Abstract

HOLA

Important international and national institutions have agreed to highlight the existence and fight against discrimination of the Afro-descendant population in recent decades in Cuba, which differs from the rest of the Latin American countries in several topics. In this regard, it seems appropriate that investigations of this type make it possible to evaluate the sociopolitical, economic and demographic situation of this ethnic group of the population in order to contribute to the establishment of adequate legal-regulatory frameworks and other strategies and actions to guarantee the exercise of their rights. For this, it is opportune to develop a methodology that allows the analysis of reliable statistical and documentary data on specific topics related to people recognized by the color of their skin and other physical features. The objectives of the research are: To highlight the sociodemographic differences of the Afro-descendant population in relation to the rest of the country’s population, generating statistically based knowledge regarding what has been investigated in recent decades, to base historical, political, cultural and institutional conditions of the situation in which the Afro-descendant population finds itself socially and demographically on the Caribbean island and link the differentiation of discrimination to the conditions of marginalization and poverty of the Cuban Afro-descendant population.
As findings of the work, it is found that the problem of ethnic discrimination still survives in Cuba, as a result of existing political and social imperfections, which can be observed in aspects of the national demographic panorama about what there is a limited diffusion.

Introducción

Dada la relevancia y el reconocimiento actual que tiene el tema de los afrodescendientes en varios foros internacionales y el interés de la resolución de las problemáticas asociadas a ello, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (AGONU) ha acordado establecer el Decenio Internacional de los Afrodescendientes entre los años 2015 y 2024. Al respecto, parece oportuna la realización de investigaciones que posibiliten la evaluación de la situación actual de este grupo poblacional, con el objetivo de contribuir con ello al establecimiento de los marcos jurídicos adecuados y demás acciones para garantizar el ejercicio de sus derechos. Para ello, un primer paso es recabar datos confiables sobre temas específicos que atañen a la población afrodescendiente. El presente estudio se enfoca en la situación sociodemográfica de dicho grupo desde la premisa de que refleja el desarrollo histórico y político de Cuba.

La influencia africana se advierte en muchas de las expresiones de la cultura nacional como son la música, la danza, la literatura, los instrumentos musicales, diversos términos empleados al hablar, la comida, la religiosidad, en suma, casi todo lo que caracteriza el modo de ser cubano.

El tema de investigación pone de manifiesto las diferencias sociodemográficas de la población afrodescendiente en relación con el resto de la población del país, genera conocimiento y visibiliza, con datos estadísticos, lo investigado en décadas recientes, esto es, la continuidad de los presupuestos ideológicos racistas coloniales y el silencio que impera sobre el tema étnico en la práctica política e intelectual (Zurbano, 2006).

Con base en este planteamiento se busca destacar las condicionantes históricas, políticas, culturales e institucionales de la situación en que se encuentra social y demográficamente la población afrodescendiente en Cuba para, de esta forma, mostrar las diferentes formas de discriminación que se vinculan a las condiciones de marginación y pobreza de estos grupos en la actualidad. De resolverse esta problemática, estaríamos en mejores condiciones para combatir el racismo y la discriminación racial que perviven en nuestra sociedad. Estos fenómenos no solo son el resultado de sucesos heredados, sino de deficiencias gubernamentales aún latentes.

De acuerdo a los objetivos señalados, la pregunta que conduce esta investigación puede sintetizarse así: ¿cuáles son algunas características demográficas y cuáles las diferencias socioeconómicas y políticas de la población afrodescendiente resultantes de la situación poblacional peculiar de discriminación en la que vive, particularmente, este grupo en el país?

En Cuba se llevan a cabo investigaciones de trascendencia social que contribuyen a resolver una amplia gama de problemas prácticos desde disciplinas como la sociología, la demografía, las aproximaciones interdisciplinares, las ciencias de la educación, de la salud, antropológicas, los estudios socioculturales y la psicología. No obstante, según se demuestra en el presente artículo se deben desarrollar más trabajos sobre esta temática en los que se señale la percepción errónea de que la existencia del color de la piel ha justificado la desigualdad entre los seres humanos.

Sin duda, la relevancia de esta investigación responde a la necesidad de demostrar la existencia de las diferenciales de los grupos poblacionales y la discriminación, sobre todo sociodemográfica, de estos. Para ello se contó con las principales fuentes de información estadística disponibles, como son el más reciente Censo de Población y Viviendas (2012) con que se cuenta, las Encuestas Nacionales de Fecundidad (1987 y 2009), así como varios estudios de autores cubanos.

Existen barreras para el estudio de los habitantes afrodescendientes, para obtener datos sobre la presencia y apreciaciones respecto de la pobreza, así como sobre las carencias explícitas de vida en general. Contar con la información contribuiría a superar las agudas problemáticas que afectan a dicha población cubana, de ahí la viabilidad de este trabajo.

Al evaluar estas dificultades en el conocimiento se debe considerar la oposición de las instituciones oficiales a aportar los elementos de las diferencias “raciales”, en cuanto a manifestaciones sociodemográficas o de prejuicios según el color de la piel de las personas.

El presente artículo consta de varios apartados; en primer lugar la introducción, seguida de los antecedentes, los aspectos conceptuales y metodológicos; posteriormente temas específicos como la exclusión política, social y demográfica, y la distribución territorial de los afrodescendientes con base en datos existentes tales como sexo, edad, distribución provincial y el tipo de lugar de residencia. Por último, se analizan los factores sociodemográficos como la mortalidad, fecundidad y nupcialidad, los movimientos internos y externos de la población, las características educacionales y laborales, así como de las viviendas u hogares familiares de la población.

Antecedentes

Según los especialistas en el tema (Morales, 2007), las batallas por la independencia de Cuba no eliminaron la discriminación o el racismo contra los afrodescendientes, ni en la época colonial, ni en la etapa republicana, ni en el llamado periodo revolucionario.

Durante la colonia este fenómeno fue un factor determinante de la existencia y el desarrollo de los afrodescendientes que se extendió desde la erradicación de la esclavitud hasta finales del siglo XIX, lo que tuvo una gran influencia en la cultura racista que incluso entonces golpeaba a los pobladores afrodescendientes de la isla.

A principios del siglo XIX los afrodescendientes se encontraban aún entre los grupos poblacionales más marginados por la burguesía; eran los sectores sociales más pobres y desprovistos de bienes, como son las tierras de cultivo. Existía una estratificación racial en la que los blancos ocupaban los sitios más elevados, los mulatos y los negros, los más bajos. En general, la población afrodescendiente era la más discriminada, sobre todo, los descendientes de haitianos y jamaicanos residentes en el país. Esto demuestra que no es suficiente acabar con determinado régimen de explotación para liquidar el racismo.

En Cuba la explotación del azúcar y de sus derivados con la subsecuente proliferación de ingenios y posteriormente de centrales que generaban una elevada producción a nivel mundial, propiciaron una incipiente industrialización que incidió de manera positiva en los aspectos sociopolíticos de la población y, con ello, en las variables demográficas propias de una transición demográfica. El grado de avance de la fecundidad que se dio en los inicios del siglo XIX, tanto entre la población blanca como la afrodescendiente, tuvo su origen en una temprana planificación familiar. Así, la fecundidad registró afectaciones de trascendencia.

La penetración estadounidense se reflejó en el saneamiento ambiental; sin embargo, en el periodo republicano se experimentó un nivel de mortalidad que afectó sobre todo a los afrodescendientes y nativos. Ello se debió a la poca atención de la salud y al maltrato racial que vivían estas poblaciones.

En la Constitución Cubana de 1940 se declaró a la discriminación racial como ilegal y punible, pero en la práctica esto no se cumplía, ya que se practicaba de forma encubierta y era poco probable que los afrodescendientes exigieran justicia.

