos muestran que los jefes de hogar varones envían más remesas que sus congéneres mujeres (82.6% y 17.4%, respectivamente). Sin embargo no por ello debe minimizarse la aportación económica que realiza esa población inmigrante femenina. En algunos trabajos sobre el tema se ha documentado que, aun cuando las mujeres remiten menores cantidades de dinero que los varones, son más constantes en los envíos y suelen mandar con mayor frecuencia que los hombres remesas en especie como: ropa, zapatos, juguetes y aparatos electrodomésticos (Ramírez, 2009b).

Cuadro 1. Indicadores sociodemográficos de los jefes de hogar de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago, según condición de envío de remesas a México. Año 2004

La mayoría de los jefes remitentes presenta una edad promedio de 40 años, son casados (73.5%), tienen menos de nueve años de educación (64%), son económicamente activos (95.3%) y oriundos de alguno de los estados de México que conforman la región tradicional de migración internacional (58.3%). Esto último es consistente con la trayectoria migratoria de miles de mexicanos originarios de las entidades del centro-occidente del país –como Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Zacatecas–, quienes desde comienzos del siglo XX empezaron a viajar al Estado de Illinois para trabajar en la industria siderúrgica y en las actividades del traque (track) –reparación y mantenimiento de vías férreas de ese estado–. De ahí que, desde los años veinte, la ciudad de Chicago se haya convertido en el polo de atracción de población migrante mexicana más importante de la región medio-oeste estadounidense (Durand y Massey, 2003). Como ya se ha señalado, la ciudad de Chicago alberga en la actualidad cerca de un millón de inmigrantes mexicanos y población de ese origen.

En lo que respecta a los indicadores que hipotéticamente reflejarían el grado de adaptación o asimilación de la población migrante a la sociedad estadounidense, se tiene que más de la mitad de la población de origen mexicano que envió dinero a su país llegó a los Estados Unidos después de 1990; en cambio, una alta proporción de los no remisores llegó antes de esa fecha. Alrededor del 18% contaba con la ciudadanía estadounidense en el momento de la encuesta, el 27% tenían un documento que le permitía residir permanentemente en los Estados Unidos (Green Card), el 21% tenía visa de trabajo o de turista y el 54% no contaba con ningún documento, es decir, eran indocumentados. Asimismo, se destaca que el 73% de los jefes de hogar remitentes no hablaba o tenía poca habilidad para hablar el idioma inglés, y el 23% tenía una cuenta o servicio financiero en un banco estadounidense. Adicionalmente, cuando se preguntó por la preferencia del estilo de vida en la ciudad de Chicago, la mayoría de los remitentes indicó que prefería el de su lugar de origen. Estos datos parecen corroborar la expectativa de que los inmigrantes menos asimilados y/o adaptados a la sociedad estadounidense presentan mayores probabilidades de remitir dinero a México.

Finalmente, en cuanto a los vínculos que mantienen con su comunidad de origen, se destaca que un porcentaje significativo de los jefes remitentes tienen al menos alguno de sus progenitores (padre y/o madre) y hermanos en México, y que una considerable proporción tiene a su cónyuge-pareja e hijos, lo cual puede ser un aliciente para mantener el envío de remesas y apoyar económicamente a los familiares que residen en su país. En cambio, entre la población que no hace envíos de dinero, una alta proporción no tiene algún familiar en su lugar de origen. Esto indica que, a medida que el flujo migratorio va madurando y se van materializando cada vez más las reagrupaciones familiares, muy probablemente los montos y la periodicidad de los envíos vayan disminuyendo, ya que las obligaciones económicas principales se trasladan a los Estados Unidos, aunque algunos podrán seguir enviando cantidades inferiores y más esporádicas a personas de sus familias extensas.

