Resumen

HOLA

En los años recientes. la dinámica poblacional en Cuba ha tenido un cambio significativo. Por primera vez, desde 2006 las tasas de crecimiento de la población son negativas. El artículo analiza dicha dinámica a través de sus principales indicadores e índices y resalta el papel clave que juega la migración. Así, a las fuerzas que colocan al país en los estadios más elevados de transición demográfica, se suman las tendencias económicas de expulsión de la población más joven. Cuba tendrá que enfrentar el tema poblacional –además de todos los problemas económicos y sociales por los que viene atravesando– y definir políticas apropiadas para revertir la tendencia existente.

Introducción

La población es la base última del desarrollo de un país, y el aumento del nivel de vida el propósito fundamental de dicho desarrollo. Un país demográficamente envejecido requiere de un constante aumento de la productividad del trabajo para compensar la disminución relativa de la población activa. Cuba tiene que enfrentar el dilema del envejecimiento de la población junto a una economía escasamente industrializada.

En los años recientes, la dinámica poblacional en Cuba ha tenido un cambio significativo. Por primera vez, a partir de 2006, las tasas de crecimiento de la población son negativas –excepto en 2009 y 2011, que reportaron saldos positivos, aunque bajos–. El análisis de esta inflexión es el objeto de este artículo. Cuba tendrá que enfrentar, además de todos los problemas económicos y sociales por los que atraviesa, el tema poblacional, y definir políticas apropiadas para revertir la tendencia existente.

El artículo analiza la dinámica de la población en este país a través de sus principales indicadores e índices y resalta el papel clave que juega la migración. En Cuba, se combinan dos tendencias con efectos perjudiciales sobre la economía: por un lado, la dinámica poblacional, que, habiendo llegado a su fase de transición demográfica, reduce la población económicamente activa en relación con la población total; por otro lado, el éxodo de población joven hacia los Estados Unidos y otros países debido a la falta de empleo y de expectativas de mejores condiciones de vida Ambas tendencias se conjugan para incrementar el peso de los no ocupados sobre los ocupados.

La transición demográfica en Cuba

La teoría de la transición demográfica explica los cambios demográficos que son resultado del desarrollo económico. Según esta teoría, existen diferentes etapas de transición demográfica, medidas fundamentalmente –aunque no de manera exclusiva– por la Tasa de Natalidad y la Tasa de Mortalidad.

El Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE, 1992) elaboró un modelo ajustado a las condiciones poblacionales de América Latina. El modelo tuvo en cuenta el crecimiento poblacional sobre la base de la Tasa de Natalidad y la Tasa de Mortalidad, la estructura por edades y la relación de dependencia entre no trabajadores y población económicamente activa. En dicho estudio, Cuba era colocada junto a la Argentina, Chile y el Uruguay en el grupo de países en fase avanzada de mayor transición demográfica.

Otros autores, como Cárdenas, incluyen nuevas variables para analizar la transición demográfica, como “el lugar de residencia, el estado nutricional y de salud de la población, las conductas asociadas a la formación de las uniones y a la planificación familiar” (Cárdenas, 2002: 30). También utilizando estas variables, Cuba es colocada en la fase más avanzada.

Desde hace varios años, Cuba manifiesta una erosión de la población, determinada por su régimen demográfico y su emigración. La Tasa Anual de Crecimiento Natural (TACN) ha disminuido notablemente: mientras que en 1960 era de 25 por mil –lo cual se asemeja a un país en vías de desarrollo con amplia población joven y altas tasas de natalidad–, en 2006 no llega al 3 por mil –lo cual corresponde a un país desarrollado con población envejecida–. En menos de dos generaciones, el país pasa de ser, demográficamente hablando, un país atrasado y de población joven a ser un país desarrollado y de población vieja.

Cuba ha experimentado una transición demográfica temprana y completa semejante a la de los países desarrollados. Sin embargo, a diferencia de estos, no ha llegado a dicha fase como resultado de la industrialización. El modelo de desarrollo cubano, más orientado a la satisfacción de las necesidades que al mercado, llevó, en términos demográficos, a una transición análoga a la de los países capitalistas avanzados por otro camino. Esto por sí mismo plantea un reto al desarrollo: la dificultad, para la Isla, de sostener a su población crecientemente envejecida sin un avance en la productividad del trabajo que contrarreste el peso cada vez mayor que supone la población no trabajadora sobre la fuerza de trabajo activa. El nuevo modelo de desarrollo intenta sortear estos escollos.

La dinámica poblacional en Cuba

La población total de Cuba en 1990 era de algo más de diez millones de habitantes (10,662,148). Diez años más tarde, en 2010, apenas sobrepasaba los once millones (11,241,161), lo cual da un incremento del 5.4%, valor que se considera expresión de un crecimiento lento (ONE, 2011). El Gráfico 1 muestra la evolución de la población en las últimas dos décadas.

Gráfico 1. Evolución de la población. Cuba. Años 1990-2011

Nótese el ascenso de la población hasta 2004. A partir de este año, se observa un estancamiento profundo con períodos de disminución absoluta entre los años 2006-2008 y en 2010. Sin embargo, es interesante el comportamiento en años intercalados, 2009 y 2011; en 2009 la población crece en 652 efectivos con respecto a 2008, y en el año 2011 se reporta un crecimiento mayor: 6,764 efectivos. Sin embargo, al contrario de esa recuperación, datos preliminares del Censo de Población y Viviendas (CPV) de 2012 (ONE, 2012b) muestran un decrecimiento drástico y absoluto de la población en 83,991 efectivos con respecto al cálculo del sistema estadístico: el total de población es de 11, 132, 934 personas.

