Abstract

HOLA

The great educational expansion of the Mexican population has been accompanied by the increase in the prevalence of overeducation among its workers and very low rates of creation for protected employment. In this article, we examine the profile of overeducated workers and how it intervenes in the process of exclusion from productive, protected and adequately paid employment in the Mexican labor market. Based on data from the National Survey on Occupation and Employment (ENOE) from the third quarter of 2019, we estimate sequential logit models on the probability of activity, occupation, overeducation and precariousness. The findings identify population profiles associated with overeducation and within it, precariousness. It is also noted that overeducation works for certain groups as a promoter of precariousness, but in no case as an inhibitor.

Introducción

La educación es valorada como un fin en sí mismo en nuestras sociedades, pero también, y cada vez más, como un activo estratégico para ubicarse mejor en el mercado de trabajo; por ello, incrementar el acceso a la educación y mejorar su oferta son objeto de múltiples políticas públicas. Sin embargo, en mercados laborales signados por la escasez en la generación de puestos de trabajo —como el mexicano—, el logro educativo no siempre es recompensado. Una de las expresiones de este fenómeno es la sobreeducación, objeto de este trabajo de investigación. Como el término lo indica, se refiere al desajuste entre la ocupación o tareas de un puesto de trabajo y las credenciales educativas que superan lo que el trabajador requiere para la correcta realización de la tarea.

Los problemas de inadecuación entre formación y demandas del mercado de trabajo han crecido sustantivamente a nivel mundial desde 2002, lo que ha afectado particularmente a mujeres, jóvenes e inmigrantes (Handel, 2017; ILO, 2013b; Palmer, 2017). La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señalaba que uno de los principales responsables había sido la crisis económica global de 2008-2009, que generó un contexto de destrucción y reestructuración de empleos e incremento de los niveles de logro educativo de los trabajadores (ILO, 2014). Para la OIT esto muestra un importante desaprovechamiento de la productividad de la fuerza de trabajo, con costos para los trabajadores, las empresas y la sociedad en su conjunto. También, deja al descubierto que la formación de trabajadores no es suficiente para mejorar sus desempeños en el mercado de trabajo si esas competencias no se adecuan a las demandadas por los empleos disponibles.

La literatura sobre el mercado de trabajo de países de bajo y mediano ingreso no ha discutido suficientemente el caso particular de México, pero recientemente se han analizado los perfiles asociados a los desajustes educativos y sus consecuencias sobre el salario para algunos países latinoamericanos. Esta literatura identifica una mayor prevalencia de la sobreeducación en los países más pobres y la correlación significativa entre la informalidad el desempleo juvenil y la incidencia de este desajuste educativo por exceso (Handel, 2017; Palmer, 2017). Al mismo tiempo, subraya que el impacto negativo de la sobreeducación sobre el salario es más pronunciado entre las mujeres, los jóvenes y los trabajadores independientes (Kupets, 2019).

Según estimaciones realizadas para México, con base en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2019), la población ocupada pasó de 8.5 años de escolaridad promedio en 2005, a 10 en 2019 (trimestre III), lo que coincide con la obligatoriedad de la educación secundaria superior que tiene lugar en este país desde 2012. No obstante, las condiciones del mercado de trabajo local siguen siendo preocupantes en un país donde coexisten bajos niveles de desempleo abierto con muy altos niveles de población sin cobertura de seguridad social, una elevada proporción de personas desalentadas de la búsqueda del empleo (Márquez Scotti, 2015), y los niveles más altos de incidencia de sobreeducación de la región (ILO, 2013a), que son particularmente preocupantes entre los profesionistas (Burgos, 2008; Hernández Laos, 2004; Muñoz Izquierdo, 2006).

En este contexto, donde el proceso de expansión educativa convive con la alta prevalencia de condiciones laborales deficientes, conviene analizar el fenómeno de la sobreeducación desde la perspectiva de la exclusión laboral, analizando sus consecuencias en el nivel salarial y en el acceso a la seguridad social al tiempo que tenemos en cuenta los procesos de selección en la participación económica y en la ocupación. Esta investigación pretende describir los perfiles sociodemográficos individuales de las personas ocupadas en México, así como las condiciones del hogar que inciden en estos procesos, y analizar de qué modo la inadecuación educativa interviene en ellos. Esto es particularmente relevante en este caso, donde el desajuste educativo en la inserción laboral viene precedido y es sucedido por otros procesos de selección; existe un proceso de exclusión de la fuerza de trabajo, del empleo y de un empleo en condiciones no precarias.