En cuanto a las visitas a México, solo el 20% de los jefes de hogar dijo haber realizado al menos una visita a su comunidad durante 2004. Este dato debe ser leído con cautela, ya que, como se señaló, casi la mitad de los jefes de hogar incluidos en la muestra se encontraba en situación de indocumentado, y posiblemente esta sea la explicación más plausible de que muchos decidan aplazar sus visitas al país. En términos generales, existen dos factores básicos que contextualizan las expectativas de retorno: los cada vez más altos costos para cruzar la frontera y la inseguridad que se vive en muchos de los puntos por donde se desplaza la mayor parte del flujo migratorio que se dirige al vecino país del norte.

Por último, los datos del cuadro anterior muestran que casi el 13% de los jefes remitentes votaron en las elecciones federales de México en el año 2000, lo cual sugiere que una importante proporción de la población de origen mexicano residente en la zona metropolitana de Chicago mantiene un interés por la vida política de su país, independientemente de que hayan votado durante su estancia en México, o bien cuando ya se encontraban residiendo en los Estados Unidos. Desde la perspectiva del enfoque transnacional, se plantea que el esfuerzo que las personas migrantes hacen por integrarse a la sociedad de acogida no implica necesariamente una ruptura con los vínculos y relaciones con sus comunidades de origen.

Metodología

Para dar paso al análisis de nuestra hipótesis y, con ello, a la estrategia metodológica propuesta en este trabajo, se estimaron tres modelos logísticos binomiales. La elección de esta técnica estadística se debe a que no solo permite determinar el nivel de asociación entre las variables y categorías de análisis respecto del evento que se quiere investigar –que en este caso es el envío de remesas–, sino que además nos brinda la posibilidad de medir la probabilidad (o, mejor dicho, la propensión) de que un jefe de hogar envíe o no remesas a sus familiares que viven en México.

El modelo de regresión logística permite predecir la probabilidad de una de las dos categorías de la variable dependiente (“Y”= dicotómica = 1 o 0) en función de una o más variables independientes “X”. En este trabajo, usamos el término “propensión” en lugar de “probabilidad”, ya que algunos autores sostienen que, al obtenerse los datos de una muestra de carácter transversal (una única medida de opción en el tiempo), se deberá hablar de propensiones o prevalencias más que de probabilidades (Hosmer y Lemeshow, 1989). El modelo logístico es el siguiente:

donde βX= β+βX+ βX +…+ βX. Esta ecuación se denomina función logística y puede expresarse de la siguiente forma:

Si transformamos de forma logarítmica los dos términos de la ecuación, se obtiene la siguiente función: ln (p/1-p) = β+βX+ βX +…+ βX. Por lo tanto, el modelo logístico asume que la relación ln (p/1-p) y variables independientes X,…, X es lineal. El termino (p/1-p) se denomina “razón de momios” (“Odds ratio”, del término en inglés Odds) y representa la razón entre la probabilidad de que se produzca un suceso y la probabilidad de que no se produzca: p(y=1)/p(y=0). La virtud de la regresión logística, ya sea a través de los coeficientes estimados como de la razón de momios (Odds ratio), es que nos permite analizar la propensión de que ocurra un suceso o de que no ocurra.

Las variables empleadas en el análisis del presente trabajo se han reunido en varios grupos, seleccionando aquellas que ya han sido probadas en estudios anteriores y que pudieran incidir en el proceso del envío de remesas. La variable dependiente es la disposición de la persona a enviar dinero a México; se trata de una variable dicotómica (envía = 1/ no envía = 0). Un primer grupo de variables independientes o explicativas está formado por aquellas que hacen referencia a aspectos sociodemográficos: edad, sexo, estado civil, grado de estudios y condición de actividad; un segundo grupo está formado por variables explicativas de asimilación o adaptación a la sociedad estadounidense: año de llegada a Estados Unidos, manejo del idioma inglés, estatus migratorio y tenencia de una cuenta o servicio bancario en ese país; el tercero y último grupo, está conformado por variables que, en cierta forma, reflejan los vínculos que mantienen los jefes de hogar con sus comunidades de origen –o que los unen a ellas–, tales como: la tenencia de padres, de cónyuge o pareja y de hijos, la condición de haber visitado el país durante el año anterior a la encuesta y la condición de haber votado en las elecciones federales de México en el año 2000.

