Resumen

HOLA

La transición a la vida adulta asume características distintivas en cada generación, producto de las condiciones materiales en cada momento histórico y del sistema de normas y creencias imperantes en las sociedades. Este trabajo se propone mostrar las distintas características del proceso de transición a la vida adulta en tres generaciones, en las Ciudades de México y Buenos Aires, con las Encuestas Demográficas Retrospectivas de 2017 y 2019. A partir de las historias de vida de las personas entrevistadas, desde su nacimiento hasta la fecha de la encuesta, se reconstruyeron las etapas de entrada a la vida adulta, comparando dos sociedades con distintas normas, valores y modelos institucionales, que determinan el paso hacia la autonomía y las responsabilidades familiares y sociales de la adultez. Se presentan y discuten de manera comparativa las bondades y dificultades de ambas encuestas, desde el punto de vista metodológico y de producción de los datos.

Introducción

Las ciencias sociales, como la historia, la sociología y la demografía, han mostrado un gran interés por las encuestas biográficas, como fuentes de datos longitudinales que recogen las historias de vida de las personas, las relacionan con su contexto económico, social y cultural y explican, además, las evoluciones individuales y colectivas a lo largo del tiempo (Bertaux, 2010). Existen varias categorías de fuentes, tales como las encuestas retrospectivas, el seguimiento de paneles de individuos a lo largo del tiempo, y algunos registros administrativos continuos (nacimientos, defunciones, residencia, empleo, estatus migratorio).

Desde 1980 la demografía ha promovido este tipo de datos por medio de encuestas retrospectivas que detallan los eventos y las etapas de los cursos de vida de las personas. Estos datos longitudinales han permitido abordar las transiciones, las trayectorias y los momentos de ruptura (turning points) de los principales eventos de la vida (Courgeau y Lelièvre, 1989, 2001; Elder, 1985). El nuevo paradigma de la demografía, propuesto por Courgeau y Lelièvre (1996) establece que las biografías individuales deben ser consideradas como unidades de análisis para explicar los procesos sociales y la heterogeneidad de las sociedades en una forma dinámica.

Las temáticas que se pueden abordar son muy variadas y cada evento se observa desde el día del nacimiento de la persona encuestada hasta la fecha de levantamiento de la encuesta retrospectiva correspondiente. Se enumeran las etapas de la vida familiar, distinguiendo la familia de origen y la familia conyugal, las residencias a lo largo de la vida, las trayectorias educativas, la permanencia en el mercado de trabajo, la movilidad laboral y social, los eventos matrimoniales, reproductivos, anticonceptivos, situándolos en diferentes contextos y niveles de observación (localidades urbanas y rurales, categorías sociales, indicadores culturales, regiones). Se reconoce generalmente el potencial de este tipo de información, dado que se pueden analizar tasas específicas de los fenómenos demográficos relevados para cada cohorte; transición hacia eventos, como la finalización de los estudios y el ingreso al primer empleo; la reconstrucción de trayectorias específicas (migratorias, laborales, educativas, de cohabitación); la reconstrucción de trayectorias asociadas a ciclos de vida (como por ejemplo el pasaje de la juventud a la vida adulta); el análisis de la duración de los estados; análisis de los determinantes de los eventos y la aplicación de modelos de interrelación entre eventos de la vida de la población (Coubès, Zavala de Cosío y Zenteno, 2005).

En América Latina, esta herramienta fue aplicada en dos países: en México, a nivel nacional en 1998, 2011 y 2017; y en Argentina, solo en la Ciudad de Buenos Aires en 2019. Esta fuente, las Encuestas Demográficas Retrospectivas (EDER), fue desarrollada por investigadores mexicanos y adaptada para su aplicación en la Ciudad de Buenos Aires. La disponibilidad de la misma encuesta posibilita comparar las historias de vida en dos sociedades, la de las ciudades capitales mexicana y argentina, con culturas y poblaciones muy diferentes.

Este artículo expone la historia de las EDER, el esfuerzo que ha llevado a aplicar la misma metodología en México y Argentina, sus importantes ventajas, así como la presentación de los primeros resultados de la comparación entre la Ciudad de México y la Ciudad de Buenos Aires, que se pretenden mostrar sin tardar más, como una primera aproximación a las grandes diferencias entre las poblaciones de las dos capitales. Este trabajo representa la primera etapa de los análisis mucho más profundos que se emprenderán en el futuro.

El foco, en esta oportunidad, está puesto en la entrada a la vida adulta, analizando ciertos cambios de estados que experimentan los individuos a lo largo del curso de la vida. Los eventos fundamentales que se consideran hitos del comienzo del desempeño de roles adultos son la salida del sistema educativo, el ingreso al mercado laboral, la constitución de una residencia diferente al hogar de origen y el inicio de la vida reproductiva.

Estos itinerarios, que se recorren con secuencias y temporalidades más o menos heterogéneas, están determinados por tres aspectos que intervienen en su devenir: 1) las características y el posicionamiento en la estructura social y de género del hogar de origen, 2) las biografías individuales (logros, accidentes, acontecimientos o condicionantes congénitos) y 3) las condiciones de protección social (políticas públicas) y las normalizaciones que provienen del Estado.