La contribución de este artículo es analizar qué rol ocupa la sobreeducación en las dinámicas de inclusión y exclusión laboral; es decir, se considerará a la sobreeducación como un proceso que media entre la exclusión del empleo y la exclusión del empleo productivo, protegido y adecuadamente remunerado. Con este propósito se estima el riesgo de estar sobreeducado en la ocupación y recibir un salario inferior a la media de la ocupación mediante modelos logísticos secuenciales, con base en datos de la ENOE del tercer trimestre de 2019. La estrategia del análisis secuencial permite controlar la heterogeneidad no observada, al tiempo que muestra de forma detallada el proceso de exclusión y da cuenta del riesgo que los individuos enfrentan para salir de la inactividad, entrar al mercado de trabajo, desempeñarse en una ocupación para la que tienen una formación superior a la exigida por las tareas desempeñadas, recibir por ello una remuneración insuficiente y, finalmente, no realizar aportes a la seguridad social. Vale la pena notar que los estudios más recientes sobre este campo (Handel, 2017; Kupets, 2019; Palmer, 2017) no tienen en cuenta estos procesos de selección que tratamos de captar desde la perspectiva conceptual de la exclusión laboral ni recurren a la metodología que aquí empleamos.

Este artículo se organiza en cinco secciones. Primero, se introducen los principales conceptos utilizados y una breve revisión de antecedentes. Segundo, se especifican las implicaciones del nexo entre la sobreeducación y el proceso de inserción del mercado de trabajo. Tercero, se describen las fuentes y datos utilizados. Cuarto, se presentan los resultados bivariados y multivariados. Finalmente, se resumen las principales conclusiones y se ensaya una discusión de resultados.

La sobreeducación en las dinámicas de inclusión/exclusión laboral

El desajuste educativo por sobreeducación

En este estudio nos concentraremos en el análisis de uno de los factores que estructuran la desigualdad en el mercado de trabajo: la concordancia entre el nivel de educación de la fuerza de trabajo y la demanda laboral. En términos generales, el mercado de trabajo demanda ciertas cantidades de mano de obra con determinadas credenciales educativas. A partir de esta demanda diferencial, ciertos contingentes de la población —cuya oferta laboral es alta, pero la demanda es limitada o insuficiente— sufrirán procesos de exclusión, mientras que otros, donde la oferta es más baja y la demanda es alta, participarán de procesos de inclusión laboral (Weller, 2001). Ahora bien, podría pensarse que el desajuste entre la formación solicitada por la demanda y ofrecida por la oferta está dado por una insuficiente calificación. Aquí proponemos concentrarnos en el caso en que este desajuste está dado por una calificación excesiva para el puesto que se ocupa.

Dentro de los desajustes entre ocupación y calificación, la sobreeducación se define como el desajuste vertical entre la educación adquirida y la esperada para la ocupación en la que se desempeña una persona. Existen cuatro posibles definiciones de inadecuación entre calificación real y esperada: (i) según un estándar normativo que define el nivel educativo teórico necesario para la realización de las tareas de la ocupación; (ii) según una medida subjetiva basada en la percepción del trabajador; (iii) según una medida empírica construida con base en el nivel de escolaridad promedio observado en las ocupación, y iv) salarial, en cuyo caso se define inadecuación a partir de la comparación entre salario real y salario potencial que corresponde a la formación de la persona y el criterio rector es el de la maximización del retorno de la inversión educativa en el ingreso salarial (Arias Ortiz y Ñopo, 2015; Bauer, 2002; Hartog, 2000; ILO, 2013a, 2014; Mendes de Oliveira, Santos y Kiker, 2000; Verdugo y Verdugo, 1989). En este trabajo utilizaremos la primera de estas definiciones.

A partir del estudio seminal de Duncan y Hoffman (1981) acerca del efecto de la sobreeducación en el salario de los norteamericanos, se inicia una tradición de estudios acerca de este fenómeno. Leuven y Oosterbeek (2011) encuentran que la incidencia de este fenómeno es considerable y que el excedente educativo tiene un valor económico, ya que cada año adicional de educación se asocia con mayores ingresos. Sin embargo, el retorno de la sobreeducación es menor que el de los años requeridos.

Para América Latina en general es escasa la literatura dedicada al estudio de la sobreeducación y sus factores asociados, salvo algunas excepciones para el caso uruguayo y colombiano (Espino 2011; Herrera, López-Bazo y Motellón, 2013). Recientemente se ha reactivado el estudio de los factores asociados y las consecuencias de la sobreeducación para un conjunto de países con ingresos medios y bajos que incluye parcialmente a la región, aunque dejan fuera el caso mexicano (Handel, 2017; Kupets, 2019). Para otros países de la región, como Brasil, Colombia, El Salvador, Perú y República Dominicana, se ha corroborado cierta asociación entre la sobreeducación de la población activa, la informalidad en el empleo —entendida como falta de un contrato escrito y/o carencia seguridad social— y el desempleo juvenil (Kupets, 2019; Handel, 2017; Palmer, 2017). Específicamente, Kupets (2019) encuentra que la sobreeducación se traduce en una penalización sobre el ingreso y mayores niveles de insatisfacción con la vida en general en países de mediano y bajo ingreso en un estudio que incluye a Perú, Ecuador y Argentina, entre otros países del mundo. Handel (2017) corrobora una relación similar para Colombia y ninguna asociación en el caso de Bolivia. Además, hay evidencia que apunta a la informalidad —como expresión de ambos, ausencia de un contrato escrito y del registro en el sistema de seguridad social— como un factor que predice significativamente la sobreeducación (Handel, 2017; Palmer, 2017). De hecho, la evidencia para los países de bajo y mediano ingreso permite concluir que la calidad de los empleos disponibles, en contraposición a las características de los trabajadores, influye mucho en la prevalencia del desajuste (Handel, 2017).