En las décadas de 1960 a 1990, el gobierno revolucionario encontró una gran discriminación en el país que disminuyó en forma ostensible, pero no se erradicó del todo. En cierta medida, aumentó en los años noventa, toda vez que persistían desventajas económicas, políticas, sociales, ideológicas y culturales, lo cual generó un necesario esfuerzo para la erradicación del racismo y con ello del contexto de exclusión político-social y del incremento de la pobreza de la población afrodescendiente cubana.

El racismo en Cuba en el periodo revolucionario ha sido negado a pesar de su existencia política y cultural (Ramos, Robaina y Calzada, 2014); como se señaló arriba, este aspecto se reforzó sobre todo a partir de la presencia de la metrópoli española, y tomó fuerza de nuevo en la década del noventa del siglo XX.

Sin duda, el racismo en Cuba se ha debilitado en buena medida gracias a las políticas públicas por medio de leyes y del acceso a la salud y la educación; sin embargo, ha subsistido por problemáticas históricas e imperfecciones políticas existentes que se manifiestan en la cultura, la convivencia social y en el plano ideológico —lo que lo hace institucional—, a pesar de que solo se reconoce en los medios no oficiales la existencia de prejuicios raciales.

La exclusión política y social de los afrodescendientes está vinculada a la calidad del empleo y de las viviendas, al empoderamiento de las personas y a aspectos subjetivos, todos ellos factores que determinan las posibilidades de alcanzar un diferente nivel de vida y la formación de grupos sociales o clases con cierta presencia que, al ser menos numerosos, pueden condicionar la marginalidad y el racismo. Se plantea que la exclusión social por el color de la piel no es coyuntural, sino que es algo cultural que se sustenta en mitos, creencias, actitudes y teorías no científicas (Guach y Guach, 2018).

De acuerdo a los autores antes mencionados, subsisten diferentes formas de racismo en el país, como son la denominada estructural-institucional; referida a los afrodescendientes limitados a un menor poder mediante el poco acceso a cargos que realmente influyen en las decisiones políticas del Estado, como los dirigentes del Partido Comunista y las organizaciones sociales y de masas (Espina, 2003).

Otra manera de discriminación, laideológico-doctrinal, se encuentra condicionada por los antecedentes en la violencia extrema que se ejerció contra los afrodescendientes en el tiempo de la colonia y que se fueron haciendo menos agudos con el paso de los procesos políticos, aunque en ocasiones de manera negativa tanto entre la población en general como entre los afrodescendientes, lo que se traduce en actitudes de autorracismo, esto es, que tratan de imitar “estereotipos físicos de los blancos como supuestamente superior”.

Algo que ha ejercido influencia en la discriminación racial hacia los afrodescendientes es el hecho de asociar negativamente su existencia con otros aspectos, lo cual es una forma no deseada de discriminación denominada espontáneo-habitual. Así la coloración de la piel más oscura se vincula a algo secundario o que es causa de dificultades sociales, tanto a nivel global como incluso en prácticas religiosas donde lo blanco se toma como ejemplo de pureza, relacionado con la limpieza espiritual, el poderío y la sabiduría, con lo que la propia población afrodescendiente se discrimina a sí misma, así como a través de otras instituciones no gubernamentales.

Otro ejemplo de autodiscriminación se refiere a los policías —la mayor parte de ellos son afrodescendientes—, que asedian más a quienes son del mismo color de piel que ellos, mientras que, en situaciones similares potencialmente delictivas, los blancos son ignorados por dichos “agentes del orden”.

Para los sociólogos cubanos Espina y Rodríguez (2004) se comprueba, en las representaciones raciales, una evaluación negativa hacia los afrodescendientes —incluso por ellos mismos— y una positiva hacia los blancos, lo que constituye un elemento de reproducción a escala simbólica de las desigualdades.

Según los investigadores cubanos Guach y Guach (2018), el racismo y la discriminación de los afrodescendientes en Cuba solo se han erradicado de forma certera en el discurso político, y en épocas recientes se han profundizado aún más que en los primeros años noventa, puesto que este grupo de población tiene una menor presencia, por ejemplo, en los estudios de mayor demanda y beneficio social y personal, predomina como jefes de familias con escasa representatividad en los sectores emergentes más redituables como el turismo y el trabajo por cuenta propia. También llama la atención que las remesas recibidas por los de piel más oscura son 2.5 veces inferiores que las que llegan a manos de los blancos, mientras estos últimos además hacen 2.7 menos trabajo extra que los afrodescendientes.

Estudios de los años noventa han demostrado una sobrerrepresentatividad de los afrodescendientes en los sectores más pobres y vulnerables de la población, que a nivel macro dominan en las provincias más empobrecidas de Cuba, con más carencias materiales, como son las regiones surorientales, algunas zonas de la Isla de la Juventud y de la capital del país.

En la isla caribeña, el análisis de la información censal y de otras existentes muestra diferenciales entre los grupos de personas clasificados según el color de su piel, que pueden sustentar la existencia de manifestaciones de racismo, marginalidad o discriminación en alguno de ellos (Romay, 2014). A pesar de que este planteamiento se considera correcto en diferentes sectores nacionales, para otros puede ser un contrasentido ya que, si existen diferencias entre los diversos grupos de color de la piel que afectan negativamente en mayor grado a los afrodescendientes del país, planteado más claramente, no obstante los aspectos señalados y desde la perspectiva de establecer una comparación en cuanto a la situación de sus respectivas poblaciones de origen africano —afrodescendiente, existen diferenciales que pueden estar asociados con la discriminación racial.

En Cuba la captación de información cuantitativa de la población según el color de la piel se lleva a cabo desde el primer censo levantado en 1774, de esta forma se ha contado con dichos elementos a partir de los 18 censos realizados en el país y, además, en innumerables encuestas de hogares aplicadas. En igual sentido el número de discusiones y valoraciones cualitativas es muy elevado, lo que condiciona que puedan hacerse diferentes planteamientos para responder a las preguntas en torno a una posible mayor discriminación y pobreza de los afrodescendientes respecto del resto de los grupos de población en el país.

Para resolver los problemas de fuerza de trabajo, desde la primera década de la colonización, los españoles introdujeron africanos, mucho más resistentes que los indígenas a los rigores de la explotación laboral. Los negros llegaron a Cuba y se incorporaron al proceso de mestizaje, que incluía a los aborígenes nativos y a los blancos europeos. A mediados del siglo XVI, ciertos rasgos futuros, definitorios de la nacionalidad cubana, entre ellos su carácter multirracial, comenzaban a cristalizarse.

Con una población que en 1841 superaba el millón y medio de habitantes, la isla albergaba a una sociedad sumamente polarizada; entre una oligarquía de terratenientes criollos y grandes comerciantes españoles complementados por el gran número de personas esclavas, que subsistían en las disímiles capas medias integradas por los libres y los blancos humildes del campo y las ciudades. Los no blancos constituían un sector marginal, separado por razones culturales y de explotación económica, que vivían el desprecio, prejuicio y discriminación social (Sarmiento, 2009). Poco a poco dicha situación se fue suavizando, aunque la temática de las relaciones, el prejuicio y la discriminación por el color de la piel y sus implicaciones para la sociedad cubana, está siendo evidenciada por diferentes centros científicos del país, principalmente desde las perspectivas de las ciencias sociales.

En general, la temática de las relaciones, el prejuicio y la discriminación por el color de la piel ocupa ya espacios públicos, oficiales y alternativos, docentes y barriales, televisivos y científicos, lo cual ha generado un debate público que tal vez hoy acorrala a este fenómeno negativo para el desarrollo de la sociedad cubana, que posee un sistema político y cultural diferente a los países latinoamericanos al respecto; las transformaciones que ocurren en el país abarcan escenarios como el escolar, el de salud, el laboral y de la vivienda, entre otros, dirigidos a eliminar las brechas persistentes durante los primeros treinta años de socialismo en Cuba y que se ampliaron y agudizaron en los años noventa del pasado siglo XX (Espina, 2012).