Resultados

El Cuadro 2 presenta los resultados de modelos logísticos que predicen la propensión de enviar remesas a México entre los jefes de hogar de origen mexicano residentes en la zona metropolitana de Chicago. Como se señaló antes, se estimaron 3 modelos. En el primero, se incluyeron solo variables sociodemográficas; en el segundo, además de este bloque de variables, se incorporaron indicadores de asimilación o adaptación a la vida en Chicago; en el tercer modelo, o modelo completo se adicionó un grupo de variables que hacen referencia a los vínculos que mantienen los jefes con sus familiares y comunidades de origen en México. En cuanto al bloque de indicadores sociodemográficos, los datos del modelo 3 o completo indican que la mayoría de estas variables no resultaron ser buenos predictores del envío de remesas. La edad y la escolaridad, por ejemplo, si bien son significativos a un nivel de p<0.10, no lo fueron en el primer y segundo modelo, lo que sugiere que su impacto no constituye un determinante significativo en la decisión de remitir o no dinero al país. Es decir, independientemente de la edad y del número de años de escolaridad alcanzados, los jefes de hogar pueden optar por enviar o no dinero a sus parientes en México. Por otro lado, los resultados del Cuadro 2 muestran que los jefes desempleados presentaron una menor propensión a enviar remesas en comparación con aquellos que contaban con un trabajo o que se encontraban empleados al momento de la encuesta. Este resultado guarda relación con lo observado en la literatura sobre el tema, en el sentido de que las remesas son una consecuencia natural de la emigración de carácter laboral y toman la forma de un salario transnacional que se utiliza para financiar los gastos o inversiones de los migrantes y sus familiares (Canales, 2004). En efecto, como puede verse en el Cuadro 2, el coeficiente negativo y estadísticamente significativo (p<0.05) de la categoría “estar desempleado” se mantiene después de controlar por otros indicadores de asimilación y variables relacionadas con los vínculos con la comunidad de origen.

Cuadro 2. Modelos de regresión logística que predicen el envío de remesas a México de los jefes de hogar de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago. Año 2004

Notas: + Categoría de referencia; * p< 0.05, ** p< 0.10.

Fuente: Encuesta “Caracterización de la población de origen mexicano en la zona metropolitana de Chicago”, 2005.

Por lo que se refiere al grupo de indicadores sobre asimilación y/o adaptación de los jefes de hogar a la vida de Chicago, encontramos que el período de llegada a los Estados Unidos no resultó estadísticamente significativo. Esta variable fue incorporada al modelo porque se postulaba que cuanto mayor fuera el tiempo de permanencia en el lugar de destino menor sería la propensión a enviar remesas a México, tal como ha sido reportado en análisis anteriores (Lozano, 2004; DeSipio, 2002). Según datos de la encuesta, poco más del 80% de los jefes de hogar llevaba cerca de cinco años residiendo en Chicago, tiempo suficiente para que los inmigrantes, incluidos aquellos que vuelven periódicamente a México para visitar a sus familiares, formen nuevos lazos y adquieran más responsabilidades en esa ciudad. Sin embargo, los resultados del modelo completo (o modelo 3) no proporcionan evidencia estadística para validar dicha hipótesis.