Específicamente en el caso de México, Arias Ortiz y Ñopo (2015) encuentran que los niveles de desajuste educativo superan los valores medios observados en Europa, y que en el conjunto de los países en desarrollo, los cuales ascienden a 31 % y 23 % , respectivamente. En este país, el desajuste educativo se divide entre un 22 % de sobreeducados y un 9 % de subeducados. Encuentran mayor incidencia de sobreeducación entre las mujeres, independientemente de si cuentan con contratos de medio tiempo o de tiempo completo, lo que debe a su mayor participación en el sistema educativo. También muestran que los jóvenes se ven más afectados por este fenómeno, lo que puede ser interpretado desde la teoría de la búsqueda de empleo como algo propio del inicio de las carreras laborales, pues al trabajador le lleva un tiempo ascender o encontrar un empleo acorde a su formación. También Quinn y Rubb (2006) analizan la sobreeducación en México —siguiendo la tradición de estudios iniciada por Duncan y Hoffman (1981)—, y sus hallazgos son similares a los encontrados para los países en desarrollo; el rendimiento sobre el salario de los años adicionales de educación es menor para los sobreeducados que para los correctamente ajustados.

Adicionalmente, algunas investigaciones han analizado específicamente la sobreeducación entre los profesionistas ocupados dentro de este mercado laboral (Burgos, 2008; Hernández-Laos, 2004; Muñoz Izquierdo, 2006). En este caso, los autores corroboran la saturación del mercado laboral mexicano, que no tendría la capacidad de absorber el número de profesionistas disponibles. A esto se ha asociado a una disminución de sus salarios (Burgos, 2008; Hernández-Laos, 2004), una incorporación laboral de peor calidad y el desplazamiento de algunos trabajadores con menor nivel educativo (Hernández Laos, 2004).

Procesos de inclusión y exclusión en el mercado laboral

El histórico problema de absorción del excedente de fuerza laboral propio de la región ha conformado mercados de trabajo con importantes dinámicas de inclusión y exclusión laboral (Cardoso, 1970; Nun, 2001; Sanhueza, Friz Carrillo, y Quintriqueo Millán, 2014; Tokman, 2004). Como consecuencia, el mercado laboral es un ámbito insoslayable de reproducción de las desigualdades sociales.

Como una forma de ordenar los distintos modos de exclusión laboral, seguiremos la taxonomía planteada por Weller (2009, 2011). De acuerdo al autor, es posible identificar distintas gradaciones o formas de exclusión laboral que deben ser superadas para contar con un empleo en condiciones laborales adecuadas: la exclusión del mercado laboral (tipo 1); la exclusión del empleo (tipo 2); la exclusión del empleo productivo (tipo 3), y la exclusión del empleo de buena calidad en sectores de alta y mediana productividad (tipo 4; véase Figura 1).

La exclusión del mercado laboral (tipo 1) se refiere a las personas que por razones ajenas a su voluntad no logran insertarse en la población económicamente activa (PEA). Los individuos afectados por esta condición son expulsados del mercado de trabajo. La exclusión del empleo (tipo 2) se refiere al desempleo abierto, es decir, a quienes buscan empleo y no lo encuentran. Los dos últimos tipos de exclusión aluden a trabajadores que logran insertarse laboralmente, pero introducen distintos gradientes del proceso de exclusión de empleos de calidad. La exclusión del empleo productivo (tipo 3) se refiere a los puestos de trabajo generados en sectores de baja productividad que, típicamente, son además empleos de baja calidad. Por último, la exclusión del empleo de buena calidad en sectores de alta y mediana productividad (tipo 4) se refiere a los puestos de trabajo en sectores productivos que no perciben los beneficios normalmente asociados a este sector. Como se observa en la Figura 1 estas exclusiones pueden ser vistas jerárquicamente: la de mayor exclusión es la del tipo 1 y la de menor exclusión es la de tipo 4.

En este análisis nos centraremos en los dos últimos tipos de exclusión que señalan dos inserciones laborales problemáticas diferenciadas en cuanto a su origen: el tipo 3, el cual surge en un contexto económico y productivo adverso a la generación de empleos productivos y, por ende, de calidad y el tipo 4, que se genera por una institucionalidad laboral débil que desestimula el empleo de buena calidad.

