Resumen

HOLA

El artículo explora cambios en la apertura del régimen de movilidad social intergeneracional en el Área Metropolitana de Buenos Aires (amba) entre 1960 y 2005. El análisis discute el impacto que tuvo la transición desde el modelo de desarrollo económico-social basado en la industrialización por sustitución de importaciones hacia otro de apertura externa y liberalización de la economía. La estrategia de análisis consiste en aplicar modelos loglineares y comparar las oportunidades relativas de acceder al estrato de clase de mayor estatus según origen de clase. Las pautas observadas muestran el cierre progresivo de la estructura social para la movilidad ascendente desde la clase trabajadora. El régimen de movilidad heredado de la globalización neoliberal presenta cierta clausura de las clases medias, fuertes barreras de clase en la movilidad ascendente de larga distancia para las personas de origen de clase trabajadora, pero fluidez para su ingreso en la clase media baja.

Introducción

El presente artículo constituye una aproximación al análisis de los cambios en el régimen de movilidad social intergeneracional en el Área Metropolitana de Buenos Aires en el período 1960-2005. Específicamente, se discute la evolución del grado de apertura del sistema de estratificación social para la movilidad ascendente de personas con origen de clase trabajadora. El análisis reflexiona sobre los efectos que tuvo en el principal conglomerado urbano de la Argentina la transición desde el modelo de desarrollo económico de industrialización por sustitución de importaciones, basado en la protección del mercado interno y en una fuerte participación estatal, hacia otro de apertura externa y liberalización de la economía.

Esta temática adquiere especial interés en la medida en que, hacia 1960, la estructura social argentina se caracterizaba por su carácter abierto para el ascenso desde la clase popular y por el peso de la clase media y de la clase trabajadora consolidada (con derechos sociales y altos salarios relativos), aspectos que le otorgaban un sello distintivo de integración en el contexto latinoamericano. Dentro de los países de la región, la Argentina y el Uruguay experimentaron una modernización más temprana, a fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, estimulada por el dinamismo del modelo de desarrollo económico agroexportador, el flujo inmigratorio europeo, el proceso de urbanización y la entrada anterior en la transición demográfica. Las clases altas y medias comenzaron a reducir su fecundidad antes que los estratos de clase trabajadora. Esta pauta, junto con la expansión de ocupaciones de clase media, abrieron espacios para la movilidad ascendente de los hijos de padres de clase trabajadora (Germani, 1961, 1963 y 1970; Filgueira, 2007).

El modelo de desarrollo económico semicerrado basado en la producción industrial sustitutiva de importaciones con fuerte participación estatal continuó brindando amplias oportunidades de movilidad ascendente. La industrialización produjo una expansión de la fuerza de trabajo asalariada fabril en los grandes centros urbanos (Gran Buenos Aires, Córdoba, Rosario), que impulsó un amplio proceso de migración interna y la formación de una clase trabajadora consolidada, con acceso a amplios derechos sociales. También crecieron los estratos medios urbanos vinculados a los servicios, por lo que el proceso económico empujaba hacia arriba transformando a los campesinos en obreros y a estos en empleados administrativos o en técnicos y profesionales en el transcurso de una o dos generaciones (Germani, 1963). La expansión de la oferta educativa acompañó ese proceso y constituyó un importante canal de movilidad ascendente (Germani, 1963; Babini, 1991).

Las oportunidades de dicha movilidad ascendente estuvieron desigualmente distribuidas según origen étnico y región geográfica. El carácter abierto e integrado de la estructura social argentina hacia 1960 se daba especialmente en la región pampeana y en el litoral. Los inmigrantes europeos tuvieron la posibilidad de ascender a la clase media en el transcurso de sus vidas o través de sus hijos; para los migrantes internos el desplazamiento a los grandes centros industriales desde regiones que habían quedado al margen del desarrollo económico agroexportador también significó un ascenso hacia posiciones más consolidadas de clase obrera. Los migrantes internos y luego de países limítrofes entraron por abajo en el sistema de estratificación social del AMBA y de la región pampeana en general, ejerciendo un efecto de “empuje hacia arriba” de los nativos (hijos de inmigrantes europeos) que ascendieron desde la clase trabajadora a las clases medias (Germani, 1963).

Hacia 1960, aunque la movilidad estructural ascendente había sido importante tanto en la Argentina como en el Uruguay, su rasgo distintivo era un mayor grado de permeabilidad de sus estructuras sociales que en el resto de la región, manifestada en tasas superiores de movilidad circulatoria. Este tipo de movilidad, también llamada de reemplazo, surge de la movilización de recursos (capacidades, educación) en la competencia por las ocupaciones de mayor estatus. En contraste, en el Brasil, las altas tasas de movilidad ascendente se explicaban casi en su totalidad por cambios estructurales y, al controlarlos, se advertía una alta rigidez de las fronteras de clase. Se trataba de una sociedad más desigual, en la que la distribución de las posiciones de clase de destino estaba más influenciada por características adscriptas como el origen de clase y el racial principalmente (Pastore, en Filgueira, 2007 y Boado, 2008).