De igual forma, la variable “tenencia de cuenta bancaria” no resultó estadísticamente significativa para explicar el envío de remesas. Al respecto, se ha señalado que tener una cuenta o contar con los servicios de alguna institución bancaria puede ser interpretado como un signo de asimilación a la cultura y sociedad del país de destino, lo que eventualmente podría significar una disminución paulatina en el envío de remesas. En cuanto a los envíos de remesas por parte de los inmigrantes mexicanos en los Estados Unidos, la evidencia empírica con la que se cuenta muestra resultados contradictorios (Lozano, 2004; DeSipio, 2002). En nuestro caso, la no significancia estadística de dicha variable en la predicción del envío de remesas podría explicarse por el reducido número de jefes encuestados que contaban con una cuenta bancaria al momento de la entrevista. Otra explicación posible para este hallazgo es que, aun cuando los inmigrantes mexicanos usuarios de cuentas de bancos pueden pagar menos o casi nada por remitir dinero a su país de origen, la gran mayoría realiza sus envíos a través de empresas remesadoras (Western Union, Money Gram, etc.). Como ya mencionamos, entre los motivos que señalan los inmigrantes para utilizar este tipo de medios de transferencias se encuentra el hecho de que se trata de servicios que permiten una entrega segura y rápida del dinero y que piden requisitos mínimos, además de algunos cuentan con servicio de entrega a domicilio –como es el caso de México Express, empresa que opera en varios estados del centro y occidente de México–. Orozco (2004) menciona que las características de los clientes –inmigrantes y sus familias receptoras– contribuyen a reducir la capacidad competitiva de los bancos en este mercado. Por su parte, Suro, Bendixen, Lowell y Benavides (2003) argumentan que muchos inmigrantes desconfían de los servicios que brindan los bancos y otras instituciones financieras. Dicha desconfianza, señalan los autores, está ligada a las experiencias de las crisis financieras que suponen la pérdida de valor de sus ahorros, así como a los requisitos de documentación y transparencia en las transacciones bancarias –dada la adscripción del migrante, en muchos casos, al sector informal o irregular del mercado de trabajo en la sociedad de destino– y a la propia estructura de los bancos, ya que es menos diversificada y con sistemas de pago menos ágiles que limitan su efectividad frente a las empresas remesadoras, cuyo modo de operar está diseñado para realizar este tipo de transacciones.

En cuanto al estatus migratorio, los resultados del modelo completo muestran que los jefes de hogar que son ciudadanos norteamericanos presentan una propensión 50% menor de enviar remesas a México que los jefes indocumentados, es decir, que no cuentan con documentos para entrar, residir o trabajar legalmente en los Estados Unidos. Esto sugiere que el hecho de permanecer en ese país en situación irregular no ha impedido, en general, el envío periódico de dinero y que resulta mucho más determinante la situación laboral. Este resultado puede explicarse debido a que, efectivamente, muchos de los inmigrantes indocumentados que se internan en territorio estadounidense tienen la intención de permanecer un determinado período de tiempo para luego regresar a México, por lo que la motivación para enviar remesas –ya sea para contribuir al sostenimiento de los familiares que se quedaron en el hogar de origen, como para el pago de deudas, la construcción y remodelación de la vivienda y/o para el ahorro– está más latente que entre los inmigrantes que ya lograron reunir su familia nuclear en los Estados Unidos y se radican ahí en forma definitiva. Sus beneficiarios en México son familiares con los que no guardan una relación directa de dependencia, como se demostró en el análisis descriptivo.

En lo que se refiere a las habilidades de la población encuestada para sostener una conversación en inglés, los resultados del modelo indican que los jefes con poca, muy poca o nula capacidad presentan una mayor propensión a enviar remesas (68%) que los jefes con habilidad para hablar en inglés. Lozano (2004) también encuentra una relación positiva entre los migrantes que no hablan el idioma inglés y el envío de remesas. Estos resultados tienen sentido si se considera que la mayoría de los migrantes mexicanos que entran de manera indocumentada a los Estados Unidos no saben inglés o lo hablan poco. Además, se sabe que, a pesar de que los migrantes mexicanos pasan muchos años residiendo en ese país, no dominan el idioma. Para algunos investigadores y líderes políticos, la presencia de millones de mexicanos residentes en los Estados Unidos que no hablan inglés es un indicador de su fallida asimilación a la sociedad estadounidense. De acuerdo con datos de la American Community Survey (ACS) de 2007, el 74% de los inmigrantes mexicanos residentes en los Estados Unidos no hablan bien el inglés o lo hablan poco.