Para analizar el desempeño de una población, el punto de partida es siempre la Tasa de Crecimiento Natural (TACN). El Gráfico 2 muestra el comportamiento de esta tasa junto con el de los indicadores que la conforman (Tasa de Natalidad –TN– y Tasa de Mortalidad –TM–).

Gráfico 2. Comportamiento de la Tasa Anual de Crecimiento Natural (TACN). Cuba. Años 1990-2011

Lo primero que debe leerse es la tendencia de las barras, que ilustra sobre la evolución de la TACN. En 1991, por primera vez, la TACN cae a 9.5 cada mil habitantes, ya que durante toda la década del ochenta había estado por encima de los 10 por mil. Debe observarse que, salvo pequeños lapsos de recuperación (1997, 2002, 2009 y 2011), la tendencia es siempre decreciente, llegando en 2006-2007 al punto más bajo, con un crecimiento natural de 2.7 cada mil habitantes. A partir de 2008, se muestra un movimiento oscilatorio, con caídas y recuperaciones, que no expresa una tácita tendencia al crecimiento.

En este gráfico se observa que la Tasa de Mortalidad (línea cortada) se mantiene más o menos constante en el período, con un promedio de 7.2 muertes por cada mil habitantes, alcanzando en 2010 un valor de 8.1 por cada mil habitantes –la tasa más alta de los últimos 20 años– y recuperando al año siguiente (2011) su tendencia –7.7 muertes por mil habitantes–. Estas tasas equivalen a la de los países desarrollados e indican que la población tiende a morir por vejez. Las muertes por epidemias, tan frecuentes en los países con bajos niveles nutricionales y de salud y que afectan a niños, jóvenes y adultos, no son significativas en Cuba. Esto va de la mano del hecho de que la esperanza de vida pasó de 60 años en 1960 a 79 años en 2009, convirtiéndose en uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, sobrepasando a los Estados Unidos de América (EUA), que en ese lapso alcanzó los 78 años (Banco Mundial, 2011).

Si se presta atención a la línea continua y oscura del gráfico, que representa la Tasa de Natalidad –cantidad de nacimientos cada mil habitantes–, se observa que manifiesta una clara caída. Esta tasa es la principal responsable de la evolución de la TACN. Véase cómo la tendencia de la TACN (barras) y la de la Tasa de Natalidad (línea oscura) presentan comportamientos semejantes. ¿Por qué cae tanto la Tasa de Natalidad?

Para explicarlo es necesario introducir el concepto de Tasa Global de Fecundidad (TGF), que ilustra sobre el promedio de hijos por mujer. En los países en desarrollo, el promedio de hijos por mujer está, por lo regular, arriba de 2, y en algunos casos arriba de 3. En 1959, por ejemplo, año del triunfo de la Revolución Cubana, el promedio de hijos por mujer en Cuba era de 3.8. Al inicio de 1990, ya era de 1,8; los años posteriores se caracterizaron por grandes fluctuaciones; y en el período más crítico de la crisis económica bajó hasta 1.36 hijos por mujer. La TGF presentó una ligera recuperación entre 2009 y 2011 y culminó con 1.78 hijos por mujer (ONE, 2011). Estas cifras, por sí solas, muestran el rápido paso en la transición demográfica cubana hacia una sociedad “madura”.

Los factores determinantes de este comportamiento reproductivo se encuentran en la política de género de la Revolución Cubana, que permitió a la mujer empoderarse e independizarse, dotándola de la capacidad de toma de decisión. Entre los factores asociados a ese empoderamiento se encuentran: la participación de la mujer en los procesos productivos, educativos, sociales y migratorios; la divulgación y extensión del uso de anticonceptivos: en 1980 la cobertura anticoncepcional total era del 70% de las mujeres en edad reproductiva, cifra que continúo su ascenso hasta llegar al 77.8% en 2011 –cabe señalar aquí que los diferentes métodos anticonceptivos (dispositivo intrauterino, esterilización, píldoras, inyecciones, condón, etc.) son de muy bajo costo o ninguno, facilitando el acceso de las mujeres y hombres–; la baja mortalidad infantil. que posibilita la sobrevivencia de los hijos: en 1985 la Tasa de Mortalidad Infantil (TMI) era de 13.6 por cada mil nacidos vivos y su continua reducción la sitúa en 4.9 para 2011; además, la ausencia de una política expresa de natalidad permitió el respeto hacia las decisiones de la mujer sobre la concepción y los abortos: en 1980 los abortos inducidos ascendían a 103,974, y, aunque su ocurrencia ha disminuido, aún es alta –38.4 de cada 100 embarazadas recurrió a esta práctica en 2010 (Ministerio de la Salud Pública, 2011).

Todos estos factores contribuyeron al descenso de la fecundidad hasta alcanzar niveles por debajo del reemplazo; y la persistencia de este comportamiento –que perdura ya por más de 20 años– ha provocado un alto envejecimiento poblacional.

Ese proceso sitúa a Cuba en el Grupo III de envejecimiento según las Naciones Unidas, es decir, el grupo de países donde más del 15% de la población tiene 60 o más años de edad: para 2011, Cuba tenía al 18.1 por ciento de su población en dicha franja etaria (ONE, Anuario Estadístico de Cuba 2011). El Censo de Población y Viviendas 2012 (ONE, 2012b) arroja un envejecimiento un poco mayor: 18.3%. Según proyecciones de la División de Población de las Naciones Unidas, para 2040, el 29.2% de la población cubana pasará de los 65 años, lo que ubicará al país en el tercer lugar en América Latina y el Caribe (CEPAL, 2010).

El envejecimiento de la población tiene múltiples consecuencias económicas y sociales, pero el análisis de sus causas es clave para la elaboración de políticas públicas adecuadas. En el caso cubano la emigración juega un papel central en dicho proceso.