Los estudios sociohistóricos coinciden en señalar que la reestructuración capitalista neoliberal, primero durante la dictadura (1976-1983) y luego con mayor profundidad en la década de 1990 durante los gobiernos del presidente Menem, tuvo “efectos regresivos” sobre la estructura social argentina. Entre estos efectos regresivos se destaca la polarización social, el cierre de canales de movilidad ascendente para la clase trabajadora, la clausura de espacios de interacción interclases y la heterogeneización de la clase trabajadora (Pucciarelli, 1999, 2001; Svampa, 2005). Varias investigaciones apoyan este diagnóstico con datos sobre el crecimiento de la desocupación, la pobreza, la desigualdad de ingresos y la precarización laboral (Salvia, 2007; Beccaria y Mauricio, 2004). Para Torrado (2007), el balance del modelo económico neoliberal fue la preeminencia de movilidad ocupacional y de ingresos descendente intra e intergeneracional que dejó como corolario una estructura social segmentada y más desigual. Si bien estos estudios plantean aportes interesantes sobre las modificaciones en dicha estructura, no analizan qué cambios se produjeron en el régimen de movilidad tomando como eje la forma en que varió el nivel de desigualdad en las oportunidades relativas.

Las investigaciones previas sobre esta temática en el AMBA que utilizan la “tabla de movilidad”, a través de la cual se comparan las posiciones de clase entre orígenes y destinos, muestran las siguientes tendencias: I) el incremento de una línea de movilidad ocupacional intergeneracional ascendente de corta distancia desde posiciones de clase intermedias hacia puestos gerenciales y profesionales vía la movilización de credenciales educativas ( Jorrat, 1997 y 2000; Dalle, 2009); II) el aumento de la herencia ocupacional y educativa en los segmentos de clase media de mayor estatus (profesionales, gerentes y propietarios de capital) (Sautu, 2001); y III) el aumento de la movilidad social descendente influida por la desaparición de puestos obreros asalariados, la contracción del empleo público y su recambio por ocupaciones de servicios informales y/o precarias (Kessler y Espinosa, 2007; Dalle, 2007). Tomando como referencia la estructura social del AMBA en 1960, nos preguntamos:

Como se señaló antes, el objetivo de este trabajo es explorar cambios en el régimen de movilidad social intergeneracional en el AMBA entre 1960 y 2005 utilizando el enfoque analítico de la “tabla de movilidad”.

El artículo se divide en las siguientes secciones. En el primer apartado se describe el enfoque teórico y la estrategia metodológica utilizada: se presentan la operacionalización de un esquema de clases para medir los patrones de movilidad, las fuentes de datos y las técnicas de análisis utilizadas. En un segundo apartado se exploran cambios en el nivel de apertura del régimen de movilidad social tomando en consideración transformaciones en el modelo de desarrollo económico. Por último, se analizan barreras de clase en la estructura social del AMBA reciente para la movilidad ascendente de los hijos/as de padres de clase trabajadora.

Enfoque teórico y metodología utilizada

Consideraciones sobre el régimen de movilidad social e hipótesis de trabajo

En las últimas décadas, los estudios sobre movilidad han avanzado en el análisis a través de la distinción de dos tipos de medidas: I) tasas absolutas, que permiten captar tendencias en relación con el estilo de desarrollo económico y social de una sociedad; y II) tasas relativas o pautas, que miden las oportunidades netas de pasar de una clase a otra independientemente del cambio estructural (Hout, 1983; Goldthorpe y colaboradores, 1987; Erikson y Goldthorpe, 1992).

Las tasas absolutas, denominadas tendencias, son sensibles a los cambios en los marginales de las distribuciones de orígenes y destinos de clase, por lo que estarían más expuestas a las transformaciones históricas de la estructura social. Si bien estas tasas constituyen medidas apropiadas para indagar los efectos de los cambios en los modelos de desarrollo económico y social propios de cada país, en este trabajo nos concentramos en el análisis de las tasas relativas u odds ratio. Estas permiten observar el nivel de desigualdad en las condiciones de competencia por alcanzar (o evitar) ciertas posiciones de clase entre personas que provienen de distintos orígenes de clase. En la práctica se miden a través de la interacción de flujos entre las posiciones de clase una vez que son controlados los efectos de las variaciones entre las distribuciones de orígenes y destino (expresada en las diferencias de los marginales).

Featherman, Jones y Hauser (1977, en Boado, 2008) observaron que las tasas relativas de movilidad se mantenían estables en el tiempo, a partir de lo cual plantearon que en los países industriales con economía de mercado y predominio de familias nucleares el régimen de movilidad era similar y constante en el tiempo (tesis FJH). Esta hipótesis propone un pronóstico optimista: el crecimiento económico de tipo industrial en una economía de mercado genera una igualación de oportunidades de movilidad ascendente. Erikson y Goldthorpe (1992) retomaron esta tesis aplicando el “modelo de fluidez constante” y concluyeron que la estabilidad del régimen de movilidad implica que la desigualdad de oportunidades se mantiene en el tiempo, excepto que se apliquen políticas económicas y sociales de gran envergadura orientadas hacia la igualdad de oportunidades.

En los últimos años se produjo un retorno de los estudios sobre estratificación y movilidad social en América Latina con el objetivo de analizar la herencia de la globalización neoliberal sobre el régimen de movilidad social (Franco, León y Atria, 2007). En particular, Cortés y Latapí (2007) sostienen que el cambio desde el modelo de acumulación de la industrialización orientada al mercado interno hacia otro de apertura externa profundizó la desigualdad de oportunidades de movilidad entre las clases. Siguiendo esta línea y tomando como referencia los estudios precedentes en la Argentina, las hipótesis de trabajo son:

Datos y métodos

Este estudio es un análisis de clase de tipo cuantitativo basado en el análisis de microdatos de encuesta, Los datos provienen de cuatro relevamientos realizados en 1960-61, 1969, 1995 y 2004-5 a muestras aleatorias del Área Metropolitana de Buenos Aires.