Figura 1. Taxonomía de la exclusión laboral según Weller

El mercado de trabajo mexicano actual presenta las condiciones para que se desarrollen ampliamente ambos tipos de exclusión. Desde hace tres décadas y media, el país muestra un crecimiento económicoexiguo, con una baja expansión de la actividad observable en la profundización del desequilibrio estructural del mercado laboral, atribuible a un crecimiento de la PEA que es sistemáticamente mayor a la tasa de creación de empleos protegidos (García, 2012; Murayama, 2010). Adicionalmente, las instituciones laborales garantizan de modo insuficiente los derechos de los trabajadores. En buena medida, esto se explica por el alto costo que tiene el cumplimiento de la normativa laboral y el bajo costo de su incumplimiento que se traduce en una de las brechas más importantes entre las normas y los hechos de la región (Bensusán, 2014). Finalmente, hay un importante desbalance de poder entre dos de los actores principales del mercado laboral, el capital y el trabajo (De la Garza Toledo, 1993). Como ya ha sido ampliamente documentado, en este contexto predominan las inserciones precarias, en empleos de baja productividad y con bajos salarios (Guadarrama, Hualde y López, 2016).

La sobreeducación en el proceso de inclusión/exclusión laboral

En este estudio retomamos el proceso de exclusión en el mercado de trabajo y el rol que desempeña la sobreeducación en el mismo. Combinando los indicadores clásicos del mercado de trabajo con el esquema de exclusión propuesto por Weller (Figura 1), establecimos como hipótesis que la sobreeducación podría situarse entre la inserción y las condiciones laborales que dan cuenta de la precariedad del empleo (Figura 2).

Figura 2. Procesos de la inserción y exclusión laboral

La Figura 2 muestra el proceso de la inserción y deja ver cómo nos acercaremos al análisis de las diferentes formas de la exclusión laboral. Las personas en edad de trabajar (PET) pueden ser parte de la PEA o no (sección 1). Las personas que integran la PEA pueden ocuparse o no (sección 2). Estas dos primeras transiciones estarían relacionadas con la exclusión del mercado laboral y la exclusión del empleo, aunque en sentido estricto estamos modelando su sentido contrario, la inclusión. En la tercera transición, introducimos el elemento central de nuestro análisis, la sobreeducación, como forma particular de inserción dentro de la ocupación (sección 3). A partir de ella, queremos explorar cómo esta precede a la exclusión del empleo de calidad, al conducir a un empleo de remuneración inadecuada y a la ausencia de cobertura del sistema.

En síntesis, este esquema traduce nuestra pregunta de trabajo: ¿es la sobreeducación un inhibidor de la exclusión en el empleo o, por el contrario, incrementa el riesgo de percibir un bajo salario y no contar con seguridad social? Nuestra hipótesis es que la sobreeducación también coincide con otras formas de exclusión dentro de la ocupación, por lo que se asocia con la mala remuneración y la falta de seguridad social.

Es importante señalar que, si bien proponemos analizar la exclusión como proceso siguiendo el esquema anterior, admitimos que lo que hemos definido como etapas o secciones de dicho esquema ocurren de manera simultánea. Por ejemplo, se ingresa al empleo y la inserción lleva consigo y al instante unas determinadas condiciones laborales. Sin embargo, este es solo un ejercicio de aproximación donde únicamente se analizarán asociaciones sin pretensiones de establecer causalidad.

Dado que la población mexicana no es homogénea, es importante establecer diferencias en el proceso según perfiles sociodemográficos. Por ejemplo, para explicar las diferencias entre varones y mujeres en un esquema de exclusión/inclusión laboral es necesario incorporar las cargas de trabajo doméstico, la estructura del hogar y la posición en el hogar de los individuos, que como sabemos varían por sexo y se cristalizan en desigualdades de género (Abramo y Valenzuela, 2005; Castro, García y Badillo, 2011; Coen-Pirani, León y Lugauer, 2010; García y Pacheco, 2000; Orozco Rocha, 2015; Rendón, 2003).

Datos y métodos

El presente estudio se aplica al caso del mercado laboral mexicano y la fuente de datos utilizada es la ENOE del tercer trimestre del año 2019. La amplitud de esta fuente permite estudiar a la población en todo el proceso de inclusión/exclusión descrito en el apartado anterior, así como las diferentes subpoblaciones de interés y su composición. Para nuestro análisis incluimos a todas las personas en edad a trabajar de 25 a 64 años. Este recorte poblacional incluye a las personas que teóricamente ya salieron del sistema educativo, y excluye a la población adulta mayor cuya salida del mercado laboral podría estar más determinada por el retiro que por las condiciones de mercado. Al excluir a la población más envejecida y perteneciente a generaciones en promedio menos educadas se evita subestimar las probabilidades de sobreeducación.