Se buscó abatir los diferenciales socioeconómicos y demográficos en el país que podrían evidenciar la existencia de la discriminación racial hacia la población llamada afrodescendiente, al considerar que esta condición debía eliminarse como medio de minimizar la pobreza y mejorar el nivel de vida de la población en general y de los afrodescendientes en particular.

Aspectos metodológicos y conceptuales

El más reciente Censo de Población y Viviendas de Cuba es de 2012, e incluyó averiguar las características de las personas residentes en el país por el color de la piel declarado, a partir de la pregunta: “¿Cuál es su color de piel? Las Respuestas se codificaron como: “blanco”, “negro” o “mulato”. A pesar de la sencillez de la pregunta y los resultados obtenidos, así como la comparabilidad de estos con la de censos previos, deben considerarse como elementos analíticos al tomar la decisión de estudiar “estadísticamente” a la población no blanca como afrodescendiente.

En consecuencia, el análisis de la identificación de la referida población para Cuba es resultado de una autoadscripción explícita como “afrodescendientes” por declaración del color de la piel o de ciertas características morfológicas, lo cual podría resultar razonable si, además, se asocia a elementos culturales.

Se debe considerar que las recomendaciones internacionales para los Censos de Población y Vivienda de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para distintas rondas censales inscribe el tema de la etnicidad de manera amplia, más allá del color de la piel y/o la raza. Metodológicamente, la Oficina Nacional de Estadística e Informática de Cuba (ONEI, 2016), con base en el diseño de esta pregunta y los censos de población previos, indica que en Cuba no es posible identificar a la población afrodescendiente según el color de la piel, y se suma a la crítica surgida desde los organismos regionales de que en algunos contextos la identificación a partir de este rasgo fenotípico se asocia al proceso de marginación y discriminación abierta y reconocida (Hopenhay, 2006; ONEI, 2016).

A pesar de lo planteado, especialistas en ciencias sociales (Valdivia, 2011) señalan la falta de sustento científico del término “raza” como categoría biológica, que permitiría agrupar a los seres humanos con ciertos rasgos físicos genéticamente homogéneos; así, se plantea que el color de la piel no es un buen predictor de otras características humanas y que las categorizaciones raciales no explican de forma adecuada la diversidad genética humana.

La condición genética expresada en la “raza” estaría asociada a determinados comportamientos, valores y propensiones culturales que defienden las tesis de la superioridad de unas “razas” sobre otras, atendiendo solamente a esta condición fisiológica. En cierto sentido, parte de esas ideas se mantienen hasta nuestros días en forma de estereotipos raciales, donde cada raza está asociada a ciertos atributos físicos, intelectuales, sociales, culturales e incluso espirituales. Con base en esto en Cuba se hace uso en realidad de categorías raciales y no étnicas.

Algunas posturas han enfatizado la simbiosis conceptual de ambos términos, lo cual ha llevado a atribuir una connotación cultural a la categoría “raza”. En una perspectiva similar, aunque extrema, la equivalencia genética ha formado parte de la argumentación de las teorías “racistas” que adjudican atributos sociales y valores culturales e incluso rasgos de personalidad, a las razas desde la biología.

En ocasiones, se utilizan en este trabajo términos como mestizos y descendientes de africanos para referirse a los mulatos y negros o afrodescendientes lo cual se deriva de la información del Censo de Población y Vivienda de 2012 que se refieren al color de la piel, y otras fuentes de datos del mismo año para Cuba que, como se observó, reflejan las implicaciones que tienen las construcciones sociales en las inequidades sociodemográficas en el país caribeño.

Una de las claves de la región para la superación de la discriminación y exclusión por factores de raza y etnicidad puede consistir en proyectar el acceso de las personas a una ciudadanía sustentada en la diversidad y el multiculturalismo. Es conocido que la discriminación y la exclusión por etnia y raza es parte de un proceso histórico de la región que, con variantes locales y territoriales tiene una alta influencia en los procesos socioculturales, económicos y políticos actuales de América Latina y El Caribe.

En este sentido, la “dialéctica de la negación del otro” (Calderón, Hopenhay y Ottone, 1998; Hopenhay, 2006) forma parte de un proceso que ha sido largamente construido a lo largo de la historia, la cultura y la sociedad; es un desarrollo dinámico que puede ser reorientado por el Estado y las políticas públicas en un rumbo que permita alcanzar las condiciones básicas de equidad para las poblaciones involucradas; un planteamiento de este tipo debiera estar inspirado en la dinámica propia de los pueblos afrolatinos, en sus posibilidades y potenciales de autodesarrollo, en su lógica y en su conocimiento, visibles en el fenómeno social y cultural de la “emergencia de las identidades”.

El punto es comprender las identidades étnicas de los pueblos con componentes afrodescendientes y las diferencias culturales como algo que debe ser valorizado a la luz del reconocimiento del carácter multiétnico y pluricultural de las sociedades latinoamericanas, abandonando así el paradigma negador y homogeneizador que ha caracterizado a la región.

La historia de la conformación de la nacionalidad cubana y de su poblamiento está estructurada fundamentalmente por inmigrantes españoles y africanos, con elementos de la población nativa y asiática en una significativa menor proporción, todo ello unido en un proceso de mestizaje biológico y cultural que llega a la actualidad, por lo que para muchos investigadores nacionales no tiene sentido en la mayor de las Antillas clasificar a grupos de población según su pertenencia a una raza o etnia, así como tampoco a determinadas tradiciones o culturas.

No se debe obviar lo que el reconocido investigador Fernando Ortiz (1983) identificó como “Ajiaco cubano” para referirse al trayecto de la conformación de la sociedad en la isla. A este autor se debe la creación del término “transculturación”, vinculado al proceso mediante el cual se conforma una nueva cultura como resultado de la confluencia de otras culturas. De este modo se mantienen elementos de los progenitores, pero al mismo tiempo es distinta sin que con ello ocurra una tendencia u otra. Se trata de una transición activa entre culturas confluyentes.

Es comprensible que junto con el mestizaje sociocultural se haya producido el mestizaje biológico, lo que se constata al analizar la evolución de las estructuras por el color de la piel, medidas a partir de los censos y estudios genéticos. No obstante que resulta del todo imposible negar la pasada existencia racial, la ideología que presenta como superior a una “raza” y por tanto justifica el racismo y la discriminación, actualmente constituye un contrasentido pues, aunque no hay ideas científicas que sustenten el racismo, se aprecian desigualdades por el color de la piel que favorecen a la población blanca por lo que es posible disentir de lo planteado por este autor.

Los resultados del estudio más importante para caracterizar el genoma cubano (Marchego, 2013) muestran el elevado mestizaje genético de la población cubana. El estudio realizado por la investigadora cubana muestra que, como resultado del proceso de mestizaje, 72 % de los genes procede de ancestros europeos, mientras que 20 % proviene de ancestros africanos y 8 % de nativos americanos. La mezcla biológica de las parejas de diferente color de piel, junto con la importante emigración internacional, sobre todo de blancos, ha incrementado la proporción de población afrodescendiente del país; no obstante, a pesar de lo supuesto comúnmente, Cuba está entre los países más blancos de Latinoamérica.