Por último, cuando introducimos al modelo el bloque de variables que reflejan los lazos o vínculos que mantienen los migrantes con sus sociedades de origen en México, los resultados del modelo 3 o completo sugieren –al igual que lo reportado por Massey y Basem (1992), Lozano (1997) y Canales (2004)– que los jefes que no tienen a su padre o madre viviendo en México son 78% menos propensos a enviar remesas en comparación con aquellos jefes cuyos progenitores residen en ese país. En el mismo sentido, se observa que los jefes con cónyuge e hijos en México también son más propensos a enviar remesas que los que no los tienen. Esta estricta correlación encierra, precisamente, la razón de ser de la migración laboral mexicana: la búsqueda de trabajo para remitir dinero y contribuir al bienestar familiar. En tal sentido, el modelo 3 o completo permite confirmar esta hipótesis, al indicar que habría evidencia estadísticamente significativa para afirmar que los jefes que tienen responsabilidades familiares (padre/madre, cónyuge e hijos/as) presentan mayor propensión a enviar remesas.

La significancia de dichas variables guarda cierta relación con el tipo de arreglo familiar que suele establecerse con la migración internacional. Por ejemplo, es común que, con la migración del jefe de hogar, la esposas y los hijos se vayan a residir con su familia nuclear o con los padres del migrante, o que, cuando emigran ambos cónyuges, los hijos se queden al cuidado de los abuelos, principalmente de las abuelas, quienes se encargan de alimentarlos, cuidarlos y educarlos mientras los migrantes permanecen fuera de su país. En ambos casos, el envío de dinero por parte de los migrantes es más constante y es concebido como una obligación. Pero también hay casos en que los únicos miembros del hogar que permanecen en las comunidades de origen son los progenitores de los migrantes. Es común encontrar este tipo de arreglo familiar en muchas comunidades con altos índices de intensidad migratoria a los Estados Unidos. En este caso, aunque los envíos de dinero por parte del migrante suelen ser más esporádicos y de menor cantidad, no se interrumpen con su tiempo de permanencia en ese país (Ramírez, 2009a).

Una segunda característica que nos permite indagar sobre el efecto de los vínculos familiares y comunales en el envío de remesas se refiere a la frecuencia de visitas a México. En este caso, el modelo 3 nos señala un patrón de diferenciación muy claro, consistente y estadísticamente muy significativo. En particular, nos indica que aquellos jefes de hogar que manifestaron no haber realizado ninguna visita durante el año anterior a la encuesta son 59% menos propensos de hacer envíos de remesas que aquellos que sí visitaron México.

Un tercer aspecto se refiere a la participación de los jefes de hogar en las elecciones federales del año 2000 en México. Sin embargo, dicha variable no resultó estadísticamente significativa para predecir el envío de remesas. O, lo que es lo mismo, el modelo nos indica que el impacto que pudiera atribuírsele a la participación política en el país de origen sobre el envío de remesas se diluye al controlar dicha relación con el efecto simultáneo de otras variables incluidas en el modelo.

Sobre la base de los resultados del análisis estadístico presentado, podemos concluir que la hipótesis plateada en esta investigación se cumple parcialmente, en el sentido de que no todos los indicadores incluidos en el modelo resultaron estadísticamente significativos, ni su signo apunta en la dirección esperada. Concretamente, los resultados del modelo nos permiten concluir que los jefes empleados, que no hablan inglés o lo hablan poco, que tienen familiares dependientes y que realizaron al menos una visita a México el año anterior al levantamiento de la encuesta son más propensos a enviar remesas al país. Asimismo, llama la atención que las variables que hacen referencia a los lazos y vínculos que mantienen los jefes remitentes con sus familiares y comunidades de origen son las que mayor efecto ejercen en la propensión a enviar remesas. Esta información sugiere que la población de origen mexicano residente en la zona metropolitana de la ciudad de Chicago mantiene una comunicación permanente con sus comunidades de origen en México y que la situación migratoria y el tiempo de permanencia en los Estados Unidos no constituyen un factor fundamental que incida de forma negativa en el proceso de remisión de dinero al país.