Para definir la escolaridad esperada en una determinada ocupación se recurrió a la clasificación normativa propuesta por la Organización Internacional del Trabajo, de acuerdo a la cual se definen tres grandes grupos según la calificación esperada (ILO, 2013a, 2014). El primero es el grupo de alta calificación no manual, que reúne a las ocupaciones que exigen haber completado la educación terciaria y está integrado por: (1) directores y gerentes; (2) profesionales científicos e intelectuales; y (3) técnicos y profesionales de nivel medio. El segundo grupo es el más amplio y corresponde a aquellas ocupaciones que demandan un nivel de educación intermedio. Dentro de él se encuentran las ocupaciones de baja calificación no manuales y las manuales calificadas. Las primeras incluyen (4) al personal de apoyo administrativo, y (5) los trabajadores de los servicios, vendedores de comercios y mercados. Las últimas remiten a (6) agricultores y trabajadores calificados agropecuarios, forestales y pesqueros; (7) oficiales, operarios y artesanos de artes mecánica y otros oficios, y (8) operadores de instalaciones y máquinas y ensambladores. Finalmente, el tercer grupo de ocupaciones que demandan una calificación elemental —haber asistido a la educación primaria— aglutina a las (9) ocupaciones elementales.

Una vez definida la calificación teórica de las ocupaciones, se identificaron las situaciones de adecuación e inadecuación respecto a la escolaridad real de los individuos. A partir de ello, se definieron las siguientes categorías de la población ocupada: i) subeducada, que realiza tareas que demandan un grado de escolaridad mayor al alcanzado; ii) sobreeducada, que realiza tareas que demandan un grado de escolaridad menor al alcanzado, y iii) en inserción adecuada, que corresponde a quienes realizan tareas acordes a su educación. En este estudio se da prioridad al segundo grupo, donde el desajuste implica que las personas realizan tareas por debajo de su nivel educativo.

Para medir la remuneración no adecuada, establecimos como criterio la mediana del gran grupo ocupacional, es decir que la remuneración se considera en términos de las tareas que se realiza y no de su perfil. Si un trabajador reporta un salario menor a este valor, consideramos que su remuneración no es adecuada. En el caso del acceso a la seguridad social, consideramos como contribuyentes a aquellos que declaran estar adscritos a las instituciones mexicanas encargadas de dar seguridad en salud.

La estrategia de análisis incluye un estudio preliminar descriptivo de algunas relaciones bivariadas que dan cuenta de los perfiles diferenciados en cada grupo del proceso de inserción definido en la Figura 2. Es decir, observaremos los perfiles de sexo, lugar de residencia, parentesco, asistencia escolar y situación conyugal de las personas (i) económicamente activas; (ii) ocupadas; (iii) sobreeducadas en la ocupación principal, y (iv) sobreeducadas y sin condiciones laborales adecuadas.

En el análisis multivariado se ajustaron modelos logísticos secuenciales, primero, para la población en general y, luego, para las poblaciones específicas de varones y mujeres. Modelamos cuatro estados: (i) que una persona en edad de trabajar sea parte de la población económicamente activa; (ii) que una persona económicamente activa esté ocupada; (iii) que una persona ocupada esté sobreeducada según su rama de ocupación, y (iv) que una persona sobreeducada tenga un salario por debajo de la media de su rama y esté desprotegida en términos de su seguridad social. En estos modelos incluimos la mayoría de las variables individuales y de hogar utilizadas en el análisis bivariado.

Este tipo de modelo estima el efecto de las variables independientes sobre las probabilidades de experimentar alguno de los cuatro estados mencionados (Buis, 2013). De esta forma es posible usar un árbol de decisión como el representado en la Figura 2, siempre y cuando pueda alcanzarse cada nivel de la variable dependiente a través de una y solo una secuencia de estados. Este tipo de estimaciones multivariadas va ajustando una serie de modelos logísticos binomiales con relación a la población en riesgo en cada etapa del proceso. No obstante, la ventaja de modelar toda la secuencia es que permite establecer hipótesis sobre los efectos de las variables independientes a lo largo de cada estado y permite establecer análisis de sensibilidad sobre la presencia de la heterogeneidad no observada a lo largo de las transiciones (selectividad; Buis, 2011).

Si bien las distintas condiciones del proceso de exclusión/inclusión laboral que se presenta ocurren en un mismo momento, la idea de mostrar este proceso separándolo por estados permite observarlo de modo completo, y señalar si las características sociodemográficas asociadas a este se mantienen o se van modificando a lo largo del mismo.

Resultados

La Figura 3 muestra cómo se va distribuyendo o disgregando la población de 25 a 64 años (P25-64) expuesta al riesgo a lo largo de los estados definidos. No obstante, es también necesario notar que al cabo de cada secuencia se cuenta con una nueva población expuesta al riesgo —siempre menor a la población expuesta al riesgo anterior—. Como se puede observar, la PEA corresponde a más de dos terceras partes de la PET. Mientras, gran parte de esta población logra insertarse en la ocupación: los ocupados representan el 97.0% de la PEA y los desempleados abiertos apenas el 3%. Por otro lado, las personas sobreeducadas representan el 18.3% de la (P25-64), es decir, un 26.4% de la población ocupada. La población sobreeducada que recibe una remuneración por debajo de la mediana de su grupo ocupacional y no tiene acceso a la seguridad social representan un 4.4% de la (P25-64), pero son el 23.8% de quienes están sobreeducados.