La encuesta de 1960-61 corresponde al estudio pionero sobre “Estratificación y movilidad social en el Gran Buenos Aires” dirigido por Germani (1963). La unidad de análisis es el jefe de hogar mayor de 18 años; y para estudiar la movilidad intergeneracional se cuenta con información sobre su ocupación principal al momento de la encuesta o la última obtenida, y la principal al momento de la encuesta o la última de su padre. En cuanto a la composición por sexo de la muestra, 91.5% son hombres y 8.5% mujeres. Al respecto, Germani plantea que en su análisis descriptivo de las tablas de movilidad los jefes varones no fueron separados de las mujeres porque la proporción de estas no altera el resultado de los cómputos o lo altera en uno o dos decimales (1963:334). El tamaño final de la muestra, descartando los jefes de hogar o padres inactivos y aquellos sobre cuya ocupación no se contaba con información, es de 1,785 casos.

La encuesta de 1969 sobre movilidad social fue un complemento realizado excepcionalmente a la “Encuesta de empleo y desempleo” llevada a cabo regularmente por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). La unidad de análisis del módulo sobre movilidad es el jefe de hogar. Esto, plantea Beccaria, introduce sesgos: “los jóvenes económicamente activos están subrepresentados y las mujeres prácticamente no lo están en absoluto” (1978:593). Para estudiar la movilidad intergeneracional se cuenta con la misma información que en la encuesta de Germani: la ocupacional principal al momento de la encuesta o la última tanto para el jefe de hogar como para su padre. El tamaño final de la muestra es de 2,561 casos.

La encuesta realizada en 1995 por el CEDOP-UBA se aplicó a una muestra de personas de ambos sexos mayores de 20 años no necesariamente jefes/as de hogar. El cuestionario brindaba información conjunta sobre la ocupación del encuestado/a y la de su padre (o quien se desempeñaba como tal) cuando el encuestado/a tenía 16 años. La muestra final para el análisis de la tabla de movilidad es de 1,769 casos ( Jorrat, 2000).

Los datos de 2004-5 corresponden a una integración propia de dos encuestas que contenían un módulo de preguntas sobre movilidad social realizadas por el CEDOP-UBA a nivel nacional. Para este trabajo se utiliza una submuestra del Área Metropolitana de Buenos Aires, resultando en total 703 casos. En esta ocasión, la unidad de análisis son las personas de ambos sexos de 25 a 64 años del AMBA no necesariamente jefes/as de hogar. Con este recorte de edad, se buscó eliminar a los jóvenes que recién comienzan su trayectoria ocupacional y a los que ya se retiraron del mercado de trabajo. Al mismo tiempo, era una forma de aproximarse a las muestras de 1960 y 1969, en donde los jóvenes activos están subrepresentados.

La mayor representación de mujeres en las muestras de 1995 y 2004-5 podría estar afectando hacia abajo las pautas de movilidad, dadas las desventajas relativas que tradicionalmente tuvieron para acceder a las ocupaciones de mayor estatus. Sin embargo, el notable incremento de la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo en las últimas décadas hace que resulte pertinente incluir muestras de ambos sexos. Haciendo un balance entre estos dos puntos, consideramos que es posible explorar tendencias generales en el nivel de apertura de la estructura social.

Para el análisis comparativo del régimen de movilidad en 1960-61, 1969, 1995 y 2004-5 se utilizó una categorización basada en la investigación estadounidense sobre estratificación social (Blau y Duncan, 1967; Hout, 1983), adaptada a las particularidades de la estructura ocupacional argentina. La decisión de utilizar este esquema ocupacional (de clases) se basó en la posibilidad de reconstruirlo con mayor precisión que otras variantes más complejas a partir de las categorías ocupacionales usadas en los estudios previos; de esa forma, nos facilitaba la comparación histórica. Este esquema ocupacional (de clases) se sustenta en la división del trabajo según el carácter no manual/manual de las tareas que facilita el agregado de categorías ocupacionales con un trasfondo de diferenciación de prestigio y estatus económico (remuneraciones) asociado a cada uno. Asimismo, dentro de cada grupo se divide en alto y bajo según el grado de calificación y nivel de autoridad que implica la ocupación. La categorización resultante se aproxima bastante a la utilizada por Solís (2007) para medir las pautas de movilidad social en Monterrey. En el se incluye la descripción detallada del esquema.

Para profundizar en el análisis de las barreras de clase en el régimen de movilidad social del AMBA reciente (2004-5), se trabajó con un esquema de 5 posiciones de clases elaborado por el grupo de investigación sobre “Estratificación y movilidad social” que dirige Ruth Sautu en el Instituto Gino Germani. La operacionalización del esquema se realizó siguiendo un enfoque de inspiración weberiana sobre la base de los indicadores disponibles en la encuesta del CEDOP-UBA (2004-2005). Se buscó delimitar fronteras de clase entre las personas encuestadas tomando en cuenta el tipo de recursos que poseen y la magnitud de los mismos. Primero, se construyeron grupos ocupacionales adaptados al contexto de la sociedad argentina contemporánea, y luego se los agrupó en una tipología empírica de segmentos de clase. Los indicadores utilizados en la construcción de los grupos ocupacionales y el esquema de clases fueron: I) el control de propiedad de capital, autoridad, conocimientos; II) el carácter manual/no manual de la tarea; III) la rama de actividad de la ocupación; y IV) el grado de especialización y la condición de supervisión de otros trabajadores (para el caso de los trabajadores manuales).

El Esquema 1 muestra los grupos ocupacionales desagregados y su ubicación en segmentos de clase. Este esquema de clases es, como señalan Erikson y Goldthorpe (1992), “una herramienta de trabajo” que nos va a permitir medir la movilidad social interclases de padres a hijos.