Es evidente que la migración internacional implica la separación física de la familia o la conformación de nuevas formas de organización familiar en el país receptor, pero no significa la ruptura de las relaciones familiares de dependencia, ni mucho menos de las afectivas. Las familias fragmentadas por el proceso migratorio se ven obligadas a aceptar su nueva realidad y a buscar alternativas de funcionamiento y organización. Un amplio número de migrantes mantiene lazos y nodos con sus familiares, apoyados en el avance de las telecomunicaciones y en la extensión de redes familiares y comunales, creando un nuevo tipo de vínculo social: las familias transnacionales (Smith, 2003). De ahí, la necesidad de estudiar las formas y los mecanismos que los hogares transnacionales utilizan para crear espacios familiares y vínculos de afecto y de confianza en un contexto en el que las conexiones están geográficamente dispersas (Guarnizo, 2004).

Cabe señalar, además, que el modelo nos permite concluir que hay aspectos de los remitentes que, si bien podrían parecer importantes en el proceso de envío de remesas, no resultaron estadísticamente significativos cuando se controla su efecto con otras variables incluidas en el análisis logístico. Nos referimos, en concreto, al sexo, la edad, el estado civil, el año de llegada a los Estados Unidos, la tenencia de cuenta bancaria en ese país y la participación en las elecciones federales celebradas en México en el año 2000.

Conclusiones

Diversos estudios sobre los determinantes del envío de remesas que los inmigrantes realizan desde los países de destino a sus familiares y conocidos que permanecen en sus países de origen sugieren que en dicho proceso influye una gran variedad de factores sociodemográficos, económicos y contextuales. Los hallazgos reportados en este trabajo, si bien a veces coinciden y otras discrepan con los de otras investigaciones, muestran que las responsabilidades y lazos familiares y comunales son factores que adquieren relevancia estadística e influyen notablemente en la decisión de enviar o no remesas a México por parte de los migrantes mexicanos residentes en la zona metropolitana de Chicago. Esto nos lleva a dos conclusiones distintas.

En primer lugar, dichos resultados parecen apoyar la visión altruista propuesta por Lucas y Stark (1985), quienes postulan que la principal motivación de los migrantes es enviar remesas para contribuir al bienestar familiar como parte de un contrato establecido entre el migrante y su familia. La seguridad económica de los padres, hijos o del cónyuge están entre las principales motivaciones. En el caso de los migrantes mexicanos en la ciudad de Chicago dicho contrato parece no vencer o caducar a pesar de la distancia y el tiempo transcurrido en esa ciudad, aun cuando la mayoría de los migrantes encuestados hayan logrado reunificar o formar una nueva familia en los Estados Unidos, como muestran los datos arrojados por la encuesta y confirmados por los resultados del modelo logístico estimado. Esta “íntima solidaridad” de los migrantes con sus comunidades de origen y, en especial, con sus familiares y parientes, se manifiesta en las grandes sumas de dinero que año tras año entran al país bajo la modalidad de remesas monetarias y en el apoyo de las familias receptoras a los migrantes a través del envío de regalos, recuerdos, etc., e incluso, cuando esos migrantes pasan por situaciones difíciles como enfermedad y desempleo, también de la remisión de dinero.

En segundo lugar, la hipótesis que nos planteamos en el sentido de que los migrantes más integrados a la sociedad de acogida serían los menos propensos a enviar remesas a México no resultó tan clara debido a la no significancia estadística de algunas variables incluidas en modelo. Tal vez un análisis más detallado nos llevaría a una conclusión más acabada sobre el efecto de dichas variables. Asimismo, se debe tener en cuenta que, debido a que se trata de un estudio realizado para un grupo poblacional y un contexto geográfico específicos, para validar su generalización es importante considerar la posibilidad de realizar comparaciones con otros grupos de población inmigrante mexicana y con otros inmigrantes en los Estados Unidos, así como de utilizar otras bases de datos que nos proporcionen información más detallada sobre el proceso de envío de remesas. En este sentido, coincidimos con DeSipio (2002) cuando señala que una de las principales limitantes del estudio de los determinantes de las remesas se ubica en la falta de datos longitudinales que permitan un seguimiento del envío de dinero a través del tiempo y de los cambios que se producen en las familias receptoras y en los patrones de aculturación o asimilación de los migrantes en las sociedades de destino.