Figura 3. Población de 25-64 años a lo largo del proceso de inserción laboral. México, 2019

Los resultados descriptivos para las tasas de actividad y ocupación muestran algunos rasgos propios del mercado de trabajo mexicano como la baja participación femenina y las diferencias mínimas entre sexos en el nivel de ocupación dentro de los activos.

Tabla 1. Prevalencia de actividad, ocupación y condiciones de precariedad en el empleo por sexo, lugarde residencia, asistencia escolar, parentesco y situación conyugal. México, 2019 (en porcentajes)

Sin embargo, la elevada prevalencia del empleo sobreeducado que afecta ligeramente más a los varones que a las mujeres (Tabla 1),contraviene la literatura antecedente que señala a las mujeres como uno de los grupos demográficos con mayor riesgo de sobreeducación. También se aprecia que uno de los principales ejes de la desigualdad en el empleo es el lugar de residencia. En este sentido, el empleo en el ámbito urbano se asocia con mayores niveles de sobreeducación, pero, en el área rural, la mala remuneración y la falta de cobertura de la seguridad social son más extendidas, incluso entre los trabajadores en condiciones de sobreeducación.

La sobreeducación es levemente superior entre quienes asisten al sistema educativo y las personas no unidas y está sobrerrepresentada entre los hijos de los jefes/as de hogar y quienes residen en estructuras de hogares familiares nucleares o extendidas.

La triple combinación de formas de exclusión del empleo productivo entre los trabajadores mexicanos, a saber, 1) sobreeducación, 2) remuneración por debajo de la mediana de la rama de ocupación, y 3) ausencia de aportes a la Seguridad Social, es una condición más común entre las mujeres, los habitantes de las áreas rurales, las personas que no asisten a la escuela y quienes tienen estatus de cónyuges de los jefes/as de hogar.

Finalmente, en la Tabla 2 mostramos algunos promedios de las variables cuantitativas a analizar. La población sobreeducada es ligeramente más joven y, obviamente, acumula más años de escolaridad, con una diferencia de un año de escolaridad promedio, que es estadísticamente significativa. Aunque la proporción que mantiene condiciones precarias tiene escolaridad ligeramente más baja, prevalece el desajuste. Por otro lado, la población tiene similares cargas de trabajo no remunerado en el hogar; mientras que todos los grupos tienen similares relaciones de dependencia al interior del hogar.

Tabla 2. Promedios de edad, relación de dependencia y horas de trabajo no remunerado dentro de los hogares según inserción/exclusión laboral. México, 2019

Antes de dar paso al análisis multivariado, cabe recordar que las dos primeras condiciones modeladas abordan el proceso en términos de la inclusión en el mercado laboral y el empleo. Luego se analizan las probabilidades de sobreeducación respecto a la subeducación y el ajuste educativo como una forma específica de inserción, para finalmente identificar los principales rasgos de quienes además son excluidos del empleo de calidad.

Para simplificar la interpretación, aquí presentamos los efectos marginales promedio de las variables incorporadas en los modelos. Estas estimaciones asumen que las variables están en sus condiciones medias y solo evalúan los cambios promedios de un cambio de unidad (para las variables cuantitativas) o de cualidad (para las nominales) en las probabilidades de estar en alguno de los estados o condiciones del modelo. Las tablas completas de resultados pueden consultarse en los Anexos (, y ).

En la Gráfica 1 mostramos los resultados que en promedio tiene el ser mujer en los distintos estados seleccionados de un modelo global que controla además por el resto de variables plasmadas en la Tabla 1. De esta manera, podemos ver las diferencias de los procesos de inserción/exclusión laboral entre varones y mujeres.

Gráfica 1. Efectos marginales del efecto de ser mujer, en las probabilidades condicionadas de transición en el proceso de inserción laboral. México, 2019, tercer trimestre

Como se observa en la Gráfica 1, las mujeres (con respecto a los varones) tienen menores probabilidades de entrar a la PEA, incluso controlando por el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado al interior de los hogares. En el caso de la ocupación, manteniendo las condiciones medias de la PEA, las mujeres tendrían una probabilidad algo mayor de ocuparse. En el caso de la sobreeducación, los resultados multivariados reafirman lo encontrado en los descriptivos posicionando a México como un caso excepcional en el concierto internacional (ILO, 2013b), ya que en este caso las mujeres no forman parte de los grupos demográficos más vulnerables a la sobreeducación. Si observamos las probabilidades de la doble condición de sobreeducación y precariedad en el mercado mexicano, no se identifican efectos significativos por sexo. Esto señala que la diferencia encontrada en el análisis bivariado (Tabla 1), no se sostiene cuando se consideran los otros atributivos aquí modelados.