En este sentido, las secuencias de vida y los pasajes de estado se vinculan. Son moldeados, legitimados y asegurados por instituciones sociales y gubernamentales (Filardo, 2010). De los individuos se espera, según su edad cronológica y sexo, que se ajusten, más o menos, a la idea normalizadora que el Estado y la sociedad tienen y construyen para cada momento de la vida.

Las transiciones a la adultez pueden estudiarse desde dos puntos de vista: el que remite a las diferencias debidas a las posiciones que se ocupan en la sociedad (perspectiva en que la estructura y las desigualdades son preponderantes) y en función de las diferencias de intensidad y calendario en las transiciones. A este respecto, Filardo (2010, p. 7) señala:

los diferenciales de intensidad y calendario en las transiciones manifiestan mundos de vida, proyectos y temporalidades distintos […] que permiten ser interpretados, además de sus condicionantes estructurales, por la capacidad de agencia de los jóvenes en el contexto de una sociedad líquida en que los modelos de referencia se diluyen, las biografías se desestandarizan y la reversibilidad de los procesos es mayor que en épocas pasadas.

Las transiciones hacia la vida adulta de la población residente en las ciudades de Buenos Aires y México se analizan, entonces, comparativamente, en vistas a mostrar las diferencias entre dos urbes latinoamericanas que se encuentran en puntos distantes en su transición demográfica. El aporte de una perspectiva que permita incluir los cambios sociales, familiares y económicos en las trayectorias generacionales, a partir de dos fuentes de datos similares, puede colaborar en profundizar y renovar el estudio de las relaciones entre población y desarrollo en América Latina.

Fuentes de información: Encuestas Demográficas Retrospectivas

Antecedentes

Las fuentes de datos utilizadas son las Encuestas Demográficas Retrospectivas levantadas en México en 2017 a nivel nacional y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) en 2019. Como encuestas biográficas, permiten relevar los fenómenos seleccionados en el estudio de los varones y de las mujeres, desde el nacimiento hasta el momento en que se levantan los datos. Es decir, se registran las trayectorias de migración, fecundidad, uniones, corresidencia, laborales y educativas, entre otras, de las personas sobrevivientes de cada una de las cohortes de nacimiento seleccionadas(Aguilera et al., 2018). Tanto en las tres ediciones de las EDER mexicanas (de 1998, 2011 y 2017) como en la de la CABA (de 2019), el cuestionario diseñado tipo matriz es el que permite trazar la “historia del entrevistado” a través de los eventos de cada una de las dimensiones temáticas, con el potencial de combinar en un mismo calendario los eventos familiares, migratorios, habitacionales, ocupacionales, educativos, de cuidados y de salud de las personas entrevistadas, además de relacionar dichos eventos con el capital social, económico y cultural que recibieron de parte de sus padres.

De este modo, las encuestas biográficas retrospectivas resultan la fuente de información más adecuada para el estudio de las trayectorias de los cursos de vida de las personas y la identificación de los momentos, la edad, en que ocurren los eventos de transiciones a la vida adulta. En las dos EDER (México y CABA) se retoman las dimensiones que Coubès y Zenteno (2005) utilizaron: la salida de la escuela, la salida de casa de los padres, la primera ocupación y la primera unión. Además, se incluyen otras dimensiones que intervienen en el proceso de transición, como el aporte económico en los hogares, las tareas domésticas y de cuidado, el nacimiento del primer hijo y las migraciones, aunque no son analizadas en el presente artículo.

El antecedente a las EDER mexicanas fue la encuesta triple biografía (conocida también como Encuesta 3B) aplicada en 1981, en Francia. El responsable fue Daniel Courgeau del Institut National d’Etudes Démographiques (Francia) allí se observaron a la vez, trayectorias laborales, residenciales y familiares puestas en relación con su contexto económico, demográfico y social, formalizándose el método de análisis demográfico de las biografías (Courgeau y Lelièvre, 1989).

El modelo de Courgeau inspiró la realización de las tres encuestas demográficas retrospectivas mexicanas: biográficas, retrospectivas y representativas de la población nacional por sexo y generaciones, fruto de la colaboración entre instituciones académicas y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Pero entre cada EDER hubo variaciones en la población seleccionada (Tabla 1), en el tamaño y origen de las muestras y en la representatividad urbana y rural.

La primera encuesta biográfica pionera en México fue la de 1998, representativa de tres grupos de generaciones de hombres y mujeres a nivel nacional, urbano y rural (cohortes nacidas en 1951-1953 y 1966-1968). En 2011, con el mismo tamaño de muestra, se decidió profundizar el conocimiento de los procesos sociodemográficos abordando dos de las mismas generaciones entrevistadas en la EDER de 1998 y observar los cambios de una generación más joven, cuya transición a la vida adulta ocurrió durante las dos décadas anteriores a la fecha de la encuesta (cohorte nacida en 1978-1980) (Coubès, Solís y Zavala de Cosío, 2016). Los datos de estas dos encuestas fueron ampliamente estudiados con métodos estadísticos y demográficos de análisis de las biografías. La tercera EDER, levantada en 2017, considera una muestra 10 veces mayor de la población nacional, de 20 a 54 años de ambos sexos, con un cuestionario semejante pero ampliado.