Los estudios sobre migración en Cuba

En Cuba la emigración tiene características muy peculiares. En determinados períodos, circunstancias específicas impulsan la migración, la cual se presenta en forma de oleadas o picos. La migración cubana posrevolucionaria se puede dividir, según nuestra consideración –y a diferencia de lo que sostienen otros autores (Hernández, 1987: Miyar, 1988: Lobaina, 1995; Aja, 2009) que toman como base las olas migratorias–, en dos grandes períodos separados por la caída del régimen de la ex Unión Soviética, que trajo notables implicaciones para la dinámica económica, política y social de Cuba.

La caída de dicho régimen significó una profunda crisis económica para Cuba, debida a varios factores, entre ellos, la pérdida del financiamiento externo a partir de 1986, a causa del descenso de los precios del azúcar, primer renglón exportable de la Isla, y del petróleo, que, por acuerdo con la ex URSS, se reexportaba. Por la combinación de factores externos (economía internacional, depreciación del dólar) e internos (factores climatológicos), el país perdió en dicho año unos 600 millones de dólares. La deuda externa con los países capitalistas creció en 2,817 millones de dólares entre 1986 y 1990 (García Valdés, 1998). Y el reforzamiento del bloqueo económico, según algunas estimaciones, alcanzó en 1997 un costo de 1,000 millones de dólares (García Valdés, 1998). Esta crisis impulsó una nueva ola de migraciones de base económica, que penetró los más diversos sectores sociales.

Entonces, la primera fase migratoria abarca el período que va desde el triunfo de la Revolución en 1959 hasta la caída del régimen soviético en 1989. La definimos como exilio político y la asociamos con las transformaciones económicas y políticas dentro del país que marginaron a la burguesía y la orientaron al exilio. Esta fase se corresponde con un período de relativa estabilidad económica –si bien dentro de un nivel de satisfacción material bastante elemental– y, aunque resulte paradójico, con un alto nivel de bienestar social, con niveles de salud, educación, empleo y esperanza de vida comparables a los países desarrollados. La emigración de este período se realiza fundamentalmente hacia los Estados Unidos de América (EUA), destino al que emigraron, aproximadamente, 868,672 cubanos (Perera, 2003: 91; Aja, 2009: 118). Se crea allí el enclave cubano, y se incuban redes sociales y familiares que más tarde apoyan y, a la vez, impulsan la migración bajo la propagación del “modo de vida americano”. El carácter de esta ola es político con especial connotación económica.

La segunda fase comienza a partir de 1990 y aún no culmina. La fecha de inicio corresponde a la declaración del “Período especial en tiempos de paz”, que significó un cambio en la política debido al violento impacto que provocó en Cuba la caída del régimen soviético. Las siguientes palabras del Comandante Fidel Castro Ruz, en enero de 1990, son elocuentes de la gravedad de la situación económica:

El período está caracterizado por una profunda crisis e inestabilidad económicas. Durante esta fase, se pierden los niveles de bienestar alcanzados en la fase anterior. Las emigraciones se acentúan notoriamente, alcanzan diversos sectores sociales, y tienen motivaciones económicas, de reunificación familiar, y, en menor medida, políticas. La crisis migratoria que sucede en este período emana de dos vertientes. Por un lado, a pesar de que, desde 1984, existía un acuerdo entre los EUA y Cuba para que el primero otorgara regularmente 20 mil visas anuales a cubanos interesados en emigrar, en la práctica los EUA mantuvieron una política de incentivo a la migración ilegal, lo que provocaba conflictos dentro de Cuba Por otro lado, el descontento popular, la doble cara de la política migratoria de los EUA hacia la Isla y el caos interior impulsaron al gobierno cubano, en 1994, a decidir abrir sus fronteras y liberar la salida de cubanos hacia aquel país. Esta situación llevó a la conocida “crisis de los balseros”, a raíz de la cual se firmaron los acuerdos de 1994.

Estos acuerdos migratorios, que culminaron en 1995, trajeron como consecuencia la reducción paulatina de la emigración ilegal, lo que encauzó la mayor cantidad de migrantes a las vías legales –aunque la migración ilegal continuó y “casi el 60 % de los balseros evadió la vigilancia de la Guardia Costera durante este período” (Duany, 2005: 166)–. En la década de 1990 emigraron, según cifras oficiales de la ONE (2009), 199,126 cubanos y en la década siguiente 370,521 –sobre un total de 569,647 en la segunda fase migratoria.

¿Cuáles son los factores que han impulsado la migración cubana? Autores cubanos (Hernández, 1987; Lobaina, 1995; Miyar, 1998; Aja, 2000 y 2009; Martín, 2003; Rodríguez, 2004; García, 2002 y 2007) identifican las causas políticas y el conflicto bilateral EUA- Cuba como las principales determinantes de la emigración. Sin embargo, sin menospreciar el lugar indiscutible que a ellas les corresponde, existen causas internas no menos importantes y poco discutidas.

Al inicio de esta segunda fase migratoria y a treinta años del triunfo revolucionario, la Isla se encontraba ausente de los mercados internacionales y continuaba siendo una economía dependiente, aunque de la ex Unión Soviética (URSS). Los modelos económicos aplicados, basados en el socialismo real –donde el Estado funge como propietario-productor- administrador directo–, además de eliminar el dominio del capital extranjero y nacional y de distribuir equitativamente el ingreso, reduciendo las desigualdades sociales y promoviendo el desarrollo humano, trajeron consigo desarticulaciones que se mostraron en el plano económico y social. Por una parte, el mercado fue prácticamente sustituido por mecanismos de distribución estatizados y burocráticos que intentaron controlar la ley del valor. Por la otra, la planificación se convirtió en mecanismo absoluto destruyendo la función del valor y del mercado y, por consiguiente, limitando la gestión empresarial autónoma, indispensable para el desarrollo económico y social.