Dado que los determinantes de la actividad, ocupación y sobreeducación difieren entre varones y mujeres, a continuación hacemos un análisis separado por sexo. Asimismo, presentamos los resultados distinguiendo entre los efectos de las características individuales, incluyendo el lugar de residencia (Gráfica 2) y las características del hogar (Gráfica 3).

Gráfica 2. Efectos marginales promedio de las variables de individuo y residencia en las probabilidades condicionadas de transición en el proceso de inserción laboral. México, 2019, tercer trimestre

Gráfica 3. Efectos marginales promedio de las variables de hogar en las probabilidades condicionadas de transición en el proceso de inserción laboral. México, 2019, tercer trimestre

Las probabilidades de entrar en la actividad y la ocupación por edad varían significativamente y de modo contrario. Para el ingreso a la actividad, un incremento de la edad se traduce en un decremento no lineal de las probabilidades de estar en actividad para ambos sexos. En cambio, en ambos sexos un incremento de la edad se traduce en un crecimiento no líneal de las probabilidades de ocupación. Cuando se analizan las probabilidades de sobreeducación entre los ocupados, vemos que para ambos sexos el efecto neto es negativo, es decir, que la sobreeducación tiende a corregirse conforme avanza la edad. Por último, la precariedad en la población sobreeducada no se corrige con la edad, por el contrario, su riesgo se incrementa en varones y mujeres.

En concordancia con estudios previos, nuestros datos muestran que en el medio rural, las mujeres tienen menores probabilidades de entrar al mercado de trabajo frente a los espacios urbanos (Escoto, Márquez y Prieto, 2017), mientras que esta distinción no es significativa para los varones. Tanto mujeres como varones en el medio rural están expuestos a niveles de ocupación apenas superiores a los de quienes residen en las ciudades. También están expuestos a menores niveles de sobreeducación que sus pares del ámbito urbano, pero el riesgo de estar ocupados en trabajos precarios es mayor. La asistencia escolar limita la entrada al mercado de trabajo y para las mujeres se asocia negativamente con la sobreeducación. En el resto de las transiciones, sus efectos no son diferentes de cero.

Como es esperable, la condición de estar en una unión conyugal, implica una mayor actividad en los varones y menor probabilidad de ser parte de la PEA para las mujeres. Estar en unión, en cambio, incrementa las probabilidades de ocupación en ambos sexos, pero tiene un efecto divergente cuando se analiza las probabilidades de estar sobreeducado. Estar unido incrementa el riesgo de desajuste entre varones ocupados, pero no hay un efecto significativo para la precariedad. En cambio, para las mujeres ocurre lo inverso: los vínculos de pareja parecen funcionar como inhibidor de la sobreeducación, pero son un promotor de la precariedad.

Con respecto al trabajo no remunerado dentro del hogar, como lo señalan estudios previos, las cargas domésticas afectan la inserción a la actividad y la ocupación en las mujeres, efecto que también puede encontrarse entre los varones, pero con menores magnitudes. También encontramos efectos opuestos entre varones y mujeres cuando analizamos las condiciones de sobreeducación y precariedad. Por un lado, la carga horaria de trabajo no remunerado incrementa el riesgo de sobreeducación y precariedad entre las mujeres. Esto puede indicar que la mayor carga doméstica restringe las opciones laborales y puede llevar a tomar empleos no acordes a la calificación educativa. Por el otro lado, para los varones, el trabajo no remunerado tiene un efecto negativo y leve sobre el riesgo de sobreeducación y no tiene ningún efecto en la precariedad. Ello establece que existen procesos muy diferenciados por sexo ya no solo en el acceso al mercado de trabajo, sino también en el grado de ajuste educativo y en las condiciones laborales. Las cargas de cuidado y trabajo doméstico no remunerado dentro del hogar perjudican en mayor medida la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo.

Además de las características individuales, hemos considerado estudiar la unidad doméstica. Si tomamos en cuenta las características del hogar (Gráfica 3), se aprecian también diferencias en sus efectos entre los diferentes estados del proceso de inclusión/exclusión laboral por sexo.

Con respecto a la posición en el hogar, el ser cónyuge (con referencia al jefe) en las condiciones medias de ambos sexos, tiene un efecto negativo en la inserción en la PEA, siendo este efecto mayor para las mujeres. Aquellas que son económicamente activas, al ser cónyuges tienen mayores oportunidades de ocuparse que los jefes y jefas de su hogar, mientras que los cónyuges varones tienen probabilidades levemente menores de ocuparse. El ser cónyuge no tiene efectos para las probabilidades de insertarse de manera sobreeducada, pero tiene efectos positivos para predecir condiciones laborales no adecuadas en ambos sexos.