La experiencia mexicana en el levantamiento de las dos primeras EDER estimuló la preparación de una encuesta similar para la Ciudad de Buenos Aires en Argentina. La Dirección General de Estadística y Censos (DGEyC) de la CABA y la Maestría en Demografía Social de la Universidad Nacional de Luján diseñaron e implementaron la prueba piloto de la primer Encuesta Demográfica Retrospectiva de la Ciudad de Buenos Aires (EDER-CABA) en agosto de 2017. Paralelamente, México se encontraba en pleno relevamiento de su tercera EDER, situación que facilitó la observación participante de profesionales de la DGEyC en la capacitación de los encuestadores del INEGI y el intercambio sobre aspectos conceptuales, metodológicos y académicos con los profesionales de El Colegio de México y de la Universidad Nacional de Luján. Con la evaluación cuantitativa y cualitativa de los resultados y el operativo de la prueba piloto de 2017 de la EDER-CABA, se modificó lo necesario y se organizó el operativo definitivo que se aplicó en 2019.

Una comparación del diseño conceptual y metodológico de ambas encuestas, se presenta a continuación.

Tabla 1. Cohortes seleccionadas según EDER

Para México, con la EDER 2017 “es posible observar a las generaciones nacidas entre 1962 y 1997, lo que permite dar seguimiento a la generación 1978-1980 observada en 2011; y a la generación 1966-1968 observada en 2011 y 1998” (Pérez Amador y Ramírez Álvarez, 2018, p. 2). Asimismo, se amplían de manera significativa las posibilidades de análisis de las trayectorias de vida de otras cohortes de nacimiento de la población mexicana (Aguilera et al., 2018).

Dada esta disponibilidad, para el análisis de los resultados de la Ciudad de México, y a efectos de la comparación con la Ciudad de Buenos Aires, en el presente artículo se toman las generaciones nacidas entre 1962-1966, 1968-1972 y 1978-1982. Las evoluciones recientes de la sociedad mexicana enseñan que se están modificando dos dimensiones de considerable peso en las transiciones del curso de vida, como las dinámicas familiares y el estatus social. El cambio demográfico y social provoca una mayor diversidad en las trayectorias maritales y recomposiciones familiares, acompañadas con la transformación de las relaciones de género en el ámbito familiar; asimismo, el modelo económico actual amplifica las desigualdades sociales a la vez que las redibuja, resultando muy relevante estudiar cómo estas dos dimensiones, la familia y la desigualdad social, siguen imprimiéndose en el curso de vida de las cohortes mexicanas.

En la CABA, las tres cohortes que se analizan son las que fueron seleccionadas en el propio levantamiento de la EDER 2019: las generaciones nacidas entre 1948-1952, 1968-1972 y 1978-1982. Las mismas muestran cambios de comportamiento que impactan en los fenómenos demográficos básicos y que obedecen a cambios socioculturales. La elección de estas cohortes remite a distintos momentos económicos y sociales del país. Las condiciones socioeconómicas tuvieron gran impacto en la expansión del sistema educativo, en la contracción y expansión del mercado de trabajo y en el cambio de comportamientos asociados a la sostenida demanda de trabajo de las mujeres en función de la necesidad de aportar a la economía de los hogares, pero también como consecuencia de su elevado nivel educativo.

Cada cohorte de la EDER-CABA, conformada por población de cinco edades, estuvo seleccionada con base en un marco conceptual anclado en los efectos de los modelos de acumulación de Argentina que atravesaron los cursos de vida, la juventud en específico, de la población de esas tres cohortes de nacimiento. En cuanto a la dimensión demográfica, en la Ciudad de Buenos Aires, “desde 1970 hasta la actualidad se observan niveles de crecimiento vegetativo sostenidamente bajos, un aumento sostenido de la esperanza de vida al nacer y niveles de fecundidad de alrededor de dos hijos por mujer” (Aguilera et al., 2017, p. 6). Asimismo, varios indicadores evidencian cambios respecto del modelo de formación familiar y del calendario reproductivo.

Entre 1999 y 2016 la edad de entrada al primer matrimonio se incrementó, tanto para los varones como para las mujeres, en casi cinco años. Las uniones consensuales representaban durante los años ochenta menos del 10 %, valor que alcanza casi el 40 % en 2015 (DGEyC, 2015). La edad promedio de las primerizas era, en 2016, de 29 años, y de 31 años la del total de las mujeres que tuvieron hijos ese año (DGEyC, 2017). Acompañando estos comportamientos, la tasa de actividad femenina alcanzó casi al 60 %, y la de ocupación, al 50 % de las mujeres en 2016 (DGEyC, 2021a). Esta mayor inserción en el mercado de trabajo es acompañada por el alto perfil educativo de las mujeres de 25 años y más, que es, en promedio, de 13 años de estudio (DGEyC, 2015). También se observó, por otra parte, un claro predominio femenino tanto en los hogares unipersonales (por encima de 60 %) y de los nucleares con núcleo incompleto (por encima de 85 %) (Aguilera et al., 2017).