Los diferentes modelos económicos no lograron agenciarse formas de acumulación endógenas y, en consecuencia, resolver las contradicciones del subdesarrollo ni sus limitaciones, lo cual contribuyó a mantener brechas abiertas, a saber: limitaciones y deficiencias en el consumo, debidas al uso de políticas de racionamiento puestas en práctica después del triunfo revolucionario por razones económicas; bajos ingresos y subempleo derivado de políticas sociales de pleno empleo; restricción de la movilidad, carácter restrictivo y político de la migración dada por el diferendo EUA-Cuba; bajos niveles de productividad; dependencia hacia sectores externos; amplio sistema de políticas sociales sobre la base de compensaciones externas; duro, sostenido y creciente bloqueo económico por parte de los EUA; y, por último, un fuerte control social a través de la política.

Por otro lado, la Isla experimentó un amplio desarrollo social resultado de modelos de desarrollo dirigidos a la satisfacción de las necesidades más acuciantes de la población, basados en las compensaciones recibidas del Sistema Socialista Mundial que no se fincaban sobre la productividad y la eficiencia.

El Cuadro 1 resume las principales características de la migración en ambas fases, así como los condicionamientos políticos que las viabilizan.

Cuadro 1. Características y condiciones de la emigración cubana. Cuba. Años 1959-2013

Las características que toma la emigración en esta segunda fase, correspondiente a los últimos veinte años, son de gran importancia para explicar la dinámica actual de la población cubana y su potencial impacto en el desarrollo. En este sentido, dos temas de la emigración comienzan a llamar la atención de los investigadores en los últimos años. Uno es el impacto de la alta emigración de jóvenes en el envejecimiento de la población; otro es la creciente emigración de mujeres en relación con la de los hombres.

Aja (2006-2007 y 2009) hace énfasis sobre la importancia de los impactos de la migración en la composición demográfica de Cuba y llama la atención respecto del futuro de un país con una población crecientemente envejecida y una alta emigración de jóvenes. La siguiente cita es elocuente:

Los análisis de género ocupan un espacio entre los investigadores cubanos. Núñez (2007) analiza la creciente composición femenina y la decisión de las mujeres respecto de la fecundidad y la nupcialidad. Ella concluye que existe, por parte de las mujeres con expectativa de migrar, una tendencia a posponer el embarazo hasta llegar a destino. Por su parte, Marrero (2008) relaciona la creciente feminización de las migraciones con el incremento de la migración legal entre los cubanos; y sostiene que a las mujeres les resulta más difícil que a los hombres encontrar un empleo estable que satisfaga medianamente sus aspiraciones profesionales e intereses económicos.

Por su parte, también los estudios del desarrollo en Cuba han tenido en cuenta el tema de la migración y de su impacto en la sociedad cubana.

Ahora bien, en la última década, el envejecimiento de la población y la emigración se han agravado, mostrando un punto de inflexión a partir de mediados de la primera década del siglo XXI. Varios autores venían alertando sobre el envejecimiento de la población. González y González (2007), por ejemplo, señalan que la fecundidad es la variable que más incide en la disminución de la población en Cuba. Efectivamente, durante finales del siglo XX y principios del XXI, la Tasa Global de Fecundidad (TGF) mantuvo una declinación constante, hasta situarse en su valor más bajo en 2006, con 1.4 hijos por mujer. Sin embargo, con esa tasa, el crecimiento natural de población (TACN) fue positivo, en 2.7 por cada mil habitantes (Gráfico 2). Aun así, el crecimiento absoluto pasa a ser negativo desde 2006, manteniéndose en los siguientes años, a excepción de 2009 y recientemente de 2011, lo cual requiere de otro factor para explicarlo: la emigración.

El fenómeno de disminución absoluta de la población a consecuencia de la emigración, hecho inédito entre los países subdesarrollados, solo se había presentado en 1980. Albizu-Campos y Alfonso (2000), al referirse a ello, argumentan que la emigración de 141,742 personas fue decisiva: por aquel entonces, redujo la población en 6.2 personas por cada mil habitantes. Sin embargo, lo que en ese momento fue circunstancial, a partir de 2006 se convirtió en estructural. El Gráfico 3 ilustra el saldo migratorio externo.

Gráfico 3. Saldo Migratorio Externo (SME). Cuba. Años 1993-2011

Al observar el gráfico, lo primero que percibimos es la tendencia ascendente del Saldo Migratorio Externo (SME). A partir de 1990 y hasta 1993 (período que no se representa en la gráfica), la emigración se había comportado en el orden de 5 mil personas anuales, aproximadamente. Sin embargo, en la misma medida que se profundizaba el “Período especial”, aumentaba la emigración. La “crisis de los balseros” en 1994 provocó una sangría en la población de 47,844 emigrados. Este saldo comenzó a decrecer muy lentamente hasta alcanzar su nivel más bajo en 1996 con 20, 552 efectivos de población. A partir de este momento, manifiesta un carácter persistente de crecimiento constante hasta alcanzar su máximo nivel en 2011 con la migración de 39,263 personas.

El permanente SME negativo se convierte en factor determinante que provoca, a partir de 2006, un decrecimiento, ya no relativo sino absoluto, de la población cubana. La Tasa Anual de Crecimiento (TAC), que incluye no solo la tasa natural sino las migraciones, es elocuente de dicha disminución. El Gráfico 4 ilustra esta combinación de factores.