Esquema 1. Inserción de los grupos ocupacionales en el esquema de posiciones de clase

La clase media profesional y gerencial está compuesta por quienes poseen competencias profesionales (expertise) y/o contribuyen en el proceso de organización y dirección del trabajo. El control de estos recursos permite la obtención de ingresos comparativamente altos en relación con otros asalariados y otros beneficios relacionados con las condiciones laborales –como mayores niveles de autonomía y capacidad de decisión sobre las tareas de trabajo propias y de otros empleados y sobre los ritmos de trabajo, el uso de materiales y herramientas necesarias, así como sobre el tiempo y la cantidad de trabajo empleado.

La mediana y pequeña burguesía está conformada por medianos y pequeños propietarios de capital que contratan fuerza de trabajo y por la pequeña burguesía tradicional constituida por propietarios cuenta propia o que tienen un empleado. Estos propietarios (comerciantes, dueños de pequeños talleres industriales o agencias de servicios), si bien no son explotados, por el tamaño de su capital deben trabajar.

El segmento de clase intermedia, compuesta por técnicos, empleados administrativos y vendedores, incluye grupos ocupacionales semiprofesionales (con credenciales de nivel terciario) y empleados de cuello blanco rutinarios que no ejercen autoridad ni supervisión.

La clase trabajadora está conformada por las personas asalariadas o cuenta propia que desarrollan tareas de tipo manual. Se distinguen dos segmentos según el grado de calificación de las tareas. También se utilizó como criterio de corte la condición de supervisión. Los “supervisores manuales” fueron incluidos en la clase trabajadora calificada pensando en que la capacidad de dirigir a otros trabajadores se apoyaba en un grado mayor de especialización y conocimiento del oficio.

Si bien las posiciones de clase fueron construidas con un criterio relacional, conllevan cierto ordenamiento jerárquico. A propósito de ello, Erikson y Goldthorpe (1992) señalan que los enfoques gradacionales y relacionales no son del todo incompatibles y que puede lograrse un compromiso entre ambos. El ordenamiento jerárquico de las posiciones de clase es, en parte, inevitable en la medida en que el tipo de recursos que las personas poseen condiciona su nivel de ingresos, sus posibilidades de educación y su prestigio ocupacional.

Este esquema de clases nos permitió estudiar tres aspectos de la movilidad social intergeneracional: I) la dirección de los movimientos ocupacionales (de clase): ascendentes, inmovilidad y descendentes; II) los canales de ascenso, permanencia o descenso en la estructura de clases según los recursos económicos movilizados/transmitidos de una generación a otra; y III) la distancia de los movimientos interclases: de “largo alcance” o “corto alcance”, según el tipo y el volumen de recursos adquiridos o perdidos intergeneracionalmente.

Para analizar las características del régimen de movilidad se utiliza la técnica de análisis loglinear que consiste en hallar un modelo que mejor represente los datos observados. Esto implica explicar las relaciones existentes en los mismos de la manera más simple posible. Para ello, se plantean modelos predictivos (funciones) sobre las frecuencias esperadas en las celdas de las tablas. Cada modelo es, a la vez, una hipótesis sobre los efectos plausibles y una hipótesis sobre los que son nulos (Boado, 2008).

En los análisis convencionales lo que se busca es rechazar la hipótesis nula para probar la asociación entre variables; en cambio, en el análisis loglinear se busca su aceptación proponiendo un modelo que impone restricciones. El modelo propuesto permite especificar bajo qué condiciones se da la independencia entre orígenes y destinos de clase brindando una imagen de las características del régimen de movilidad.

El estadístico utilizado para testear modelos de movilidad es la razón de verosimilitud (G), ya que contrasta dos modelos que tienen los mismos términos menos 1 y permite ir describiendo la ganancia de ajuste de un modelo a otro de forma más precisa que el chi cuadrado (X) (Boado, 2009).

En la sección siguiente buscaremos indagar qué cambios se produjeron en el período 1960-2005 en el régimen de movilidad del AMBA y cuál fue su dirección: si hacia una mayor equidad o hacia una mayor desigualdad.

La apertura del régimen de movilidad social en el AMBA en perspectiva histórica

Con el fin de obtener una idea aproximada de cómo evolucionó el régimen de movilidad en la estructura social del AMBA en el período 1960-2005, se aplicaron una serie de modelos loglineares clásicos utilizados en la literatura sobre movilidad para cada año muestral y se comparó su bondad de ajuste (Cuadro 1). En cada caso se intenta dar cuenta de las hipótesis implicadas en cada uno. En el Anexo se incluyen los parámetros de los modelos que lograron un buen ajuste.

Cuadro 1. Comparación de la bondad de ajuste de distintos modelos loglineares. Área Metropolitana de Buenos Aires. Jefes de hogar en 1960 y 1969; población mayor de 20 años en 1995 y población de 25 a 64 años en 2004-5

Este tipo de análisis continúa la línea de investigación iniciada por Jorrat (2000), quien compara el régimen de movilidad del AMBA en 1961, 1969 y 1995 utilizando la categorización de 4 posiciones de clase de uso frecuente en la investigación estadounidense. Aquí sumamos a la comparación el análisis de la encuesta relevada en 2004-5 por el CEDOP-UBA, lo que nos va a permitir tener una imagen del régimen de movilidad del AMBA en un momento inmediatamente posterior a las transformaciones de la globalización neoliberal y evaluar sus impactos.