Diseño muestral

La EDER 2017 se aplicó en México como un módulo en la Encuesta Nacional de Hogares (ENH) 2017. La muestra probabilística fue seleccionada a partir de las viviendas relevadas en el tercer y cuarto trimestre, con población residente habitual de varones y mujeres de 20 a 54 años.

La selección de viviendas se realizó en dos etapas, en la primera se eligieron áreas geográficas —Unidades Primarias de Muestreo—, con límites identificables que agrupan un conjunto de viviendas, cuyo número depende del tamaño de las localidades. Por cada unidad primaria de muestreo seleccionada en la primera etapa, se listaron las viviendas, mientras que en la segunda se seleccionaron aquellas que fueron entrevistadas. Se encuestaron 32.500 hogares representativos a nivel nacional y subnacional (Pérez Amador y Ramírez Álvarez, 2018). Finalmente, en cada hogar, se seleccionó una persona entrevistada sin posibilidad de reemplazo, lo que garantiza la representatividad de la muestra según edad y sexo, además de la calidad de las repuestas sobre la vida propia del encuestado.

En esta última EDER de 2017, al igual que en las anteriores, el cuestionario se aplicó como módulo de una encuesta en hogares de alcance nacional, es decir: “responden al mismo objetivo, pero con distinto periodo de levantamiento, muestra y representatividad, dada por los proyectos estadísticos en los que cada una ha sido anidada” (Pérez Amador y Ramírez Álvarez, 2018, p. 3).

En CABA, la muestra para llevar adelante la EDER-CABA se obtuvo a partir de la Encuesta Anual de Hogares (EAH) y de la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingreso (ETOI). De dichas encuestas se tomaron viviendas con respondientes de las cohortes estudiadas. Asimismo, se armaron cuotas distribuidas en las zonas Norte, Centro y Sur de la ciudad. Estas zonas están definidas por agrupamientos de comunas.

A partir de las viviendas de EAH y ETOI, se asignaron 1.132 viviendas con población de la cohorte 1948-1952; 1.266 viviendas con población de la cohorte 1968-1972 y 1.405 viviendas con población de la cohorte 1978-1982.

Adicionalmente, se definió la realización de 78 encuestas en viviendas del marco Villa: 26 para cada una de las cohortes.

Como señalan Coubès, Zavala de Cosío y Zenteno (2005) la discusión sobre la necesidad de ponderar los resultados de las encuestas demográficas retrospectivas gira en torno a la problemática de la representatividad de las trayectorias en la población de ese entonces, dado que quienes tienen la oportunidad de rememorar el pasado son los sobrevivientes. Para que los resultados puedan ser representativos en su totalidad debería contarse con ponderadores para cada año calendario. En tal sentido, la representatividad solo es posible en la población sobreviviente del momento en el que se levanta la encuesta, y bajo el amparo del diseño muestral de la encuesta que provee el marco para la realización del módulo biográfico.

Diseño conceptual del cuestionario de trayectorias

La comparación de las dimensiones y aspectos de las trayectorias vitales que se incluyeron en los dos proyectos estadísticos de las EDER, en México y Buenos Aires, muestra cómo se organizaron en cada caso (Tabla 2). Subyace un ordenamiento de los bloques de preguntas que permite un desarrollo fluido y facilitador de la entrevista a los efectos de colaborar con la rememoración de los hechos del pasado.

Tabla 2. Bloques y organización de los contenidos en la EDER-MEXICO 2017 y en la EDER-CABA 2019

Ambos cuestionarios incluyen 14 bloques de preguntas, abordando similares dimensiones que permiten trazar la “historia del entrevistado”. El orden de cada bloque fue organizado de modo que la recolección de la información siga la trayectoria de vida.

Las diferencias que se observan remiten a bloques de preguntas que se incluyen solo en uno de los casos: vivienda, migraciones temporales y trabajos temporales, además de distinta organización de los temas abordados en cada bloque, como por ejemplo en el de trabajo no remunerado.

El cuestionario en papel tiene organizadas las preguntas concernientes a las trayectorias en formato matricial, con un renglón por cada año o edad. En las columnas de la matriz se consignan los valores que asume cada variable. La trayectoria se refiere a la sucesión de eventos que constituyen la biografía de las personas. La primera columna de la matriz es “año” (calendario) y la segunda “edad” del entrevistado. La lectura de las columnas a través de las filas permite ir identificando el calendario de ocurrencia de los eventos cuya duración mínima es de un año, dado que cada fila representa un año calendario.

Los antecedentes de la madre y del padre se captan con preguntas transversales sobre el lugar, el año de nacimiento, además de las características educativas y laborales de los padres del entrevistado que son ancladas en una edad de su infancia (por ejemplo, 14 o 15 años). Su relevamiento posibilita estudiar la movilidad social intergeneracional a través de la construcción de índices que den cuenta del origen social de la población.

En ambos operativos se generó también una adaptación del cuestionario para dispositivos móviles. Dichas adaptaciones mantuvieron el espíritu de recabar trayectorias, facilitando las tareas del entrevistador en la captación, consistencias y posterior tratamiento del dato.