Gráfico 4. Comportamiento de la Tasa Anual de Crecimiento (TAC). Cuba. Años 1993-2011

El indicador de la TAC sufre varias caídas: en 1994 (1.60), en 2001 (2.00) y en 2005 (0.20). Pero nótese que es en 2005-2006 cuando la TAC tiene un punto de inflexión, dando paso a la caída a números negativo (2006: -0.40). Se advierte que en 2006, no obstante el hecho de que la TACN se encuentra por arriba de 3 por mil habitantes (Gráfico 2), la TAC experimenta una pérdida absoluta de 4,793 habitantes; esto se debe a la sangría que provoca la emigración. A pesar de que en años alternos, 2009 y 2011, hay una ligera recuperación con una tasa de 0.6, resultado del incremento en el crecimiento natural de la población, esta es insignificante y no se puede afirmar que será la tendencia de los próximos años. El Gráfico 5 permite un análisis más ajustado de las variables.

Gráfico 5. Comparación del comportamiento de la Tasa Anual de Crecimiento Natural (TACN), la Tasa Anual de Crecimiento (TAC) y la Tasa del Saldo Migratorio Externo (TSME). Cuba. Años 1990-2011

Véase cómo el crecimiento natural de la población (línea cortada) evoluciona en permanente caída, pero manteniendo números positivos. Al mismo tiempo, el saldo migratorio (línea oscura) se incrementa pero en números negativos. Es por ello que la línea clara (TACN) disminuye notablemente y se perfila con disminución absoluta de la población a partir de 2006.

Cuba se enfrenta a una doble presión de la población sobre sus potencialidades de desarrollo. Por un lado, la población tiende a envejecer, fruto de políticas de salud, sociales y de bienestar que extienden la esperanza de vida, reducen las epidemias y elevan el nivel de educación de la población. Por otro lado, enfrenta una profunda crisis económica que lleva a una sostenida sangría de población provocada por la emigración. Sin embargo, aquí no acaba el problema. La composición de la emigración es otro factor preocupante.

Varios autores han tratado este último problema. Según Aja (2002, 2006-2007 y 2009), Casaña (2003), Martin (2003), la emigración cubana está sustancialmente representada por población joven adulta. El rango de edades que comprenden los migrantes cubanos se ubica entre 20 y 40 años, es decir, en plena edad laboral.

De acuerdo con Aja (2006-2007), a partir de los años noventa, es decir en la segunda fase migratoria, la emigración se compone de personas cada vez más jóvenes, como resultado de la grave crisis económica y de sus consecuencias políticas y sociales en términos de desmotivación y pérdida de confianza en el proyecto revolucionario.

Por su parte, Urrutia (1997) analiza la correlación entre la edad de los migrantes y la forma de emigración, mostrando que la participación de los más jóvenes es mayor en los mecanismos ilegales. Pero, en cualquier caso, los migrantes están mayoritariamente en la franja de entre 20 y 40 años, que es, por otra parte, la misma que afecta a los migrantes centroamericanos y caribeños.

¿Qué efectos tiene esta migración de jóvenes adultos en la composición de la población que permanece en Cuba? El Gráfico 6 compara el Saldo Migratorio con la evolución del grupo de edades entre los 20 y 44 años en Cuba. Nótese que el movimiento de ambos indicadores es muy semejante desde 1996 en adelante.

Gráfico 6. Comparación de la evolución del grupo de edad 20-44 y el Saldo Migratorio Total (SMT). Cuba. Años 1992-2011

A medida que la emigración se incrementa (línea cortada), se afecta el grupo de edad entre 20 y 40 años, y, en consecuencia, la Población Económicamente Activa encargada del sostén productivo. Obsérvese que en el período 1990-1993, en el que los saldos migratorios son considerados bajos, en el rango de 3 mil a 5 mil emigrantes anuales, el grupo de edad de 20-44 años experimentó un incremento de 290,443 efectivos, con mayor peso en las edades correspondientes a la fecundidad de los años 60-70. A partir del año 1994, año de la “crisis de los balseros”, se registró, según las estadísticas oficiales, uno de los más altos picos migratorio: 47,844 personas; en consecuencia, el crecimiento vertiginoso del grupo de edad 20-44 años se desaceleró, aumentando a un nivel más bajo en ese año y en los siguientes.

Tomando en consideración el carácter ilegal de esta ola migratoria y su composición sociodemográfica, la edad de los migrantes “balseros” era de menos de 30 años (Urrutia, 1997). Un análisis de la dinámica de los grupos de edades entre 20-24 y 25-29 evidencia, en 1994, una brusca contracción de 42,940 y 21,217, respectivamente. Y, aunque la fecundidad correspondiente a estas edades disminuyó en algunos años, presumimos que la emigración fungió como factor decisivo para su contracción, que continuó hasta el año 2000 con pérdidas de más de 60 mil efectivos por año. En este período comienza a afectarse el grupo etario de 40-44 años, con un promedio de 13 mil personas por año que no están asociadas a la disminución de la fecundidad y que, presumiblemente, son resultado del cambio en los patrones migratorios –en este caso, de la preferencia de la migración legal sobre la ilegal.

En el período 2001-2004, a pesar de que emigran 30 mil personas por año, la franja etaria 20-44 años asciende ligeramente en razón de los incrementos en la fecundidad de los años 80. Por el contrario, de 2005 en adelante las pérdidas de población de 20-44 años son evidentes, concentrándose en mayor medida en los grupos de edad de 30 a 44 años; en esto la migración es factor decisivo.