Una primera medida es testear el modelo de independencia estadística o movilidad perfecta entre orígenes y destinos. Si el régimen de movilidad fuera totalmente abierto, los destinos de clase de las personas no estarían condicionados por sus orígenes de clase. Este modelo está en el horizonte de una sociedad liberal-meritocrática en el que la posición de clase de llegada de las personas sería función directa de sus capacidades y del esfuerzo dedicado al logro de estatus. Como puede observarse en el Cuadro 1, para todos los años muestrales se rechaza el modelo de movilidad perfecta entre orígenes y destinos, lo que plantea que en la estructura social el origen de clase condiciona las oportunidades de logro ocupacional (de clase).

Luego, se aplica el modelo de cuasi-independencia de Goodman (1965, en Jorrat 1997 y 2000), quien buscó indagar si había movilidad perfecta (o independencia entre orígenes y destinos) eliminando la diagonal principal de herencia o autorreclutamiento que es una pauta universal de las sociedades. La pregunta que está por detrás es: la influencia del origen de clase, ¿se limita a la herencia de la misma posición de clase o condiciona los destinos de clase más allá de la diagonal? En todos los años muestrales se rechaza la hipótesis de movilidad perfecta por fuera de la diagonal. Como puede observarse, la ganancia en el valor de G al quitar la diagonal de heredad o autorreclutamiento es de alrededor de 65% en los tres primeros relevamientos (1960, 1969 y 1995) y significativamente menor en 2004-5: 45%. Esto indicaría que el efecto del origen de clase se mantiene con certeza más allá de la diagonal principal.

Hout (1983) propuso un modelo al que denominó “esquinas quebradas”, en el que además de quitar la diagonal principal se eliminasen las celdas adyacentes de las esquinas. El planteo teórico que subyace al modelo es que el efecto de la herencia no solo se da de manera directa a través de la inmovilidad sino también indirectamente a través de los “excesos” de movilidad de corta distancia entre segmentos adyacentes de clase en la cúspide y en la base de la estructura social. Primero probamos dos variantes más simples de este modelo: i. Esquina superior derecha y ii. Esquina inferior izquierda.

En 1960, se logra un buen ajuste con el modelo de las esquinas de Hout acotado a la esquina inferior derecha. Este modelo plantea que hay movilidad perfecta (esto es, independencia entre orígenes y destinos) si se excluye, además de la diagonal principal de inmovilidad, a los móviles de corta distancia dentro de la clase trabajadora (estratos manuales alto y bajo). Para 1969, este modelo, si bien no logra ajustar a los datos, implica un avance muy significativo, dando cuenta de un 94.3% de la asociación del modelo base de independencia.

En cambio, para 1995 y 2004-5 se logra un buen ajuste con el modelo de esquinas de Hout acotado a la esquina superior izquierda, según el cual hay movilidad perfecta al quitar la diagonal de inmovilidad y los excesos de movilidad de corta distancia entre los dos segmentos de clase media (estratos no manuales alto y bajo). Al parecer, el régimen de movilidad a principios del siglo XXI conservaría la pauta ya encontrada para 1995 en el estudio de Jorrat (2000).

Las pautas relativas de movilidad halladas en los dos primeros relevamientos correspondientes a 1960 y 1969 están influidas por el tipo de estratificación social que contribuyó a vertebrar la industrialización por sustitución de importaciones. La misma favoreció la formación de una clase trabajadora calificada a partir de la expansión del empleo industrial asalariado que abrió extensos canales de movilidad ascendente de corta distancia para los hijos de padres de clase trabajadora semi/no calificada (muchos de ellos de origen rural).

Los datos de 1995 y 2004-5 muestran los efectos del cambio del modelo de desarrollo económico desde la industrialización por sustitución de importaciones hacia el modelo neoliberal de apertura que produjo una expansión de las ocupaciones de servicios de alta calificación y no calificadas. La expansión de las ocupaciones de servicios calificadas (de tipo alto no manual) fue acompañada de una expansión de la matrícula de educación superior (universitaria). Esta expansión reclutó en mayor proporción, en términos relativos, a los hijos de padres no manuales de calificación técnica o de rutina (que ya habían atravesado la frontera manual/no manual), favoreciendo la movilidad de corta distancia al segmento de clase media de mayor estatus. Se conformó, así, un segmento de clase media-alta ligado a corporaciones financieras y empresas de servicios multinacionales con altos salarios y un estilo de vida suntuoso. Asimismo, se amplió la movilidad dentro de las clases medias. Un sector considerable de las clases medias asalariadas conformado por empleados y cuadros técnicos de la administración y empresas estatales privatizadas transitaron trayectorias descendentes hacia: a) ocupaciones no manuales de rutina (empleados de comercio) con un alto nivel de precariedad laboral; y b) micro-emprendimientos (de escaza productividad). También se produjo el descenso de una parte importante de las clases medias autónomas –profesionales cuenta propia y pequeños y medianos propietarios de capital (comerciantes, industriales)– que, en el marco del proceso de concentración y centralización de capital que implicó la apertura y desregulación de la economía, tuvieron que cerrar sus empresas.

Para profundizar el análisis de los cambios en el régimen de movilidad en el AMBA desde el punto de vista de su apertura o cierre en el período 1960-2005, a continuación se aplica un modelo de estandarización de los marginales de la tabla de movilidad, propuesto por Mosteller, basado en la aplicación del Algoritmo Iterativo de Ajuste Proporcional (1960, en Jorrat, 2000; Boado, 2009). Este método consiste en igualar los marginales a 1 para eliminar sus efectos en la asociación de las variables; de este modo, permite ver “el núcleo de la asociación”. El método brinda elementos para considerar la permeabilidad de las fronteras de clase más allá de la movilidad forzada por el cambio estructural. El Cuadro 2 compara las tablas de movilidad de los diferentes años muestrales estandarizando los marginales.