A partir de estos estudios conjuntos surge la inquietud de propiciar la generación de encuestas de este tipo en otros lugares, para investigar trayectorias comparadas. Un conjunto básico de bloques temáticos que aborden las trayectorias (migratoria, escolar, laboral de trabajo remunerado, de convivencia con la familia de origen, conyugal, de convivencia con la familia política, de la fecundidad y de anticoncepción) fue propuesto para América Latina en el trabajo presentado en el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población de 2018, en Puebla (Zavala y Castelo et al., 2018)

Metodología

La información contenida en las bases de ambos operativos brinda la posibilidad de dar cuenta de los cambios en la biografía de la población en relación con el contexto sociohistórico en que se desarrollaron. Mientras que los eventos de transición a la adultez se analizan a través de tablas descriptivas de indicadores seleccionados según cohorte, que permiten mostrar las diferencias intergeneracionales.

La variable tiempo, es decir la edad, se observa hasta la ocurrencia de un determinado evento a partir de un estado inicial. Por ejemplo, la salida de la escuela, el comienzo del trabajo o la primera unión.

Las tablas de vida incluyen los datos censurados o truncados, es decir, aquellos casos que no experimentaron el evento durante el tiempo de seguimiento y, por lo tanto, se desconoce cuál es su tiempo de supervivencia.

Resultados: Los eventos de transición a la adultez

Los principales eventos de entrada a la vida adulta se plasman en cuatro momentos fundamentales: la salida de la escuela, la primera ocupación, la salida de la casa de los padres y la primera unión.

El levantamiento de las EDER en México posibilitó observar esos cuatro eventos con los datos de 1998, 2011 y 2017, a nivel nacional, urbano/rural y de las principales zonas metropolitanas del país (Coubès et al., 2016; Coubès y Zenteno, 2005). Con la EDER del 2011 fue posible confirmar, por ejemplo, que en las zonas metropolitanas la escolaridad femenina se había prolongado, con respecto a la de los varones, ya que en las generaciones 1978-1980, las mujeres dejaron la escuela a los 17 años contra 16 años en sus pares varones (Coubès et al., 2016). Por lo pronto, con los datos de la EDER 2017, a nivel nacional, se observa que los jóvenes de ambos sexos terminaron su escolaridad a los 15 años en las generaciones 1962-1973 y 1974-1985, y a los 17 años en las generaciones 1986-1993 (Martínez Salgado, 2020).

En cambio, la observación de estos eventos se encuentra más fragmentada en CABA, debido a que, hasta el momento del levantamiento de la EDER 2019, no se habían realizado encuestas de este tipo, en las que se incluyeran los abordajes de las distintas dimensiones del curso de la vida y que posibilitara el estudio de todos los eventos con la misma fuente. No obstante, algunos antecedentes como la EAH 2002 merecen ser mencionados. Dicha encuesta incluyó una serie de preguntas a partir de las cuales fue posible reconstruir la trayectoria del primer matrimonio. Binstock (2004) analizó la formación y disolución de la familia, desde una perspectiva biográfica, para varias generaciones, robusteciendo la evidencia sobre los cambios en la formación y disolución de la familia en la Ciudad de Buenos Aires que habían sido observados con fuentes de datos transversales. Confirmaba, respecto de las uniones consensuales o matrimonios, que “las generaciones del sesenta y setenta muestran —en comparación con sus antecesoras— una postergación en la formación de una unión, cualquiera sea su modalidad” (Binstock, 2004, p. 15).

La propuesta de comparar los datos de la Ciudad de México con la Ciudad de Buenos Aires es posible a partir de la implementación del operativo EDER-CABA 2019, novedoso para Argentina y basado en las experiencias de las EDER de México.

Salida de la escuela

La salida del sistema educativo representa un evento importante en la trayectoria de vida de las personas, dado que otorga herramientas para la reproducción material de la vida. El acceso a los distintos niveles de bienestar se ve facilitado cuando los créditos educativos resultan suficientes para poder insertarse en el mercado de trabajo y obtener los ingresos necesarios para garantizar dichos niveles.

En la Ciudad de Buenos Aires, las proporciones acumuladas de la población que sale del sistema de educación formal a los 20 años es menor que en la Ciudad de México, debido a la amplia cobertura del sistema educativo y a los altos niveles de educación alcanzados por la población de la CABA. Teniendo en cuenta que a los veinte años las personas se encuentran en edad teórica de cursar estudios terciarios o universitarios, la evolución entre generaciones muestra una tendencia a retirarse más tarde del sistema educativo debido al aumento en la continuidad de estudios formales. Las diferencias entre varones y mujeres muestran que, aunque los varones de las generaciones más viejas salieron a los 20 años del sistema educativo en menor proporción que las mujeres, en las generaciones más jóvenes son las mujeres las que permanecen en mayor proporción (Gráfico 1).

Gráfico 1. Porcentajes de personas que salieron del sistema educativo en sus primeros 20 y 30 años de vida, por cohorte y sexo

Observando el evento a los 30 años, edad teórica de conclusión de los estudios terciarios y de grado, se aprecia que en CABA más del 80 % de la población de la generación mayor había salido del sistema de educación formal, mientras que, en las dos generaciones más jóvenes, menos del 80 % lo había hecho, conservándose la brecha en favor de las mujeres.