En cuanto al impacto que generan estas pérdidas, baste decir que estos grupos etarios son jóvenes que se encuentran en plena capacidad de trabajo, además de convertirse en pérdidas por concepto de formación de recursos humanos. Otro factor que agrava el papel de la migración en el desarrollo es la composición de educación de los migrantes. Entre el 12 y el 13% de los migrantes son profesionales (Aja, 2006-2007; Casaña, 2006-2007), quienes también se han visto afectados por la crisis económica, el debilitamiento de los niveles de vida, la imposibilidad de llevar a cabo sus proyectos y la desestimulación salarial. Según Casaña (2006-2007), emigran principalmente ingenieros, médicos, maestros y profesores. Los países adonde se dirigen son, principalmente, los EUA, México y España.

Con los profesionales que emigran se va también el conocimiento, el desarrollo, y se acrecientan las diferencias en los niveles de vida y bienestar que separan a los que viven en una parte del mundo –la de mayor desarrollo socioeconómico– de la mayoría de los seres humanos –los que habitamos el resto (Casaña, 2006-2007: 34).

El Gráfico 7 muestra el porcentaje de población según su calificación (profesionales, gerentes, técnicos, empleados, no calificados) entre los residentes cubanos en países seleccionados.

Gráfico 7. Población nacida en Cuba censada en otros países según grupos de ocupación. Cuba. Año 2006

El Gráfico 7 presenta el porcentaje de población cubana ocupada, según su actividad, del total de la PEA en los países escogidos. Obsérvese que la categoría profesionales es dominante en la mayoría de los países graficados, seguida de otras ocupaciones (Otros) en la cual se agrupan ocupaciones como: prestadores de servicios, agricultores, obreros y artesanos, operadores, funcionarios de seguros, etc. En 2006, la presencia de profesionales, en la mayoría de los países seleccionados, se encuentra sobre el 40% del total de la población cubana ocupada: Chile 48.2% de 2,005 ocupados; Costa Rica 25.1% de 2,496 ocupados; Ecuador 40.7% de 836 registrados como ocupados; Honduras 49.8% de 289 cubanos ocupados; México 48.3% en una población de 3,512 cubanos ocupados; República Dominicana 32.6% de profesionales cubanos dentro de 1,493 personas de la población cubana clasificada como ocupada. Por último, en los EUA, según los datos utilizados, la población cubana ascendía a 408, 140 ocupados, no encontrándose clasificación de profesionales; sin embargo, la población agrupada dentro de la categoría de gerentes ascendía a 28.9%, con un 27.6% de empleados y resto en otras ocupaciones.

Es interesante observar que no hemos hecho referencia a los gerentes, aunque están presentes dentro de las ocupaciones registradas en el gráfico. Ocurre que, dado que, para acceder a estas ocupaciones en el mercado laboral, los individuos deben tener capacidades, habilidades y competencia profesional que se adquieren en los estudios superiores, los gerentes también pueden ser consideradas como población profesional, con lo que incrementan la proporción de emigrados profesionales. Por otra parte, debe hacerse notar que, en el gráfico, la población no calificada tiene muy poca representación dentro de la población ocupada.

Otro factor que incide en el envejecimiento de la población es la creciente feminización de la migración. En este aspecto, desde finales del siglo XX, el proceso migratorio cubano sigue los patrones mundiales. A partir de 1995, la participación de la mujer se elevó al 51%, manteniendo en los años siguientes la tendencia ascendente (Gráfico 8).

Gráfico 8. Comportamiento del Saldo Migratorio Externo (SME) por sexo. Cuba. Años 1990-2011

El Gráfico 8 muestra el comportamiento del Saldo Migratorio Externo (SME) en los últimos 20 años según sexo. En el período comprendido entre 1990-2010, se observa un pico migratorio con mayor participación del sexo masculino, correspondiente a la “crisis de los balseros” de 1994. Durante este suceso, la emigración fue principalmente masculina y con medios rudimentarios; y, aunque las mujeres también participaron, solo lo hizo un 30%, lo cual corrobora la hipótesis de Alfonso y Albizu-Campos (2000) sobre la relación de la migración de género con el carácter y los medios para emigrar. Más tarde, cuando la emigración legal ganó espacios a causa de la flexibilización de la política migratoria cubana, las mujeres aumentaron su participación, llegando a alcanzar más del 55%, excepto algunos años.

Según Marrero (2011), una característica de la feminización de las migraciones cubanas son los crecientes proyectos de vida en los que la mujer decide migrar sola y planifica la procreación en los lugares de destino, lo que incide negativamente en los niveles de fecundidad. Investigaciones realizadas por Núñez (2007) confirman que las mujeres retrasan su reproducción en función de sus expectativas migratorias, fundamentalmente en el período de preparación de los desplazamientos y durante su adaptación a los nuevos lugares de destino. Se presume, además, que las migrantes se apegan a los patrones de esos lugares. Por tanto, la decisión de emigrar de la mujer en edad de procrear, sea individual o de la pareja, provoca una modificación del comportamiento reproductivo que puede manifestarse en el descenso en las tasas de fecundidad, afectando sustancialmente el crecimiento de los segmentos jóvenes de la población.

Según la estructura de la fecundidad en Cuba, la mayor contribución está a cargo de los grupos de 20-24, 25-29 y 30-34 –en ese orden–. Sin embargo, estos grupos están presentando una fuerte contracción. Téngase en cuenta la feminización de las migraciones y, además, que la edad promedio de los migrantes es de 20 a 40 años.

En el Gráfico 9 se puede observar la tendencia a la caída de las mujeres en edad reproductiva de los grupos de 30-34 y 25-29, aunque en este último se registra una ligera recuperación. Por su parte, a partir del año 2002, se aprecia un incremento en el grupo de mujeres de 20-24 años. No obstante, los niveles poblacionales alcanzados por estos grupos en la década del noventa serán muy difíciles de igualar, sobre todo si se toma en consideración la proyección de la población 2011-2035 realizada por la ONE, en la cual se observa una constante disminución de los grupos de edades antes analizados, excepto un ligero crecimiento hacia 2020 y 2025 en el grupo de edad de 30-34 años.