Cuadro 2. Distribuciones conjuntas de orígenes y destinos de clase estandarizando las frecuencias marginales a 100 por ciento en 1960, 1969, 1995 y 2004-5. Área Metropolitana de Buenos Aires

Comenzando por la diagonal de inmovilidad desde arriba hacia abajo, se observa que en la posición de clase media de mayor estatus disminuyó un poco el nivel de “heredad y/o autorreclutamiento” aunque manteniéndose en niveles altos, alrededor del 50%. En el extremo opuesto, el nivel de inmovilidad de la clase trabajadora semi/no calificada aumentó desde la década de 1960 a 1995 y 2005, indicando una progresiva rigidez en la base de la estructura social. Para las personas que provienen del origen de clase más bajo, disminuyeron las probabilidades de trascender su origen de clase.

La herencia y/o autorreclutamiento en la clase trabajadora calificada (alto manual) se mantuvo constante en el tiempo en un valor cercano a un tercio, mientras que la herencia y/o autorreclutamiento en la clase media de menor estatus (bajo no manual) se mantuvo constante en alrededor del 30% desde 1960 a 1995 y aumentó un 5% hacia 2004-5. En los dos últimos relevamientos (1995 y 2004-5), disminuyeron las probabilidades de que los hijos/as de padres pertenecientes a los dos segmentos de clase media cayeran a la clase trabajadora semi/no calificada.

Asimismo, en 1995 y 2004-5, es mayor el nivel de movimientos de corta distancia entre el segmento alto no manual y bajo no manual tanto en sentido ascendente como descendente. Como puede observarse en el Cuadro 2, aumentan las oportunidades de ascenso social hacia el segmento de clase media de mayor estatus para los hijos de padres que ya atravesaron la frontera manual/no manual. Ahora bien, ¿se trata de una apertura del régimen de movilidad social?

Si analizamos los movimientos desde la clase trabajadora calificada (alto manual), se observa que hacia 1995 y 2004-5 disminuyen progresivamente las probabilidades de acceder a la clase media de mayor estatus (siendo en 1969 algo mayores que en 1960). También disminuyen progresivamente las oportunidades de ascenso desde la clase trabajadora calificada hacia el segmento de clase media de menor estatus (bajo no manual). La contraparte de esta disminución de las probabilidades de ascenso social a las clases medias en 1995 y 2004-5 es el aumento de la movilidad descendente a la clase trabajadora semi/no calificada. Esta última pauta se relaciona con el proceso de desindustrialización que provocó la apertura y liberalización de la economía durante el modelo de acumulación de corte neoliberal. La desindustrialización implicó la expansión de un segmento de tipo marginal/precario dentro de la clase trabajadora conformado por trabajadores cuenta propia, asalariados precarizados y distintas formas de subempleo. Este segmento de clase se fue ampliando en el período 1976-2001. Sus bases de reclutamiento fueron buena parte de los obreros asalariados desplazados del trabajo asalariado formal y sus hijos/as.

Para los hijos/as de padres de clase trabajadora no calificada, las posibilidades de alcanzar el segmento de clase media de mayor estatus se mantienen constantes hasta 1995 pero parecen haber disminuido significativamente hacia 2004-5. Sin embargo, en este último relevamiento volvió a aumentar el ascenso de corta distancia hacia la clase trabajadora calificada –que había disminuido significativamente para 1995 en plena reestructuración capitalista neoliberal–, posiblemente por el crecimiento del empleo asalariado en la industria a partir de 2003, aunque en 2004-5 estas transformaciones recién comenzaban a manifestarse. En conjunto, estas pautas muestran indicios de que el régimen de movilidad se habría cerrado progresivamente para la movilidad ascendente desde la clase trabajadora a las clases medias en el período 1976-2001.

Oportunidades relativas de alcanzar el segmento de clase media de mayor estatus según origen de clase (1960-2005)

Para profundizar el análisis de los cambios en el grado de apertura del régimen de movilidad social, se calcularon las oportunidades relativas de los hijos/as de padres de clase trabajadora calificada de alcanzar las ocupaciones de mayor estatus en 1960 y 2004-5. En este caso, se utilizó una categorización ocupacional (de clase) más desagregada, tomando como base la empleada por Germani (1963) (Cuadro 3).

Cuadro 3. Oportunidades relativas de acceso al nivel ocupacional I según origen de clase tomando como base a la clase trabajadora calificada en 1960 y 2004-5. Categorización de nivel ocupacional de Germani. Área Metropolitana de Buenos Aires

El procedimiento consistió en calcular, desde cada origen de clase, la chance (odds) de acceso al nivel ocupacional 1. Esto equivale a dividir en cada fila correspondiente a cada origen de clase la proporción de los que accedieron al nivel 1 sobre los que no accedieron. Luego, se realizó una “razón de momios” (odds ratio), a través del cociente entre la chance de acceso desde cada posición de clase de origen y la chance de acceso desde la clase trabajadora calificada, razón que queremos tomar como referencia para observar cómo variaron sus oportunidades relativas en el sistema de movilidad.