Así, a partir de las cohortes nacidas en los años setenta, se visualiza en la Ciudad de Buenos Aires la mayor permanencia de la población en el sistema educativo formal, a partir de la proporción de personas que a los 20 y 30 años salieron del sistema educativo, observándose una tendencia a continuar los estudios que se acentúa entre cohortes de nacimiento y a favor de las mujeres.

En la Ciudad de México a los 20 años, una proporción muy alta de la población (más del 70 %) se encuentra fuera del sistema educativo en el grupo de generaciones 1962-1968, con una leve diferencia a favor de los varones, los cuales salen un poco menos que las mujeres en todas las generaciones observadas. También disminuye gradualmente con el tiempo el porcentaje acumulado de jóvenes (de ambos sexos) que salen del sistema educativo. Sin embargo, aunque se observa ese retraso de la edad a la salida de la escuela en las generaciones mexicanas más jóvenes, sus proporciones de salida de la escuela son mucho más elevadas que las de la Ciudad de Buenos Aires. La diferencia a los 20 años entre las mujeres de la CABA (28 %) y de la CDMX (53,5 %) es considerable en las generaciones 1978-1982 (Gráfico 1).

A los 30 años en la Ciudad de México, al menos el 90 % de las generaciones más avanzadas y más del 80 % de las generaciones intermedias y jóvenes han salido del sistema educativo. Con ello cambia el sentido de la diferencia entre varones y mujeres a favor de ellas, al igual que se observa en la Ciudad de Buenos Aires. Estas evoluciones señalan mejoras significativas en la escolaridad de las mujeres, pero la duración de los estudios es más breve en la Ciudad de México comparada con Buenos Aires.

Primer empleo

La incorporación de la población al mercado de trabajo en economías capitalistas del mundo occidental, es un primer paso hacia el logro de la autonomía. Implica la obtención de recursos para el autosustento y el inicio de un trayecto de inclusión social que, combinado con otras trayectorias, posibilita el paso a la adultez junto con la reproducción material y social de la vida.

En la Ciudad de Buenos Aires, se observa una postergación de la edad de ingreso al mercado laboral en las cohortes más jóvenes de varones, no así de las mujeres. A los 20 años, la proporción de mujeres con un primer empleo es menor que la de los varones en todas las cohortes estudiadas, aunque la diferencia entre ambos sexos disminuye a través del tiempo. La brecha observada en la primera generación se achica debido a que los varones entran al mercado laboral en menor proporción, mientras que las mujeres lo hacen en sentido contrario.

Al observar la proporción de población que ingresa a un primer empleo en los primeros 30 años de vida, la Ciudad de Buenos Aires muestra una brecha destacable entre varones y mujeres, solo para la cohorte de nacidos entre 1948 y 1952. Las dos cohortes más jóvenes prácticamente no presentan diferencias por sexo y se acercan a la plena inserción en el mercado de trabajo (Gráfico 2).

Gráfico 2. Porcentaje de personas que tuvieron un empleo en sus primeros años de vida, por cohorte y sexo

En la Ciudad de México, la proporción de personas con un primer empleo en sus primeros 20 años es alta para los varones de las cohortes nacidas entre 1962-1966 (alrededor de 7 de cada 10 han trabajado al menos un año completo), con un aumento en las generaciones intermedias. En cambio, disminuye significativamente la actividad económica de las generaciones femeninas intermedias y jóvenes. También se reduce en el caso de los varones de las generaciones más jóvenes, pero menos que las mujeres. A los 30 años, se observa que los varones de todas las generaciones han tenido un empleo de al menos un año, mostrando un ingreso completo al mercado laboral. Al igual que los varones, las mujeres mexicanas más jóvenes, nacidas entre 1978-1982, prolongan su escolaridad alrededor de los 20 años, pero a los 30 años la gran mayoría (alrededor de 8 de cada 10) ya han trabajado al menos un año, aunque menos que los varones, ya que ellos trabajan prácticamente todos a los 30 años de edad (99-100 %) y ellas algo menos (79-91 %) (Gráfico 2).

Consideraciones en este mismo sentido habían encontrado Ferraris y Martínez Salgado (2015) al analizar, con otra fuente de información, el momento en que los jóvenes de la Ciudad de Buenos Aires y de la Ciudad de México comienzan a trabajar. Los autores encontraron diferencias entre los sexos y los grupos de edad analizados, observando que, entre los más jóvenes, las mujeres iniciaron su vida laboral más tarde que los varones en las dos ciudades, y entre los de más edad, la inserción en el primer trabajo se asemeja más entre sexos.

Salida del hogar de los padres

La salida del hogar de origen es un evento importante en la transición a la vida adulta, ya que implica “la emancipación residencial del hogar de los padres y está relacionada con la responsabilidad personal de sobrevivir fuera del ambiente de la familia de origen” (Coubès y Zenteno, 2005, p. 336).

Es un punto de inflexión que implica mayor grado de autonomía. La edad, el sexo y la combinación de los eventos como la entrada a la unión, al primer empleo, la finalización de estudios y la migración explican las tendencias, usos y costumbres de la población que se analiza (Mier y Terán y Rabell, 2005).