Gráfico 9. Evolución de las mujeres en edades fértiles en los grupos de edades 20-24, 25-29 y 30-34. Cuba. Años 1990-2010

El análisis realizado es, sin embargo, parcial. Al menos por dos razones importantes. La primera es que la migración internacional tiene efectos de retroalimentación económica, además de impactos poblacionales. Las remesas han sido un tema clave en la política de los países exportadores de fuerza de trabajo y, también, de los organismos internacionales. Para muchos países, las remesas constituyen un ingreso significativo, que contrarresta, en términos monetarios, la salida de fuerza de trabajo. Según datos estimados, a Cuba ha llegado un flujo no despreciable: para 2001 se estimó en 930 millones de dólares y para 2004 había aumentado en 264 millones (Orozco, 2006). De acuerdo con investigaciones y datos presentados por The Havana Consulting Group LLC en 2011, las remesas que llegaron a la Isla han tenido un ascenso vertiginoso desde 2006, año en el que alcanzaron los 1,251.15 millones de dólares, incrementándose en 1,043,39 millones de dólares para 2011.

La segunda razón es que el régimen cubano se ha caracterizado porque la política ha monitoreado siempre la economía y respondido con cambios inmediatos. A diferencia de los países capitalistas, que reposan en gran medida en el movimiento espontáneo del mercado, el régimen socialista cubano ha tenido que poner las decisiones políticas por delante de los movimientos económicos espontáneos. Esto le ha dado una capacidad de rápida reacción. Así, la respuesta política a la presión económica son los cambios introducidos en la economía en los últimos años y que han sido ampliamente publicitados: en 2008, la liberalización de los servicios de telefonía celular; en 2009, una política de fuerte reducción en la cantidad de trabajadores estatales en busca de mayor eficiencia y productividad; en 2011, liberalización del mercado inmobiliario y de los vehículos particulares; y en 2012, la apertura del sector privado. Aún no sabemos si estas medidas contrarrestarán los problemas demográficos y económicos, pero, por el momento, han estimulado la entrada de divisas al país vía remesas.

Población y desarrollo en Cuba

Cuba puede ser vista como un experimento social en términos históricos. La política socialista en un país atrasado y dependiente logró alcanzar niveles de esperanza de vida, de educación y de salud comparables con los más avanzados países capitalistas. En términos poblacionales, el costo ha sido un fuerte envejecimiento de su población. La pregunta que queda planteada es si un país puede transitar exitosamente un camino semejante sin un aumento simultáneo y permanente de la productividad del trabajo.

Una forma de responder a este interrogante es el precio que tal camino representa para las futuras generaciones. Los estudios de población tienen un índice que ayuda a comprender este dilema. Se trata del Índice o Coeficiente de Dependencia. Este valor fija la relación existente entre el segmento denominado “población no activa económicamente” (0 a 14 y 60 y más años) y el segmento “activo” (15 a 59 años).

Dos son los indicadores de dependencia más utilizados: la dependencia de los niñosjóvenes (0-14 años) y la dependencia de vejez (60 y más años). El índice de dependencia total, que suma los dos anteriores, da una visión más completa. El Gráfico 10 ilustra estos índices en el período analizado.

Gráfico 10. Índice de Dependencia de Juventud (IDJ), Índice de Dependencia de Vejez (IDJ) e Índice de Dependencia Total (IDT). Cuba. Años 1990-2011

La línea oscura completa muestra el Índice de Dependencia Total, que tiene un crecimiento desde 1993 y hasta 2002. Eso significa que, en dicho período, las personas activas debían soportar cada vez más inactivos. Cierto es que esta tendencia se quiebra y cae bruscamente entre 2003 y 2005, pero esto es resultado, básicamente, de la caída de la Dependencia de Juventud (línea punteada gruesa), que es expresión, a su vez, de un brusco descenso en la Tasa de Natalidad (TN) (véase esta caída de la TN entre 2002 y 2006 en el Gráfico 2), lo cual indica que hubo menos jóvenes. Esto compromete la futura masa poblacional de la PEA. No obstante la caída entre 2002 y 2006, la Dependencia Total comienza lentamente a subir a partir de 2006, y todo indica que continuará esta tendencia ascendente debido al incremento de la población anciana. Según las cifras preliminares del Censo de Población y Viviendas 2012 (ONE, 2012b), el IDT continúa aumentando –alcanzó la cifra de 580 por cada mil activos–, mientras que el IDV y el IDJ alcanzan prácticamente los mismos valores.

Si se presta atención a los índices parciales de dependencia, puede verse que el movimiento de Dependencia de Vejez se comporta de manera semejante al índice total. En realidad es éste índice, o sea el envejecimiento de la población, lo que determina el índice global. El índice de dependencia de niños-jóvenes (IDJ) contrarresta en algo la tendencia global, básicamente entre 2002 y 2006 como explicamos, pero deja de ser significativo a partir de 2008.

Traducido en números más ilustrativos, podemos decir que, mientras que en 1990 mil efectivos de la PEA debían sostener a 237 personas de la tercera edad, en 2011 la misma cantidad de trabajadores activos debía sostener a 289 ancianos –lo que implica un incremento del 22%–. Este incremento se debe al decrecimiento de la mortalidad y al significativo aumento de la esperanza de vida geriátrica –que es la esperanza de vida posterior a los 60 años y que en Cuba es de 22 años–. Pero este impresionante logro en términos de esperanza de vida pesa cada vez más en los hombros de cada vez menos jóvenes.