Bibliografía

  1. Remittances as Insurance: Evidence from Mexican Immigrants Amuedo-Dorantes C., Pozo S.. 2006;19(2):227-254.
  2. El Norte de todos: migración y trabajo en tiempos de globalización Arroyo J., Berumen S., Arroyo J., Canales Alejandro, Vargas Patricia. México D.F.: UAG-UCLA-PROFMEX- Juan Pablos Editor; 2002.
  3. Las remesas familiares en México Banco de México. México D.F.: Banco de México; 2008.
  4. Diasporas, remittances and homeland development Burki S. J.. 2000.
  5. El Norte de todos: migración y trabajo en tiempos de globalización Canales A. I., Arroyo J., Canales Alejandro, Vargas Patricia. México D.F.: UAG-UCLAPROFMEX- Juan Pablos Editor; 2002.
  6. Universo familiar y procesos demográficos contemporáneos Canales A. I., Ariza Marina, de Oliveira Orlandina. México D.F.: Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM; 2004.
  7. Remesas y desarrollo en México. Una visión crítica desde la macroeconomía Canales A. I.. 2006;12(50):172-196.
  8. New perspectives on remittances from Mexicans and Central Americans in the United States Corona R., Santibáñez J., Zárate-Hoyos Germán. Alemania: Kassel University Press; 2006.
  9. La ventana del paisano y su familia: Cómo cuidar tu patrimonio Comisión nacional para la protección y defensa de los usuarios de servicios financieros (CONDUSEF). 2009.
  10. Consequences of Migration and Remittances for Mexican Transnational Communities Conway D., Cohen J. H.. 1998;74(1):26-44.
  11. Sending money home... for now: remittances and immigratant adaptation in the United States DeSipio L.. 2000.
  12. Sending money home DeSipio L., de la Garza Rodolfo, Lindsey Briant. Maryland (NY): Rowman & Littlefield Publishers; 2002.
  13. Clandestinos. Migración México-Estados Unidos en los albores del siglo XXI Durand J., Massey D.. México D.F.: Miguel Ángel Porrúa-AUZ; 2003.
  14. Determinants of expatriate workers’ remittances in North Africa and Europe Elbadawi I. A., Rezende Rocha R.. Washington D.C.: World Bank; 1992.
  15. Remittances from international migration: a comparison of El Salvador and Nicaragua Funkhouser E.. 1995;(77):137-145.
  16. Género, remesas y desarrollo. El caso de la migración femenina de Vicente Noble, República Dominicana García M., Paiewonsky D.. Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitación de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW); 2005.
  17. Estudios Centroamericanos García-Zamora R.. El Salvador: Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (ECA); 2004.
  18. Remesas familiares, remesas colectivas y desarrollo: Implicaciones sociales y políticas de una desagregación de remesas Goldring L.. Toronto: York University; 2002.
  19. The Economics of Transnational Living Guarnizo L. E.. 2003;27(3):666-699.
  20. Migración y Desarrollo Guarnizo L. E., Escrivá A., Ribas N.. Córdoba: CSIC; 2004.
  21. Applied logistic regression Hosmer D., Lemeshow S.. Nueva York: Wiley and Sons; 1989.
  22. La nación mexicana transfronteras. Impactos sociopolíticos en México de la emigración a Estados Unidos Imaz C.. México: Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM; 2006.
  23. Factors determining migrant remittances: the Case of Greece Lianos T.. 1997;31(1).
  24. Bringing it back home. Remittances to Mexico from migrant workers Lozano F.. California: Center for us-Mexican Studies, UCSD; 1993.
  25. Remesas: ¿Fuente inagotable de divisas? Lozano F.. 1997;(35).
  26. Las remesas de los migrantes mexicanos en Estados Unidos: estimaciones para 1995 Lozano F.. 1998.
  27. Características sociodemográficas de los hogares perceptores de remesas en México. Los casos de Morelos y Zacatecas Lozano F.. Paper presented at: Congress of lasa; septiembre 2001, 2001.Washington D.C..