En la Ciudad de Buenos Aires, la proporción de personas que han salido del hogar durante sus primeros 20 años aumenta fuertemente de la primera a la segunda generación estudiada y sigue aumentando en la generación más joven, lo que implica que a lo largo del tiempo las personas salen de su hogar de origen siendo más jóvenes.

Este aumento en la generación más joven, respecto a las generaciones previas, se observa más pronunciadamente en el caso de las mujeres. La brecha de género se fue achicando en las dos generaciones más jóvenes respecto de la primera, además que se observa una variación en el sentido, los varones con mayor proporción que las mujeres, en la generación intermedia.

Las generaciones más jóvenes salen del hogar de origen antes, mientras las mujeres lo hacen antes que los varones, excepto en la generación intermedia. No obstante, se advierte que, a los 30 años de edad, en las tres cohortes, más del 80 % de las mismas habían salido de su primer hogar (Gráfico 3).

Gráfico 3. Porcentaje de personas que salieron del hogar parental en sus primeros años de vida, por cohorte y sexo

Se observó la tendencia a anticipar la primera salida del hogar por cohorte y nivel educativo, mostrando que los menos educados salen más rápidamente de su hogar familiar. A los 20 años de edad, casi el 62 % de la población con nivel hasta secundario incompleto ha salido de su hogar de origen en la cohorte más joven, mientras que quienes tienen secundario completo o superior incompleto representan solo el 36 % y quienes alcanzaron a completar los niveles superiores de educación, el 29 %. Asimismo, la migración interna y externa son los fenómenos que implican, mayoritariamente, una salida del hogar temprana, antes de los 21 años. La proporción de personas que han salido del hogar de origen durante sus primeros veinte años, aumentó en la generación más joven, respecto a las generaciones previas, particularmente en el caso de los migrantes internos y los extranjeros, pero también para los nacidos en la provincia de Buenos Aires. La atracción que generan las ciudades globales explica, probablemente, que sean los inmigrantes a ella los que dejaron más tempranamente de su hogar parental (DGEyC, 2021b).

En términos generales para la Ciudad de México, se observa que la proporción de personas que han salido del hogar durante sus primeros 20 años disminuyó en el grupo de generaciones masculinas más joven, respecto a las generaciones previas, en sentido contrario al aumento observado en las mujeres a los 20 años de edad. Las mujeres salen del hogar de origen antes que los varones, principalmente para unirse, siguiendo en eso un patrón virilocal secular. A los 30 años salen en mayor proporción del hogar de origen los varones del grupo de generaciones avanzado, sobre todo el intermedio, y después se reduce la brecha de género en el grupo de generaciones más joven, cuando las mujeres salen en mayor proporción que los varones, y más que sus antecesoras (Gráfico 3).

Por otro lado, el patrón más tardío de emancipación familiar masculino se presenta como una estrategia de adaptación frente a las dificultades económicas y sociales de los jóvenes en la Ciudad de México (Solís, 2016). Así se puede observar que las proporciones de salida del hogar de origen a los 30 años son más altas en la Ciudad de Buenos Aires que en la Ciudad de México (Gráfico 3).

Primera unión

La formación de una unión conyugal, por primera vez en la vida, es uno de los eventos que marca el desempeño de nuevos roles y es acompañado, en algunos casos, con la independencia de la familia de origen en la transición a la vida adulta de la propia persona. En otros casos, si bien no se concreta la independencia residencial, el evento señala el ingreso a la vida marital y reproductiva que implican un nivel distinto de responsabilidades.

Los cambios en los modos de relación entre los géneros a través del tiempo y en grupos sociales distintos, se explican en las variaciones de las edades a la primera unión (Coale, 1992 citado en Parrado y Zenteno, 2005).

En la Ciudad de Buenos Aires, la proporción de personas en unión conyugal cambia según cohorte de nacimiento y sexo a los 20 años. Los varones de la cohorte más joven disminuyen su proporción con respecto a la cohorte intermedia, pero sin alcanzar las bajas proporciones de los varones de la cohorte mayor. En cambio, la proporción de mujeres que a los 20 años estaban unidas disminuye en las cohortes más jóvenes (Gráfico 4). A los 30 años también se observan disminuciones en las proporciones de varones y mujeres unidos entre la primera y segunda generación, pero entre las mujeres más jóvenes crecen las uniones.

En análisis de información complementaria se observa también la postergación de la edad al matrimonio legal, especialmente entre las mujeres (el 20 % de la población de la primera cohorte estaba casada a los 20 años, mientras que solo el 5 % de la cohorte 1968-1972 lo había hecho y el 4 % en la cohorte más joven). Este cambio no se observa tan fuertemente entre los varones de la primera y la segunda cohorte, ya que su edad al casamiento fue siempre posterior, pero claramente no hay varones de la cohorte más joven que estén casados a los 20 años. Estos resultados son consistentes con los obtenidos por Binstock (2004, 2005) que, analizando generaciones nacidas entre 1950 y 1974 en la Ciudad de Buenos Aires, observaba una sostenida tendencia a postergar la edad al matrimonio en cada sucesiva generación, tanto entre las mujeres como entre los varones.