El Cuadro 3 muestra que de 1960 a 2005 aumentó la desigualdad en las oportunidades relativas de acceso a las ocupaciones de mayor estatus socioeconómico según el origen de clase; especialmente, se amplió la brecha de oportunidades de acceso desde los segmentos de clase media de menor estatus y la clase trabajadora. En 1960 la diferencia en las oportunidades relativas de acceder al nivel I desde los niveles II y III de la clase media era de 1.6 y 2.9 veces las chances relativas de acceder desde la clase trabajadora calificada; mientras que en 2004-2005 esa diferencia se amplió a 2.4 y 4.4 veces. Esto refleja que la situación empeoró para los hijos/as de la clase trabajadora calificada, más aún si consideramos a los hijos/as de padres de clase trabajadora semi/no calificada. Estos últimos/as están más lejos que en 1960 de poder llegar a la clase media de mayor estatus.

En la clase media-alta, las oportunidades relativas de retener estas ocupaciones en vez de no hacerlo disminuyeron de 5.7 veces en 1960 a 5 veces en 2004-5. Esta disminución de la desigualdad podría explicarse por el aumento de movimientos descendentes hacia segmentos de clase media de menor estatus.

En 1960 había una estructura social más integrada y más estrecha (la desigualdad de oportunidades de logro ocupacional entre las clases era menor). Como se observa, en los últimos 50 años, la desigualdad se profundizó en la estructura social, que se hizo más estirada y más polarizada, lo que provocó que algunos estratos de clase media ampliaran sus ventajas sobre la clase trabajadora en cuanto a sus oportunidades de ascenso socioeconómico. Estas pautas son compatibles con los resultados de una investigación reciente desarrollada por Jorrat en la Argentina (total del país) (2008) en la que, a través de la aplicación del modelo de fluidez constante y de diferencias uniformes (UNIDIF) por grupos de edad –I) de 25 a 49 años y II) de 50 a 69 años–, muestra que la desigualdad de oportunidades de movilidad es mayor para el grupo de edad más joven. Este modelo permite detectar tendencias dominantes en las tasas relativas de movilidad. Los resultados presentados más arriba contribuyen a describir el sentido y la dirección de dichos cambios, que en el caso del AMBA habrían implicado un incremento en el cierre del sistema de estratificación social.

Explorando la topografía del régimen de movilidad social intergeneracional del AMBA reciente (2004-5)

En esta sección, se busca explorar la topografía del régimen de movilidad social intergeneracional del AMBA reciente (2004-2005) y elaborar algunas reflexiones sobre la estructura social que emergió de las transformaciones neoliberales de la economía. Para ello probamos un “modelo de tipo topológico”, utilizando el esquema de posiciones de clase –presentado al comienzo– que permite identificar con mayor precisión la rigidez y apertura de las fronteras de clase sobre la base de recursos de propiedad de capital, autoridad y calificaciones (profesionales, técnicas y oficios manuales).

El modelo topológico elaborado por Hauser (descripto en Hout, 1983) constituye una propuesta teórica muy atractiva. El mismo se basa en que “las probabilidades de movilidad no son una función continua de la distancia métrica entre las posiciones de clases sino que más bien reflejan mecanismos distintos que promueven o impiden la posibilidad de movilidad entre origen y destino” (Hout y Hauser, 1991 en Jorrat, 2000). De este modo, constituye una herramienta analítica muy útil para explorar la apertura y rigidez de las fronteras de clase para la movilidad, delimitando regiones de fluidez, de clausura y de exclusión.

La apuesta de este modelo es ordenar el peso que tienen las distintas fronteras de clase en la estructura social que favorecen la heredad y ponen trabas a la movilidad. El procedimiento para la construcción de un modelo topológico consiste en establecer regiones (o subconjuntos de celdas) en la tabla de movilidad. Las celdas que forman cada subconjunto tienen que tener valores similares de asociación entre orígenes y destino (Hout, 1983; Benavides, 2002; Boado, 2008). Se categoriza: con 1 a las regiones en las que se supone que hay mayor densidad de casos o excesos; con 5 a las regiones de menor asociación o en las que se supone falta de casos; y con 3 a las celdas en las que hay mayor fluidez –esto es, donde los destinos se independizan del origen (cuando las razones de momios se aproximan o igualan a 1).

Para la construcción de este modelo, nos basamos en las ideas que sugieren los estudios previos y las intuiciones propias acerca de la estructura topológica del régimen de movilidad del AMBA reciente. De acuerdo con nuestras ideas preliminares, el mismo debía captar los siguientes aspectos:

La estructura topológica del régimen de movilidad propuesto se presenta en el Cuadro 4. Si bien se diseñaron distintas alternativas de modelos topológicos, se incluye el modelo que logró el mejor ajuste a las frecuencias observadas. En el Cuadro 5 se observan los resultados de la bondad de ajuste de los distintos modelos aplicados.

Cuadro 4. Régimen de movilidad intergeneracional en el Área Metropolitana de Buenos Aires (2004-5): representación gráfica del modelo topológico

Cuadro 5. Resultados de la bondad de ajuste de distintos modelos loglineares. Datos de personas de ambos sexos de 25 a 64 años del Área Metropolitana de Buenos Aires (2004-5)

El modelo topológico logró ajustar a las frecuencias observadas; el G disminuyó a 4.6 con una p de 0.97 utilizando 12 grados de libertad, lo que significa que es un modelo parsimonioso en términos comparativos (predice las frecuencias observadas utilizando menos parámetros). Respecto del modelo inicial de independencia, este modelo logra una ganancia del 97.3% en explicar la asociación entre orígenes y destinos de clase (Cuadro 5).

Por último, para analizar las oportunidades de movilidad entre las distintas posiciones de clase, se presentan las razones de probabilidades relativas (momios) (Cuadro 6).