Los elementos socioeconómicos y demográficos

De acuerdo a la División Política Administrativa, Cuba se conforma por 15 provincias, además del llamado Municipio Especial de Isla de la Juventud. La distribución de la población según el color de la piel en 2012 muestra que hay diferentes proporciones de población afrodescendiente en las distintas provincias de la Isla (Cuadro 1). Del total de 11,167,325 habitantes (ONEI-CEPDE, 2012), 4,006,926 son personas que se presentan con color de piel referido. Debe tenerse en cuenta que la población con ascendencia africana es relativamente elevada en algunos contextos regionales del país, ya que representa 35.9 % de la población total y cerca de dos terceras partes (64.1 %), la población blanca.

Cuadro 1. Cuba. Distribución de la población por el color de la piel, 2012.

Las provincias donde la población afrodescendiente representa más de 40 % del total son las surorientales Guantánamo, Santiago de Cuba y Granma, destacan también, pero en menor medida las occidentales Matanzas, la capital del país —La Habana— y el Municipio Especial de Isla de la Juventud (Cuadro 1). Hay que señalar que Guantánamo y Santiago de Cuba son las de mayor proporción de población afrodescendiente con un porcentaje superior a 70 % seguidas de Granma con un porcentaje solo algo inferior.

Las provincias que se pueden definir como blancas son las centrales, entre ellas Sancti Spíritus, Villa Clara y Cienfuegos, así como Ciego de Ávila y Camagüey, y las orientales Holguín y Las Tunas; entre las occidentales están Pinar del Río, Artemisa y Mayabeque, todas ellas con menos de una cuarta parte de su población total afrodescendiente.

Al interior de la isla hay problemas y brechas de desarrollo, como lo señalan algunos estudiosos sobre temas relacionados (González, Montejo y Martínez, 2002). Dado el carácter histórico de la exclusión en la formación social de Cuba y los graves problemas económicos vividos y enfrentados por la población y el gobierno en la segunda mitad del siglo XX, no sorprende que las regiones de residencia de la población afrodescendiente sean poco favorecidas económicamente, aunque resulta complejo valorar de forma objetiva el desarrollo en el marco de una planificación centralizada con estrategias y metas de largo plazo con justicia social.

En la distribución espacial de la población afrodescendiente poco más de 60 % de los afrodescendientes del país residen en las provincias del suroeste de la isla y en La Habana (Mapa 1).

Mapa 1. Cuba. Porcentaje de población afrodescendiente según provincia del país en 2012.

Aspectos sociodemográficos de Cuba

Es necesario destacar las características de la transición demográfica cubana que, en general, es más avanzada respecto del contexto latinoamericano. Esto se debe a las particularidades de su sistema político y cultural, que se analizarán en el presente documento, a los bajos índices de fecundidad, a una mortalidad también reducida, lo que le permite mantenerse por debajo del nivel de remplazo poblacional, de hecho, el más bajo crecimiento poblacional de América Latina.

La distribución de la población afrodescendientes por provincias son: La Habana, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo desde una décima hasta una venteaba parte de los afrodescendientes de Cuba, les siguen con una mayor significación porcentual Holguín, Camagüey y Matanzas. La coloración en el Mapa 1 da una idea del número porcentual de cada provincia cubana.

Estructura por sexo y edad por el color de la piel en Cuba

A nivel nacional la mayor parte de la población blanca es adulta (30 a 59 años), cuya proporción duplica a los de la tercera edad (60 y más) y a los jóvenes (15 a 29), respectivamente mientras que los niños (0 a 14 años) representan una proporción algo inferior. Para la población afrodescendientes la situación es similar, predominan los adultos, aunque en mayor número (Gráfica 2).

En Cuba la proporción de niños blancos es prácticamente la misma que la de las personas afrodescendientes de dicha edad. Por su parte, el porcentaje de residentes blancos de la tercera edad es mayor que el de afrodescendientes. Por el contrario, la proporción de jóvenes es más elevada; en el caso de la población adulta la diferencia numérica entre ambos grupos favorece a los blancos por 5.2 puntos porcentuales, lo que sugiere un mayor coeficiente de carga para los blancos y un bono demográfico que favorece a la población afrodescendiente en conjunto.

A nivel provincial, en Guantánamo se observa el mayor porcentaje de niños blancos (21.4 %) y afrodescendientes (19.9 %); a su vez, en Sancti Spíritus (24.7 %) y Ciego de Ávila (23.7 %) se ubican los mayores porcentajes de jóvenes blancos y afrodescendientes. En el caso de la población blanca y afrodescendiente adulta, la Isla de la Juventud (44.2 %) y Sancti Spíritus (55.6 %) tienen los mayores porcentajes. Por último, los mayores porcentajes de población de la tercera edad se encuentran en el caso de las personas de piel blanca en La Habana (22.2 %), y para las personas afrodescendientes en Pinar del Río (19.5 %) (Gráfica 1).

Gráfica 1. Cuba. Distribución porcentual de la población blanca y afrodescendiente según grupos de edad y provincia de residencia, 2012.

El proceso de colonización impidió que los afrodescendientes poseyeran tierras, por lo que esta población se vio obligada a emigrar sobre todo a las zonas urbanas, lo que refleja elevados índices de urbanización no blanca en dichas regiones y un significativo número de cubanos desposeídos de tierras particularmente en las provincias surorientales de la isla como se aprecia en la Gráfica 2.

Gráfica 2. Porcentaje de población por provincia y zona de residencia, 2012.

Sistema de Salud cubano

En el Sistema de Salud de Cuba predomina el aspecto curativo de la medicina. Se da prioridad a la prevención en la atención primaria, con el llamado Médico de la Familia, enfocada en la población fija de una microrregión que se ha mantenido a lo largo del tiempo. La transición demográfica se ha acompañado de la consecuente transición epidemiológica, que se caracteriza por el predominio de las enfermedades crónicas no transmisibles como causa de morbimortalidad (Domínguez-Alonso y Zacea, 2011).

El Sistema de Salud de Cuba ha garantizado el acceso a los servicios integrales de la salud en unidades ambulatorias y hospitales a nivel primario, el cual debe dar solución a 80 % de los casos de problemas de salud de la población y ofrecer las acciones de promoción y protección a la salud (Domínguez-Alonso y Zacea, 2011). Aunque estas actividades pueden llevarse a cabo en cualquier unidad del Sistema Nacional de Salud se prestan fundamentalmente en los policlínicos y en los consultorios del Médico de la Familia.

Mortalidad por color de la piel

La mortalidad es un importante componente o factor de diferenciación sociodemográfica, en mayor grado aun cuando se asocia a aspectos del color de la piel o, convencionalmente, etnia, como se prefiere referir en las fuentes especializadas.

Como antecedentes sobre los niveles de mortalidad, Cuba es el tercer país más saludable de América Latina; está entre los treinta con mejor salud en el mundo, incluso, supera a los Estados Unidos, de acuerdo a la clasificación de 2019 del sitio especializado Bloomberg (Miller y Lu, 2019). Franco et al. (2007) consideran que Cuba representa un ejemplo de cómo las inversiones modestas en infraestructura en salud combinadas con una estrategia pública bien desarrollada en la materia redundan en el mejoramiento del estado de salud de la población, comparable al que experimentan algunos países desarrollados.

Sin embargo, existen elementos a destacar respecto a la mortalidad, como son el diferencial, de acuerdo a la afrodescendencia, el sexo y el lugar o región de residencia. A mediados del siglo XX la esperanza de vida de la población, en general, se elevó sustancialmente, aunque con diferenciaciones de acuerdo al color de la piel y al género. En los hombres afrodescendiente dicho indicador es menor en 4 años respecto a la de los hombres blancos, en cincuenta años posteriores, mientras que en las mujeres afrodescendientes el diferencial supera a los 9 años (Albizu-Campos, 2014).