  28. Tendencias actuales de las remesas de migrantes en América Latina y El Caribe: una valuación de su importancia económica y social Lozano F.. Paper presented at: Seminario Regional “Remesas de Migrantes: ¿Una alternativa para América Latina y El Caribe?”; 26 y 27 de julio de 2004, 2004.Caracas (Venezuela).
  29. Sending Money Home, Rowman & Littlefield Publishers Lowell L., Garza R. O., O. de la Garza Rodolfo, Lindsay Lowell Briant. Maryland (NY) 2002.
  30. Motivations to Remit: Evidence from Botswana Lucas R., Stark O.. 1985;93(5):901-918.
  31. Transnational twist: pecuniary remittances and the socioeconomic integration of authorized and unauthorized Mexican immigrants in Los Angeles County Marcelli E., Lowell L.. 2005;31(3):69-102.
  32. Determinants of savings, remittances, and spending patterns among U.S. migrants in four mexican comunities Massey D., Bassem L.. 1992;(62):97-126.
  33. Migradollars: the remittances and savings of Mexican migrants to the USA Massey D., Parrado E.. 1994;13(1):3-30.
  34. Remittances behavior among Salvadoran and Filipino immigrants in Los Angeles Menjívar C., DaVanzo J., Greenwell L., Burciaga Valdez R.. 1998;32(1):97-126.
  35. Crossing the Border Research from the Mexican Migration Project Mooney M., Durand Jorge, Massey Douglas. Nueva York: Russel Sage Foundation; 2004.
  36. The remittances marketplace: prices, policy and financial institutions Orozco M.. Washington D.C.: Pew Hispanic Center; 2004.
  37. Theoretical convergencies and empirical evidence in the study of immigrant transnationalism Portes A.. 2003;37(3):874-892.
  38. Cruzando fronteras: remesas género y desarrollo Ramírez C., García Domínguez M., Míguez Morais J.. Santo Domingo (República Dominicana): Instituto Internacional de Investigaciones y Capacitaciones de las Naciones Unidas para la Promoción de la Mujer (INSTRAW); 2005.
  39. La región tradicional versus la nueva región de migración internacional en México: un análisis comparativo de los hogares receptores de remesas Ramírez T.. 2002.
  40. Migración y remesas femeninas en México: la otra cara de la moneda Ramírez T.. 2009;5(2).
  41. El impacto de la migración internacional masculina a Estados Unidos en el trabajo femenino extradoméstico en México: un estudio de caso en el estado de Guanajuato Ramírez T.. 2009.
  42. Towards a Transnational Perspective on Migration, Race, Class, Ethnicity and Nationalism Reconsidered Rouse R., Glick Schiller N., Basch L., Blanc-Szanton C.. Nueva York: Annals of the New York Academy of Sciences; 1992.
  43. Household composition, family migration, and community context: migrant remittances in four countries Sana M., Massey D.. 2005;86(2):509-528.
  44. Remesas familiares y colectivas de los emigrantes centroamericanos en Estados Unidos Serrano Calvo P.. 2000;50(4).
  45. New Sources of Development Finance Solimano A., Atkinson A. B.. Nueva York: Oxford University Press; 2005.
  46. Migrant membership as an instituted process: migration, the State and the extra-territorial conduct of Mexican politics Smith R.. 2003;37(2):297-343.
  47. Billions in motion: latino immigrants, remittances and banking Suro R., Bendixen S., Lowell L., Benavides D.. Estados Unidos: Pew Hispanic Center/Multilateral Investment Fund (Banco Interamericano de Desarrollo); 2003.
  48. Migración México-Estados Unidos. Opción de política Tuirán R.. México D.F.: Secretaría de Gobernación, CONAPO, Secretaría de Relaciones Exteriores; 2000.
  49. El monto de las remesas familiares en México: ¿mito o realidad? Tuirán R., Santibáñez J., Corona Vázquez R.. 2006;12(50):147-169.