Cuadro 6. Razones de momios de movilidad para diferentes clases

Estas comparan la probabilidad de que alguien con origen en la clase X1 tenga como destino la misma clase en vez de X2, contrapuesta a la probabilidad de que alguien con origen en X2 tenga como destino X1 en vez de su clase de procedencia.

Desde el punto de vista de las oportunidades relativas de movilidad ascendente para las personas de origen de clase trabajadora se observa:

Evaluadas en conjunto, estas pautas indican la existencia de oportunidades de movilidad de “corta distancia” dentro de la clase media y de la clase trabajadora y entre segmentos adyacentes de ambas clases. En términos weberianos, el conjunto de posiciones de clase entre las que existe un amplio intercambio intergeneracional es un indicador de la formación de clases sociales. Muy probablemente, estas personas comparten ámbitos de sociabilidad y un estilo de vida (gustos, consumos, lugares de frecuentación) que los distingue.

Conclusiones provisorias

A lo largo de este trabajo, hemos intentado contrastar dos hipótesis. La primera sostenía el cierre progresivo del régimen de movilidad social intergeneracional en el AMBA en el período 1960-2005. Respecto de la misma, las pautas halladas brindan algunos elementos para apoyarla.

En primer lugar, se observa una disminución progresiva de la movilidad ascendente de larga distancia desde la clase trabajadora hacia la clase media de mayor estatus (profesionales, cuadros directivos y gerenciales y propietarios de capital de nivel medio). Uno de los factores que pudo haber contribuido a ello es el aumento del intercambio ocupacional entre los estratos de clase media, en la medida en que implica una clausura relativa para el ingreso a los mismos desde orígenes de clase trabajadora (estratos manuales). En segundo lugar y relacionado con lo anterior, se advierte un incremento de la desigualdad de oportunidades relativas de acceder a las ocupaciones de mayor estatus desde la clase trabajadora y desde los segmentos de clase media de menor estatus.

Las políticas económicas neoliberales afectaron directamente las condiciones de vida de la clase trabajadora a través de la caída del salario, el aumento de la desocupación, la precarización laboral, el deterioro de la educación y de la salud públicas, etc. El análisis realizado nos permite sugerir con algo más de fundamento que este conjunto de condiciones recortó las oportunidades de los padres de clase trabajadora de “una generación anterior” de enviar a sus hijos/as a las clases medias. No obstante, se requiere profundizar la hipótesis del cierre social a través de nuevas investigaciones que controlen la influencia del género en la desigualdad de oportunidades de movilidad según origen de clase.

La segunda hipótesis planteaba que el régimen de movilidad social intergeneracional del AMBA que emergió de las transformaciones neoliberales estaría segmentado. Para ello, se aplicaron distintos modelos loglineares trabajando con un esquema de cinco posiciones de clase. La evidencia encontrada en el modelo topológico, que logra un buen ajuste, nos brinda elementos para sostener la misma, aunque debería matizarse en tres sentidos.

Si bien hay efectos de clausura en los segmentos de clase media de mayor estatus y fuertes barreras para la movilidad ascendente de larga distancia desde la clase trabajadora, la estructura social no es totalmente cerrada: i) hay una fuerte movilidad ascendente desde un estrato bajo de clase media conformado por ocupaciones de tipo técnico-comercial- administrativo a la clase media profesional y gerencial que podría deberse a la expansión educativa universitaria de la que resultaron más beneficiados, comparativamente, los hijos de padres que ya atravesaron la barrera manual-no manual; ii) hay una alta fluidez entre la clase trabajadora, la clase intermedia técnico-comercial-administrativa y la pequeña burguesía. Esto implica la existencia de movimientos ascendentes de corta distancia que permitirían un ingreso paulatino y escalonado en las clases medias.

Un punto a tener en cuenta es que la movilidad desde ocupaciones manuales a la jerarquía más baja de empleados no manuales (administrativos de rutina, vendedores), incluso a algunas de tipo técnico, no tiene el mismo significado que en las décadas de 1950-1960 porque disminuyó su nivel de retribución salarial, superada incñusive por las capas más calificadas de la clase obrera. Sin embargo, desde la clase trabajadora calificada, especialmente entre las hijas mujeres de obreros, aumentó una movilidad ascendente de corta distancia hacia ocupaciones técnicas (maestras, enfermeras, profesoras secundarias) y administrativas, que implicó un progreso en términos de prestigio social y, en ocasiones, de estatus socioeconómico.

En los comienzos del siglo XXI, la Argentina, junto con otros países de América Latina, experimentó cambios en el modelo de desarrollo económico-social a través de una reorientación del Estado hacia la protección del mercado interno, el impulso a la industrialización sustitutiva y la redistribución del ingreso. En este contexto, mejoraron su posición económica relativa amplios estratos de clase media y clase trabajadora. Para esta última, creció el trabajo asalariado registrado en las grandes industrias y empresas de servicios. Para los trabajadores cuenta propia y asalariados no registrados pertenecientes a los segmentos más bajos de la clase trabajadora, la salida de la crisis de 2001-2002 implicó una cierta mejora de sus ingresos.

El giro en el modelo de desarrollo económico-social generó la expansión de oportunidades ocupacionales en un contexto de crecimiento económico vertiginoso y continuado (2003-2008) y de reorientación del Estado hacia un papel más activo en la redistribución de recursos. Estas transformaciones sociales y económicas nos permiten conjeturar que se pueden estar generando cambios orientados a una apertura de la estructura social para la movilidad ascendente desde la clase trabajadora hacia las clases medias y hacia posiciones de clase trabajadora más consolidadas. La investigación del nuevo régimen de movilidad de la Argentina contemporánea (2010) demandará futuras investigaciones con datos más actuales.

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