La generalizada ventaja biológica de las mujeres respecto a los hombres, propia de países con un elevado nivel de desarrollo, cuya diferencia es aún menor entre la población afrodescendiente, probablemente tiene su origen en razones culturales o de discriminación, vinculadas a la herencia de valores respecto al papel de la mujer en esta sociedad, que aún persisten.

De acuerdo a lo antes referido se verifica con mayor nitidez la persistencia de un patrón de mortalidad más agresivo que afecta a la mujer cubana, en general, y la combinación de ambas condiciones: ser mujer y afrodescendiente; ello sugiere la presencia de una desarticulación o disfuncionalidad social particularmente perversa para la sobrevivencia (Albizu-Campos y Cabrera, 2014).

La mortalidad infantil también experimentó un ostensible diferencial. De 1949 a 2005, las defunciones infantiles se redujeron en 7 por mil en las madres blancas lo que representó una reducción de 28 veces, al tiempo que entre las afrodescendientes esta disminución fue de 14 veces. Esto es en particular ostensible para los nacidos con bajo peso, así como para los residentes en las zonas más empobrecidas del país como, por ejemplo, la región suroriente de Cuba.

Los factores no protectores de la salud son diferenciales según el color de la piel de acuerdo al género y tipo de lugar de residencia; por ejemplo, las mujeres afrodescendientes fuman y toman bebidas alcohólicas en una mayor proporción, están obligadas a realizar mayores esfuerzos físicos en las labores económicas que realizan, participan en un mayor grado en la violencia, además, tienen familias de mayor tamaño y jefaturas femeninas sin vínculo matrimonial lo que se refleja en la inferior calidad y duración de la vida. Las mayores afectaciones a la sobrevivencia femenina se aprecian con claridad entre la población de las zonas rurales del oriente del país (Díaz Bernal, 2020).

Las afectaciones a la salud están condicionadas, en buena medida, por la forma en que se organiza la sociedad para producir y distribuir la riqueza social. Se plantea que la curación de las personas enfermas no depende de la supuesta calidad de las instalaciones hospitalarias o el costo económico que representa la estancia en ellas, sino de la correcta atención comunitaria y, en definitiva, de las condiciones de vida y trabajo (Díaz Bernal, 2020).

Esto explica que dicha situación problemática afecte a los residentes más pobres, entre los que se encuentran los afrodescendientes. Siguiendo a Argüelles (2020), los diferenciales de mortalidad forman parte de la conceptualización y el estudio de las desigualdades. De acuerdo al Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, 2019) son notables los diferenciales entre países de distinto desarrollo socioeconómico y tipo de gobierno. Por ejemplo (Gráfica 2), los diferenciales de la tasa de mortalidad infantil entre Cuba (lamentablemente solo para el total y no por el color de la piel), México y Estados Unidos, si bien en el mediano plazo (poco más de 50 años de observación) tienden a converger; en el caso de Cuba se mantiene incluso a mediados de 2019 la estimación de su límite superior por debajo de la de México y cercana a la calculada para los Estados Unidos.

Con relación a la esperanza de vida no existe información para la población afrodescendiente en el país, tampoco fue posible encontrar información con datos de mortalidad por edad y color de la piel.

Fecundidad, nupcialidad y mortalidad

Las estadísticas cubanas no ofrecen datos fidedignos sobre el número de nacimientos según el color de la piel. Si observamos el número de hijos por mujer al final de su vida fértil, vemos que en 1981 este indicador era de 3.74 y se ha reducido a 3.45 en 1987; 1.92 en 2009, y a 1.71 en 2013.

El censo de 1981, el último en el que se ofrecieron datos sobre el número de hijos por grupo de edades y color de la piel, registra que las afrodescendientes alcanzaban 4.11 hijos por mujer, como promedio y las blancas 3.45, datos que se registran en la Encuesta de 1987.

J. C. Albizu-Campos, en su artículo “Cuba, la muerte y el color” (2008), presenta algunos datos de 2003. La tasa de mortalidad infantil entre la población blanca era de 5.9 por mil nacidos para mujeres y para los varones, y 4.8; mientras que, para la población no blanca, era de 6.7 y 6.2, respectivamente. En este mismo trabajo se presentan datos sobre la mortalidad, según el color de la piel. La población no blanca tiene mayores tasas de mortalidad por mil habitantes, exceptuando la de 75 años y más.

Según se desprende de las cifras provenientes del Censo de Población y Viviendas de Cuba de 2012, la proporción de los habitantes que cumplieron de cero a un año es más elevada entre la población afrodescendiente que entre la población blanca; de ello se infiere una mayor fecundidad entre la primera.

Diferentes autores hablan de una nueva mirada hacia la cuestión afrocubana en el marco del proyecto socialista inaugurado luego del triunfo revolucionario de 1959 y profundizado a lo largo de las últimas cinco décadas (De la Hoz, 2005). En este escenario confluyen tres factores fundamentales: primero, la importante difusión de las prácticas culturales de descendencia africana, como las artes performáticas, músicas y religiones sincréticas, en el sector popular afrodescendiente, según las categorías raciales locales; segundo, la ideología marxista que redime al oprimido y valora la cultura popular como la verdaderamente nacional, al rescatar y dignificar a la vez el legado africano y a las clases populares, y tercero, la continuidad de los presupuestos ideológicos racistas coloniales y el silencio sobre el tema racial en la práctica política e intelectual, lo que Roberto Zurbano llama “el triángulo invisible del siglo XX en Cuba” (Zurbano, 2006). Así, el hecho de que la población afrodescendiente tenga una tasa de natalidad más alta, es una relación que se observa a lo largo de la historia del país.

Las estadísticas cubanas no ofrecen datos sobre la cantidad de nacimientos según el color de la piel. No obstante, si observamos el número promedio de hijos por mujer al final de su vida fértil, vemos que en 1981 este indicador que era de 3.74 se redujo a 3.45 en 1987, a 1.92 en 2009, y a 1.71 en 2013 (Calaforra, 2015). El censo de 1981 fue el último donde se mencionan datos sobre el número de hijos por grupo de edades y color de la piel; las personas afrodescendientes alcanzaban como promedio 4.10 hijos por mujer, y las blancas 3.45. Aunque hay estudios relativamente recientes sobre la trayectoria de la fecundidad en el país, estos no abordan su comportamiento por el color de la piel.

La fecundidad de las adolescentes afrodescendientes se presenta superior a la de las blancas. Desde un análisis estadístico, los diferenciales zona rural, color de la piel no blancos y grado de escolaridad de 0-6 grados muestran una relación significativa con la fecundidad (Molina, 2019). Un comienzo muy temprano de relaciones sexuales donde se presenta un insuficiente e inadecuado uso de anticonceptivos estaría entre las causas de la elevada fecundidad de las mujeres muy jóvenes que afecta de manera particular a las afrodescendientes.

La información estadística existente indica que desde hace varias décadas la fecundidad en adolescentes tiene un peso dentro de la fecundidad total. Las estadísticas demográficas revelan que 15 de cada 100 nacimientos son de madres menores de 20 años y eso se ha mantenido estable en los últimos años. La fecundidad adolescente propicia la formación de familias de mayor tamaño dirigidas por mujeres con bajos niveles de escolaridad que tienen que asumir actividades menos remunerativas, lo que tiende a mantener un mayor nivel de pobreza.

La Encuesta Nacional de Fecundidad de 2009 (ONEI-CEPDE, 2009) de Cuba estima que una menor proporción de población negra, que no mulata ni blanca, se declaró casada o unida (56 versus 63 y 66 % respectivamente, en mujeres, y 54 versus 59 y 62 %, respectivamente en hombres). En contraste, los divorcios y separaciones fueron más frecuentes entre mujeres afrodescendientes. Los hombres, en general, se declaran más en soltería, también con mayor frecuencia los no blancos se presentan como no solteros.