Un indicador más refinado sobre la carga económica que debe sostener la PEA es el Índice o coeficiente de Dependencia Real. Este índice expresa la relación entre los no ocupados y los ocupados dentro de la economía. En la categoría de no ocupados se incluye –además de la población menor de 14 y mayor de 60 años– a los desocupados por otras causas no atribuibles a la edad. En la categoría de los ocupados se incluye a la población mayor de 17 años que se encuentra laborando en el sector estatal o privado.

El Índice de Dependencia Real (IDR) se encuentra muy por encima del Índice de Dependencia.

En el Gráfico 11 se puede apreciar que, si se considera el Índice de Dependencia Total, mil trabajadores debían soportar 687 inactivos en 2000 y 547 en 2011; pero, si se toma en cuenta el Índice de Dependencia Real –que incluye también a los desempleados–, aumenta el peso significativamente: en 2000, mil trabajadores ocupados debían soportar 1,545 inactivos, y, en 2011, 1,245. A pesar de que la tendencia es decreciente, los datos son preocupantes, porque los índices de fecundidad no presentan una verdadera recuperación y se mantienen por debajo de los niveles de reemplazo.

Gráfico 11. Índice de Dependencia Real (IDR) versus Índice de Dependencia Total (IDT). Cuba. Años 2000-2011.

Sin embargo a partir de 2009, se muestra un ligero incremento de la TGF a 1.7 hijos por mujer y otro ligero decrecimiento hacia 2011, con 1.69 hijos por mujer, y de nuevo una subida de la TGF en 2011 a 1.77. Este comportamiento muestra una tendencia a la estabilidad de la fecundidad en niveles bajos con movimientos oscilatorios.

La tendencia decreciente de ambos indicadores nos indica, por un lado, la disminución de la población joven –que es el futuro reemplazo de la – y, por otro, el incremento de la población anciana, expresión del envejecimiento poblacional.

Para enfrentar políticamente el tema poblacional, particularmente el envejecimiento y la disminución de los Índices de Dependencia, el gobierno cubano adoptó en 2008 una nueva Ley de Seguridad Social, con el objetivo de contar con mayor disponibilidad de recursos humanos. Entre sus principales cambios se encuentra el corrimiento en 5 años del término de la edad laboral –los hombres pasan a culminan su vida laboral a los 65 y las mujeres a los 60 años–, en directa asociación con el aumento de la esperanza de vida al nacer –aunque esto no sea condición suficiente para prolongar la vida productiva de los individuos, dado que en muchos casos arriban a estas edades con incapacidades laborales, temporales o permanentes.

Conclusiones

Cuba se enfrenta a un escenario demográfico caracterizado por bajas tasas de natalidad, alto nivel de envejecimiento y un sostenido crecimiento de la emigración de jóvenes y personal calificado. Esta situación se da en un contexto económico crítico debido al permanente bloqueo económico que los EUA han impuesto al país y, desde la caída del régimen de la ex Unión Soviética, a la pérdida de un socio comercial y de apoyo financiero clave. Esta situación, ya estructural, de la economía cubana se ha agravado por la crisis mundial desatada en 2008. La alta dependencia externa de la economía de Cuba ha sufrido con la caída de algunos precios de productos de exportación estratégicos como el níquel, mientras que la reducción de la demanda global también ha impactado en algunos sectores económicos clave, como el turismo y las exportaciones de tabaco y ron.

Por lo tanto, los altos niveles de esperanza de vida que ponen a Cuba a la par y hasta por encima de muchos de los países más desarrollados no han estado acompañados de un proceso de industrialización y de incremento de la productividad del trabajo que permita soportar una población anciana sin aumentar el peso sobre la población ocupada. Por el contrario, tanto la dinámica poblacional como la emigración convierten a los altos niveles de calidad de vida (educación, salud, esperanza de vida) en un peso creciente para los trabajadores ocupados y, por ende, en una bomba de tiempo poblacional que ha comenzado a estallar desde mediados de la primera década del siglo XXI.

En la vasta literatura sobre la transición del capitalismo al socialismo y sobre la construcción del socialismo, el elemento central es, claro está, el de la planificación económica y el control del mercado. También se destacan las políticas sociales, básicamente las relativas a salud, educación y empleo, como no podría ser de otra forma dados los objetivos generales del socialismo de garantizar la equidad y la satisfacción de las necesidades básicas de la población. Este artículo muestra que otro factor, como es la dinámica poblacional, juega un papel clave en la estructura económica de largo plazo.

Cuba ha logrado indicadores de desarrollo social equivalentes a los de los países más desarrollados en áreas estratégicas como esperanza de vida, salud y educación. Pero este mismo logro ha tenido resultados contrarrestantes –en términos del desarrollo general del país– para la economía, al haber reducido la población activa en términos relativos frente a la inactiva. Es claro que el contexto internacional de bloqueo económico y de dependencia externa no puede ser separado del análisis poblacional, pero la política demográfica no ha sido incorporada a la transición al socialismo con el peso que ha demostrado tener en el largo plazo, y tampoco se ha incluido en la literatura sobre la construcción del socialismo. Mientras que las políticas económicas y sociales tienen horizontes de corto y mediano plazo –normalmente no más de 5 años–, la dinámica poblacional muestra sus efectos en horizontes generacionales de 25 o más años, lo que dificulta la mutua integración. En todo caso, el ejemplo cubano ha sido contundente, y todo nuevo proyecto de desarrollo alternativo deberá considerar la dinámica poblacional y, consecuentemente, las políticas relacionadas, como un aspecto clave de la planificación.

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