En México, los datos de la EDER 2017, mostraron que las uniones siguen siendo tempranas, sobre todo las femeninas: a nivel nacional, la edad mediana a la primera unión es de 21 años en mujeres y de 24 años en varones.

En la Ciudad de México, a los 20 años se observa que la intensidad de la nupcialidad de ambos sexos de las generaciones recientes se reduce significativamente entre los varones, pero aumenta entre las mujeres más jóvenes, con un mínimo en las generaciones intermedias. A los 30 años, más de seis jóvenes sobre diez ya estuvieron unidos al menos durante un año, con una tendencia decreciente de los varones y creciente entre las mujeres nacidas entre 1978-1982 (Gráfico 4).

Gráfico 4. Porcentaje de personas que tuvieron una unión conyugal en sus primeros años de vida, por cohorte y sexo

No obstante, las diferencias en la extensión del evento de la primera unión entre ambas ciudades a los 20 años, llama la atención que aumenten su proporción las mujeres de la generación más joven, quebrando la tendencia observada y ampliamente documentada de postergación de la edad a la primera unión.

Conclusiones: diferencias entre la Ciudad de México y la Ciudad de Buenos Aires

Respecto de la salida del sistema educativo, tanto a los 20 como a los 30 años, la CABA presenta proporciones acumuladas menores en las distintas generaciones que en México, sobre todo a los 20 años. No obstante, las tendencias en ambas jurisdicciones muestran que la población opta cada vez más por permanecer más tiempo dentro del sistema educativo y que particularmente las mujeres lo hacen más que los varones a los 30 años.

Sin embargo, a pesar de la mayor inserción en la escuela de las mujeres más jóvenes de la Ciudad de México, las grandes pautas familiares y laborales determinan trayectorias muy diferentes a las de la Ciudad de Buenos Aires, ya que las mujeres mexicanas acceden poco y tarde al primer empleo, con bajas proporciones entre las mujeres de las generaciones intermedias y jóvenes a los 20 años, alrededor de un 50 %. En cambio, las mujeres de la CABA muestran trayectorias equiparables a sus pares varones, se mantienen en el sistema educativo por más tiempo y a los 20 años, casi 7 de cada 10 ingresaron al mercado laboral.

Las dificultades de acceso al mercado laboral de las mujeres mexicanas se deben a que las relaciones de género en México siguen muy normadas por los roles femeninos domésticos y de cuidado, tanto por la permanencia de un sistema familiar patriarcal, como por la ausencia de políticas públicas que apoyen a los hogares en el cuidado de niños y ancianos (Coubès et al., 2016). Por lo mismo, la salida del hogar y la primera unión, en general seguida inmediatamente por el nacimiento del primer hijo (Páez y Zavala, 2016), son mucho más tempranas y masivas en México, siendo la formación familiar un evento esencial en la vida, en las representaciones y en las identidades femeninas mexicanas.

En cambio, la primera unión en la Ciudad de Buenos Aires muestra pautas bastante más tardías, sobre todo en las generaciones más antiguas, comportamientos que podrían vincularse con los cambios en la posición de la mujer, el aumento de las credenciales educativas y la inserción sostenida en el mercado laboral. Estos cambios están asociados al proceso de evolución hacia relaciones de género más igualitarias y al reconocimiento social de los derechos de las mujeres a llevar a cabo proyectos personales. Una característica distintiva, es el aumento de la participación femenina, que pasó de un 52,3 % en el año 2003 a un 58 % en el año 2016, reduciendo la brecha de género de 18,6 puntos porcentuales a 14 en el período. Asimismo, la disminución de la brecha de género en la tasa de participación en el trabajo doméstico para uso del propio hogar, se reduce en 17,5 puntos entre 2005 y 2016. No obstante, las tareas de cuidado siguen recayendo mayoritariamente en las mujeres, manteniéndose la brecha de género en la tasa de participación en estas actividades en más de 10 puntos (ONU-Mujeres y DGEyC, 2019).

Los primeros análisis e los datos de las dos encuestas biográficas (EDER 2017 y 2019) permiten subrayar cómo las diferencias en los sistemas familiares y de género explican la polarización de los comportamientos demográficos y sociales de generaciones de ambos sexos, en dos sociedades tan distintas, como la Ciudad de México y la Ciudad de Buenos Aires.

El intercambio en el marco de investigaciones compartidas entre México y Argentina, con reflexiones sobre cuestiones conceptuales, metodológicas y operativas de las encuestas biográficas retrospectivas y resultados estrictamente comparables entre las dos metrópolis, se plasmó en la realización de distintas comunicaciones académicas sobre el tema e inspiró la voluntad de proponer un esquema inicial de estudios demográficos retrospectivos a nivel regional, a fin de sumar esfuerzos para el estudio entre distintos países y áreas subnacionales. De allí la propuesta de un Programa Latinoamericano de Estudios Demográficos Retrospectivos (Zavala y Castelo, et al., 2018).

El aporte de un esfuerzo continental de esta magnitud sería clave para analizar la evolución de los comportamientos demográficos, de las dinámicas familiares y de los cambios socioculturales y de género, para explicar con mayor profundidad las dinámicas de las poblaciones latinoamericanas, en el pasado, en el presente y en el futuro también.

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