Cuadro 2. Población de 15 años y más por estado conyugal y color de la piel.

Considerando tan solo a la población casada o unida consensualmente, esta última categoría es la más frecuente en todos los grupos de color de la piel, pero es sobre todo la señalada por la población de cualquier sexo y color de la piel (afrodescendientes con cerca de 68 %), en tanto la población blanca, hombres y mujeres, declaran más una formalización de sus relaciones.

Movimientos internos y externos de la población cubana

Durante el periodo colonial Cuba era el centro de la flota española en América y no solo servía de paso sino también de centro de acumulación de mercancías en sus puertos, así como de la mayor parte de las riquezas provenientes del continente, lo cual trajo consigo una gran recepción de remesas en la isla; sin embargo, esto cambió de manera paulatina e incidió en el plano interno del país.

En tiempo reciente la migración interna intrarregional es menor en las provincias orientales debido a una arbitraria legislación impuesta por el gobierno que niega la entrada a residir a la capital del país a la generalidad de los provincianos. El Decreto-Ley 217 de 1997, regula la inmigración hacia La Habana, y permite el acceso oficial solo para algunas labores poco atractivas y se niega para la generalidad de las ocupaciones de mayor reconocimiento social, lo cual evidencia una práctica de discriminación legal.

En cuanto al movimiento supuestamente temporal al exterior del país, se promulgó en octubre de 2012 el Decreto Ley 302 Modificativo de la Ley de Migración No. 1312 (1976) y de un conjunto de decretos y resoluciones complementarias para su implementación, lo que sentó las bases para la eliminación del requisito de permiso de salida para los viajes al exterior de la población cubana; la extensión a 24 meses del tiempo en que una persona puede residir fuera de Cuba por motivos personales sin ser considerada permanencia permanente en otro país y la regularización de la posibilidad del retorno de quienes desean regresar a vivir en su país de origen. No obstante, estas personas deben pagar una cuota monetaria mensual y si sobrepasan los dos años permitidos fuera del territorio nacional pierden sus derechos, así como los bienes materiales que posean en el país.

La población que ha migrado a otros países de manera permanente es blanca en un 83.5 % mientras solo 16 % es afrodescendiente. La población no blanca ha emigrado, por lo general, en fechas más recientes y ocupa puestos de menor remuneración, por lo que envía remesas de más baja cuantía a sus familiares en la isla. La Encuesta Continua de Población (CPS, 2020) señala que, en los Estados Unidos, a marzo de 2020, cerca de 2.73 millones de personas son de origen cubano, de estos 1.44 millones son personas nacidas en Cuba, el resto (1.29 millones) tienen ascendencia cubana o simplemente se declaran de origen cubano. Entre la población migrante nacida en Cuba la relación hombres-mujeres es de 109, lo que anticipa cierta preeminencia masculina en la migración internacional. Además, casi un tercio (31.0 %) de este grupo reside en Estados Unidos a partir de la segunda década del siglo XXI (2010-2020).

De forma similar los residentes en el extranjero —permanentes o temporales— aportan remesas más elevadas a las personas blancas en comparación con la población afrodescendiente; además, esta última es menos favorecida con la migración externa temporal. Otro tema que también se ha abordado es la discriminación étnico-lingüística en el país; esto es, aquella que se manifiesta contra un grupo social debido a su origen territorial y a las particularidades lingüísticas con las que se expresan. En Cuba son las mujeres las que más migran entre provincias y, a su vez, la población no afrodescendiente (específicamente la negra), la que más lo hace.

Características educacionales

El sistema educativo cubano tiene la función de orientar, fomentar y promover la cultura y las ciencias en sus diferentes manifestaciones; ambas áreas de conocimiento son obligatorias hasta el grado de secundaria, y se busca vincular, a la vez, la teoría con la práctica.

Se cuenta con cifras (Censo de Población, 2012) que apuntan a niveles de educación similares para todos los llamados grupos étnicos en Cuba, lo que haría reconocer que no hay diferenciación social, que existe igualdad de posibilidades de alcanzar un determinado nivel educacional si se es afrodescendiente o blanco. Ello será analizado, de forma somera, en el siguiente apartado.

Los datos consultados coinciden con lo planteado anteriormente, es decir, no existen diferenciales importantes por nivel educacional por color de la piel, aun en los niveles de posgrados y solo los afrodescendientes aventajan en alguna medida a los blancos en haber alcanzado el nivel de maestría, mientas que los afrodescendientes, son superados, aunque no de manera significativa, por los blancos en cuanto a sustentar un título de Doctor (CEPDE, 2016).

Cuadro 3. Población de 6 y más años de edad por nivel educacional y color de la piel.

La población blanca un nivel de educación superior terminado supera ligeramente a 10 % de los residentes afrodescendientes del país; no obstante, se aprecian diferencias al respecto por sexo, zona de residencia y color de la piel. El porcentaje de las personas con educación media oscila entre 39.9 % para las mujeres blancas y 45.4 % para los varones mestizos; la educación profesional entre 4.1 % para las mujeres mestizas y 5.7% para los varones blancos; mientras que los niveles de educación superior varían entre 3.13 % para las mujeres mulatas y 5.44 % para los varones blancos.

Existen estudios donde se plantean desigualdades de interés en el sector educacional. En este sentido el trabajo Características sociodemográficas de los jóvenes que ingresaron a la Educación Superior en los cursos de 2003-2009, del Centro de Estudios Demográficos (Ávila, 2019) presenta datos sobre el número de jóvenes que, a pesar de llenar la boleta (documento necesario para ingresar a los centros educacionales), no pudieron acceder a estudios superiores.

En el curso 2003-2004, en pleno auge del programa nombrado Universidad para Todos, como parte de la llamada “Batalla de ideas”, se le negó la entrada a la universidad a 49 % de los hombres y 44 % de las mujeres afrodescendientes que solicitaron el acceso y aún durante el curso 2009-2010 se le seguía negando el acceso a un tercio de los negros y a una cuarta parte de las negras, lo que pone en entredicho la universalidad de la educación para la población cubana sin afectación, de acuerdo al color de la piel, para algunos grupos sociales del país. Como plantea la autora antes referida en los salones de las universidades hay más blancos que en la población cubana (Ávila, 2019).

En similar sentido hay un grupo de especialidades universitarias que cuentan con mayor prestigio y posibilidades de inserción en puestos favorables que son de más difícil acceso para los afrodescendientes, lo que se registró en el periodo 2003-2009 (Ávila, 2019).

Estructura ocupacional

Si este punto se centrara tan solo en las cifras oficiales emitidas a partir de los Censos, Encuestas y Anuarios llevados a cabo en el país y no tomara en cuenta los estudios y análisis de otras fuentes de información, dominaría el supuesto de una diferenciación entre la ocupación y el color de la piel de la población del país, lo que parece no ser del todo exacto.

Según lo presentado, las mujeres en edad laboral representan 49.5 % de la población económicamente activa; mientras que los hombres alcanzan 76.9 % en este indicador, lo que habla de una brecha significativa. Según el Anuario Demográfico de Cuba (ONEI-CEPDE, 2019), las mujeres tenían mayores tasas de desocupación que los hombres, en especial las mujeres mestizas con 4.0 versus 4.4 %, en los blancos no había diferencia por sexo, 3.3 versus 3.3, mientras que en los negros solo había una pequeña diferencia que favorecía a las mujeres, que tenían una menor tasa de desocupación.

A la vez, son los hombres, en general, y los blancos, en particular, quienes ocupan más cargos de dirección y gerencia en todos los niveles de la economía, y los afrodescendientes son los que, en mayor proporción, ocupan puestos no calificados o de servicios.