Algo semejante ocurre entre hijos e hijas (con referencia a quien ocupa la jefatura del hogar), que tienen menores probabilidades de entrar en actividad y de estar ocupados. No obstante, en condiciones medias, los hijos varones ocupados tienen mayores probabilidades —respecto al jefe/jefa— de estar sobreeducados, mientras que para las hijas no se observa un efecto marginal estadísticamente significativo respecto al grupo de referencia. Si se consideran las probabilidades de entrar al último estado, vemos que efectivamente el riesgo de estar en condiciones precarias es muy superior para hijos e hijas sobreeducados.

El resto de las variables relativas a la composición del hogar, que recogen las tasas de dependencia de personas mayores y menores, así como las configuraciones familiares (nucleares y no nucleares) tienen resultados ambiguos y sus efectos son débiles estadísticamente en comparación con los observados para los atributos individuales. Por ejemplo, las tasas de dependencia de personas menores de edad incrementan las probabilidades de actividad económica y ocupación en ambos sexos, pero solo en los varones tienen cierto efecto sobre el riesgo de precariedad entre los sobreeducados. Los varones que residen en hogares familiares tienen un menor riesgo de estar en actividad y en ocupación, y no se aprecian efectos significativos para las transiciones ulteriores. Entre las mujeres que residen en hogares familiares encontramos cierto efecto positivo para la entrada en actividad, no se corroboran efectos sobre la ocupación, y un riesgo levemente superior de sobreeducación entre las que residen en hogares extensos. La precariedad, en cambio, se asocia negativamente y de modo moderado a los tipos de hogares extensos entre las trabajadoras del sexo femenino.

Consideraciones finales

El fenómeno de la sobreeducación suele estudiarse desde la óptica del uso ineficiente de recursos, pero aquí preferimos considerar a la sobreeducación como un punto intermedio en el proceso de inclusión y exclusión laboral. Para esto hemos elegido un caso como el mexicano, donde se conjugan un proceso de expansión educativa intergeneracional y un mercado laboral precarizado. La expansión educativa en México es una buena noticia, pero sería aún mejor si fuese acompañada de un mercado laboral capaz de emplear a una población más escolarizada.

Nuestra hipótesis de partida enunciaba que la sobreeducación podría preceder a la exclusión del empleo de calidad, al conducir a una remuneración inadecuada y a la ausencia de cobertura del sistema de seguridad social. Sin embargo, los resultados indican un panorama más complejo y menos lineal, donde la sobreeducación se asocia a la precariedad, pero solo en algunos perfiles poblacionales. Específicamente la precariedad se asocia con la sobreeducación ante un incremento de la edad, la residencia rural, la posición en el hogar de cónyuges e hijos, las mujeres que viven en unión, las mujeres con trabajo no remunerado, y los varones que viven en hogares con mayores tasas de dependencia. Para el resto de grupos no se aprecia una asociación significativa entre sobreeducación y precariedad. Por otra parte, para ninguno de los atributos considerados se verifica una asociación entre sobreeducación y ausencia de precariedad. En otras palabras, la sobreeducación funciona para determinados grupos como promotor de la precariedad, pero en ningún caso funciona como inhibidor.

La principal contribución de este trabajo exploratorio sobre las implicancias de la sobreeducación en la exclusión laboral es haber identificado una serie de perfiles poblacionales en lógica de proceso. Los estudios acerca de la sobreeducación para países con bajo y mediano ingreso han utilizado a la informalidad como antecedente o predictor y no como uno de los estados asociados a la sobreeducación, como sí se hace en este caso. Conceptualmente la principal contribución de este estudio es entender a la sobreeducación como promotor de las malas condiciones laborales. De este modo, quedan de manifiesto los límites de la expansión educativa sin un correlato de la expansión de la capacidad de absorción de los mercados de trabajo.

Esto plantea un doble desafío para las políticas públicas. Por un lado, son necesarias políticas orientadas a la creación de empleos que permitan ocupar a una población crecientemente educada. La absorción ajustada de la mano de obra debería tener en cuenta a la población joven, residente en áreas urbanas y a las mujeres con cargas de cuidados no remunerados que coincide con el perfil de sobreeducación. Por otro lado, deben pensarse estrategias de absorción que mejoren las condiciones laborales particularmente precarias de quienes sufren la triple condición de sobreeducación, mala remuneración y desafiliación a la seguridad social. Estas estrategias deberán de dirigirse al perfil de trabajadores sobreeducados y en precariedad que aquí identificamos.

En adelante, se plantea una necesidad de profundizar en este análisis por los sectores de actividad para introducir un nivel más de distinción a las formas en que se tejen los procesos de sobreeducación y exclusión laboral. También sería deseable analizar las posibles interacciones entre estas dinámicas y los ciclos económicos de expansión y contracción. Por último, sería también deseable analizar el desajuste educativo por subeducación y su asociación con la exclusión laboral.

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