También existe una brecha evidente cuando se analizan los diferentes sectores por actividad económica. Por ejemplo, en hoteles, restaurantes, ciencia e innovación existe sobrerrepresentación de personas blancas; mientras que, en la construcción, la población racializada —los afrodescendientes— es ligeramente más numerosa. A la vez, en los tres sectores referidos los puestos directivos los ocupan en mayor medida los blancos, y los no blancos tienen más presencia en plazas de servicios, oficios y ocupaciones no calificadas (Herrera, 2020).

Otro indicador que aporta datos más certeros respecto a la población económicamente activa (PEA) real sería la Tasa de Desocupación en la que se considera a los que se encuentran buscando empleo.

Al vincular estos indicadores se pueden considerar en mejor medida las inequidades por color de la piel. Existe una insignificante diferenciación cuantitativa entre la PEA, que afecta en algún grado a la tasa de desocupación en la que los afrodescendientes presentan un nivel de cerca de 1 % más elevado que los blancos.

Por categorías ocupacionales se observa que los dirigentes blancos superan a los afrodescendientes, aunque no de forma muy relevante. Esto se aprecia con claridad si se toma en cuenta que los dirigentes blancos dominan a los afrodescendientes y que, a su vez, los blancos ocupados representan 63.2 % de la PEA y el resto de la población 36.8 %, lo que puede denotar una situación menos favorable para estos últimos al ocupar menos cargos de dirección.

Respecto a los profesionales, científicos e intelectuales avalados institucionalmente y que están ocupados, los descendientes africanos se encuentran en algún grado por debajo del promedio nacional y de ellos destacan los “menos oscuros”. Las ocupaciones elementales no calificadas son las que presentan un mayor peso de todas las categorías consideradas entre los ocupados del país, lo que afecta en particular a los negros y mulatos que constituyen la mayor proporción de los no calificados con menores ingresos.

Cuadro 4. Estructura de la población según la categoría ocupacional y el color de la piel, 2012.

En el diferencial mayor se encuentra la categoría de agricultores y trabajadores calificados agropecuarios y pesqueros que son los más destacados entre las categorías ocupacionales consideradas donde aparece la población afrodescendiente menos representada. Este es el estrato que alcanza los mayores ingresos que no provienen de fuentes estatales sino privadas o mixtas.

La mayoría de la población ocupada de Cuba tenía empleos estatales, en la actualidad debido a la presión popular y la grave crisis económica que afecta al país, la situación ha cambiado drásticamente y el número de desempleados y trabajadores por cuenta propia ha aumentado de gran manera. En el Censo de Población de 2012 se apreciaba una mayoría de cuentapropistas —de más altos ingresos— blancos.

Las cifras de empleos relacionados con las actividades agrícolas muestran una baja presencia de afrodescendientes, lo que puede deberse al asentamiento de estos grupos en regiones urbanas y, de ahí, la escasa participación en las labores agropecuarias en unidades de producción tales como Unidades Básicas de Producción Agropecuarias, Cooperativas de Producción Agropecuaria, Pequeño Agricultor, Usufructuario de tierras y Contratado permanente o temporalmente en Actividades Agropecuarias. En 2012, solo 2 % de los campesinos privados y 5 % de los cooperativistas, sectores de más altos ingresos, eran mestizos o negros (Herrera, 2020).

Viviendas u hogares familiares

En muchos casos los hogares encabezados por mujeres figuran entre los más propensos a caer en situación de pobreza, sobre todo en aquellos monoparentales femeninos donde no existe la combinación de ingresos entre hombres y mujeres (Mejías, 2013).

Si se analiza el indicador de interés relacionado con las desigualdades provinciales en el hábitat como son el acceso al agua y el saneamiento, la situación más crítica relativa a los servicios de la vivienda está dada por el déficit de desagüe y la eliminación de los desechos (Íñiguez, Figueroa y Rojas, 2017). Existe el criterio, por lo general compartido por miembros de la academia y los medios gubernamentales, de que la vivienda es el problema social más trascendente del país y que está condicionado territorialmente por la pobreza (Jiménez Guethón, 2018).

Las características de las viviendas donde habita la población cubana, según el color de la piel, aportan elementos sobre las diferenciales de pobreza. Así, los afrodescendientes que viven en cuartos de vecindades, así como los que habitan en viviendas improvisadas duplican a los blancos en igual situación. Respecto a la calidad de la vivienda, las mejores son las de techo de placa y piso de hormigón donde reside una proporción más elevada de blancos que de afrodescendientes, de igual manera predominan los blancos en las casas construidas antes de 1959, las cuales posiblemente tengan menos elementos de improvisación y sean de mejor calidad.

Con relación a algunos servicios se aprecia que, en general, las viviendas de los afrodescendientes reciben menos agua por tubería, y no cuentan con baños. En el caso de la existencia de desagüe la peor situación es la de los no blancos.

Otro aspecto de interés es la fuente de energía para el alumbrado que depende de la Unión Eléctrica Nacional en 33.9 % para los afrodescendientes, mientras que los blancos los superan en las dos terceras partes restantes. La otra fuente con cierta importancia es la que está conectada a las plantas industriales, en la que también los hogares dirigidos por blancos superan ampliamente a los de los afrodescendientes. Entre los equipos que se nutren de dicha energía destacan por su utilidad los refrigeradores, las lavadoras y los ventiladores con los que cuentan más los hogares con jefes de familia blancos.

En la literatura especializada se plantea que, en el marco de la institución familiar en las viviendas que ocupan, opera la reproducción cotidiana, generacional y social de la población (González y Ortiz, 2017), a lo que se puede agregar el aspecto cultural vinculado en el caso de Cuba al color de la piel de la población.

La jefatura de la composición de los hogares en el país presenta algunas peculiaridades según el tamaño de las viviendas, el sexo, la edad y la región, en cuanto al color de la piel. Entre otros aspectos llama la atención que de los hogares unipersonales se presentan los dominados por negros; sin embargo, al aumentar el tamaño de los hogares, con cuatro y más miembros, se vuelve a apreciar dicho predominio, mientras que los jefes blancos son más significativos en hogares más pequeños, de dos o tres personas.

En el mismo sentido se presenta un número más elevado de jefas de familia que el que caracteriza a otros países. En 2020 solo es ligeramente mayor la proporción de jefes de núcleo censal masculino respecto al femenino, lo que cambiará esta relación y que se hará permanente a partir de 2025, y por el color de la piel, según las proyecciones que se han realizado al respecto en el país (UNFPA, ONEI y CEPDE, 2016).

Conclusiones

Con base en el análisis de la diferenciación social y demográfica de diversos aspectos de la población cubana se ha buscado señalar los factores de discriminación de la población afrodescendiente —que, si bien han disminuido desde la etapa colonial, aún se mantienen latentes—, con el objetivo de alcanzar un mayor conocimiento que permita combatir de manera acertada esta problemática.

Entre la población descendiente de los provenientes de África negra, se evidencia una mayor marginación y un acceso limitado al poder político y socioeconómico. La agudización de la crisis racial dependerá del accionar del Gobierno cubano (Herrera, 2020) y de las instituciones, así como de la sociedad civil que ha comenzado a empoderarse en el país.

El análisis demográfico indica que son las mujeres las más afectadas por la pobreza y, en particular, las afrodescendientes. Se aprecia que la natalidad de las mujeres que no son blancas es mayor que la de las blancas en la totalidad del país; si bien, la nupcialidad de los afrodescendientes, en general, es menor que la de los blancos. Es más elevada la mortalidad de los negros y mulatos, tanto en la población general como en la infantil. La población afrodescendiente se asienta sobre todo en las regiones más pobres del país o con mayores carencias materiales, entre las que destacan ciertas zonas de algunas provincias del sureste del país. La emigración externa ha sido muy escasa entre la población afrodescendiente.

En cuanto a las referencias socioeconómicas, el nivel educacional de los negros y mulatos, según las estadísticas, es inferior, por lo que las causas que inciden en una estructura ocupacional menos favorable deben buscarse en otros factores. La ocupación laboral es una causa del empobrecimiento como consecuencia de la discriminación que afecta en mayor grado a los negros y mulatos.

Todo lo dicho pone en cifras y criterios fundamentados problemas largamente repetidos: las desigualdades se entrecruzan y algunos grupos están sujetos a más tipos de discriminación. En la actual coyuntura esto tiene aún más importancia, dadas las consecuencias del exacerbamiento del racismo, el regionalismo y la xenofobia. De cara a la situación actual, es probable que las mujeres negras y mulatas cubanas afronten mayores dificultades.

La problemática racial no se ha erradicado en Cuba, lo que significa que persiste el racismo institucional, e incluso persiste en las calles. El aparato institucional-estatal no ofrece aún los resultados que se esperan de él para contribuir a la erradicación de esas deficiencias sociales duraderas (Morales, 2007).

La solución de esta problemática nos permitirá estar en mejores condiciones para combatir el racismo y la discriminación racial, fenómenos que son no solo el resultado de imperfecciones sociales sino también políticas heredadas del pasado que aún contribuyen a reproducir la discriminación racial. En todo ello, los organismos centrales del Estado tienen una buena cuota de responsabilidad.

Resulta imposible ganar la batalla contra los estereotipos o la ideología que presenta como superior a una “raza” y, por tanto, justifica el racismo, la pobreza y la discriminación racial, si no se fortalece la estructura educativa, los medios de difusión por medio de la ciencia y el aparato estadístico nacional. Se debe romper con el silencio existente en Cuba sobre el racismo para minimizar o eliminar dicha problemática.

Referencias bibliográficas

  1. Cuba, la muerte y el color Albizu-Campos J. C.. Centro de Estudios Demográficos; 2008.
  2. Centro de Estudios Demográficos-Universidad de La Habana Albizu-Campos J. C.. Centro de Estudios Demográficos-Universidad de La Habana; 2014.
  3. La mortalidad en Cuba según color de la piel Albizu-Campos J. C., Cabrera F.. 2014;11(20):31-61.
  4. Atlas de la Infancia y Adolescencia en Cuba. Análisis a partir del Censo de Población y Viviendas de 2012 Álvarez L., Figueroa E., Rojas J.. La Habana: Universidad de La Habana; 2017.
  5. Diferenciales de mortalidad y modelos de la salud Argüelles E.. La Habana, Cuba.; 2020.
  6. Características sociodemográficas de los jóvenes que ingresaron a la Educación Superior en los cursos 2003-2009 Ávila V.. 2019;5.
  7. El color de la piel en las estadísticas cubanas Calaforra J.. 2015.
  8. Esa esquiva modernidad. Desarrollo, ciudadanía y cultura en América Latina y el Caribe Calderón F., Hopenhay M., Ottone E.. 1998;7(2).
  9. Cultura y Revolución. 50 años. De la Hoz P.. Editorial Letras Cubanas: Habana Vieja, Cuba; 2005.
  10. El color de la piel importa en Cuba, y el género también Díaz-Bernal Z.. 2020;46(2).
  11. Sistema de Salud de Cuba Domínguez-Alonso E., Zacea E.. 2011;53:168-176.
  12. Efectos sociales del reajuste económico: igualdad, desigualdad y proceso de complejización de la sociedad cubana Espina M.. Paper presented at: Acercamiento a los estudios de pobreza en Cuba. Ponencia presentada al Congreso de LASA; 2003, 2003.Dallas, Texas.
  13. La política social en Cuba. Nueva Reforma Económica. Espina M.. 2012;I-II(135-136):227-236.
  14. Raza y desigualdad en la Cuba actual. Taller Pobreza y Política Social en Cuba: Los retos del cambio económico y social Espina R., Rodríguez P.. Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller/Universidad de Harvard/Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas; 2004.
  15. Proyecciones de los Hogares Cubanos, 2015-2030 Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). 2016.
  16. La salud en Cuba y los objetivos de desarrollo del milenio Franco M., Kennelly J., Cooper R., Orduñez-García P.. 2007;21(4):239-250.
  17. Hogares de la frontera norte de México. Cambios sociodemográficos en el marco familiar tradicional González H., Ortiz A.. 2017;(22):167-181.
  18. La gestión de desarrollo regional en Cuba. Un enfoque desde la endogeneidad. González R., Montejo R., Martínez A. D.. 2002;3(12).
  19. El color de la piel como fuente de la política social en Cuba Guach J., Guach D.. 2018.
  20. Desigualdades de las mujeres negras y mestizas en Cuba: desafíos ante la Covid-19 Herrera A.. 2020.
  21. Los pueblos indígenas y afrodescendientes ante el nuevo milenio Hopenhay M.. Comisión Económica para América Latina y el Caribe; 2006.
  22. Encuesta Nacional de Fecundidad de 1987 Instituto de Investigaciones Estadísticas y Comité Estatal de Estadísticas. La Habana, Cuba 1991.
  23. Atlas de la Infancia y la adolescencia en Cuba Iñiguez L., Figueroa E., Rojas J.. La Habana, Cuba: Editorial de la Universidad de La Habana; 2017.
  24. Vivienda hábitat y desigualdades. Un análisis interseccional del contexto cubano 2022-2018 Jiménez Guethón R.. Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO); 2018.
  25. Discriminación racial, Racismo e Identidad Marchego B.. La Habana, Cuba: Centro Nacional de Genética Médica; 2013.
  26. Jefatura femenina con situación de pobreza Mejías D.. La Habana, Cuba: Facultad de Filosofía e Historia, Universidad de La Habana; 2013.
  27. The World’s Healthiest Nations Miller L., Lu W.. 2019.
  28. La fecundidad adolescente desde una perspectiva de Género, cerrar la brecha Molina M.. 2019;(30):130-136.
  29. El tema racial y la subversión anticubana Morales E.. 2007.
  30. Encuesta Nacional de Fecundidad Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). La Habana, Cuba 2009.
  31. Censo de Población y Viviendas 2012 Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). La Habana, Cuba 2012.
  32. El color de la piel según el Censo de Población y Viviendas Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). La Habana, Cuba 2016.
  33. Anuario Estadístico de Cuba. Enero-Diciembre 2019 Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). La Habana, Cuba 2019.
  34. Anuario Demográfico de Cuba 2020 Centro de Estudios de Población y Desarrollo (CEPDE). La Habana, Cuba 2020.
  35. Contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar Ortiz F.. La Habana, Cuba: Editorial Ciencias Sociales; 1983.
  36. Roberto Zurbano y el debate sobre el racismo en Cuba: Entrevistas a Tomás Fernández Robaina y Víctor Fowler Calzada Ramos J., Robaina T. F., Calzada V. F.. 2014;33(1):217-226.
  37. Elogio de La Altea Romay Guerra Z.. La Habana, Cuba: Fondo Editorial Casa de las Américas; 2014.
  38. Los negros en la Cuba colonial: un grupo forzado a la marginalidad social que sufren desprecio, perjuicio y discriminación Sarmiento I.. 2009;17:112-129.
  39. Tasa de mortalidad, menores de 5 años UNICEF. Grupo Banco Munidal; 2019.
  40. Current Population Survey (CPS) United States Census Bureau. 2020.
  41. El uso de categorías étnico/raciales en Censos y Encuestas en el Perú: balances y aportes para una discusión Valdivia N.. Lima, Perú: GRADE; 2011.
  42. El triángulo invisible del siglo XX cubano: raza, literatura y nación Zurbano R.. 2006;(46):111-123.